Mauricio Luis Giganti (El Buli)
Delantero surgido de las inferiores de Ferro de General Pico que pasó a las de Boca Juniors y llegó a formar parte del plantel profesional en 1996, pero que jamás tomó relevancia como para ser tenido en cuenta, al menos, en el banco de relevos. No obstante disfrutó su permanencia allí al lado de Diego Maradona.
Por eso, fue prestado a Almagro (1996) y luego viajó a Chile para tratar de inflar las redes en Unión Española. Según los amigos de La Rompieron, Giganti dio pena y fue parte del primer descenso de la historia de ese club.
Asustado y aflijido, volvió al país y fue derivado a Atlanta (1997-1998) junto a Federico Capece. En el Bohemio con Alcami, Cardinal, Ricardo Echazú, Fantini, Marangoni, Módica y Víctor Paredes la pasó bien, pero a fin de temporada debió retornar nuevamente a su club. En ese receso varios prestados se presentaron en el primer entrenamiento para definir su situación. Entre los nombres más importantes se puede mencionar a Carrario, Andrizzi, Rey, Tréllez, Trobbiani, Rubén Cantero y Leonardo Luppino entre otros.
Al tiempo fue renegociado y retornó al otro lado de la cordillera. Esta vez Provincial Osorno confió en él, y defendió sus colores durante tres años. Su historia se repitió, porque perdió la categoría en dos oportunidades, con un ascenso entre medio. Finalizado su contrato, entendió que el vecino país era su lugar en el mundo y fichó por dos temporadas más en el Deportes Melipilla.
«Soy un delantero bien de área bastante potente con buen cabezazo, y lo más importante quizás, lo que tiene que tener un delantero, es que soy oportunista y por lo general hago muchos goles» se autodefinió alguna vez.
Jugó luego en Municipal Liberia (Costa Rica), Alvear Fútbol, Deportivo Argentino de Quemú Quemú y Acassusso, donde marcó un gol en su primer partido como titular.
Sin un rumbo muy claro y con la imperiosa necesidad de lograr una diferencia económica, en el 2005 debió tomar una gran decisión, mudarse al fútbol de Vietnam. «Yo estaba en Buenos Aires y las cuentas no me cerraban. Tenía que alquilar y viajar. El clima de inseguridad no me gustaba nada, por los chicos. Ganaba 1700 pesos y gastaba 600 sólo en alquiler; la plata no me alcanzaba. Y tenía una familia que mantener. Lo hablé con mi esposa y ahora estoy contento de la decisión que tomé. En la Argentina no había futuro para mí».
A pesar de las ofertas de Israel, optó por el país asiático y se acomodó en el LG Hanoi ACB, donde jugó con Damián Andermatten.
En ese país socialista vió consumir mono, perro y serpientes, pero con una tarjeta especial que le entregó el embajador, pudo hacer compras en un supermercado extranjero y comer más acorde a sus costumbres.
Decir que fue «a robarla» es una afirmación muy cierta, porque como muchos otros, aceptó que lo hacía por motivos económicos y criticó a la liga en la que participa.
«Acá empieza el torneo y ya todos saben quién será el campeón. Se arreglan árbitros, se compran jugadores. El año pasado, otro equipo compró al arquero y a tres defensores nuestros. En un partido íbamos ganando y de golpe pasamos a perder con dos goles rarísimos: un defensor nuestro hizo un penalazo a propósito y en el otro, el arquero salió regalado. Era muy obvio. Yo me quejé y junto con un compañero uruguayo, fuimos a hablar con el presidente, y ahí nos explicaron todo. Igual, a la semana echaron a los jugadores involucrados».
Pero el pampeano no sólo tiene una pelota en la cabeza, sino que tiró algunas sabias y curiosas reflexiones. Aseguró que «si volviera a nacer, decidiría estudiar o dedicarme a otra cosa porque el fútbol me ha quitado muchas cosas, entre ellas, el compartir más tiempo con mi familia y con mis amigos».
Cucu
