González Raúl

Raúl Alberto González (Speedy)

Recuerden, chicos (?). Todos nos convertimos en sus tifosis cuando nos desayunamos con la hollywoodense historia de ese simpático chacarero campechano que, desde la góndola de segunda selección, llegaba al ultra competitivo Calcio de la noche a la mañana.

Segunda punta o wing por ambas bandas, la carrera de Raúl González comenzó, promediando los noventa, en Central Córdoba y allí su rapidez encandiló al relegado Víctor Bottaniz, quien convenció a Gustavo Alfaro para sumarlo a Atlético de Rafaela (1997/2000).

En poco tiempo Speedy se convirtió en la revelación de aquel conjunto al que nunca le alcanzó la nafta para llegar a la final del reducido. Sin embargo, esto no impidió que un grupo de empresarios italianos se enamoren de él y adquieran su ficha en un millón y medio de dólares.

Claro que siendo una cifra menor por tratarse de una jóven promesa de la Argentina del 1 a 1, los tanos le ofrecieron a La Crema costearle una pretemporada en la península, con la intención de que nadie los acuse de estar cometiendo un timo. Allá ellos (?)…


La Crema en Italia. El que encuentra a Pan Triste gana (?)

Y de esta manera fue como llegaron Huguito Barrientos, Iván Juárez y Marcelo Barovero a tirar facha por la Vía Veneto y a sacarse fotos con el Coliseo de fondo. Entre tanto glamour, los rafaelinos también dejaron lugar para el fútbol, con una victoria sobre la Reggina (1-0), una derrota ante el Avelino (1-2) y empates con el Skoda de Grecia (1-1) y con el flamante equipo del protagonista de este post.

Cuando llegó al Brescia, lo primero que hizo Speedy fue ir a rendirle respeto al capo de la comarca. O sea, a Roberto Baggio. Cuando Il Codino escuchó su acento pensó que se trataba del gaucho que cuidaba sus campos en Rivera, entonces no extrañó que se le escaparan unas cuantas carcajadas cuando Speedy le dijo que era su nuevo socio en el ataque.

En el momento en que el astro italiano escuchó que era este el Raúl González que le habían prometido y no el crack español del Real Madrid, emprendió tal ataque de risa que se desgarró los maxilares, el estómago y hasta las dos gambas y por eso se perdió de ir al Mundial de Corea y Japón. Pero esa es otra historia.

En principio, González deslumbró a sus nuevos compañeros marcando 11 segundos en los 100 metros llanos, aunque eso no bastó para engañar a Carlo Mazzone con quien, en el término de un año y medio, apenas jugó en 7 encuentros, casi todos como suplente y por las primeras fases de la Copa Italia. En enero de 2002 y ante la falta de oportunidades, tanto él como Andrés Yllana debieron buscarse un nuevo destino.

Tras préstamos semestrales en continuado por Crotone, Salernitana y Cosenza de la Serie B, Speedy regresó al Brescia, para meter otros 2 partidos a su currículum y convivir con El Chino Saja y Matías Almeyda. Luego el delantero recaló en el Martina de la Serie C1 durante seis meses más y entre medio la termeó cuando se boxeó con dos carabinieri que intentaron retenerle el (o la) Mercedes Benz por exceso de velocidad. Se ve que la rapidez la tenía en el instinto (?).

Gustavo Alfaro, haciendo uso de la impunidad que le dio acabar con la maldición de Quilmes, dispuso la llegada del delantero al Cervecero para la temporada 2004/2005. Bastaron apenas 8 partidos por campeonato y otros 3 por la Copa Libertadores para darse cuenta que Speedy no tenia la banda ancha prometida y el servicio era desastroso y limitado, además de caro. Una verdadera cagada

Claro, había una opinión de peso que le impidió rendir en su paso por el sur. Pero esta no era la de Aníbal Fernández, José Luis Meiszner ni la del Mono de Kapanga, sino la de Milena, su embarazada novia italiana, quien no estaba para nada contenta con la idea de traer cachorros al tercer mundo. De tan breve y fugaz, su paso por la elite de nuestro fútbol hizo honor a las condiciones que hicieron famoso a este jugador. Esperábamos algo rápido, pero tampoco tanto.

El peregrinaje del Raúl González del subdesarrollo continúo por el Cagriese (2005-2007) y el Darfo Boario (2007-2008), ambos del under peninsular. Luego regresó al país para radicarse en la embolante apacible localidad santafesina de Alvear y jugó seis meses en su primer amor, Central Córdoba, donde pareció colgar los botines.

Algún tiempo después y a pedido del público, González  se unió al  Club Arteaga Mutual Social y Biblioteca Popular Sarmiento (2009) y luego al Club Atlético Alcorta Blanco y Negro (2011) de la Liga Interprovincial de Fútbol Dr. Ramón F. Pereyra, donde jugó «cuando tenía ganas» y de esa manera terminaron sus días como futbolista.

Punto final para la historia de un personaje con marcados estereotipos étnicos, que apareció con poco cartel, vio las luces del mundo y quedó olvidado y anticuado para las nuevas generaciones. Uno de los guiones más tristes y decepcionantes de la Warner Brothers (?).

En el Mundial, gracias a la Divina Providencia (1º parte)

A pocos meses de una nueva Copa del Mundo, y cuando todos nos tomamos la licencia de opinar con convicción que jugador debe estar en la misma o hasta dejar de hacerlo, vamos a repasar algunos de los casos de jugadores que fueron incluidos en la lista de buena fe, aún a expensas de la voluntad del cuerpo técnico de turno.

Aquellos que formaron parte de las diferentes delegaciones, beneficiados por el mecenazgo de algún político, dirigente, compañero o hasta por el clamor popular. Hoy: quienes entraron en la lista por obra y gracia de La Divina Providencia (?).

Norberto Osvaldo Alonso en Argentina ´78

Si bien fue un crack lírico de la época, de esos que uno podría asociar instintivamente al menottismo, El Beto tuvo un paso sombrío por el combinado albiceleste. En principio, tardó bastante en ser convocado y cuando lo fue decepcionó al técnico al preferir quedarse en River para jugar la Copa Libertadores de 1976, al igual que Juan José López y El Pato Fillol y en contraposición a Daniel Passarella y Leopoldo Luque. Eso marcó el primer quiebre.

El segundo revés se produjo cuando Alonso aceptó irse a jugar al Olympique de Marsella a pesar de que ya le había dado su palabra a Menotti, confirmando que iba a permanecer en el país. Aquello -junto a otras variables- llevó al entrenador a confeccionar y promulgar la famosa Resolución 309, que prohibía la venta al exterior de 66 jugadores nacionales de primera línea.

A pocos meses del Mundial y con Menotti dudando entre Babington, Bochini y Maradona por ese lugar en la lista de buena fe, Alonso recibió el padrinazgo del Contralmirante Carlos Lacoste quien, además de ser un confeso hincha de River Plate y fanático del Beto, manejaba el Ente Autárquico Mundial ’78 a través de diferentes monigotes (los militares Actis y Merlo). De más está decir que la jerarquía de Alonso no necesitaba de esta nefasta ayuda. Pero en esa época, animáte a decirle que no a un milico

Y así -cuando 45 días antes estaba totalmente descartado- Alonso apareció en la lista final luciendo el dorsal número 1 e ingresó contra Hungría en el primer partido de la Selección. Se desgarró contra Francia en el segundo encuentro y reapareció contra Brasil por la Segunda Ronda, donde se resintió de su dolencia poniéndole punto final a su trayectoria en los mundiales, algo que quedó impregnado de mal olor muy a pesar de su voluntad.

Además de ser quién le entregó el poder de la AFA a Julio Grondona, después del Mundial ´78 Lacoste se dedicó a hacer chombas ser vicepresidente de la Confederación Sudamericana y de la FIFA, lugar de donde se retiró en 1984 para evitar investigaciones. Pese a eso siguió vinculado al máximo organismo de fútbol mundial, hasta el día de su muerte, por su amistad fraternal con Joao Havelange. Viejo hijo de puta…

Héctor Miguel Zelada en México ´86

A comienzos de 1986, Carlos Bilardo comenzó a confeccionar la lista definitiva de cara al Mundial de México. Y una de sus primeras medidas fue la de confirmar a dos arqueros: Nery Pumpido y Luis Alberto Islas quienes, durante todo ese tiempo, estuvieron amenazados por el omnipresente fantasma del legendario Ubaldo Matildo Fillol, quien había atajado en las Eliminatorias pero estaba en las antípodas filosóficas del Narigón.

Finalmente, Bilardo acabó con la ilusión del Pato de jugar su cuarto Mundial al convocar a Héctor Miguel Zelada ¿A quién? A Zelada, un tipo que había atajado en Rosario Central para luego hacer historia en la tierra de Don Ramón y a quien nadie, pero nadie, recordaba mínimamente en la Argentina.

¿Y esto como ocurrió? Gracias a la gestión de Emilio Díez Barroso, Presidente del América de México, quien solicitó la inclusión del portero –a quien consideraba un héroe– como una de las cláusulas para ceder su moderno campo de entrenamiento.

Bilardo y Grondona aceptaron al instante. Quedaban bien con su nuevo e influyente amigo y de paso tenían una rebuscada excusa para sacarse de encima a Fillol. Y así, el ignoto Héctor Miguel puede chapear con que él también es campeón del mundo. ¿Dé qué Zelada (?)?

Miguel Pardeza (España) en Italia ´90

Para detectar a los baldoseros, es condición indispensable conocer a los jugadores y equipos que construyeron historia. En este caso “La Quinta del Buitre” conformada por Emilio Butragueño, Michel, Rafael Martín Vázquez, Miguel Pardeza y Manolo Sanchís. Repitan conmigo, no sean tímidos (?): Butragueño, Michel, Vázquez, Pardeza y Sanchís. Ya lo saben, ahora no se lo olviden…

Lo concreto es que la palabra “Quinta” en España se aplica para “Generación”, más allá de cuantos la integren. En este caso eran cinco, pero eso no es más que una casualidad. Estos jugadores marcaron una época del Real Madrid plagada de títulos y buen juego. Claro, todos ellos menos Miguel El Ratoncito Pardeza, quien jugó poco y fue cedido al Zaragoza a la primera de cambio. Encima era el único que no era madrileño (?).

Lo concreto es que para Italia ´90 sus cuatro compadres obligaron al técnico Luis Suárez a convocar a Pardeza –quien era suplente en su equipo- bajo amenaza de bajarse todos de la lista: “Este es el Mundial de La Quinta del Buitre. O vamos todos o no va ninguno”. Y así, El Ratoncito se dio el lujo de jugar dos minutos contra Bélgica por la Primera Ronda.

Una vez retirados de la actividad, los cinco ex jugadores pusieron un viñedo que terminó fundiendo. Seguro que por la mala administración del muerto de Pardeza (?).

Valery Nepomnyashchy, Roger Milla y Thomas N´Kono (Camerún) en Italia ´90

Una comedia de enredos. Así se podría denominar a la preparación de Camerún para Italia ´90 (y también para el resto de los mundiales). Para empezar, hay que destacar el caso del técnico de aquella histórica Selección, quien llegó a su cargo en 1988 de una manera muy particular.

Para empezar, Paul Biya, entonces Presidente del Camerún (y hoy también) y además Ministro de Deportes, le solicitó a sus pares de la U.R.S.S algunos entrenadores para hacerse cargo de su Selección de cara a las Eliminatorias Africanas. Desde Moscú enviaron a tres candidatos. Y Nepomnyashchy fue quien se quedó con el cargo por ser el primero en llegar a Yaoundé. Todo así de serio.

Además, el técnico ni se molestó en aprender jamás inglés ni francés, por lo que las indicaciones del equipo las daba el chofer de la embajada camerunesa en Moscú quien, con seguridad, fue el que le dijo a Oman Biyik que Pumpido tenía serios problemas en las falanges (?).

Pero la influencia de Biya no quedó sólo en eso. A pocos días del Mundial, obligó al técnico a convocar a Thomas N´ Kono quien no estaba en la lista y se encontraba jugando la desaparecida Promoción ibérica con el Deportivo Español de Barcelona.

Además, la mañana del partido debut contra Argentina, El Presidente llamó a la concentración para persuadir a los otros arqueros, Joseph Antoine Bell y Jaques Songo´o, para que le cedan el buzo titular a N´Kono, más allá de lo que pudiese opinar Nepomnyashchy.

Pero eso no es todo, Paul Biya terminó de armar su PC Fútbol (?) metiendo en el Mundial a Roger Milla quien, a sus 38 años, no había jugado en las Eliminatorias y se encontraba en el Saint Pierroise de la Isla de Reunión. Está demagógica actitud le valió al Presidente ganarse la simpatía del pueblo, que aún idolatraba las añejas hazañas de Milla.

Por supuesto que con el diario del lunes, todos le damos la derecha al político. Por eso no extrañó que el Cameroon- Tribune titule el 9 de junio de 1990: “Gracias a la influencia magistral de nuestro Presidente, Camerún vence a la Argentina de Maradona”. Un genio…

Especiales: Obligados a abandonar el fútbol por enfermedad

La aparición de una enfermedad grave, no es condición sine qua non para abandonar definitivamente el fútbol. Hay esperanzadores casos de deportistas de múltiples disciplinas que, luego de un obligado parate, superaron airosamente el mal trance. Precisamente en el fútbol se destacan: Germán Burgos (cáncer de riñón), Carlos Roa (cáncer testicular), José Buljubasich (tumor cerebral), Hugo Morales (tumor testicular) y hasta Arjen Robben (cáncer testicular) y Cristiano Ronaldo (arritmia cardiaca, con consecuente operación y disminución de sus capacidades). En este caso recordaremos a los que no pudieron volver al verde césped, pero como grandes que fueron, la pelearon hasta el fin.

Juan Gilberto Funes

El Búfalo fue un potente delantero centro, de esos que arrastran una defensa completa detrás de él. Sigue siendo, hoy en día, el máximo exponente del fútbol puntano. En el ambiente era querido, tanto por compañeros como por rivales, por su humildad, generosidad y hombría de bien. Fue el autor del gol que le dio a River la primera Copa Libertadores de su historia y jugó en la Selección Argentina. Tras haber hecho pie en Europa y en Vélez, sufrió de una afección cardiaca que le impidió superar la revisión médica, tanto en el Niza de Francia como en Boca Juniors. En septiembre de 1990, con tan solo 27 años, fue obligado por los médicos a retirase del fútbol.

Falleció el 11 de enero de 1992 al no superar la operación para corregir la endocarditis protésica. La fecha de su muerte sigue siendo, veinte años después, una jornada de luto en su San Luis natal.

Edgar Robert Navarro Montoya

El hermano del Mono Carlos Fernando era delantero del Deportivo Español y por su nacionalidad peruana ocupaba plaza de extranjero, pese a haber vivido desde pequeño en el país. Abandonó el futbol a principio de 1988, cuando contaba con apenas 21 años, a raíz del descubrimiento de una avanzada leucemia en su cuerpo. La última aparición suya fue en la cancha de Independiente, donde abrazado a su hermano, festejó la obtención Xeneize de la Supercopa 89. Perdió la batalla contra la leucemia el 20 de agosto de 1990.

Edgardo Fabián Prátola

Histórico zaguero de Estudiantes de La Plata con pasos por México y Unión. En la cancha según sus declaraciones era otra persona. Su récord de tarjetas rojas lo avalan. Sin embargo fuera del campo era un tipo bonachón, familiero y querible, por lo que no sorprendió la tristeza general en el ambiente cuando se anunció su obligado retiro a causa de pólipos y un posterior cáncer de colon. Su último partido fue la victoria del Pincha por 2 a 1 sobre Gimnasia en el Clausura 2001.

A la postre soporto varias intervenciones y hasta el indignante hecho de tener que recorrer juzgados para sacar del corralito los 90.000 dólares que costó su operación final. Falleció el 27 de abril de 2002. Su última voluntad fue que no se postergue el Estudiantes – Independiente de ese fin de semana. Hasta el día de hoy se lo homenajea en cada grato momento que vive El León y se mantiene la promesa de varias glorias pinchas (Verón, Capria, Calderón, Palermo) de que a sus tres hijas jamás les falte nada.

Gustavo Daniel Eberto

Una de las máximas promesas de Boca. Integró diversas selecciones juveniles saliendo campeón del sudamericano Sub 20 de Uruguay 2003 y de los Juegos Panamericanos del mismo año. Por la superpoblación de arqueros sólo disputó 3 partidos oficiales y fue cedido a Talleres, donde tras un gran debut comenzaron los síntomas. “Empecé a expectorar sangre, volví a Buenos Aires pero aproveché para hacerme unos estudios y en la placa salieron unas manchas. Me revisaron los pulmones, la zona abdominal, la ingle… y en los testículos encontraron el tumor. Recién ahí todo se descubrió”.

Regresó a Capital e incluso retornó a las prácticas después de varias sesiones de quimioterapia. Falleció el 3 de septiembre de 2007 a los 24 años.

Marcelo René Bravo

Lateral volante izquierdo de Vélez Sarsfield. Debutó en 2003 y rápidamente se le auguró un futuro de selección por sus grandes condiciones, todavía sin pulir al 100%. Además integró la Sub 20 en el sudamericano de Colombia 2005.

Tras 50 partidos y 5 goles en primera, El Indio debió abandonar el fútbol a los 21 años, al habérsele detectado una hipertrofia cardiovascular. Batallando como siempre en su vida, conserva la ilusión “Sé que mi etapa como futbolista es una cosa pasada, pero confieso que aún mantengo una mínima esperanza de que la ciencia avance y pueda encontrar una solución”. Integró el cuerpo técnico de Miguel Russo y luego se desempeñó como técnico en las inferiores del Fortín.

Adrián Maximiliano Peralta

Volante izquierdo con gambeta y velocidad. Jugó en Tristán Suárez, Instituto, Mallorca de España, Newell´s, Lanús (campeón Apertura 2007) y Huracán. Tras regresar al Granate, la vida le cambió de la noche a la mañana cuando, a mediados de 2010, le detectaron una arritmia cardiaca. Finalmente, tras varias juntas medicas entre galenos argentinos y españoles, El Kily se vio forzado a retirarse en abril de 2011 a los 28 años de edad.

Ariel Alberto Giaccone

El caso del ex jugador de Ferro y Belgrano es distinto. Tras un toco y me voy en primera hizo la gran parte de su carrera en el ascenso y, pasados los 30, en equipos regionales. A los 36 años y defendiendo los colores de Porteña Asociación de Córdoba, recibió la peor noticia de su vida: Su hija mayor Gabriela, de 19 años, necesitaba un inminente trasplante de riñón para seguir viviendo. «Fue durísimo lo que pasé. Me escapaba del trabajo para estar con ella el tiempo que duraba la diálisis; eran 4 horas interminables. Verla con esa máquina al lado me destrozaba» recordó. Al no haber mejor donante posible, tomó la decisión de abandonar el fútbol y cederle su riñon a su primogenita “Tras la operación quede todo dolorido, pero la felicidad de ver a mi hija haciendo una vida normal no me la paga ni el futbol ni nada”. Crack…

Maradona al Bolívar (1994)

Si hubo un mes inolvidable en la vida moderna de todos los argentinos, ese fue Junio de 1994. Es que la Selección Nacional de Alfio Basile comenzó el Mundial de Estados Unidos con sendas victorias ante Grecia y Nigeria mostrando, además, el mejor juego exhibido por cualquier equipo durante aquella Primera Ronda.

La elegancia de Redondo, los huevos de Simeone, los goles de Batistuta y Caniggia la sombra de Balbo y, por sobre todo, la vuelta al máximo nivel de Diego Armando Maradona fueron los principales fundamentos para soñar con una posible tercera vuelta olímpica Mundial. Aquel Junio de 1994 fue lo más.

Por supuesto, la emoción que se sintió al ver la “resurrección” del Pelusa fue tan, pero tan grande, que traspasó con creces el territorio nacional. Y fue en Bolivia, más precisamente en el Bolívar de La Paz, donde soñaron en primera instancia con hacerse de los servicios del eterno astro mundial, quien hasta ese momento no era más que un agente libre (?).

Por tal razón, sus dirigentes se comunicaron con Marcos Franchi -entonces representante de Maradona- y le hicieron llegar un oferta muy difícil de rechazar: dos millones de dólares por un año, privilegios y la posibilidad de jugar la Copa Libertadores, algo que El Diegote nunca había podido concretar.

Al ser consultado, un extasiado Franchi declaró: “Esta oferta va en serio. Al Bolívar lo maneja Mario Mercado, un multimillonario del negocio de las minas. Por supuesto que Diego está concentradísimo en el Mundial. Por eso, ni bien empiece Julio, una delegación boliviana va a venir a negociar conmigo a Boston, je je je…”

Lamentablemente para Franchi, Mercado, el Bolívar y todos nosotros, aquel ansiado Julio de 1994 nunca jamás llegó. O mejor dicho, si llegó… pero a los 33 millones de Argentinos ya nos habían mutilado las piernas. Déjame llorar…

Lazio 1 – River 1 (1999)

Podríamos ir a cazar al zoológico y afirmar que aquello si era River Plate. Que tenía un plantel increíble; que todavía se iban de gira por Europa; que Omar Labruna era el que la tenía clara (?); que Aguilar; que Passarella; que Jota Jota López. Que, que, que…

Ahora, si lo queremos ver desde la otra vereda, fácilmente nos damos cuenta que la Lazio también era un combinado de súper estrellas (de las buenas, de las caras y de las buenas y caras) y no el enjambre de figuras clase B que es por estos días. Trasnfugueadas se cocinan por todas partes. Y nuestro fútbol y aún más el Calcio, siguen dando sobradas muestras de ello…

Como sea, el 21 de agosto de 1999, aquella Lazio previa a la implosión de La Cirio recibió a River en el Olímpico de Roma en un encuentro estipulado en el traspaso del Matador Salas, que de paso le sirvió a Le Aquile como presentación de su Squadra de cara a la temporada 1999/2000.

Aquella noche, los locales formaron con: Marchegiani (Ballota), Pancaro, Negro, Mihajlovic (Gottardi), Favalli; Lombardo (Sergio Conceicao), Almeyda (Marcoli), Juan Sebastián Verón (Simeone) y Roberto Mancini (Stankovic); Salas (Kennet Anderson) y Simone Inzaghi (Pinzi).

Por el lado de River jugaron: Bonano; Lombardi (Ariel Franco), Trotta (Leo Ramos), Yepes y Placente; Escudero (Coudet), Astrada (Ledesma), Sorin (Gancedo) y Pablo Aimar; Juan Pablo Ángel (Cardetti) y Saviola (Cuevas). Si, una verdadera invitación al onanismo futbolístico que finalizó igualada 1 a 1 con tantos de Simone Inzaghi y El Negro Escudero.

Así y todo, lo más destacado de aquella jornada fueron las declaraciones del técnico sueco Sven Goran Eriksson quien, consultado por las bondades de Aimar y Saviola, manifestó sin ningún tipo de pudor: “Si. Si. Los chiquitos me gustaron. Son rápidos… sin embargo, el que me deslumbró fue Ariel Franco. Es un gran jugador, terriblemente aplicado y talentoso. Estoy seguro que pronto lo veremos en nuestro fútbol”.

Un año después y a pesar de esta humorada, tanto su Lazio como el River de Ariel Franco eran campeones de sus respectivas ligas.

Bottinelli: Lotto Stadio

En esta oportunidad vamos a recordar a aquellos botines que significaron el desembarco definitivo de la tradicional empresa italiana por estas tierras.

Esa hasta entonces desconocida marca con olor a sábados por la mañana de finales de los ochenta, que llamaba la atención de quienes nos hacemos los pendejos pintamos canas por vestir al Milán, a la Juventus, a Ruud Gullit y a la Selección de Holanda, entre tantos otros enemigos del Pelusa.

Hoy: los primeros “scarpe” Lotto Stadio, llamativos calzados que estuvieron presentes en la transición de Diego Armando Maradona a Ariel Arnaldo Ortega, finalmente nunca consumada desde lo futbolístico.

Lanzamiento: Principios de 1994, anticipando “El Mundial de las Marcas”.

Particularidad: La empresa Lotto había ganado fama en su país por proveer los botines al legendario Dino Zoff, pero estaba lejos de pisar fuerte en Europa, donde aún mandaban Adidas y Mitre. Por tal razón, sus diseñadores optaron por contrastar el negro habitual de aquella época con un verde fosforescente extravagante, lo cuál funcionó perfectamente a la vista de todos los televidentes y sentó jurisprudencia para las ridiculeces que vemos hoy en día.

Modelos Oficiales: Ruud Gullit (ausente en U.S.A ’94), Gheorghe Hagi, Demetrio Albertini y Claudio Taffarel. Aunque nadie llegó tan lejos como la Selección de Suiza, con sus 22 jugadores calzados con los clásicos Lotto Stadio.

Retiro del Mercado: Los botines Stadio se modificaron por primera vez en 1996 aunque la franquicia sigue, con ligeros cambios y segundos nombres, hasta el día de la fecha. De hecho, con este calzado Davor Suker salió goleador de Francia ’98 y Cafú levantó la Copa de Corea – Japón 2002.

Calce, Estabilidad, Sensibilidad y Durabilidad: No sé, nunca me los puse (que van a mandar…)

La de Cal: Cumplieron su objetivo promocional a la perfección ya que, además de estar presentes en exactamente los 52 partidos del torneo, fueron elegidos como los más lindos del Mundial por la revista inglesa FourFourTwo.

Además, nobleza obliga y aunque nos duela, Gheorghe Hagi hizo magia con estos botines, exhibiendo un nivel pocas veces vistos por un jugador en una Copa del Mundo y elevando su nivel de muy buen volante europeo a leyenda futbolística de la década del noventa.

Por si eso fuera poco, Claudio Taffarel también los inmortalizó en su detención del penal de Daniele Massaro. Así es, el héroe máximo de la final de Estados Unidos usaba los Lotto Stadio.

La de Sand: En aquel plantel nacional, que tan bien se llevaba con los kiosquitos, apenas tres actores de reparto utilizaron los Stadio: Sergio Goycoechea, Ariel Ortega y Ramón Medina Bello, los tres abducidos de Adidas (aunque El Mencho comenzó a usar Lotto un año antes). Así que los argentinos jamás los pudimos vincular con la felicidad (?).

Además pocos jugadores del fútbol argentino los usaron, destacándose la última etapa de la carrera de Leonardo Astrada (quien usaba Nike), cuando su figura se asoció más a las páginas policiales que a las deportivas.

Como si aquello no alcanzara, en 1996 los creativos a cargo de promocionar los Nike Air Rio en nuestro país utilizaron una foto de Ariel Ortega en U.S.A ´94 y con un photoshopeo descarado pretendieron hacer olvidar el paso del Burrito por las filas de Lotto. Demasiado vagos. Le hubieran sacado otra foto. Total, si buscaban por Pachá, El Cielo o Caix de seguro lo ubicaban…

Palacios Gilberto

Gilberto Ramón Palacios (El Delfín, Gilbergol, Golberto)

Por lo general, cuando las salas de cine más populares negocian la compra de algún tanque pochoclero de Hollywood suelen ser chantajeadas con descaro por todas las compañías distribuidoras: “Ah ¿ustedes quieren adquirir los derechos de la nueva de Superman? Bueno, van a tener que pagar un plus y comprar 4 bodrios del cine iraní… Y los van a tener que exhibir a todos, claro. Al menos, durante una sola jornada”. Algo similar sucede con la conformación de los planteles más decadentes del fútbol argentino.

Este fue el caso de Olimpo de Bahía Blanca en los albores del Apertura 2005 cuando, a instancias de emprendedores y paracaidistas, sumó llamativas voluntades a su plantel con la intención de permanecer en Primera, cosa que por supuesto no logró. De esta manera llegaron refuerzos con algo de marquesina como: El Chino Garcé, El Moncho Fernández, El Negro Martínez, Ismael Blanco, Ezequiel Maggiolo y Lechuga Roa; y otros que formaban parte de “la letra chica” de los acuerdos, tales los casos de: El Mago Ramírez, Máximo Lucas, Gustavo Savoia, Renato Riggio, Mauro Olivi, Hugo Costela y nuestro protagonista del día de la fecha: Gilberto Ramón Palacios…

El Delfín, una especie de centrodelantero paraguayo modelo 1980, llegó como bonus track del pase de Ismael Blanco –quien también provenía del fútbol guaraní- con el antecedente de ser una promesa jamás consumada del Olimpia campeón de América, donde integró la delegación que jugó la Intercontinental contra el Real Madrid de Los Galácticos. Después paseó su humanidad por 12 de Octubre (2004) y por 3 de Febrero (2005), vinculando así al Día de la Raza con La Batalla de San Lorenzo (?) y hasta marcando algún que otro tanto, para luego comenzar su epopeya americana.

El Aurinegro de Bahía Blanca fue su primera escala, donde el 6 de septiembre de 2005 jugó 26 minutos en la derrota ante Argentinos Juniors (0-1) como visitantes. Eso fue todo, ya que Omar Labruna no volvió a llevarlo ni siquiera al banco. A principios de 2006 se le ofreció la rescisión del contrato y Palacios aceptó de buena gana pero mucho más aún su representante Miguel Ángel Celaye, ya que su polluelo había jugado en la Primera División del Fútbol Argentino. Y con eso se podría ir a chapear en otros lados…

En principio, el bueno de Golberto regresó a su tierra para mostrar lo mejor de su carrera en Tacuary (2006/07), lo cuál le valió padecer un tormentoso regreso a Olimpia (2007/08) ¿Y eso por qué? Por que la barra brava Mafia Negra – Loma Pytá acusó al jugador de haber asesinado a uno de sus integrantes a golpes de puño en el año 2001 e intentó frustrar su retorno. Si bien la pelea existió, la justicia determinó que el hincha murió a causa de una meningitis y no por las piñas de Palacios, a quien de esta manera le anularon otro tanto (?).

Por supuesto, y más allá de sus disculpas públicas, el delantero fue hostigado hasta el cansancio y terminó exiliado seis meses en Guaraní (2008). Luego El Delfín pasó a otro grande del fútbol sudamericano: Universidad Católica, donde durante un año jugó apenas 6 partidos, no marcó goles, fue elegido el peor refuerzo de la década y dejó esta gloriosa perlita:

Claro, el cameraman (?) lo acusa de “Caggiano”, pero eso sería demasiado elogio: sólo se trataba de Palacios, quien luego siguió decepcionando por Oriente Petrolero (2010), Sportivo Luqueño (2011) y Deportivo Mictlán de Guatemala (2012). Hoy su paradero es un completo misterio, con lo cual El Delfín reafirma lo anteriormente escrito. Por más que lo quieran disfrazar de sectario, intelectual y para entendidos, el cine iraní llega con trampa y nadie jamás lo va a mirar. Y, por los siglos de los siglos, siempre será malo. Por no decir asqueroso…

Lezcano Ezequiel

Ezequiel Omar Lezcano

El promedio del descenso, por supuesto, es otro de los factores que transforman a una promisoria carrera en una baldosa hecha y derecha. La histeria, la urgencia, el descontento, los abucheos y las amenazas logran, en muchas ocasiones, una alquimia casi perfecta: de joven apuesta de la primera plana de nuestro fútbol a ignoto jugador de tierras adentro. El caso de Ezequiel Lezcano es tan solo uno de ellos.

Volante por izquierda, zurdo, espigado y con porte de crack, Lezcano apareció en las últimas fechas del Apertura 2001, siendo recambio de Martín Zapata en aquel siempre condenado Unión que dirigía Leonardo Madelón. Tras volver a la Reserva, reapareció como titular en las últimas fechas del siguiente torneo conformando el mediocampo con El Beto Fernández, Andrés San Martín y El Mago Capria, y fue clave para que el Tatengue pudiese llegar a jugar la Promoción. De hecho, nuestro protagonista disputó los 180 minutos de aquella reválida (?) contra Gimnasia de Entre Ríos y fue una de las principales figuras.

Sin embargo, permanecer en Primera División no le disminuyó el stress al plantel de Unión y en el Apertura 2002 se dio la curiosa situación que sus hinchas aplaudían a algunos “porteños” como Capria, Pablo Islas ó Adrián González y martirizaban incesantemente a casi todos los pibes surgidos del club. Ezequiel Lezcano fue quien más lo padeció en los escasos seis partidos que disputó en dicho torneo.

En enero de 2003 llegó el final de sus días en la elite, cuando los dirigentes básicamente lo regalaron para poder sumar a un tercer refuerzo, ya que la ley establecía que el jugador que llegaba debía costar menos de la mitad del que se iba. Fernando Navas –quien venía a costo cero desde Grecia- se vio beneficiado por la situación y Lezcano pasó al recién ascendido Tacuary de Paraguay por la llamativa por escasa suma de 60.000 dólares por el total de su ficha, todo gracias a la gestión de Nery Pumpido, quien lo tenía en sus planes para sumarlo al Olimpia campeón de América.

Las cosas no fueron positivas para Lezcano en la tierra de Arnaldo André y 2004 no lo encontró jugando la Copa Libertadores sino defendiendo los colores de La Perla del Oeste de la localidad de Recreo para jugar el Torneo Argentino B. Luego -ya con el rótulo de promesa colgado en el olvido- se unió a Patronato (2004/05) de la misma categoría y finalmente encontró su lugar en Sunchales, donde, a lo largo de los años, se puso sin ningún tipo de pudores las camisetas tanto de Libertad como de Unión. A mediados de 2013 pasó a 9 de Julio de Morteros, donde pese a no haber cumplido su destino sigue corriendo detrás de una pelota número cinco. Hablando de la libertad