Mauricio Serna al Aston Villa 2001

El verano del 2001 no dejó muchos recuerdos memorables. Mejor dicho el año 2001 no dejó recuerdos memorables. Pero lo cierto es que en uno de esos días perdidos de Enero, en la pretemporada de Boca Juniors en Tandil bajo la tutela de Carlos Bianchi, llegó la noticia de que uno de los pilares del equipo, el volante colombiano Mauricio Serna, tenía enormes chances de pasar al Aston Ricky Villa.

La novedad había estallado a fines de Diciembre del 2000, y durante el primer mes del año los días pasaban encargándose se sacar cualquier obstáculo del camino que podría evitar que Serna jugara en conjunto inglés: Consiguió su visa de trabajo, el técnico del Villa, John Gregory, le dio su aprobación mostrándose entusiasmado en el dúo colombiano que podría formar en campo de juego con Juan Pablo Ángel («Creo honradamente que, junto con Ángel, podría formarse una unión espectacular. Su temporada acaba de reanudarse y por ello sería un momento ideal para poder ficharlo e incorporarlo a nuestra plantilla«) y se hablaba de una suma cercana a los cuatro millones de dólares para el Xeneize.

Finalmente, la idea de Chicho con la casaca de The Villans se fue desvaneciendo por completo. Diferencias económicas hicieron que el pase quedara en la nada. El colombiano continuaría un tiempo más en Boca hasta pasar finalmente al fútbol mexicano.

¿Hubiera yo firmado que encajaría perfecto en el fútbol inglés? Ni idea, en el 2001 yo tenía 4 años. Pero estoy seguro que en aquellos días, mientras mis viejos se agarraban la cabeza por el año turbulento que se venía y a más de un familiar lo rajaban del laburo, por mi mente paso una imagen de Serna con la casaca del Aston. Después de aquella visión, simplemente, seguí en mi mundo de autitos y maquetas, mientras el país se caía abajo y observaba en la tele a un hombre narigón y calvo diciendo que el 2001 sería un gran año. Para fines del mismo recuerdo la tristeza que reinaba en mi hogar, mientras le preguntaba a mi vieja porque mi papá salía con una cacerola en plena noche, insultando a un nefasto ministro…

Ramello Fernando

Fernando Pablo Ramello

Una masiva inmigración de ciudadanos alemanes se produjo en nuestro país después de la Primera Guerra Mundial. Humillados al perder una basta cantidad de territorio y en crisis, consecuencia de las cuantiosas indemnizaciones de guerra a la que se vieron sujetos a pagar tras el tratado de Versalles, miles de teutones huyeron del difunto Imperio Alemán y se refugiaron en Sudamérica, con predilección por el sur y las provincias centrales de la República Argentina.

Tras sufrir los avatares del clima y el hacinamiento en algún barco, los recién llegados se sometían a la misma rutina en la aduana de Buenos Aires: requisa de pertenencias, inspección de pediculosis e inscripción de identidad. De esta manera y ante la falta de información del empleado del precario registro civil, varios apellidos alemanes se convirtieron en híbridos inclasificables.

Por ejemplo, los Schneider se transformaron en “Esneider”, los Berthold mutaron a “Bertoldi”, “Benoldi” o «Bertolo» y los Schmidt cambiaron su origen a Inglaterra al ser traducidos como “Smith”, entre tantos otros casos como el del protagonista de este post.

Es que por obra y gracia de la falta de cultura de un empleado público, el original Ramelow mutó en “Ramello”, el cuál, a partir de ahora, podemos considerar un apellido originario. ¿Y saben otra cosa? Eso es lo más interesante que tenemos para contarles sobre este muchacho que, con la remera de Newell´s, fue al banco de suplentes en la primera fecha del Apertura ´96 (derrota 0-2 con Vélez en el Parque) junto a otro baldosero llamado Luciano Bergonzi. ¿Algo más? No, nada más.

Se supo que antes de quemar sus últimos cartuchos en Tiro Federal de Rosario, Independiente de Villa Cañas y Argentino de Las Parejas, Fernando Ramello anduvo por Perú defendiendo los colores de Sport Boys y Unión Minas, donde para paliar los pocos minutos que sumó sobre el verde césped, dio una grandiosa entrevista para el diario El Bocón de la cual extraemos los siguientes fragmentos.

– ¿Tu mejor momento en el fútbol?

– Mi mejor época fue en Newell´s. Zanabria me sumó al equipo de mayores y los 6 primeros meses anduve muy bien. Jugué varios partidos en el torneo (?).

– ¿Si fueras mujer, con que jugador te casarías?

Creo que con Batistuta o Redondo, por la plata y por la facha.

-¿Prefieres a las peruanas o a las argentinas?

Si me das a elegir, me quedo con la segunda, por que allá son todas blancas (?) y no morochas como acá y a mi me gustan las claritas.

Se ve que aunque le deformaron el apellido, al Imperio Alemán, Fernando Ramello lo llevaba bien grabado en el instinto: Einigkeit und Recht und Freiheit / Für das deutsche Vaterland! / Danach laßt uns alle streben / Brüderlich mit Herz und Hand! / Einigkeit und Recht und Freiheit  / Sind des Glückes Unterpfand / Blüh’ im Glanze dieses Glückes / Blühe, deutsches Vaterland.

Guirland Carlos

Carlos Alberto Guirland Báez

Lo que tenía de talentoso lo tenía de desafortunado. Carlos Guirland era un volante de creación con técnica depurada y facilidad para los firuletes, grandes condiciones que balanceaba con escaso poder de gol y una marcada tendencia a volverse invisible cuando la mano venía torcida. Humano al fin, en su Paraguay natal fue todo un predecesor. Precedió a Nelson Cuevas en eso de jugar pocos minutos, a Larissa Riquelme en hacer calentar a todo un estadio, y a Fernando Lugo en aquello de escaparse por la puerta trasera.

Luis Cubilla lo hizo debutar en la época más próspera de Olimpia y en 1990 apareció sonriendo en la foto del campeón de la Libertadores y haciendo pucherito tras perder la Intercontinental ante el Milán. Claro que en ambos retratos posó con la pechera amarilla puesta, de minutos en cancha mejor ni hablar. Lo mismo le pasó en su Selección cuando integró la lista en las copas América de 1989 y 1991, eclipsado por Guido Alvarenga, Gustavo Neffa y Luis Monzón.

El punto de inflexión en su carrera fue la serie final de la Libertadores 91 ante Colo Colo. Guirland fue titular en el primer partido por la lesión de Raúl Amarilla y desperdició tres claras ocasiones en el empate 0 a 0. En la revancha fue reemplazado por Félix Torres, pero debió ser el primer relevo ya que el otro delantero, Adriano Samaniego, se había pegado un tiro en el pie en la previa al encuentro. Así como suena, sin (?). Y Guirland se comió dos goles más. Y si, cuando un equipo chileno sale campeón es como para que los rivales se peguen corchazos en las patas.

Convivió los siguientes doce meses con la burla y la humillación. Trasca (?) en la Supercopa de ese mismo año desvió el penal con el cual perdieron la definición ante Cruzeiro en semifinales. Guido Alvarenga, en un intento por ganarse el cielo, les recomendó su contratación a los dirigentes de Mandiyú y así, de momento, Guirland terminó con su calvario. El Paraguayo comenzó el Apertura 92 como titular, pero con el correr de las fechas fue perdiendo terreno hasta quedar relegado a quedarse en su departamento a la hora de los partidos. En total fueron 20 encuentros en Primera, sin goles y con el placer de haber jugado junto a leyendas como Roberto Lugo, Héctor Morán y Rubén Beninca.

Regresó a Olimpia, donde respondió con fútbol a los silbidos iniciales y tuvo la oportunidad de redimirse en la final del campeonato de 1994. Tras el empate 0 a 0 con Cerro Porteño, el título se definió con tiros desde el punto penal. En la cuarta ejecución y ante un Defensores del Chaco expectante, Guirland se paró frente a Danilo Acebal, tomó aire, lo miró a los ojos, volvió a tomar aire, se abalanzó sobre la pelota y… ¡Por arriba del travesaño! Luego el mismo arquero marcó el penal definitivo y El Ciclón salió campeón. Cuando la suerte que es grela, decía un tango.

Tras seis meses exiliado en Sol de América, Guirland regresó a la Argentina, pero ahora para jugar en la B Nacional para Atlético Tucumán (95/96). En El Decano fue suplente de aquel equipo dirigido por Jorge Higuaín que pecheó perdió la semifinal por el segundo ascenso ante Instituto y que estaba conformado por: Pogany; Morales, Pedro Monzón, Jeréz y Moner; Camote Acuña, Lenguita, Andrés Bogado y Cristian Favre; Aballay o Graciani y La Rata Rodríguez además de Camilli, Jorge Gabrich y Portugal como reemplazos.

Buscando alejarse aún más de Paraguay, Guirland se fue a Chacarita, donde mostró un nivel discreto y hasta convirtió los 4 penales que ejecutó. El Funebrero terminó en mitad de tabla de la zona permanencia en aquel cachivache organizativo llamado Primera B Nacional 96/97 y de esta manera culminó la aventura del Paraguayo por estas tierras.

Tras un paso por Audax Italiano (1997/1998) y Deportes la Serena (1999) de Chile, tuvo el valor para culminar su carrera en Los Estudios Universal de la segunda paraguaya. Luego desapareció en el más absoluto de los silencios. Seguramente para que nadie le recuerde aquella serie ante Colo Colo. O el penal ante Cruzeiro. O el penal ante Cerro Porteño ¿Quién sabe? Por ahí se cambió la cara. Lo concreto es que para la fiesta por el 20° aniversario de la obtención de la Copa Libertadores de 1990, una invitación jamás encontró destinatario…

Ariel López al Racing de Santander 1997

Ariel El Chupa López fue uno de los máximos artilleros del fútbol argentino de la década del noventa. Y con semejante cartel, a mediados de 1997, el por entonces delantero de Lanús se convirtió en la vedette de moda del mercado de transferencias.

Claro, lo que no imaginaba el jugador es que iba a ser protagonista de un doble mal pase con tan sólo 15 días de distancia entre un acontecimiento y otro.

El primero de ellos fue con el Racing de Santander. Tras acordar en 4 millones de dólares la venta de su ficha -de la cuál poseía el 50 %- el goleador se despidió del Caño Ibagaza, de Huguito Morales y de Claudio Enría y, feliz de la vida, se tomó el primer vuelo disponible a Cantabria.

Enorme fue la sorpresa cuando, a los pocos días, El Chupa dejó la Madre Patria echando rayos por los ojos y manifestando que la venta se había venido abajo por una diferencia de 50 mil dólares en su contrato. Algo demasiado difícil de creer ya que habría recibido dos palos verdes por el 50% del pase ¿No?

Lo concreto es que El Chupa volvió a Lanús y a los pocos días tuvo una grata novedad: River Plate había comprado su pase en la misma cantidad de dólares que habían ofrecido los españoles. Entonces el delantero se volvió a despedir del Caño Ibagaza, de Huguito Morales y de Claudio Enría y se tomó el primer colectivo (?) disponible a Núñez.

Como en un cruel deja vu, a los pocos días este pase también se cayó. Y allí se sabría la verdadera razón por la cuál tampoco lo habían fichado los españoles: el jugador tenía una lesión ligamentaria mal curada que, sin embargo, no le prohibía jugar al fútbol con normalidad.

Lo más confuso del caso es que el delantero entrenó toda la semana con Los Millonarios y el domingo jugó para Lanús… ¡Contra River! Y así, Ariel El Chupa López enfrentó a su ex futuro equipo con su ex ex-club. Caliente, confundido, con el corazón desahuciado y los ligamentos en la mano.