González Adrián

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Adrián Héctor González

Allá lejos y hace tiempo, por mediados de la década de los noventa, comenzó en mi vida, junto a la tediosa y obligatoria concurrencia al colegio secundario, una costumbre que luego se convirtió en obsesión: robarle plata a mi vieja… claro, el inicio de la adolescencia trajo un sinfín de necesidades vacías e inocuas de las cuales yo no podía quedarme afuera bajo ningún concepto ni punto de vista. Entonces la rutina se repetía miércoles y domingos, sin excepción, mientras escuchaba los partidos en un viejo y destartalado equipo de música.

Y así, sin darme cuenta, tras no poder devastar el producto de mi travesura en la inversión de cigarrillos y discotecas, un día me encontré con una obscena cantidad de dinero que solo se pudo disimular con un acontecimiento que marcó un antes y después en mis días: el regreso de Diego Maradona a Boca Juniors.

Por supuesto, lo mío no pasó por ir a Corea del Sur ni a La Bombonera a ver como El Diez hacía expulsar a Toresani. Mi parte pasó, tras inventarme el “encuentro de una billetera”, en blanquear el dinero comprándome la camiseta marca Olan conmemorativa del nonagésimo aniversario de la institución; edición que se había atrasado de Abril a Octubre, precisamente a la espera de que acaben los coletazos de la efedrina de Cerrini…

La casaca -hermosa como toda primer pilcha oficial que tenés en tu vida- vino acompañada por un póster oficial que estuvo en mi pieza durante más de una década, hasta que un día, claro, desapareció por arte de magia (?). Pero durante ese tiempo inmaculado, mientras crecía la panza que deformaba la vieja camiseta Olan, la diversión consistía en mirar a los héroes de mi juventud y recordar que había hecho cada uno de ellos por el fútbol. Y ahí había de todo, como puede haber si revisás la vida de 25 personas…

Y claro, digo 25, por que hubo uno de ellos del que jamás supe nada. Hasta ahora. Adrián Héctor González (14/01/1974), el que se encuentra, incrédulo, posando su anatomía entre las de Fabián Carrizo y Roberto Cabañas. ¿Y quien fue? Un pibe surgido en La Candela, que jugaba de defensor y cuyo máximo mérito en Boca Juniors fue el haber disputado un amistoso contra Nueva Chicago en 1996 (victoria por 4 a 1), acompañado por Yorno; Saldaña, Medero ( Walter Del Río) y Matellán; Silvio Rivero, Giunta, Raúl Peralta ( Alejandro Farías) y Pico ( Luppino); Christian Eduardo Giménez y Tchami ( Fabio Márquez). La gran mayoría de ellos, claro, no sabían que participaban de ese encuentro por ser el desecho de Carlos Salvador Bilardo, quien ya preparaba su tan mentado “Dream Team”…

La vida del tercer Adrián González de nuestro fútbol continuó, en forma de revelación, por: San Miguel (1996/98), Almirante Brown (1998/2001) Brown de Arrecifes (2002/03), Sarmiento de Junín (2003/04), Comunicaciones (2004/08) y otra vez San Miguel (2009) oscilando siempre entre el Nacional B y la Primera C, equipos en momentos donde, suponemos, el sueldo no llegaba ni a la mitad de lo que yo le afanaba a mi vieja (?)…

Ahora si, puedo contar algo sobre los 26 humanos del póster…

Salvatierra Roberto

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Roberto Hernán Salvatierra (Pimpo)

Bolívar, ese desconfiable pedazo de tierra bonaerense que tanto aportó para la simbiosis del ser nacional contemporáneo, también contribuyó obsequiando su granito de arena para el éxito rotundo e incuestionable de esta página (?). Hoy, a pedido de nadie, el homenaje a Roberto Salvatierra (28/10/1984), alguna vez sindicado como la mayor promesa futbolística jamás surgida de la ciudad a la que hizo famosa Enrique Sacco (?).

Volante central como así también volante derecho o lateral por la misma banda, El Pimpo se inició en su ciudad natal jugando tanto para Boca Juniors como para Empleados de Comercio. Siendo la vedette a encamar (?) por varios cazatalentos de esos “que te llevan a probar a Buenos Aires”, a nadie le extrañó cuando, de buenas a primeras, el pibe recayó en las divisiones juveniles de Banfield.

Su aparición en Primera División ocurrió el 23 de abril de 2006, cuando El Gatito Leeb lo puso como titular en una victoria por 2 a 0 sobre Instituto en el Florencio Solá. En El Taladro y al cabo de un año y medio, Salvatierra pudo meter 35 partidos en los que convirtió un gol (a Independiente, victoria 2 a 1), beneficiado por la partida de Christian Leiva al Anderletch de Bélgica. Además, participó tanto de la Copa Sudamericana como de la Libertadores. Hasta ahí, tudo bom – tudo legal (?). Por tal razón, no se entendió cuando la dirigencia de Carlos Portell le entregó el pase en su poder. Aunque, pensándolo bien, tal vez fue por su parecido físico con José Chatruc, que inesperadamente le generó una ovación en la cancha de Racing.

En libertad de acción y tras un breve coqueteo con Estudiantes de La Plata, Salvatierra convenció al Pacho Maturana y se unió a Gimnasia y Esgrima (2007/08) a préstamo por un año. En El Lobo arrancó con todo, tal es así que en sus primeros 4 partidos convirtió 2 goles. Pero después se contagió de la irregularidad de aquel equipo de Falcioni y, tras una expulsión frente a Vélez, arrancó el Clausura 2008 como suplente y jamás volvió a ser titular. Su vínculo con El Tripero, obviamente, no se prorrogó, pero al menos se dio el gusto de irse expulsado por una patada criminal al tobillo de Enzo Pérez en el último minuto del clásico (victoria Pincha por 2 a 1).

Sus números finales en Primera dan 35 partidos (con 1 gol) en Banfield y 24 encuentros (con 3 tantos) en Gimnasia, que hacen un total de 59 apariciones y 4 gritos en la elite. A partir de ahí, El Pimpo comenzó con un derrotero irregular por el ascenso que lo llevó por Olimpo (2008/09) Sportivo Italiano (2009/10) y Ferro (2010/13), donde jugó poco durante el primer año y luego sufrió dos operaciones (rodilla y meniscos) que lo alejaron definitivamente de las canchas.

Y así, tras no superar una prueba de Caruso Lombardi en Argentinos Juniors, Roberto Salvatierra anunció su adiós de la práctica profesional del fútbol y añadió una nueva frustración para la condenada ciudad de Bolívar en su intento de redención con el resto de la Argentina. Es que, por más que se esfuerce y envié a sus mejores especímenes, a esa tierra no la salva nadie…

Juira Bicho: Ron, el perro de Colo Colo, némesis (?) de CFNM

Cerro San Cristobal entrando por la parte de Providencia, Santiago, Chile. La acumulación de escenarios exóticos, novedosos y multiflorales (?) hacen olvidar los centímetros cúbicos de smog que azotan a cualquier ser humano que ose posar su humanidad sobre la Capital de la tierra de Condorito. Uno, a primera impresión, ya no se encuentra en ese lugar.

Lo que uno no puede olvidar, bajo ningún punto de vista, es que en alguna zona de este cerro infinito descansan los restos mortales de una estrella representativa y masiva del folclore futbolístico chileno. ¿Elías Figueroa? ¿Iván Zamorano? ¿ Marcelo Salas? ¿Pedro Carcuro? No, en este lugar tiene su morada definitiva Ron, el perro policía del Colo Colo. La némesis histórica del Mono Navarro M*ntoya (?)…

La historia de este simpático can de raza “manto negro”, “pastor alemán” o “de policía” se inmortalizó el 22 de mayo de 1991, cuando El Cacique recibió a Boca Juniors en el Monumental de Pedrero por la semifinal de vuelta de la Copa Libertadores, tras haber caído por 1 a 0 en La Bombonera.

Si bien el partido -que finalizó con victoria por 3 a 1 para los locales- tuvo muchas incidencias o vicisitudes (?), lo único que toda persona de bien debe recordar de aquel encuentro es la terrible tángana que se armó entre el plantel Xeneize, Maestro Tabárez incluido, contra los carabineros y miembros de La Garra Blanca que estaban en la cancha disfrazados de fotógrafos y hostigando a Diego Latorre por las dimensiones de su pollera (?).

Y fue ahí, en el medio de aquella gresca inmortalizada como “La Batalla de Macul”, cuando Ron apareció en escena para deglutir el glúteo derecho del arquero de Boca y para agarrarse la madre de todas las pestes ser canonizado por los hinchas de Colo Colo y por el pueblo chileno en general.

Más aún, después que El Albo ganó la Copa Libertadores tras vencer en la final a Olimpia de Paraguay, siendo, hasta el día de hoy, aún más recordado en aquella gesta histórica que Jaime Pizarro, Marcelo Barticciotto, José Daniel Morón o Javier Margas.

Con el mote de héroe sobre sus cansadas espaldas, el perro de mierda querido Ron siguió en actividad hasta mediados de 1997 cuando, con 17 años, falleció mientras realizaba tareas de entrenamiento. Ni haberle dado la Libertadores a su equipo le aseguró una justa y digna jubilación al pichicho. Casi lo mismo que le pasó en Estudiantes a José Luis Calderón (?).

A la vez, mientras el canino era depositado en una parcela del cementerio de la Escuela de Adiestramiento Canino de Carabineros de Chile, Navarro M*ntoya consumaba, jugando para Extremadura de España, el primero de sus tres descensos consecutivos. Justicia poética, todos los perros van al cielo…

Bonus Track (?): si bien en diversos medios partidarios de Colo Colo y del fútbol chileno en general se menciona que el perro sería visitado anualmente por centenares de hinchas quienes le llevarían ofrendas de diversas índoles, según los propios carabineros que trabajan en la Escuela de Adiestramiento Canino nadie aparece a lustrarle la tumba a Ron, quien pese al olvido sigue siendo la vedette de la necrópolis. La exageración no es exclusiva de los argentinos…

Molina Juan Ángel


Juan Ángel Molina (Harry)

Testigo privilegiado y silencioso de un lustro dorado, el protagonista de la jornada estuvo en la época más fértil de Gimnasia y Esgrima de La Plata, en donde sus juveniles más agraciados se transformaron en verdaderos sacos de billetes con patas y El Lobo cumplió varias veces con su objetivo supremo: salir segundo. Mimado por el ostracismo, a Juan Ángel Molina las buenas siempre le pasaron por el costado…

El bueno de Harry -nacido en Ensenada el 4 de enero de 1976- llegó a las inferiores triperas con tan sólo cinco años de edad e hizo todo el camino de las inferiores hasta que, en 1993, Roberto Perfumo lo convirtió en El Principiante del plantel principal.

Volante derecho como única aplicación, Molina fue la última opción de todos sus entrenadores detrás de Gustavo Barros Schelotto, Lucio Alonso, Troglio y hasta Dueña, Yllana y Guglielminpietro, aunque eso, paradójicamente, lo benefició para permanecer tantos años en el plantel, ya que los antes mencionados o se lesionaban seguido o estaban siempre a punto de abandonar la institución Por Un Puñado De Dólares…

Tras 4 años esperando su Ejecución Inminente, curiosamente -o no tanto para quienes siempre desconfiaron de algunos nunca comprobados malos hábitos de Griguol- a mediados de 1997 y cuando apenas le faltaban un par de minutos para recibir la libertad de acción, Molina firmó su primer contrato junto a una cofradía de baldoseros (Carlos Aurelio, Siro Darino, Federico Tarabini y Vladimiro Bahl) y debutó en Primera División esa misma semana; más precisamente el 6 de agosto por la decimoséptima jornada del Clausura, cuando el Torneo se reanudó tras la huelga por los jugadores del Deportivo Español.

¿El partido? Derrota por 2 a 1 frente a Lanús jugando como visitantes ¿Molina? Además de lucir unos flamantes Adidas Questra se destaca que tras 63 intrascendentes minutos en la cancha fue reemplazado por El Chirola Romero. Nunca más volvió a estar En La Línea De Fuego.

En junio de 2000 y después de otros tres años jugando preliminares hasta el empacho, Harry se subió a su Gran Torino y enfiló hacia un lugar más acorde con sus capacidades: Defensores de Cambaceres, donde se mantuvo cuatro años conociendo las canchas de la Primera B Metropolitana y se dio el gusto de convertirle dos goles a los suplentes de Estudiantes en un par de amistosos jugados en el Country de City Bell.

Ya sin nada más que esperar de la ciudad de La Plata y alrededores, en 2005 se convirtió en el Millon Dólar Baby del mediocampo de Excursionistas de Primera C y a mediados del año siguiente cruzó el Río Místico y firmó algo que lo vinculó por doce meses con Atenas de San Carlos de la Segunda Categoría uruguaya.

Cuando parecía la carrera de este volante -quien le debe su apodo a Clint Eastwood por los rumores sobre su poco apego al aseo personal- había llegado a su fin, en junio de 2013 apareció jugando en Argentino Agropecuario de Carlos Casares que participaba del Torneo Argentino B. Allí compartió plantel con el ex Unión Cristian Wernly y con el futuro baldosero Emmanuel Fernández Francou. Además, en su jornada más trascendente, metió un partido por Copa Argentina. Al menos se dio ese gusto. “Go Ahead, Make my day”.

Ojeda Martín

Alejandro Alberto Martín Ojeda (Ojedita)

A mediados de los noventa, durante aquella lejana época en la que Daniel Alberto Passarella era considerado como la evolución definitiva del cargo de director técnico en la Argentina, varios juveniles de River Plate hicieron su aparición a un mundo que los esperaba más que dispuesto a otorgarles fama internacional, gloria, dinero y mujerzuelas (?)… todo a cambio de un poco de esfuerzo, talento y suerte, claro.

Y así, seres humanos como Hernán Crespo, Ariel Ortega, Marcelo Gallardo y Matías Almeyda, entre otros, reclamaron con énfasis lo que la providencia les tenía preparado. Siendo El Millonario el lugar para estar durante los días de la pizza con champagne, no fue de extrañar que muchos hayan perdido toneladas de guita cuando apostaron que Alejandro Alberto Martín Ojeda (26/08/1975) iba a ser la futura sensación global passarelliana…

Llamativo desde el vamos por el hecho de poseer tres nombres de pila, este delantero quedó sepultado en el más oscuro ostracismo más allá de su prometedora presentación en sociedad. Aquello ocurrió en mayo de 1994, cuando River cayó por 1-3 ante la Roma por la desprestigiosa Copa Carlos Men*m en cancha de Vélez y un osado Ojedita de tiernos 18 abriles ingresó a los 74 minutos por Hernán Crespo; tiempo más que suficiente para bancársela frente a Aldair, Marco Lanna y Amadeo Carboni. Bastante bien…

Cuatro días después, por el mismo certamen pero esta vez en el Estadio José María Minella de Mar del Plata, El Millonario vapuleó al Napoli por 4 a 0 en el primer tiempo, incluyendo un hat trick del Luigi Villalba. Con el encuentro totalmente desvirtuado, Ojeda ingresó por Leonardo Vujacich al comenzar la segunda etapa y hasta sacó a pasear un par de veces a un ragazzo italiano que ingresó un rato después que él ¿su nombre? Un tal Fabio Cannavaro. Che, re bien lo de Ojeda…

Con sus acciones en alza, el pibe debutó por el campeonato local el día 20 de aquel mayo inolvidable en un victoria por 2 a 0 sobre Ferro en Caballito con goles de Villalba y Toresani. La cereza del postre, su momento de gloria, su certificado de baldosa o como quieran llamarlo, ocurrió nueve días después, cuando fue titular en la delantera por la Copa Diario Uno frente a, nada más y nada menos, el Real Madrid de España.

Los Merengues, dirigidos por un vapuleado técnico interino llamado Vicente Del Bosque, comenzaron ganando con tantos de Zamorano y Prosinecki. Y ahí, cuando los gallegos (?) se seguían mandando como una tromba, apareció Ojeda para batir con un derechazo a Paco Buyo, tras un rebote que le dejó el propio arquero. Y a soñar con el empate…

Más allá de otro gol de Zamorano y uno de Dani que sentenciaron la derrota final por 1-4, todos auguraron un gran futuro para Ojedita, quien fue por lejos el más destacado de una formación que contó con baldoseros de la talla de: Javier Sodero, El Guatemalteco Rojas, Hernán Raciti, Leonardo Carlos Fernández, el mencionado Vujacich y una etílica línea defensiva mareada con Clerico con Cocca.

Sin embargo, tras jugar otro partido de campeonato con El Kaiser, la llegada primero de Gallego, luego de Babington y después de Ramón Díaz, lo fueron relegando hasta que, a mediados de 1996, se mandó a mudar una temporada al Grenoble Foot 38 (1996/97) del ascenso francés. Regresó a River y se mantuvo otros dos años entrenando para luego recibir la libertad de acción y cerrar una rara estadística en El Millonario que reza: 3 buenos amistosos internacionales y 2 ingresos testimoniales por campeonato local. Extraño tirando a inédito.

A mediados de 1999 cruzó el charco y tuvo un aceptable rendimiento en el Danubio de Jorge Fossati (1999/2001) lo cual le valió otra oportunidad en Europa. Esta vez, en el AC Bellinzona (2001/02) de la Nationalliga B de Suiza. Tras otros seis meses en Danubio (2002), el propio Fossati se lo llevó a la Liga de Quito (2003) donde Ojeda fue de buena gana, no sin antes de despedirse de baldoseros charrúas como Máximo Lucas, Ignacio Bordad y Marcelo Sosa.

Tras un pobre rendimiento en Ecuador, donde participó poco del equipo campeón de esa temporada, Martín Ojeda tuvo un inesperado regreso a nuestro fútbol. En el Clausura 2004 se unió a un baldoserísimo plantel de Chacarita -que terminaría descendiendo- para jugar 10 encuentros (sólo uno como titular), marcarle un gol a Lanús (derrota 2-3) y ver como otro tanto suyo se lo computaban en contra a Mario Cuenca de Racing (derrota 1-2).

En el Apertura 2004, Martín Ojeda apareció por esa gran deformación que fue Instituto de Córdoba, donde solo ingresó como suplente en 6 ocasiones, la mayoría de ellas reemplazando a un avejentado Martín Vilallonga. Tras aquello, uno de los casos más baldoseramente extraños de la historia de River desapareció del mapa para no dejar ningún rastro visible.

Asi y todo, uno no puede dejar de imaginar, con algo de pena, lo bien que hubiera comido el protagonista de esa imagen pedorra sacada de un VHS cascoteado si hubiera jugado así de bien esos amistosos contra Roma, Napoli y Real Madrid algún irrelevante día de este siglo…

Tarchini Pablo

Pablo Tarchini

Cordobés de pura cepa y surgido en las inferiores de Belgrano… o sea, traducido del lenguaje guaso: «promesa de jamás llamar la atención y de luego pasar rápidamente al olvido en beneficio de jugadores buenos, de jugadores mediocres y de jugadores malos, pero siempre de otras latitudes». Karma. Al menos, claro, eso ocurrió con el 90 % de los futbolistas de esa condición que adornaron los planteles del Pirata de Barrio Alberdi en las décadas de los 80, de los 90 y de los 2000. El caso del lateral izquierdo Pablo Tarchini (11/05/1985) es otra prueba testigo de ello.

El pibe hizo sus primeros bolos, aunque sin ser titular ni jugar en los partidos decisivos, en la temporada 2005/06, aquella que finalizó con Belgrano ascendiendo a Primera División tras vencer a Olimpo en la Promoción. Una vez conseguida la proeza, Tarchini vio como Ramaccioti traía una defensa íntegra de jugadores “foráneos”, a saber: Juan José Serrizuela, el peruano José Moisela, el paraguayo Juan Daniel Cáceres y Ricardo Vaselina Rojas.

Por suerte para él, Rama se fue después de la Primera Fecha del Apertura. Sin embargo, al instante llegó Mario Griguol, quien le dio una palmada en la espalda y le dijo al oído que también estaba por debajo de Gastón Turus, Franco Peppino, Diego Novaretti y Miguel Ángel Martínez. Ante tal desolador panorama, a Tarchini no le quedó otra que hacerse la idea de ser un incordioso espectador de aquel equipo que estaba condenado a descender ya desde la primera de las 38 fechas de la temporada.

Su “veranito” en la elite, por así llamarlo, sucedió promediando el Clausura 2007 cuando -durante tres jornadas- tuvo sus doce días de ensueño. Primero estuvo en el banco de suplentes en la derrota por 2 a 0 ante Newell’s en El Gigante de Alberdi. Después, Daniel Primo lo hizo debutar en el heroico empate 3 a 3 contra Racing en El Cilindro, cuando ingresó a los 82 minutos por Ernesto Maceira con la única misión de aguantar los trapos. Finalmente, fue titular en la derrota 0 – 2 ante Argentinos Juniors en El Chateau, donde fue reemplazado a los 57 minutos por El Mellizo Abel Soriano, tras comerse un baile de novela por parte de Gabriel Hauche. Todo eso, claro, amén del glorioso dorsal número 12 que, desde el vamos, le otorgaba un carnet vitalicio al universo baldosero.

Tras el interinato de Jorge Guyón, la llegada de Pancho Ferraro y la consumación del descenso, poco le quedó por hacer a Tarchini más que bajar varias categorías de un plumazo en la búsqueda de algo de aceptación. Por tal razón, pasó por Sportivo Belgrano de San Francisco del Argentino B (2007/08), General Güemes de Rosario de La Frontera del Argentino C (2009) y San Carlos de Noetinger de la Liga Bellvillense de fútbol, donde se encuentra jugando hoy por hoy, cuando Belgrano sí apuesta a algunos pibes de las inferiores.

Y bueno, si Dios no puede manejar el tiempo, ¿por qué lo va a poder hacer Tarchini?

Carretero Nilo

Nilo Sebastián Carretero

Poseedor de un curioso y original nombre propio que motivó millones de chistes cursis y sin ingenio que lograron que varios hombres adultos queden reducidos a patéticos comediantes infumables hasta en la consideración de nenes de jardín de infantes, el volante zurdo Nilo Sebastián Carretero pasó por el fútbol de Primera División con la seguridad de quien se sabe inolvidable ante los ojos de cualquier lector de Guía de inicio de campeonato.

Nacido en la localidad bonaerense de Trenque Lauquen, Carretero comenzó a jugar en el sugestivo club infantil Las Guasquitas. Con esa mancha en su currículo (?) y convertido casi en una pueblerina celebridad, jugó el Torneo Argentino C para los clubes locales Atlético (2005) y Barrio Alegre (2006). Su prometedor paso por aquella categoría motivó a los dirigentes de Sarmiento de Junín, quienes adquirieron su ficha para la temporada 2006/07 de la Primera B Metropolitana.

A mediados de 2007 y con la certeza de haber encontrado un nuevo Rodrigo Palacio, los dirigentes de Banfield compraron su pase, se prendieron un pucho y se pusieron a fantasear con la guita que iban a sacar por su venta cuando Carretero explotara, cosa que por supuesto jamás ocurrió. El Chocho Llop lo hizo debutar por la primera fecha del Apertura 2007, cuando El Taladro cayó por 3 a 0 ante Estudiantes de La Plata en condición de local. Nilo ingresó a los 78 minutos por Javier Villarreal y, según las crónicas periodísticas, prácticamente ni la tocó.

Nuestro héroe tuvo que esperar hasta el siguiente torneo para ver algo de acción, más precisamente hasta la cuarta fecha del Clausura 2008, cuando ingresó por Andrés Díaz en el entretiempo del partido que Banfield perdió por 3 a 1 ante Arsenal, también como local. Su despedida de Primera División ocurrió al siguiente torneo –Apertura 2008- cuando, otra vez en el Florencio Sola, su equipo cayó derrotado ante San Lorenzo por 3 a 1 y él ingresó a los 68 minutos por Pablo Vergara. Números finales de Nilo Carretero en El Taladro: 3 derrotas como local en 3 partidos de 3 torneos diferentes donde su equipo se comió 3 goles. Jugame al 3333 en Nacional y Provincia nocturna y bajamelá.

Sin ser tenido en cuenta por Jorge Burruchaga, los popes de Banfield comenzaron a ceder al bueno de Nilo a clubes del Nacional B con ansias que su inversión se recupere por generación espontánea. Un semestre en Quilmes (2009), otro en Aldosivi (2009), otro en Tiro Federal (2010) y un año en Gimnasia de Jujuy (2010/11). Sin dejar de ser una promesa, Carretero pasó a préstamo al Deportivo Quito (2011), donde apenas participó de aquel equipo de Carlos Ischia que ganó el torneo ecuatoriano

A comienzos de 2012, el volante consiguió otro préstamo semestral, esta vez en Unión La Calera de Chile, donde su particular apellido le jugó una mala pasada y lo convirtió en un jugador poco confiable, aunque inolvidable en los anales del fútbol trasandino, ya que:

Carretero: dícese de todo joven chileno que gusta y hace un culto de vivir de joda. Boliches, bailes, recitales, alcohol, minas, excesos. Todo es válido y está permitido para quien ama “irse de carrete”. Ejemplo: “¿Como vai a poner en el equipo a Nilo, cachai? Si es flor de carretero ese hueon, po…”

No sabemos si ese significado le hace honores a los dotes y valores de Carretero, pero lo concreto es que durante su paso por el fútbol chileno lo único que se esperó de él fue que se quedase dormido o que vomitara en el medio de un partido. Además, y al igual que en nuestro país, la sola mención de su apellido iba acompañada de chistes y risitas.

En julio de 2012 volvió al lugar que vio su mejor versión: Sarmiento de Junín, donde llegó con una lesión en el quinto metatarsiano del pie izquierdo ocurrida en Chile. Pensando en una rápida vuelta a las canchas, Carretero se sometió a una operación donde le extrajeron hueso de la tibia para ubicarlo en el lugar de la dolencia. Tras un año y medio intentando regresar, a fines de 2013 decidió anunciar su retiro por no poder realizar actividades físicas sin sufrir dolores casi inhumanos. Fue peor el remedio que la enfermedad.

Lo curioso es que durante aquel último periodo en Junín, Carretero conoció a La Cabra Héctor Bracamonte, con quien compuso una canción en honor al Indio Solari en el tiempo que ambos compartían viendo quien estaba más roto (?). Tiemblan Lennon y Mc Cartney.

Hoy, con 29 años, Nilo Carretero es técnico de la reserva de Sarmiento de Junín y aguarda la destitución de Sergio Lippi para llegar al cargo más grosso que hay en el fútbol: Técnico Interino… ¡Adelante, Nilo! ¡Te esperamos!

Gallardo al Newcastle (1998)

Después de no conseguir el rótulo de primera figura internacional en el Mundial ´98 por, entre otras cosas, aquella decisión de Daniel Passarella de no juntarlo en la cancha con El Burrito Ortega, Marcelo Gallardo volvió a sumarse al plantel de River Plate con el fastidio y el malestar de a quien le prohíben, a rajatabla, volar del nido paterno.

Y así, tras quedar afuera de la Libertadores ante Vasco Da Gama, El Muñeco se convirtió en un manojo de quejas y nervios que exigía su postergado traspaso a Europa. Luego de esperar -en vano- propuestas de alguno de los clubes grandes de España o de Italia, finalmente un fax con un número convincente llegó desde Inglaterra.

El Newcastle ofreció 15 millones de dólares para sumarlo a un prometedor plantel donde ya estaban Alan Shearer, David Ginola y Nolberto Solano, entre otros. Fue tanta la excitación de Gallardo por la posibilidad que hasta aceptó ganar una cifra menor que la que tenía estipulada en el menemista contrato firmado con los de Núñez. ¿Y entonces que pasó?

Sucedió que River -o mejor dicho el dúo Dávicce / Pintado- estaba conforme con los 15 palos verdes, pero los quería libres de cargos, comisiones e impuestos. Tras un tira y afloje que duró un par de semanas, los ingleses cerraron las negociaciones de una manera simbólico ¿Cuál? Cediéndole la camiseta número 10 –reservada para El Muñeco– al veterano delantero John Barnes.

Gallardo permaneció la temporada 98/99 en River Plate, jugando poco y en un bajo nivel. Finalmente, se convirtió en el último de los reconocibles pollos de Passarella en llegar al fútbol europeo cuando pasó –en una cifra menor a la que ofrecieron los ingleses en su momento- al Mónaco de Francia, donde su apodo se traduce con el poco varonil apelativo de: Poupée…