
Yusuke Kato
Nadie sabe cómo ni por qué llegó el delantero japonés Yusuke Kato a la Argentina. Lo cierto es que el tipo apareció una tarde de 2004 en Ezeiza con su valija y sus 18 años a cuestas para ganarse la vida a miles de kilómetros de su Osaka natal. Un día agarró sus botines, caminó por Amancio Alcorta, compró paco en la Zavaleta y se probó en Huracán, gustó y quedó.
En La Quemita se fue formando e hizo el típico camino de las divisiones inferiores. Allí se mezcló con pibes que luego tendrían cierto rodaje en Primera y otros ya afianzados, como Gastón Monzón, Paolo Goltz, Ignacio Anívole, Germán Leonforte, Mauro Milano, Matías De Federico, Cristian Sánchez Prette, Joaquín Larrivey, Iván Nadal, Claudio Úbeda, Hernán Vigna, entre otros.
El ponja pulió, enceró y esperó su chance entre los grandes, que un día llegó. Ya había jugado un puñado de minutos cuando tuvo su noche de gloria. Un jueves de abril de 2007, Huracán y Talleres de Córdoba empataban en Parque Patricios. Las realidades eran bien opuestas: el Globo peleaba un lugar en la Promoción para volver a Primera y La T no ganaba desde noviembre de 2006. A los cinco minutos del segundo tiempo, Nicolás Medina había puesto en ventaja a los cordobeses. Dos minutos más tarde, Claudio Guerra había empatado para el Globo. A los 22, el nipón reemplazó al baldosero Walter Coyette y a los 35 convirtió el 2 a 1 definitivo. El Ducó explotó y Kato, que un mes antes le había planteado a la dirigencia que quería volver a Japón porque extrañaba su país, fue emperador por una noche.
En junio de 2007, con Kato en cancha, Huracán venció a Godoy Cruz y regresó a Primera. En el receso invernal partió a su país sin aviso, pero, sin embargo, a la vuelta firmó su primer contrato. Aquella temporada (2007/08) disputó apenas 2 partidos. Uno en el Apertura y otro en el Clausura 2008. Al menos le alcanzó para convertirse en el segundo futbolista japonés en jugar un partido en Argentina. El pionero, claro está, fue Naohiro Takahara.
Ya para mediados de 2008 estaba más que claro que no volvería a jugar con la camiseta del Globo. Le dijeron que quizás podría sentirse más como en casa cerca del Barrio Chino y lo mandaron a Defensores de Belgrano. En el Pasquale disputó un puñado de encuentros y no demostró grandes cosas. Terminado su préstamo, retornó a Huracán y desapareció.
Recién lo encontramos este año, ya en la tierra del sol naciente, poquitos días antes del violento tsunami que sufrió su pais, defendiendo los colores del MIO Biwako Kusatsu, de la tercera división. Esperamos que no le haya pasado nada.






