Miren si habrá sido ladri el andar de Gustavo Alfaro por Arabia Saudita, que ni siquiera es mencionado en su elogiosa ficha en Wikipedia. Acá un breve repaso de uno de los tantos casos de técnicos argentinos que se pusieron el turbante a cambio de un buen fajo de petrodólares.
Con 46 años y casi dos décadas sobre el lomo dirigiendo equipos modestos y molestos, allá por el 2009 Gustavo Alfaro decidió que era momento de pegar el salto de calidad. Le había ido bien en equipos chicos como Olimpo, Quilmes y Arsenal, consiguiendo con este último la Copa Sudamericana. En cambio, había decepcionado en San Lorenzo y Rosario Central, dos equipos más populares. La prueba de fuego, entonces, debía ser en uno de los más poderosos.
Tras varios días en los que se lo mencionó como firme reemplazante de Carlos Ischia en el banco de Boca Juniors, en julio de 2009 se supo la noticia: Alfaro iba a dirigir un grande…pero de Arabia Saudita.
El Al-Ahli Saudí Football Club, mejor conocido como el الأهلي السعودي (?) puso un jugoso contrato sobre la mesa y se llevó los sueños de gloria del entrenador rafaelino, que ni lento ni perezoso llamó a sus colaboradores y los mandó para la ciudad de Jeddah, mientras él se quedaba en el país para terminar de arreglar uno papeles.
Fue así como unos días más tarde Alfaro llegó a Arabia y se encontró, además de una cultura totalmente diferente, un plantel lleno de tipos con barba que se llamaban Mohammed (?). ¿Solución? Mandar a contratar a un par de viejos conocidos del ámbito argentino. Uno de los principales refuerzos fue el colombiano Jossimar Mosquera, uno de sus dirigidos en el Arse.
Otro en caer fue el delantero Javier Toledo, goleador con Chacarita en la B Nacional.
Además, se incorporaron Sebastián Rusculleda y el paraguayo Jorge Torales, ex Chaca. Todo mediopelo para la Primera División de nuestro país, pero suficiente para tratar de ser protagonista en el torneo árabe o jugar de titular en Arsenal.
Tras una pretemporada en Alemania, el Al-Alhi del Lechuga debutó en la liga con una victoria 1 a 0 ante el Al-Raed. Parecía que todo iba a ir muy bien en la temporada, pero el experimento no tardaría en dar error. Ya para noviembre de 2009, Alfaro se dio cuenta de que había recaudado lo suficiente y llegó a un acuerdo con la dirigencia para dejar de ser el DT. En su lugar, paradójicamente se lo nombró a Carlos Ischia, pero finalmente llegó el brasileño Sergio Farias.
Pese a que los datos sobre la campaña son escasos y que no existe mucho material sobre este hecho delictivo, acá estamos para recordar eso que el mismo Alfaro prefiere olvidar: aquel tiempo en el que no paró de mirar la hora en Arabia Saudita.











