Un tradicional equipo del Nacional B se refuerza con figuras de renombre para festejar su Centenario a lo grande, pero termina descendiendo al Argentino A. En el medio, un montón de hechos desafortunados que marcaron su destino. Atlético Tucumán de la 2001/2002.
La cosa ya estaba mal barajada, pues el Decano venía de hacer una mala campaña y además de estar ajustado asustado con el promedio, acababa de ver como su rival de toda la vida, San Martín, había caído al Argentino. La ciudad y la provincia estaban perdiendo representación.
Pese a la malaria deportiva e institucional, Atlético hizo un esfuerzo y contrató a varios jugadores con apellidos pesados para pelear bien arriba: Darío Cabrol, Hugo Romeo Guerra, Sebastian Clotet, Daniel Bertoya, Mario Lobo, Héctor Pochola Silva y el regreso de Hugo Corbalán. La experiencia estaba asegurada.
En aquella extraña primera rueda con 25 equipos, que determinaría el ascenso de Olimpo, los tucumanos apenas cosecharon 29 puntos, ubicándose en el 18º puesto. Desesperado por la situación, debía encarar la segunda mitad del campeonato con aspiraciones de ganar el segundo ascenso. Pero el plan falló.
Cabrol, que hasta ese momento era uno de los pocos que zafaba, aceptó una oferta de Chile y se marchó en el receso. La mayoría de los refuerzos lo imitaría, incluído Hugo Romeo Guerra, que sólo convirtió 1 gol.
Con muchos pibes y sin conducción firme (en la 2001/2002 desfilarían por el banco 5 entrenadores: Trulllet, Aredes, Zuccarelli, Salvatierra y Jorge López en dos ciclos), Atlético Tucumán finalmente perdió la categoría el 17 de marzo de 2002, tras caer 2 a 1 ante Atlético Rafaela en la 8º fecha del octogonal. Terminó último en su grupo, con 4 empates y 10 derrotas.
Un triste descenso después de 14 temporadas en el Nacional. Inimaginable manera de festejar los 100 años.
Gracias a CA Tucumán.










