Voy al Arco: Young y Lynax (1982)

A pesar de ser los inventores del fútbol, de ser “The Association” y de haber creado a los hooligans (?), hasta los años 80’s en las competencias del fútbol inglés se permitía un solo suplente. El famoso jugador número 12. Obviamente, había un acuerdo tácito (?) en que el hombre que se sentaba al lado del técnico debía ser un jugador de campo. Así, se corría el riesgo que el arquero se lesionara o que fuese expulsado y no tener un colega idóneo que lo remplazara.

Esto le sucedió, pero con bonus track (?) al Leicester City, que en marzo de 1982, por cuartos de final de la FA Cup, recibía al Shrewsbury Town. Con el encuentro 1 a 0 a favor de Los Zorros el arquero local, Mark Wallington, recibió un fuerte golpe que lo dejó maltrecho. Tanto, que apenas podía moverse. Sabiendo que no había un guardameta que pudiese ocupar su lugar, aguantó como pudo, pero en unos minutos le convirtieron dos goles y se dio cuenta que no daba más. Salió de la cancha y en su lugar entró el suplente, Jim Melrose, que ocuparía la delantera. Al arco fue el centroforward Alan Young. Esto recién empezaba.

Llegó el empate del Leicester y, en el segundo tiempo, otra vez lo mismo: lesión del improvisado portero de los locales y un tercer jugador se pone el buzo verde: Steve Lynex, habitualmente volante por derecha. Con uno menos y el segundo arquero de emergencia cuidando el empate, las cosas no se modificaron. Y con el pasar de los minutos, Young se recuperó y volvió a la cancha… como jugador de campo. Hasta que, un rato después, volvió a cambiar de lugar con Lynex: el que estaba con el 1 pasó al mediocampo y el que quería gritar un gol, ahora trataría de evitar que se lo gritasen a él.

Con tantas modificaciones, los jugadores del Shrewsbury Town parecieron marearse y terminaron perdiendo 5 a 2, a pesar de la ventaja de enfrentar a dos arqueros sin ningún tipo de experiencia en esa posición. Leicester City, que contaba con Gary Lineker entre sus filas, pasó a la siguiente ronda, donde caerían frente al Tottenham Hotspur.

Publicado originalmente con más gracia (?) por Miguel Molina y Vedia en La Redó

Desde lejos no se ve

Oscar Passet y Juan Simón, comienzos de los 90. Lo que hoy nos puede parecer una malla ridícula, en su momento fue lo más top de la playa. Pero ojo, que no solamente ha cambiado la vestimenta de los futbolistas. También han cambiado sus usos y costumbres. También cambiado sus físicos.

Lo que hoy nos puede parecer el torso esmirriado y peludo de un jubilado, en su momento fue el cuerpo de un defensor respetado. Y lo que hoy nos puede parecer un ex arquero usando lentes de ver de lejos, en su momento fue ¡un arquero usando lentes de ver de lejos! ¡Hijo de puta! Hay cosas que no cambian.

Racing 3 – Ajax 2 (1979)

Recién coronado como campeón del fútbol holandés de la temporada 1978/79, el Ajax de Ámsterdam salió de gira por Sudamérica y enfrentó a tres equipos argentinos: Talleres de Córdoba, River Plate y Racing Club.

La Academia, dirigida por Enrique Omar Sívori, estaba segunda en su zona del torneo Metropolitano y contaba con jugadores como Cejas, Barbas, Avallay y Roberto El Ropero Díaz.

El amistoso, disputado el 15 de junio de 1979 en el estadio de Vélez Sársfield, terminó 3 a 2 para el cuadro argentino, con goles de Carlos López, Moulia y Barú; mientras que Ling y Kaiser descontaron para el team europeo de Cor Brom.

Fuera de Stock: El 1 de Navarro Montoya

Si uno recuerda a Carlos Fernando Navarro Montoya como futbolista, no puede dejar de pensar en una tragedia su particular estilo, en su pelada con pelo largo, en los jeans Vanquish, en su incansable lucha para ser convocado a la selección argentina y, por supuesto, en su clásico buzo del camión. Sin embargo, hubo otro detalle, quizás menos llamativo, que acompañó al arquero durante toda su trayectoria: el número 1. Pero no cualquier uno. Conozcamos la historia.

Nacido en Colombia, pero formado futbolísticamente en Argentina, el Mono debutó en Vélez Sársfield en 1984 y desde sus comienzos se mostró como un jugador distinto. No sólo ocupar el arco y por aceptar a temprana edad el llamado de la selección cafetera, sino también por otras cuestiones que tenían que ver con la imagen, aspecto poco explotado por aquel entonces.

La indumentaria de Navarro Montoya siempre estuvo signada por un número 1 bastante extraño, gordo, de forma irregular y bien grande. Presente en la espalda, en el pecho y en el short. Único y personal. Cuando uno veía ese 1, sabía que pertenecía al Mono. Algo parecido a lo que sucedía con Fillol, con esa especie de I latina uno en números romanos. Ni más ni menos que una marca registrada.

En Independiente Santa Fe, en Vélez, en Boca. Podía cambiar de club o de buzo, pero el 1 siempre se mantenía. Incluso algunos intentaron cambiárselo, pero él se negó siempre. El empresario y diseñador Oscar Tubío, autor de algunas camisetas célebres del fútbol argentino, recuerda el motivo: «Él vino a hablar conmigo una vez. A mí el camioncito no me gustaba y el 1 no me dejaba tocarlo, porque lo había hecho la mamá. A mí me recordaba al pingüino de vino que le servían a mi papá en el bar».

En 1996, la imagen personal del arquero comenzó a chocar con la institucional del Xeneize. Mientras el club continuaba su relación con Olan, el Mono se mostraba con un buzo de la firma danesa Hummel. Unas semanas más tarde, Olan pasó a ser Topper y entonces el colombiano comenzó a usar un buzo verde, sin marca aparente, pero con el 1 de siempre.

Ya para octubre de ese año, Nike comenzó su relación con Boca, poniéndose firme con la indumentaria del guardavallas. Navarro Montoya, sabiendo de las exigencias comerciales que se venían, mandó a bordarle el logo de Nike a su buzo verde. Los de Nike se le cagaron de risa y fueron contundentes: nada de diseños caseros, ni números raros. Todo debía seguir el patrón de la marca de la pipa, sin contemplaciones.

El Mono finalmente tuvo que rendirse y aceptar el buzo blanco con el impersonal número 1 de fábrica, en el debut de la empresa yanqui, con empate 0 a 0 ante Racing, por la Supercopa.

También le tocaría usar el buzo negro, que mantenía el template de la camiseta: la franja amarilla y las polémicas líneas blancas criticadas por Maradona.

Cansado por estas cuestiones, pero sobre todo por su relación con el técnico Bilardo, el arquero se marchó a España, para vestir los colores del Extremadura. Y si bien el Mono se dio el lujo de volver a usar el buzo del camión, se le complicó a la hora de mostrar el 1, porque de entrada le dieron el 25.

Recuperó el 1 en el Mérida, pero después le dieron el 24 en el Tenerife. Lo que no cambió fue la costumbre de irse al descenso, ya que bajó con todos.

Tras pasar por el fútbol chileno, regresó a la Argentina para jugar en Chacarita, Independiente, Gimnasia, Nueva Chicago y Olimpo, donde siguió alimentando su fama de jugador descendente. Incluso en el medio tuvo tiempo para actuar en el Atlético Paranaense de Brasil, para finalmente retirarse en Tacuarembó FC de Uruguay. Siempre con el 1 parecido a un pinguino de vino.

Hoy, con el Mono abocado a su tarea de Director adjunto (?) de las divisiones inferiores de Boca, se lo extraña en las canchas argentinas. Sobre todo ahora, que no hay descensos.

Caniggia al Compostela (1998)

Venía de ser figura de Boca en el primer semestre de 1998, pero eso no le alcanzó para ser convocado al Mundial de Francia. Ese sinsabor fue clave para que Claudio Caniggia detuviera su marcha una vez más, como lo había hecho durante 1997. Apoyándose en el físico privilegiado que tenía, desafiaba a la inactividad y se dedicaba a esperar una buena oferta.

Sin lugar en el plantel de Carlos Bianchi, pero con parte de su pase todavía en poder del Xeneize, en octubre de 1998 Cani comenzó a ver con buenos ojos la posibilidad de marcharse al fútbol español, más precisamente al Compostela, de la Segunda División.

El acuerdo entre el jugador y la institución gallega no tardó en llegar. Y el Presidente, José María Caneda, se entusiasmó con la llegada del argentino, que se iba a concretar en diciembre de ese año: «Existe un total acuerdo entre nosotros y Claudio Caniggia, sólo falta que él arregle su situación con Boca». Y agregó: «es un grandísimo jugador y yo ya sueño con un ataque formado por él y el holandés Sion. Con esos dos delanteros no se nos puede escapar el ascenso. Sé que hace rato que no juega, pero si llega en noviembre, en un mes creo que se podría poner en forma. Sólo falta que ahora Caniggia se comunique con nosotros y nos diga qué pasó con Boca».

¿Qué era lo que esperaba en realidad el mandamás del Compostela? Que el Pájaro quedase libre, ya que su club no tenía intenciones de poner dinero por un jugador que había pasado los 30 años. ¿Qué quería Boca para largarlo? Dos millones y medio de dólares. El Compostela nunca los puso.

Al año siguiente, Cani se fue al Atalanta de Italia y el Compostela, con el ruso Dmitri Rádchenko en la delantera, no pudo ascender.