Juira Bicho: Napoleón, el macabro perro de Atlanta

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Soltar… ese verbo tan escuchado y vilipendiado por estos tiempos, no es un consejo exclusivo de un medioambiente modernista, cool ni palermitano. Ya allá por los treinta, en un paisaje dominado por la bohemia y los compadritos, un club capitalino no le pudo hacer honor a este dogma fabricando a la mascota más tanatológica de toda la historia del fútbol argentino… comprensible la negación al olvido, en el medio estaba metido un tierno e inocente canino. Con nosotros: Napoleón, el perro embalsamado de Atlanta.

Década infame, comienzos del profesionalismo. A Francisco Belón, socio número 84 de Atlanta, le obsequiaron un simpático cachorro azabache, mestizo entre salchicha y callejero. Paradójicamente, quien le legó un amigo fue Camilo Di Bella, vecino del primero, quien trabajaba de portero en la cancha de Chacarita y encontró en ese mismo lugar al pichicho. Al menos en sus raíces, la mascota tenía sangre funebrera…
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Bautizado Napoleón, rápidamente se ganó el afecto tanto del plantel como de socios e hinchas del Bohemio. El perro entraba al campo de juego con los jugadores, posaba para las fotos, le ladraba a los rivales y –tomándolo como una licencia del tiempo que todo lo exagera- hacía jueguitos con la pelota y hasta marcaba goles… imposible no quererlo.

Pero eso no es todo, el can fue canonizado en vida una tarde de noviembre de 1936, cuando su equipo perdía por 5 a 1 frente a Talleres de Remedios de Escalada y nada se sabía sobre su paradero ¿Y qué pasó? Napoleón apareció por la cancha de Humboldt y Atlanta empató 5 a 5. Único…

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Convertido en un amuleto de necesidad y urgencia, una noche de abril de 1938 Napoleón encontró el primero de sus finales. Esto ocurrió cuando se escapó de una reunión de hinchas en la casa de su amo y fue arrollado por un Buick en la calle Muñecas. Nada congela más el alma que ver un perro atropellado. Para sumarle más tristeza al asunto, la tertulia de donde había fugado la mascota se había celebrado para idear la manera de colarlo en el tren a La Plata en vísperas a un partido frente a Estudiantes. Dolor…

Con todos los diarios del momento haciéndose eco del deceso de Napoleón, tanto a su dueño como al resto de los hinchas de Atlanta se les ocurrió la única opción viable para inmortalizarlo como un emblema: el rápido embalsamamiento del perro… y todos medianamente contentos.

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Y así, tras estar cerca de 70 años en casa de los descendientes de su dueño, el cuerpo de Napoleón volvió a la cancha cuando se celebró el centenario del Bohemio. Y es más, vuelve de tanto en tanto, cuando hay algún festejo. Aunque, eso sí, condenado a atestiguar las pálidas in eternum y esperando impaciente un mísero ascenso ¿Soltar? ¿Qué carajo es eso?

Vyvoda Luciano

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Luciano Javier Vyvoda

No es fácil trasgredir en una actividad con reglas, usos y costumbres muy establecidos y arraigados. Por lo general, quien lo intenta queda catalogado como un tipo peligroso o “raro” por sus superiores y por sus pares. Y, a la primera de cambio, claro, él y sus ideas salen eyectados del medio -cualquiera que éste fuere- probablemente, para nunca jamás volver a conseguir algún cargo.

Viajamos hasta febrero de 2002. Una Argentina sumergida en el caos. Y encima hacemos foco en Talleres de Córdoba, o sea, el propio lugar donde se ideó el caos. Con la responsabilidad de hacerle frente tanto al Clausura como a la Copa Libertadores, a Mario Ballarino, técnico interino de aquella institución, se le ocurrió innovar con algo que, hasta ese momento, nadie había intentado.

“Los arqueros no se lesionan casi nunca. En 300 partidos, Mario Cuenca jamás faltó. Y si le ocurre una fatalidad lo pongo a Sebastián Carrizo, que además de volante ataja bastante bien… Desde el partido contra Colón y en adelante no voy a utilizar arqueros suplentes en mis equipos… y así voy a ganar un suplente… Y luego seguiremos con nuestro plan maestro: tratar de conquistar el mundo….

El primero que sufrió el daño colateral por la iluminación del entrenador fue El Tigre Muñoz, quien encima había abandonado Boca para intentar ganar minutos en El Matador. El primero que se benefició con la determinación de Ballarino fue Luciano Javier Vyvoda (15/02/1982), quien no es una sedpiente que se adastda, sino un defensor central surgido en las inferiores del club, que aquel 17 de febrero se sentó por primera vez en el banco de suplentes y puso su mejor cara de “soy jugador de Primera” ante los fotógrafos que retrataban a los inéditos relevos sin portero sustituto.

Tras compartir ese gran momento de fama baldosera junto a Lucas Molina, Marcelo Sarmiento, Claudio Pronetto y Federico Astudillo, nuestro homenajeado nunca más fue convocado para el primer equipo y luego deambuló por el under profundo vistiendo las camisetas de Centenario de Neuquén, Sarmiento de Leones, Deportivo Guaymallén, Deportivo Roca y algún equipo del fútbol panameño, entre otros.

Por otra parte, Mario Ballarino y su banco de suplentes sin arquero duraron hasta la jornada número 12, cuando el entrenador abandonó el cargo tras diagnosticársele un severo cuadro de estrés y fatiga. Todavía le faltaba un partido por la Primera Rueda de la Libertadores. No hay caso, a los distintos todos los necios le conjuran en contra…

Trapasso: «Hagan 1 gol» de Ferro

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Probablemente, al momento de confeccionar esta obra de arte, su creador no imaginó que estaba manufacturando uno de los trapos más trascendentales, podríamos afirmar, de toda la historia del fútbol profesional argentino. Si con el simple hecho de decir “Bandera de Ferro”, el 90 % de nosotros sabemos de qué estamos hablando. Es más, la “Bandera de Ferro” es la más acabada prueba de cómo un improvisado lienzo con unas cuantas letras puede dejar de ser un simple objeto para transformarse en una inmortal sensación… como la inseguridad, aunque en este caso de muertez (?).

Sin ánimos de gastar al rival, sin la intención de termear, sin buscar aparecer en la tele o en Olé, aunque, eso si, con el poder propio del hincha como protagonista necesario del fútbol, algún anónimo logró mostrar su descontento hacía su equipo con las dosis justas de simpleza, resignación, desesperanza e ironía; sin agresiones y utilizando apenas un número y dos palabras: “Hagan 1 gol”… y ese trapo a nadie le pasó desapercibido.

Nos ubicamos en el barrio porteño de Caballito, 28 de marzo de 1999, cuarta jornada del Clausura. Ferrocarril Oeste – que se encontraba último sin puntos producto obvio de 3 derrotas- recibía a Belgrano de Córdoba en un encuentro clave en la lucha por no descender. A la necesidad de ganar se le sumaba un pequeño detalle: no habían convertido un solo gol en todo el campeonato que, eso si, recién había arrancado. No parecía taaaan grave…

Y fue ahí, precisamente ahí, cuando la bandera hizo su debut para risas de propios y estupor de ajenos. Es más, hoy, con el diario de dos décadas después, podemos afirmar que la burla fue el pináculo de la contraproducencia, ya que El Verdolaga perdió ese partido por 1 a 0. ¿Eso sólo? Para nada, después sumó cinco empates consecutivos ¿Algo más? Por supuesto, fueron todos sin abrir el marcador ya que, como una maldición, los discípulos de Cacho Saccardi no lograron batir nunca al arco rival. La única alegría, claro, la dio el trapo, que apareció desafiante en todos los encuentros disputados como local.

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Y fue así que, después de 875 minutos, 9 partidos enteros (Boca, Gimnasia, Huracán, Belgrano, Newell´s, Racing, Platense, Colón, Vélez) 137 días, un cambio de almanaque, una estación completa en el medio y de sembrar vergüenza ajena y hasta lástima en todo el país; los hinchas de Ferro pudieron volver a vociferar un tanto cuando Cristian Chaparro venció a Roberto Bonano, de River Plate, a los 63 minutos del empate 2 a 2 por la décima fecha de aquel campeonato. ¡Milagro!

Una gran deformación de Caballito entraba en la historia como el equipo que más tiempo estuvo sin vencer a la valla contraria en toda la historia del profesionalismo y como el más pobre arranque de Torneo de un club en lo que a goles se refiere… ¿Pudo haberse evitado? Seguramente no, tenían en ese equipo al Colorado Mc Allist*r y en el pecho de su camiseta decía Parmal*t.

De momento, solo de momento, un gran trapo de nuestro fútbol perdía su razón de ser y pasaba a la eternidad… ¡HAGAN 1 GOL!

Sosa Marcelo

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Marcelo Fabián Sosa Farías (El Pato)

Fiel exponente de la garra charrúa bien entendida y, a la vez, quintaesencia (?) de la garra charrúa mal aplicada, el uruguayo Marcelo Sosa pasó por el fútbol argentino en una estadía aderezada por la irrelevancia y que se explica en un Daniel Passarella siempre dispuesto a ayudar a Paco Casal ciertos señores de traje, quienes casi imperceptiblemente lo depositaron durante un tiempo en el banco de La Celeste. Así y todo, cuando este volante llegó a nuestro país se pensó que se trataba de un confiable jugador de nivel internacional. Aunque, tristemente, solo se trataba de un “aspirante a” venido a menos. Pero arranquemos desde el comienzo…

Nacido el 2 de junio de 1978 en Montevideo y sexto de siete hermanos, El Pato pasó por las inferiores de Peñarol, Nacional y Sudamérica hasta que finalmente recaló en Danubio, donde debutó en 1996 y se mantuvo hasta fines de 2003 -cuando se marchó al Spartak de Moscú– mostrándose como un jugador de marca, con nula técnica, peleador, pegador, con un carácter a veces traicionero y mañoso. En todo el combo, un típico producto barriobajero como se encuentra en cualquier país del mundo.

Además y como podía esperarse, fue un miembro estable de la Selección Uruguaya que dirigió Jorge Fossati, donde se vio, probablemente, la mejor versión de este jugador en toda su carrera durante la Copa América de Perú 2004, cuando salieron en tercer lugar y El Pato hasta se dio el lujo de marcarle un gol a Brasil en Semifinales (empate 1 a 1, derrota por penales). Esto hizo que el Atlético Madrid (2004/05) le comprase su ficha a los rusos, quienes solo habían utilizado a Sosa en seis ocasiones… y ahí comenzaría la debacle.

Los medios españoles –sobretodo- en principio lo miraron de reojo por ser alguien que “no tiene pinta de futbolista”. Y claro, El Pato tampoco contribuyó, ya que un buen día llegó a Madrid, le dio un apretón de manos a los dirigentes, firmó un jugoso contrato, se vistió de Colchonero, entró a la cancha, saludó a un centenar de hinchas con una sonrisa de oreja a oreja y…

Convertido en el hazmerreír del medio futbolístico ibérico, pero con ánimos de dar vuelta una situación que había arrancado desfavorable desde el vamos, Sosa manifestó: “Podré jugar bien o mal, pero que todos se queden tranquilos que solo me sacarán del campo de juego en camilla”. ¿Algo más? Si: “me llamaron varios compañeros de la Selección y otros compatriotas que juegan en Europa para recriminarme la caída por que había dado una mala imagen para todo el fútbol uruguayo”. Para colmo, en su debut en un amistoso frente al Majadahonda, fue expulsado por pegarle una piña en la cara a un rival. Irremontable.

Pese a todo, El Pato se mantuvo esa temporada en el plantel del Atlético, donde lo más rescatable fue que siempre intentó pudrirla cuando enfrentó al Real Madrid y dejó frases así: “Como futbolista, Beckham nunca existió pero es lindo. Le pagan por cortarse el pelo o por un video durmiendo”; “Apenas tocas a Figo te mira como diciendo ¿qué hacés? El fútbol es para hombres no para nenitas”. Y algo más: “El Vasco Aguirre me dijo que sea yo mismo, que hable con mis compañeros y que no intente hacer lo que hacía Pablo García. Pablo es Pablo y yo soy yo. Solo nos parecemos en que somos uruguayos, nada más”. Ese fue el fin.

Tras una deplorable temporada a préstamo en el Osasuna (2005/06 – 11 partidos), El Pato apareció por River Plate (2006) falto de fútbol y con la pretemporada a punto de terminar, por lo cual hubo que esperarlo un tiempo para que se pusiera en ritmo ¿Cuánto tiempo? Mas o menos hasta hoy (?).

Así y todo, el volante debutó en una victoria por 2 a 0 sobre Arsenal al ingresar a los 72 minutos por Ariel Ortega. Luego tuvo su única aparición como titular en la derrota por 1 a 0 contra Atlético Paranaense en El Monumental, por Copa Sudamericana, donde formó un lamentable tándem de contención junto a Lucas Pusineri que prácticamente acabó con la carrera de ambos en Núñez. El segundo tiempo frente a Belgrano, en el Olímpico (1 a 1), marcó el final de la estadía de Marcelo Sosa en la Argentina.

Nacional de Montevideo (2007), Tecos de Guadalajara (2008/09), Peñarol (2009/10), Racing de Montevideo (2011/12) y Danubio (2012/13) fueron los siguientes destinos del volante, donde se destaca que siempre que abandonó cada institución se fue a los portazos y en medio de polémicas y acusaciones.

Así fue el final de la carrera de Marcelo Sosa, aquel que debe su apelativo a su similitud al caminar con el ave de la familia de las anátidas. Aquel que cuando pudo volver a enfrentar al Real Madrid dijo que solo le interesaba viajar a Europa para “despeinar a Cristiano Ronaldo”. ¿Y lo consiguió? Espero que el gato no se coma al pato…

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Augusto Mainguyague (El Colorado)

“¿El Coloradito alcazapelotas de San Lorenzo, mufa? Esas son pavadas… Nada que ver, ¡Nada que ver! Yo no creo en eso… Acá hubo mucho laburo… ¡La-bu-ro! Además, cuando llegué a Newell´s tuve que armar una defensa entera… ¿Y cómo hice? ¿Y cómo hice? Puse al Colorado Ansaldi, que no jugaba, de 3… Al Colorado Re de 6 y a Schiavi, que se había dado una viaba terrible en el pelo y estaba colorado, de 2… ¿Y qué más hice? ¿Y qué más hice? En la práctica vi a un pobre pibe colorado sentado afuera de la cancha, todo pachucho, que me dice: ‘nooooo, yo estoy acá afuera por que mis compañeros no me dejan jugar por que dicen que soy mufa’ y entonces lo puse de 4… de 4… ¿Y quién era? ¿Y quién era? El Colorado Mainguyague… Y así, con cuatro colorados, debuté contra Boca, les ganamos y después nos salvamos del descenso… ¡Nos salvamos del descenso…!”

Aquel monólogo inmortal de Caruso Lombardi se instaló como otro de los grandes hitos en la carrera del entrenador, capaz, en la teoría, de salvar a La Lepra del Nacional B con una defensa formada por cuatro seres humanos pelirrojos por naturaleza, elección o proximidad y con Augusto Mainguyague (10/09/1985) como el necesario gran descubrimiento de Ricardo. Sin embargo, si vamos a los números concretos, vemos que esto no es sino otra leyenda urbana u otra exageración lombardiana, por así llamarlo.

Cordobés de Laboulaye y zaguero central o improvisado lateral derecho, El Colo Mainguyague debutó durante el interinato de José Machetti en una derrota por 3 a 2 ante Lanús en el Clausura 2007. Durante ese torneo, y ya con Pomelo Marini, metió otros tres partidos como titular mostrando dudas, timidez, nerviosismo y hasta sumisión. Cualidades negativas que quedaron en evidencia en la última jornada, cuando cayeron 2 a 0 como locales ante Nueva Chicago, que de esta manera zafó del descenso directo y se metió en Promoción. “Chicago es de Primera y de Primera no se va…”, cantó durante toda la tarde la hinchada leprosa, dando las claras del porque de la horrenda tarde de nuestro homenajeado.

Después de eso, claro está, llegó el tan mentado freezer hasta que asumió la deidad de barba candado. Además del mencionado partido contra Boca, el defensor metió otros cinco encuentros como titular. Aunque, por supuesto, después de tres derrotas y un empate, Caruso lo devolvió a un lugar mucho más acorde a su talento: el banco de suplentes. ¿Y qué pasó? Newell´s ganó los últimos tres encuentros de ese Apertura por 1 a 0. Mainguyague, es sí, entró en todos los partidos (minutos 90, 82 y 88 respectivamente).

Al siguiente torneo y con los del Parque con la soga al cuello, Mainguyague solo vio acción en dos partidos que forman parte indispensable en la mitología del Gran Ricardo: el primero fue en la derrota 1 a 0 contra Huracán, cuando entró a los 16 minutos del primer tiempo por un desgarrado Schiavi; lesión que hasta el día de hoy el entrenador menciona como la frutilla del postre de la cama que le habría armado parte de aquel plantel.

El otro encuentro fue el empate 1 a 1 con Colón como visitantes que prácticamente salvó a los rosarinos de la Promoción y donde Mainguyague ingresó a los 88 minutos por Vangioni. Determinante (?). Aquel partido, claro, siempre es recordado por El Tano como: “la vez que cinco jugadores que me estaban haciendo la cama se fueron en camioneta hasta Santa Fe para ver a Caruso Lombardi derrotado y los paraguayos y los pibes que me bancaban no les dieron el gusto”. LTA (?).

Caruso se fue habiendo utilizado a su famosa “defensa de colorados” en solo cuatro ocasiones y con ello se terminó la primera etapa en el club de Mainguyague, quien se exilió en el Bolívar de Bolivia (2008/09), donde ganó el Apertura 09, jugó la Copa Libertadores y fue despedido para que los paceños pudiesen sumar a un avejentado Panchito Maciel. Tras seis meses colgado en Newell´s, El Colo se sumó un semestre a Instituto (2010), donde fue héroe al marcarle un golazo a Deportivo Merlo que puso a La Gloria en la punta a falta de 12 jornadas. Sin embargo, su equipo terminó quinto y no llegó ni a la Promoción.

Tras eso, el defensor pasó por el lamentable Independiente Rivadavia de Mendoza (2010/11) que formó Roberto Trotta, donde se salvó de descender al Argentino A al superar a Defensores de Belgrano en la Promoción. Después, el defensor volvió a Newell´s (2011/2012) para pastorear y recibir la libertad de acción y ahí ocurrió lo impensado.

El 26 de noviembre de 2011, a casi tres años y medio de su último partido en la elite, Mainguyague metió 10 minutos más en Primera División al ingresar en un empate ante San Lorenzo por 0 a 0. Eso no es todo, tres días después jugó contra Patronato por Copa Argentina, donde los rosarinos quedaron eliminados por penales tras igualar sin tantos. Mainguyague se despidió para siempre de La Lepra al marcar su ejecución desde los doce pasos. ¿Y cómo se explica esta extraña vuelta al primer equipo? Fácil, El Newell´s de Diego Cagna… Todo dicho…

Tras dos años jugando el Torneo Argentino para Central Córdoba de Santiago del Estero (2012 a 2014), El Colo Mainguyague se retiró del fútbol con tan solo 28 años y 17 partidos en Primera División, y así perdimos temprano a un tipo con uno de los mejores apellidos del mundo. Una verdadera lástima. No todo lo que toca Caruso Lombardi se convierte en oro…

Universidad de Cullman 0 – Argentina Olímpica 12 (1996)

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En julio de 1996, la Selección Argentina Sub 23 dirigida por Daniel Alberto Passarella viajó a los Estados Unidos de Norteamérica para participar en los Juegos Olímpicos de Atlanta. Ante tamaña obligación, la primera determinación del responsable Kaiser fue: “No vamos a ir a La Villa Olímpica ya que nosotros nos tomamos este compromiso con seriedad” , dándole, por carácter transitivo, el mote de “payasos de circo” a gente como Javier Sotomayor, Charles Barkley, Miguel Indurain o Donovan Bailey, quienes sí optaron por pernoctar y entrenar donde Zeus y la tradición mandan.

Por tal razón, claro, la delegación nacional hizo base en Cullman, que no era un superhéroe clase B (?), sino una apacible e ignota ciudad del Estado de Alabama con apenas poco más de 10.000 habitantes. Y ahí, Passarella siguió haciendo uso y abuso de sus valores y doctrinas al no aceptar, bajo ningún punto de vista, concurrir a los diversos actos y agasajos que el Ayuntamiento y las escuelas de lugar le tenían preparados a aquellas estrellas de Soccer que de tan lejos habían llegado. Por supuesto, El Daniel tampoco aceptó que fuera gente a la concentración, ni fotos, ni regalos, ni besos, ni nada. Encierro y seriedad…

Claro que para que nadie en los Estados Unidos pensara que el técnico era medio ortiva y por pedido de Julio Grondona, la Selección se presentó de mala gana en la cancha de la Preparatoria Saint Bernard para jugar un amistoso informal ante un combinado de estudiantes de la Universidad local. Y en ese lugar, ante 1000 felices pobladores de Cullman y luego de recibir presentes, obsequios y memorabilia, Passarella se dignó a alistar a: Cavallero; Zanetti, Ayala, Sensini (Pablo Paz) y Chamot (Pineda); Simeone (Gallardo), Almeyda, Gustavo López y Ortega; El Chelo Delgado y Hernán Crespo.

Ante la inminencia de una tormenta y con un obvio resultado a favor de 12 a 0 (Crespo 5, Delgado 3, Gustavo López 2, Ortega y Simeone), Passarella se aburrió de los gringos y decidió terminar de confraternizar con sus anfitriones a los 30 minutos de la segunda etapa. “Todos al micro, ya” gritó El Tolo Gallego. “Y ahora no nos molesten más”, se le habrá cruzado por el cerebro al Kaiser.  Porque se sabe, para Daniel Alberto, primero estaba convocar jugadores representados por Mascardi la seriedad…

Cinalli Carlos

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Carlos Augusto Cinalli (El Narigón)

La imagen, mucho más elocuente que cualquier palabra, reconcilia al rencoroso con el deporte y eleva al fútbol a su expresión más cabal. En ella podemos ver a la máxima leyenda contemporánea de una institución celebrándole, a un debutante que lo iba a reemplazar, la correspondiente bienvenida al universo baldosero. Y eso no es todo, ya que según declaró el propio pibe tiempo después, el experimentado Troglio también le manifestó un cálido: “dale pendejo, que por algo estás acá”. Y si, Pedro, por algo Carlos Cinalli está acá…

La historia de este delantero arrancó el 14 de febrero de 1981 en La Plata. Tripero por elección, hizo todas las inferiores en Gimnasia y Esgrima, donde salió goleador en algunas categorías. La chance de debutar en Primera División se la dio Gregorio Pérez cuando, sabiendo que no lo iban a putear más de lo que ya lo hacían dada la pobre campaña y ante la escasez de delanteros, lo puso en los últimos cinco minutos de la victoria por 3 a 1 ante Newell´s por el Apertura 1999.

“Ni bien entré, gambeteé a Guiñazú y la gente grito ole. Tuve una sensación única e irrepetible”, profetizaba Cinalli, quien en sus minutos en la elite lució el dorsal número 26. Además, el jugador mostró la virtud principal de un humorista cuando declaró: “En una me tiraron un centro y yo la intenté parar, pero me caí y todos en la tribuna se reían, entonces me reí yo también”. “Sanguinetti, Adinolfi y Diego Alonso me pusieron Marujo, por que dicen que me parezco a Marcelo Otero. Pero hay más: “En la concentración, el uruguayo Alonso le ganaba las pulseadas a todos y yo lo desafié y le gané. Se puso como loco”.

Una semana después, el pupilo de Arévalo y Halcón (?), entró en los últimos cinco minutos del empate 3 a 3 con Unión en Santa Fe, en esta ocasión reemplazando a Fernando Gatti. Después de eso, El Narigón volvió a la reserva por propio pedido del entrenador, quien prefirió darle minutos, escasos pero minutos al fin, tanto a Sebastián Barclay como a Hernán Ocampos.

Tras aquellos diez minutos en la primera del Lobo, Cinalli observó la vuelta del Viejo Griguol, quien le presentó a una hermosa y dulce dama siempre dispuesta llamada libertad de acción (?). Entonces, el jugador cruzó la cordillera y firmó para Unión Española de Chile (2001), de donde se alejó rápidamente ya que nunca tuvo la chance de jugar. Después apareció por el Sporting Braga de Portugal (2001/02), donde vio “cosas raras” que lo hicieron desistir y retornar al país.

Con ánimos de seguir pateando una pelota y resignando el profesionalismo, Cinalli deambuló por diferente equipos de la Liga Platense como Villa San Carlos (2003), La Plata FC (2005) y El Cruce (2006). Todo eso, en el tiempo que no le requería la casa de celulares donde se encontraba de empleado. Y fue allí donde lo encontró el Diario Hoy para realizarle una entrevista con acordes emos y depresivos.
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Hoy solo quiero terminar el secundario y trabajar, el fútbol es solo un hobby. Yo quiero mucho al Lobo. Desde que me fui solo estuve dos veces en la cancha y me largaba a llorar pensando que podía estar yo ahí. Me dolió más cuando me dejaron libre que cuando Mazzoni nos hizo el gol. Son cosas diferentes pero parecidas. Si hasta un día estaba cantando las canciones y me agarró Mario Griguol y me preguntó si yo era barrabrava o jugador. Y ahí me callé”.

Y así quedó Carlos Cinalli: Cinalliento…

Asencio Martín

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Hugo Martín Asencio (El Principito)

Cualquiera que haya terminado el colegio secundario sabe que la mecánica emocional para todos es básicamente la misma: uno arranca con todos los ánimos y las ilusiones del mundo –en el afán de contraer nuevos conocimientos, experiencias y minitas– y luego, aburrido anque apabullado por el tiempo, los profesores y la rutina, termina llegando con los últimos resabios de su cerebro para finalmente acabar -junto a tipos que en el 90 % de los casos no soportás y a quienes no volverás a ver en tu vida- abrazado en Grisú y repitiendo cual idiota: “Bariló, Bariló… Nos vamo´ a Bariló” aunque, paradójicamente, ya te encuentres en la propia ciudad.

El camino inverso, claro, es el que hizo Hugo Martín Asencio (02/02/1982). Barilochense de nacimiento, allá por fines de 1999 llamó la atención del Diario deportivo Olé por ser el único neuquino rionegrino de todas las divisiones inferiores de AFA. Y por supuesto, también le hizo el examen pedagógico: “Arranqué en Martín Guemes de mi ciudad y después pasé por la Academia Duchini. Me dijeron de una prueba en River y vine. Cuando me dijeron que había quedado no lo podía creer. Ahora tengo que estar un día arriba del micro para ver a mi familia. En Bariloche no se le da bola al fútbol, además a los jóvenes de allá lo único que les interesa es la joda”, declaró dejando en evidencia su condición de oreja del curso (?).

En febrero de 2001, El Tolo Gallego le dio la gran chance de debutar en la Primera del Millonario. Y como para demostrar que este enganche o mediapunta había arrancado su carrera a todo gas, no en cualquier partido, sino que nada más y nada menos en el Superclásico de verano en Mendoza. River perdió 1 a 0 contra Boca con un gol del Pollo Esteban Herrera y Asencio entró a los 68 minutos por El Hachita Daniel Ludueña. Además, nuestro pupilo se dio el gusto de errar dos goles casi hechos, dándole, probablemente, la chance a Cavenaghi de ir al banco de suplentes en el recordado debut del Torito frente a Estudiantes (6 a 2) cuatro días después.

Tras dos años y medio esperando en vano su debut oficial con El Manto Sagrado y cansado de traerle chocolates y fotos con el perro San Bernardo al resto del plantel, El Principito supo que se iba a tener que esmerar en sus tareas y aceptó pasar a préstamo a Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay del Nacional B (2003/04), donde metió 18 partidos y descendió al Argentino A. Después, pasó por el rectorado de River Plate, donde quedó libre por amonestaciones. Ya no era considerado un prodigio

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En ese duro momento apareció en su vida Omar Labruna, quien lo conocía de su paso por Núñez, y se lo llevó primero a Huracán (2004/05, Nacional B, 27 partidos y 3 goles) y luego a Olimpo (2005/06), donde Asencio, por fin, debutó de manera oficial en la primera victoria del Aurinegro sobre River en Bahía Blanca (2 a 1). Al cabo de una temporada, disputó 15 encuentros (14 como suplente), convirtió 1 gol (a Colón) y descendió (al Nacional B).

Después de ese mal trago, otra vez Omar Labruna, ya casi su profesor particular, lo agarró como a una cometa y se lo llevó al Deportivo Cali de Colombia (2006), donde a los pocos meses fue aplazado y separado del plantel por sus bajos rendimientos. Ya sin ganas de quemarse las pestañas, Asencio apenas dio el presente por Los Andes (2007/08), Central Córdoba de Santiago del Estero (2008/09) y Defensores de Belgrano (2009) de categorías del ascenso.

En 2010 y ya con 28 pirulos, El Principito sintió que ya no debía rendirle exámenes a nadie y se volvió a su ciudad natal para jugar tanto en Cruz del Sur (2010/13) como en Estudiantes Unidos (2013), tras lo cual se retiró del fútbol, se fue a vivir a Chile donde puso una escuela de fútbol y se sacó una cuenta de Twitter para utilizar en los recreos.

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Claro, el hecho de mandar mensajes sin arrobar tanto a estrellas internacionales como a clubes capitalinos, dieron las claras que El Principito todavía debía alguna materia. Por tal razón, a mediados de 2014 volvió a la actividad en Cruz del Sur para jugar el Torneo Argentino B, pero se fue luego de no ver minutos de acción durante el torneo.

Y ahí si, por fin, nuestro querido Martín Asencio se recibió de baldosero y pasó a buscar su diploma de honor como uno de los más altos promedios del curso. Aplauso, medalla y beso. Enhorabuena. ¿A dónde van los barilochenses cuando egresan?

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