Fernández a Boca (2005)

Las nutridas divisiones inferiores de Boca siempre se vieron reforzadas por algún jugador  procedente de otro club. Son ejemplo de esto Riquelme, La Paglia, Coloccini (todos formados en Argentinos), Tevez (All Boys) y Nery Cardozo (Godoy Cruz). Tampoco faltan los jugadores llegados desde el exterior, como pudo haber sido este caso.

Raúl Superman Fernández es un arquero peruano que, con 19 años cumplidos, llegó a prueba en 2005. Mostró buenas condiciones y convenció a los directivos. Mientras se resolvía su situación contractual (su pase pertenecía a Universitario de Perú), estuvo un tiempo entrenando, pero sin ser habilitado para jugar.

La negociación entre los clubes se fue dilatando, no se llegó a un acuerdo y el guardameta volvió a su país.

Caracoche Juan

Juan Francisco Caracoche

Cuando un joven deja su pueblo del interior para probar suerte en Buenos Aires, se produce en su seno una mezcla de tristeza y alegría difícil de explicar, como cuando muere un dictador carismático (?). Con el tiempo, el chico (generalmente tímido, bondadoso y un poco inocente) se va adaptando, aprende las nuevas costumbres y siente que sus sueños están cada día más cerca. A pesar de todo, el pibe, ya entrando en la adultez, no olvida sus pagos. Y espera algún día volver. Con fama, con dinero, con éxito, con un futuro asegurado. O simplemente, volver y punto.

Juan Caracoche, nacido en Navarro el 20 de enero de 1988, tuvo un sueño, lo persiguió y lo cumplió: ser futbolista. Desde que jugaba en el barrio se veía que iba a llegar, que condiciones no le faltaban. La primera confirmación se dio en 2005, cuando jugó el Campeonato Sudamericano Sub-17, donde Argentina no pasó de su grupo a pesar de contar con valores como el Papu Gomez, Juan Antonio o Lautaro Formica. La segunda, el 12 de abril de 2008: debut en la Primera División de Independiente, con triunfo 3- a 1 frente a Olimpo, en Bahía Blanca.

Con el Rojo jugó 16 partidos hasta su salida a mediados de 2009, alternó como marcador central y lateral, dejando siempre la sensación de que estaba para más. No supo convertir goles, tampoco sufrió expulsiones y ni siquiera llegó a sentirse como en casa: en esa época Independiente estaba construyendo su estadio y alternaba la localía en las canchas de Racing y Huracán. Caracoche nunca jugó en la cancha del equipo que defendía. El sentido de pertenencia era algo engañoso, y más para alguien que estaba a 120 kilómetros de su casa. Tan cerca, tan lejos.

En el segundo semestre de 2009 bajó una categoría para jugar en Sportivo Italiano. El Azurro, que acababa de ascender, cumplió una pésima campaña y volvió rápidamente a la Primera B. Antes de eso, el defensor había regresado a Independiente pero fue dejado de lado por el Tolo Gallego y se entrenó aparte del plantel, junto a Lucas Pusineri, Gastón Molina, Viola, Fernando Pérez, Vissio y Berriex.

Para peor, la distancia con los suyos se incrementaba: la temporada 2010/11 lo encontró en Juventud Antoniana, el equipo del optimista Pedro Monzón.  La profecía del Moncho no se cumplió (el Santo ni clasificó a la segunda fase del Argentino A), a Caracoche no le renovaron contrato, no arregló con ningún club y el último semestre de 2011 lo encontró sin equipo, con visitas cada vez más asiduas a su pueblo natal.

Su próximo paso fue aún más al norte: la Serie B de Ecuador lo vio jugar 7 partidos en el Imbabura (2012). Las cosas no salieron bien desde lo futbolístico, y la distancia se hizo sentir, por eso retornó a mediados de año para ponerse la camiseta del Deportivo Armenio. Una temporada con el equipo de Noray Nakis le alcanzó para decidir su futuro: dejar el fútbol y volver a su lugar en el mundo: Navarro.

La noticia causó conmoción (?) en los medios locales, y sorpresa en los que piensan que el futbolista se dedica a patear una pelota toda su vida y no tiene otra cosa en la cabeza: Juan Caracoche, a los 25 años, dejaba la comodidad de los vestuarios del ascenso (?) para dedicarse a un nuevo emprendimiento comercial: una moderna panadería con servicio de cafetería y confitería. “Tuve la oportunidad de seguir en Armenio y también ofertas de equipos del Torneo del interior, pero si bien no son cifras despreciables para un empleado común, tengo que pensar que si viajo diariamente, gran parte del sueldo se me va en eso y al final, con tanto sacrificio, no me rendiría. Ya he estado lejos de mi familia y no quiero trasladarla de este pueblo, por eso hoy, por ese dinero, no me conviene alejarme”. El pibe, hombre hoy, quería volver. Con fama, con dinero, con éxito, con un futuro asegurado. O simplemente, volver y punto. Y Caracoche volvió. Y punto.

Puerto Comercial de Ingeniero White (1974)

Los viejos torneos nacionales se caracterizaron, especialmente, por la federalización del fútbol. Una competencia que reunía a los mejores equipos de cada región, proponía de antemano un mayor grado de justicia geográfica. Aunque claro, después en la cancha la balanza generalmente se inclinaba hacia los poderosos equipos de Buenos Aires. Y en ese contexto, ocurrieron hechos llamativos que vale la pena destacar.

Para el Nacional de 1974 se aumentó la cantidad de equipos participantes, de 30 a 36. Un montón por ser un torneo de Primera División. Además, la mitad eran clubes del interior del país, no directamente afiliados a la AFA. Entre ellos, estaban Altos Hornos Zapla de Jujuy, Huracán de Comodoro Rivadavia, San Lorenzo de Mar del Plata y Puerto Comercial…el equipo que hizo historia.

El conjunto de Ingeniero White, perteneciente al partido de Bahía Blanca y cuna de uno de los puertos más importantes del país, se consagró campeón de la Liga del Sur en 1973 y obtuvo el derecho a participar del Nacional al año siguiente. La tarea no iba a ser sencilla, por supuesto. ¿Pero quién le quitaba el sueño a esos pocos hinchas de Comercial que habían construido un pescado gigante para desfilar por las calles de Bahía? Nadie.

Ya en la competencia grande, el sueño se transformó en pesadilla. Al equipo de camiseta verde y amarilla le tocó compartir la Zona A, junto a Boca, Rosario Central, Banfield, Estudiantes, Belgrano, Desamparados de San Juan, Central Norte de Salta y All Boys. Viajes largos, equipos complicados. Ni más ni menos que Primera División.

En ese torneo, los whitenses ganaron apenas 2 encuentros, no empataron ninguno y perdieron en 16 ocasiones. Lo que se dice una campaña floja. ¿Algo más? Sí, convirtieron sólo 14 goles y les hicieron… ¡75!

Los picos más bajos (o más altos, según cómo se mire) de aquel rejunte de ilusiones semi amateurs, se dieron en las derrotas ante Desamparados (7 a 2), Rosario Central (7 a 0), Boca (9 a 0) y Banfield, en la mayor goleada de la historia del profesionalismo: 13 a 1. Sí, trece a uno.

Aquel encuentro disputado el 6 de octubre de 1974 en la cancha del Taladro, también significó el récord de goles convertidos por un jugador en un mismo partido. Fueron 7 a cargo del delantero Juan Alberto Taverna, que encima de ser figura de la cancha, después salió a bancar al arquero rival Juan Tolú.: «No tuvo nada que hacer, si le pateábamos desde el área chica».

Ah, faltaba un detalle. Puerto Comercial salió último en su zona y no clasificó a la fase final.

Colliard Enrique

Enrique Eugenio Colliard

Mediocampista ofensivo de vincha y largo pelo rubio: un típico espécimen del fútbol de ascenso que tuvo su oportunidad en el exterior y en Primera División. Un jugador de buenas cualidades técnicas, especialista en la ejecución de la pelota parada pero con esa característica ineludible de todo “10” que se precie de tal (?): lo que el periodismo define como “irregular” y la popular como “pecho frío”. En definitiva, ni más ni menos que un jugador lagunero.

En lo que se refiere al under argentino, acreditó pasos por El Porvenir, (donde comenzó su carrera jugando en la B Metropolitana y también participó en el Nacional B dirigido por Caruso Lombardi), Tigre (2005, donde apenas jugó) y Los Andes (del 2006 al 2008). En todos los casos, salvo en la campaña 2001/02 con El Porve, la mitad de tabla fue su ambiente habitual.

Selló por primera vez el pasaporte en 1995, cuando el Deportivo Cúcuta lo contrato para jugar en la Primera B de Colombia. Siguió en ese país para jugar en el humilde Unicosta (1997). Volvería al Cúcuta en 2003, para disputar otra vez el torneo de ascenso. Como el Chori Dominguez y Cavenaghi, pero sin vender humo.

También supo pasear su tranco lento y cansino por el competitivo fútbol de Venezuela, donde pasó con mas pena que gloria por Trujillanos (2001 y 2003) y el Deportivo Táchira (2002, siendo suplente de colegas venezolanos y de Panchito Rivadero, con todo lo que eso implica). Su pico de rendimiento lo alcanzó en Unión Maracaibo: jugó la Copa Libertadores en 2004, dándose el gusto de convertirle un gol a José Luis Chilavert, o lo que quedaba de él.

Lo fundamental: su huella en la máxima categoría de nuestro país: 10 partidos en Platense (1998) y 13, con un gol, en Instituto (2004/05). De estos 23 encuentros, solo un par de veces disputó los 90 minutos.

Recién en 2013 volvería a un equipo de Primera División del Fútbol Argentino… en el Torneo Senior, para jugar con los veteranos de Banfield. Desde el banco de suplentes, acompañó a Héctor Godoy, Daniel Bilos y Fernando Cinto, entre otros. Eso si, siempre con su vincha y largo pelo rubio. Porque, a pesar de los años, hay costumbres que no se pierden.

Banfield tricolor (2008)

Durante mucho tiempo el Club Atlético Banfield debió someterse al dudoso buen gusto de los diseñadores de Nanque, la firma de indumentaria que lo vistió en 3 períodos distintos, entre 1980 y 2008. Desde una banda verde que sólo iba hasta la mitad del pecho, pasando por una casaca que parecía de Los Andes, hasta incluso diseños afanados a otras marcas. Cualquier cosa podía pasar en el universo del Taladro.

Las razones de tanta impunidad, claro, estaban ligadas a Carlos Portell, presidente del club durante muchos años y hermano del dueño de Nanque. Todo quedaba en familia, también las licitaciones, aunque hubiese otras marcas dispuestas a vestir a Banfield.

Fue así como, entre tantos diseños horrendos que mostró la institución en ese lapso, se destaca uno tricolor que llegó a utilizarse en el último año de la relación. La camiseta alternativa tenía bastones verdes y naranjas, como en el modelo utilizado el año anterior, pero separados por delgadas líneas blancas.

Por suerte, la pilcha sólo salió a la cancha en 2 partidos de ese Clausura 2008: ante Racing y Vélez. Un verdadero espanto. Y eso que no hablamos de Jairo Patiño.