Raúl Alberto González (Speedy)
Recuerden, chicos (?). Todos nos convertimos en sus tifosis cuando nos desayunamos con la hollywoodense historia de ese simpático chacarero campechano que, desde la góndola de segunda selección, llegaba al ultra competitivo Calcio de la noche a la mañana.
Segunda punta o wing por ambas bandas, la carrera de Raúl González comenzó, promediando los noventa, en Central Córdoba y allí su rapidez encandiló al relegado Víctor Bottaniz, quien convenció a Gustavo Alfaro para sumarlo a Atlético de Rafaela (1997/2000).
En poco tiempo Speedy se convirtió en la revelación de aquel conjunto al que nunca le alcanzó la nafta para llegar a la final del reducido. Sin embargo, esto no impidió que un grupo de empresarios italianos se enamoren de él y adquieran su ficha en un millón y medio de dólares.
Claro que siendo una cifra menor por tratarse de una jóven promesa de la Argentina del 1 a 1, los tanos le ofrecieron a La Crema costearle una pretemporada en la península, con la intención de que nadie los acuse de estar cometiendo un timo. Allá ellos (?)…

La Crema en Italia. El que encuentra a Pan Triste gana (?)
Y de esta manera fue como llegaron Huguito Barrientos, Iván Juárez y Marcelo Barovero a tirar facha por la Vía Veneto y a sacarse fotos con el Coliseo de fondo. Entre tanto glamour, los rafaelinos también dejaron lugar para el fútbol, con una victoria sobre la Reggina (1-0), una derrota ante el Avelino (1-2) y empates con el Skoda de Grecia (1-1) y con el flamante equipo del protagonista de este post.
Cuando llegó al Brescia, lo primero que hizo Speedy fue ir a rendirle respeto al capo de la comarca. O sea, a Roberto Baggio. Cuando Il Codino escuchó su acento pensó que se trataba del gaucho que cuidaba sus campos en Rivera, entonces no extrañó que se le escaparan unas cuantas carcajadas cuando Speedy le dijo que era su nuevo socio en el ataque.
En el momento en que el astro italiano escuchó que era este el Raúl González que le habían prometido y no el crack español del Real Madrid, emprendió tal ataque de risa que se desgarró los maxilares, el estómago y hasta las dos gambas y por eso se perdió de ir al Mundial de Corea y Japón. Pero esa es otra historia.
En principio, González deslumbró a sus nuevos compañeros marcando 11 segundos en los 100 metros llanos, aunque eso no bastó para engañar a Carlo Mazzone con quien, en el término de un año y medio, apenas jugó en 7 encuentros, casi todos como suplente y por las primeras fases de la Copa Italia. En enero de 2002 y ante la falta de oportunidades, tanto él como Andrés Yllana debieron buscarse un nuevo destino.
Tras préstamos semestrales en continuado por Crotone, Salernitana y Cosenza de la Serie B, Speedy regresó al Brescia, para meter otros 2 partidos a su currículum y convivir con El Chino Saja y Matías Almeyda. Luego el delantero recaló en el Martina de la Serie C1 durante seis meses más y entre medio la termeó cuando se boxeó con dos carabinieri que intentaron retenerle el (o la) Mercedes Benz por exceso de velocidad. Se ve que la rapidez la tenía en el instinto (?).
Gustavo Alfaro, haciendo uso de la impunidad que le dio acabar con la maldición de Quilmes, dispuso la llegada del delantero al Cervecero para la temporada 2004/2005. Bastaron apenas 8 partidos por campeonato y otros 3 por la Copa Libertadores para darse cuenta que Speedy no tenia la banda ancha prometida y el servicio era desastroso y limitado, además de caro. Una verdadera cagada…
Claro, había una opinión de peso que le impidió rendir en su paso por el sur. Pero esta no era la de Aníbal Fernández, José Luis Meiszner ni la del Mono de Kapanga, sino la de Milena, su embarazada novia italiana, quien no estaba para nada contenta con la idea de traer cachorros al tercer mundo. De tan breve y fugaz, su paso por la elite de nuestro fútbol hizo honor a las condiciones que hicieron famoso a este jugador. Esperábamos algo rápido, pero tampoco tanto.
El peregrinaje del Raúl González del subdesarrollo continúo por el Cagriese (2005-2007) y el Darfo Boario (2007-2008), ambos del under peninsular. Luego regresó al país para radicarse en la embolante apacible localidad santafesina de Alvear y jugó seis meses en su primer amor, Central Córdoba, donde pareció colgar los botines.
Algún tiempo después y a pedido del público, González se unió al Club Arteaga Mutual Social y Biblioteca Popular Sarmiento (2009) y luego al Club Atlético Alcorta Blanco y Negro (2011) de la Liga Interprovincial de Fútbol Dr. Ramón F. Pereyra, donde jugó «cuando tenía ganas» y de esa manera terminaron sus días como futbolista.
Punto final para la historia de un personaje con marcados estereotipos étnicos, que apareció con poco cartel, vio las luces del mundo y quedó olvidado y anticuado para las nuevas generaciones. Uno de los guiones más tristes y decepcionantes de la Warner Brothers (?).



















