Me vendieron un He-man trucho (?)

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Repasamos los hechos más importantes del mundo baldosero en los últimos días:

 

Martín Granero sigue causando furor en Tucumán. Los diarios le dedican páginas y producciones especiales. Pero…¿Hacía falta esa imagen?

Walter Viqueira volvió a ser jugador de Savio FC, conjunto que interviene en la Liga Amateur de la A.I.F.A. Si están interesados en seguir la vida futbolera del ex hombre de Racing y Platense, pueden ingresar al blog oficial del equipo.

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– ¿Se acuerdan de Iván Varisco? Nosotros tampoco (?), pero hace unos días apareció en la edición digital del Diario Olé, junto a su ídolo, René «era mi cumpleaños» Higuita.

Matías Arce y su cuñado baldosero, Alejandro Lalli, la pasaron feo con el trágico terremoto de Italia. «Hace cinco días que no duermo, es como que estoy esperando que llegue un terremoto cuando me voy a acostar en la cama«, contó hace dos semanas el Benetti del 2000.

– Los chicos crecen y se van. Guillermo Gunnar Nielsen es la prueba. ¿Cambio de equipo otra vez? No, dejó de ser artista exclusivo de la baldosa y ahora es estrella (?) en el sitio de El Gráfico.

 

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Racing Metropolitano 1983

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En el Metropolitano 1983 y para alegría de los fabricantes de calculadoras (?), se produjo el descenso de equipos a la Primera B por el sistema de promedios. Por aquel entonces, se tomaban en cuenta las dos últimas temporadas y a partir de 1984, las últimas tres.

Uno de los conjuntos que se vio perjudicado por este sistema (que se había implementado por dos años en la década del 60) fue Racing Club, dirigido por Juan José Pizzuti.

A pesar del mal momento económico que atravesaba, La Academia había hecho incorporaciones con cierto renombre para ese torneo, como Félix Orte, Pedro Magallanes, Osvaldo Rinaldi y José Luis Tesare. Pero el equipo de Avellaneda comenzó con el pie izquierdo: cayó ante Newell’s, y ya en la quinta fecha, tras su caída ante Chicago, había quedado en el último lugar de la tabla de posiciones. Recién una jornada después obtendría su primera victoria, aunque le costaría horrores salir del fondo de la tabla.

En la anteúltima fecha, la derrota como local ante Racing de Córdoba decretó el descenso de La Acadé. Para colmo, el 22 de diciembre de 1983, Racing se despidió de la máxima categoría con una derrota ante Independiente, que se coronaba campeón. Totalizó 11 victorias, 8 empates y 17 derrotas, terminando antepenúltimo, solo por encima de River y Racing de Córdoba.

En la foto, el equipo que perdió 3-1 contra Boca. Arriba: Azzolini, Tesare, Bottaniz, Carlos Rodriguez, Castello, Caldeiro. Abajo: Matuszyczk, Rizzi, Marchetti, Giuzzi y Urán. También jugaron otros olvidados como Juan Solari, Campos Aquino, Veloso, De Andrade, Carlos Lozano, Larrachado y Roberto Scalise.

Boca 3 – Milan 2 (1962)

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La imagen corresponde al amistoso que disputó Boca Juniors ante el Milan, el 20 de junio de 1962. Con ese gol de Menéndez, el Xeneize se impuso 3 a 2 en la Bombonera, ante los italianos que contaban con Césare Maldini en sus filas.

All Boys celeste 1974

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Desde lo futbolístico, 1974 fue un gran año para el equipo de Floresta. En el Metropolitano cumplió una gran campaña, siendo puntero de su grupo en las primeras fechas, y recibiendo el mote de Cuco de los grandes, por sus victorias frente a los conjuntos más importantes del país. No era habitual que All Boys peleara palmo a palmo con equipos con mayor recorrido en Primera División. Y para estar a tono con la singularidad de la ocasión, por la sexta fecha de ese Metropolitano, frente a River Plate, el albo se vistió de celeste. Claro que el conjunto de la indumentaria alternativa no venía completo: las medias y los pantalones eran los habituales, blancos con el numero negro. Lindo, pero raro.

Coccimano Rubén

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Rubén Oscar Coccimano (Rulo)

Las rimas fáciles de ninguna manera son propiedad de la autora del libro “Pequeña Belén (no) ilustrada”. Vienen de mucho antes. Y concretamente en el fútbol, se da un terreno propicio para tomar el tema como un arma de ataque. Y por qué no, como puntapié inicial para enterarnos un poco acerca del transitar de Rubén Oscar Coccimano.

Sería muy fácil arrancar con que no la podía agarrar ni con la mano, pero aquí está la cuestión: condiciones tenía. No es que lo apodaran mariscal ni mucho menos, pero este defensor central nacido el 5 de febrero de 1962 en el Hospital de Quilmes, se las rebuscó para progresar ininterrumpidamente en las inferiores de River. Y para formar parte en 1981, nada menos que de un seleccionado juvenil que disputó un sudamericano en Ecuador y logró la clasificación al Mundial de Australia.

En ese 1981, de golpe y porrazo se vio con la oportunidad de debutar en la primera del millonario. Y encima, a comienzos de 1982, se ganó un lugar en el equipo dirigido por Don Alfredo Di Stéfano. Es que la partida en masa de varios titulares a la puesta a punto de la selección argentina para el Mundial de España, empujó a varios juveniles al centro de la escena. Así fue como le llegó la fama junto a esa camada de promesas formada por Messina, Alegre y Savarese, entre otros.

Pero su paso en River (1981-83) no duró ni fue como lo hubiera deseado. Es más, hubo algunas experiencias bastante traumáticas. Como la noche que visitó al Flamengo en el Maracaná por la Libertadores: “…en el Flamengo jugaba un wing derecho que se llamaba Tita, que me volvió loco. Yo jugué de 3 y nos dieron un baile tremendo. Nos golearon, los tres goles los hizo Zico y la verdad que nos hicieron precio. Ese Tita, era ligerísimo y a mí me dio un paseo terrible. Passarella me pedía que le pegara patadas, pero yo no lo alcanzaba ni para eso…”.

Tras escasos 18 partidos se vio obligado a cambiar de aire si lo que quería era jugar. Y para cambiar de aire, nada mejor que las sierras cordobesas. Allí recaló en Estudiantes de Río IV (1983). Llegó como refuerzo para el campeonato Nacional y, según afirman, su labor estuvo a la altura de lo que se esperaba de él. Jugó sólo 6 partidos pero parece que fueron suficientes para dejar una buena imagen.

La vida lo trajo nuevamente para la Capital Federal. A Atlanta (1984) para ser rmás precisos. En Villa Crespo compartió entrenamientos con un ex River, Daniel Constantino, y un futuro jugador de Boca, Alfredo Graciani. Jugó 26 partidos, se dio el lujo de hacer un gol y fue testigo de cuerpo presente en el último partido, hasta la fecha, del Bohemio en Primera A. Fue descenso, derrota 0-1 con Racing de Córdoba y dura lesión que lo sacó de la cancha al comienzo del segundo tiempo.

Sin muchas ofertas que digamos, agarró lo que le pasó cerca. Y se fue a Ecuador. Allí se puso la camiseta de Deportivo Cuenca hasta que, sin que nadie lo extrañara mucho, pegó la vuelta. Siguió su carrera en el ascenso defendiendo a Nueva Chicago (1987). Allí trabó relación con Prono, Escalada y Grecco hasta que fue por la revancha y volvió a Ecuador. Jugó para el Emelec un tiempo hasta que el destino hizo de las suyas y lo trajo al club de sus amores, Argentino de Quilmes: “…estaba en el Emelec y hubo un problema con unas apuestas, entonces se terminó suspendiendo el campeonato. Para no quedar seis meses parado, les propuse a los dirigentes venirme a la Argentina para ver si podía conseguir algún equipo y ellos accedieron. Resulta que un día estoy entrenando solo en el río de Quilmes y me cruzo con el plantel de Argentino de Quilmes. Yo ya tenía algo hablado con Deportivo Español, que estaba en Primera División pero me convencieron. Uno al hincha siempre lo lleva adentro. Al final jugué seis meses porque no podía quedarme más…’’.

Tras la aventura de sentirse jugador e hincha en el Mate, armó una vez más los bolsos y regresó a Ecuador para estampar su firma en la Liga Deportiva Universitaria. Hasta que ya sin mucho hilo en el carretel, volvió al país para definitivamente colgar los botines en Defensa y Justicia.

Sin embargo, siguió pegado al mundo del fútbol durante un tiempo. Fue técnico en el Halcón de Varela y en la Liga Deportiva Universitaria. También fue ayudante de campo de Zerrillo en Los Andes. Y en el año 2000 fue a Venezuela a dirigir a Nacional Táchira.

De vuelta al pago, esta vez para siempre, lo último que supimos acerca del oriundo de Quilmes, es que estaba dedicado al rubro automotor como ejecutivo de ventas de una empresa BMW. Y que a pocos metros de la estación de trenes de Bernal, puede vérselo en vivo y en directo atendiendo su bar “La Roca”.

Cuántas veces le deben haber dicho al Rulo “…agarrámela con la mano” no lo sabemos. Lo que sí podemos asegurar es que para una rima tan básica no hace falta inspirarse leyendo a Belén Francese. Con mirarla es suficiente.