Ring Ring Balvorín: El Messi del boxeo

En esta oportunidad nos dejamos llevar por una práctica nefasta y muy usual en el mundo del deporte, algo instalado a lo que casi ningún ser mortal se resiste: Las comparaciones boludas.
En el pasado era muy común escuchar que Hugo Porta fue el Maradona del rugby. Actualmente, cuando se habla de Luciana Aymar, se la menciona como la Maradona del hóckey y en el futuro seguramente recordemos al apasionado por la arquitectura, Juan Martin Del Potro, como el Franco Cangele del tenis (?).

En algunos años, cuando Messi ya esté retirado y se haya vuelto a Rosario para administrar sus campos (?), las nuevas generaciones amantes de la Play 4 se encargarán de enterrar el apellido Maradona y hablarán de los Messi del golf, del básquet o del polo, pero lamentablemente no del boxeo, simplemente porque el Messi del boxeo ya existió.

Baby Joe Mesi fue un destacado peso completo blanco de Nueva York, que construyó una historia realmente increíble.

Debutó como profesional en 1997, pero antes tuvo una destacada y sólida carrera amateur que concluyó cuando quedó eliminado en la clasificación para los juegos de Atlanta ’96. Para 2002 Baby Joe era el pesado blanco más promocionado del momento y una de las grandes promesas del boxeo norteamericano.

Mesi era un boxeador técnicamente destacado para la categoría, bailoteaba cómodamente, bajaba los brazos, tiraba el gancho al cuerpo y a la cabeza con potencia, contragolpeaba con precisión y se adaptaba fácilmente a la pelea que le ofrecía el rival de turno. Todo era color de la camiseta suplente de Boca rosa y la chance por el campeonato mundial estaba al alcance de la mano para el invicto neoyorquino.

Hacia fines de 2003, Mesi se enfrentó a Monte Barrett y ganó por puntos de forma muy ajustada, luego de ir al piso en el séptimo capitulo. Fue el aviso previo de lo que vendría. En marzo de 2004 llegó la pelea que a simple vista era la que lo iba a catapultar al combate por el campeonato pesado. ¿Su rival? Un ex campeón mundial crucero oriundo de Kazajistán, llamado Vassilly Jirov.

Hasta el séptimo asalto fue un paseo de Mesi, pero en el octavo Jirov metió un golpe en la nuca que no fue sancionado y Mesi no se recuperó a partir de entonces. Jirov se lo llevó por delante aprovechando el estado del norteamericano y lo puso en la lona tres veces (una en el 9º y dos en el 10º), llevándose La Pulga (?) golpes muy duros en la cabeza.

Mesi ganó la pelea ajustadamente gracias a lo hecho hasta el séptimo round. Los exámenes posteriores a la pelea diagnosticaron que sufrió dos hematomas subdurales (se comprobó que ambos se produjeron durante la pelea), le fue suspendida la licencia y su carrera se terminó.

Después de dos años de un sinnúmero de reconocimientos médicos y de batallas judiciales, Joe aprovechó cada una de las licencias otorgadas y en contra del consejo de la mayoría de sus amigos, volvió en 2006 e hizo 7 peleas más, siempre con rivales que eran una garantía de malos y que no significaron un peligro para su salud.

Mesi se retiró en 2007 con una foja de 36 peleas, 36 victorias, 29 por nocaut. Invicto y con uno de los mejores récords de la categoría pesado de todos los tiempos.

Ganador absoluto sobre el ring, sufrió su primera derrota fuera de los cuadriláteros en 2008, cuando se postuló como candidato a senador del distrito 61° de Nueva York, en manos de Mike Ranzenhofer, pese a ganar las primarias.

Inteligente y de muy buena labia, con 40 años es actualmente gerente en St. Jude Medical, una empresa dedicada a mejorar la calidad de vida de personas con dolor crónico.

El Mesi del boxeo pudo hacer historia en el deporte, aunque indudablemente a su apellido le faltó una s para ser estrella.

El Gato Fernández a Estudiantes (1999)

La venta de Carlos Gustavo Bossio al Benfica dejó, además de unos cuantos problemas en la tesorería de Estudiantes, un vacío difícil de llenar para Pancho Ferraro, quien no confiaba plenamente en las condiciones de Andersen y Tauber, los sucesores naturales de Chiquito.

Fue así que, enterado de esta necesidad, en agosto de 1999 el ex jugador y por entonces empresario Ricardo Giusti metió en un avión al boliviano José Carlo El Gato Fernández y lo llevó desde Santa Cruz de la Sierra hasta Caballito (?) -donde Estudiantes cayó por 3 a 0 ante Argentinos Juniors por la primera fecha del Apertura- y de ahí a La Plata para hacerse la revisación médica, firmar el contrato que lo ligaba al Pincha y acordar el monto del préstamo: 60.000 dólares para el Blooming. Una verdadera operación relámpago resuelta en menos de medio día. Todo demasiado extraño…

A la salida de la sede social, El Gato se mostró feliz y hasta vendió un poco de necesario humo acorde a su personalidad: “Quería venir a la Argentina. De Estudiantes conozco todo. Y también de todos los rivales, como Boca, Chacarita, Instituto. Estoy muy feliz y espero debutar cuanto antes. Ahora voy a viajar a mi país a hacer unos trámites y a solicitarle a los dirigentes del Blooming que manden el transfer internacional en el acto”.

Pese a que el arquero se había comprometido por un año con opción de compra, fue el mismo Fernández quien le solicitó a los dirigentes Pinchas la destrucción de los documentos rubricados, por teléfono y entre lágrimas ¿Por qué razón? Por que tenía contrato vigente con el Blooming hasta diciembre con una renovación automática por otro año si clasificaban a la Copa Libertadores, cosa que su equipo ya había conseguido. Además, los dirigentes bolivianos consideraban una falta de respeto por parte de El Gato y de Giusti el haber negociado con Estudiantes los montos de su hipotética salida del club sin siquiera estar enterados. De nada.

¿Y esto entonces de qué se trató? Nada más y nada menos que de un típico apure del intermediario, quien no contaba con que los dirigentes del Blooming se pondrían los pantalones largos y no iban a dejarse intimidar con maniobras. ¿Y Estudiantes? Bien, gracias. Terminó contratando al paraguayo Rubén Ruiz Díaz, quien nunca llegó a debutar…

Fuera de stock: las camisetas sin publicidad en Japón

Durante más de dos décadas los argentinos nos acostumbramos a ver por televisión a algunos clubes de nuestro país disputando trofeos internacionales en Japón. La primera situación extraña que experimentábamos, por supuesto, era la de ver a San Lorenzo madrugar para poder ver un partido. La diferencia horaria, claro, nos obligaba a adelantar el desayuno y a llegar tarde al colegio o al trabajo.

La otra rareza que siempre nos dejaron los encuentros en Asia, fue la ausencia de publicidad en las camisetas de los dos equipos. Y no es que no hubiera interesados en mostrar su marca en semejante acontecimiento. El tema radicaba en el patrocinador oficial, que al poner toda la teca necesaria, se daba el lujo de no permitir otros anunciantes en la indumentaria de los equipos.

El primer cuadro argentino en llegar a Tokio fue Independiente, en 1984, aunque en ese caso no hubo necesidad de hacer modificaciones en la camiseta, que hasta ese momento seguía virgen de chivos. Recién al año siguiente comenzarían a usar Mita.

En 1985 el que disputó la Intercontinental, luego de haber ganado la Libertadores, fue Argentinos Juniors. El Bicho, que por esos días usaba el auspicio de 7Up, debió utilizar una camiseta genérica de adidas, que ni siquiera tenía escudo. Para consuelo del team de La Paternal, algunos jugadores de Juventus terminaron levantando la copa con esas casacas.

Un año después sería el turno de River Plate. El conjunto que dirigía el Bambino Veira ganó su primer título mundial ante el Steaua Bucarest, ateniéndose a las reglas de la competición. De esa manera, la empresa de neumáticos Fate se tuvo que quedar con las ganas de salir a la cancha.

Después de 8 años, Vélez fue el que tomó la posta de los argentinos en Tokio. Con los goles de Asad y Trotta, El Fortín derribó el imperio del Milan en 1994 y se mostró ante el mundo con su casaca limpia, sin la firma Samsung en el pecho.

Para la Intercontinental de 1996, adidas sacó a la venta la nueva casaca de River. Claro que la versión que se conseguía en las tiendas, no era la misma que el Millonario terminaría estrenando ante la Juventus. La diferencia estaba en la ausencia de la marca Quilmes.

En la Recopa

La Recopa Sudamericana también adoptó la modalidad de las camisetas limpias. No en su primera versión, pero ya sí en la segunda, la que disputaron Boca y Atlético Nacional de Colombia, en Miami, allá por 1990. En ese entonces, El Xeneize lucía el sponsoreo de Fiat, pero no lo pudo exhibir ese día.

En 1995, Independiente y Vélez tuvieron que viajar hasta Japón para tratar de conseguir un trofeo perteneciente al continente sudamericano. Una cosa insólita, pero no menos real. Allí el Rojo (ganador de la Supercopa) venció 1 a 0 al Fortín (ganador de la Intercontinental), en otro duelo de equipos sin anunciantes: ni Ades, ni Mazola.

Un año más tarde Independiente volvió a salir a la cancha con la camiseta sin auspicio, en la derrota 4 a 1 ante Gremio, en Kobe. Y en 1997 fue Vélez el que obtuvo el título en Japón, venciendo por penales a River. Y el logo de Quilmes no apareció.

Hacia finales de siglo, la costumbre quedó en desuso. Real Madrid y Vasco Da Gama, en la Intercontinental de 1998, fueron los últimos clubes en jugar una final despojados de la publicidad, sepultando una era que aún extrañamos, aunque nos haya hecho levantar temprano.

Videla a Independiente (1992)

Para el Apertura ’92, Independiente se reforzó con todo en búsqueda del título. Las incorporaciones posaron felices ante las cámaras: Gabriel Amato, Perico Pérez, El Turco Mohamed, Mario Hernán Videla, Diego Cagna, Adrián Mahía y Jorge Gordillo, a los que se sumaban los paraguayos Gamarra y Velázquez. Entre todos ellos hubo un infiltrado: el Panza Videla, que nunca jugó en el Rojo. A pesar de la presentación formal, el mediocampista, que estaba jugando en el Hamilton Steelers de Canadá, continuó en el país del norte, priorizando su carrera deportiva (?). Recién volvería a Argentina al año siguiente, para ponerse la camiseta de Deportivo Laferrere.

Chacarita con y sin publicidad (1998)

En el arranque de la temporada 1998/99 del Nacional B, Chacarita visitó a San Miguel. La foto es testimonio del resultado de ese partido: los jugadores del equipo visitante festejan la victoria (1-0, con gol de Carrario) frente al Trueno Verde. Sin embargo, no se puede dejar escapar un detalle: la camiseta de Álex Rodríguez no tiene la publicidad de Credi Fácil. Algo raro, porque en ese mismo partido el delantero uruguayo usó una casaca que llevaba el auspicio.

¿Se le habrá despegado? Es posible, y más teniendo en cuenta que la indumentaria era Envión, marca proveedora de la vestimenta del Funebreroexcepto de las medias.