Racing de blanco (1978)

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La primera camiseta de Racing Club, allá por 1903, fue completamente blanca para abaratar costos, según cuenta la historia. En aquellos primeros años de vida, el uniforme de La Academia fue mutando hasta encontrar su versión definitiva, con bastones albicelestes.

Sin embargo, son pocas las veces en las que Racing volvió a la pureza de esa prenda. Ni siquiera a modo de homenaje o para explotarlo comercialmente, como se hace con tantos diseños alternativos.

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La última casaca más o menos parecida a la de sus comienzos fue la que utilizó en 1978, de la marca Olimpia, con un cuello celeste que le recordaba a la gente que estaba viendo a Racing y no al Santos de Brasil (?).

Con esa camiseta, el equipo de Cejas, Killer, Barbas, Olarticoechea y el Ropero Díaz, por ejemplo, empató 2 a 2 en sendos partidos con el Chacarita de Ischia y con el Argentinos Juniors de Maradona en el Torneo Metropolitano.

Luego, en los años 80 e incluso en 1998, vendrían algunos pocos diseños con el blanco como color principal, pero ninguno tan inmaculado como aquel.

Gracias a Museo Racing

Trapasso: «Gracias, Choy»

Las gastadas eran las mismas de ahora, pero en otro formato. Las redes sociales recién arrancaban y no eran populares. Casi nadie tenía Facebook. Ni hablar de Twitter. Los paints marginales circulaban por mail y todavía no habían ocupado el lugar que habían dejado los afiches de verdad, esos que Boca y River se pegaban en las calles después de cada éxito o derrota a fines del siglo pasado. Había una forma de cargar al rival y eso era a través de una bandera. Una palabra, una frase, una ocurrencia. Cualquier cosa que fuera hiriente podía ser contundente en un trapo bien colgado. Pero había que tener timing, claro.

Nos situamos en diciembre de 2006. Boca Juniors se encaminaba hacia el tricampeonato local, con 4 puntos de ventaja sobre Estudiantes de La Plata, cuando quedaban 6 en disputa. Parecía un trámite para Ricardo Lavolpe, quien había asegurado que a su equipo lo podía dirigir desde un helicóptero. Y casi que lo tuvo que pedir…para irse.

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En la fecha 18, el Xeneize tuvo la posibilidad de consagrarse en Córdoba, pero por culpa de un gol de Franco Peppino cayó 1 a 0 con Belgrano. Al mismo tiempo, en La Paternal, Estudiantes le ganaba 2 a 1 a Argentinos Juniors con un gol de Juan Sebastián Verón muy cerca del final. El Pincha quedaba a 1 punto de Boca y se acercaba a algo que parecía impensado…pero el partido no había terminado.

A los 46 minutos del segundo tiempo, un centro del Bicho terminó en la cabeza de Gonzalo Choy González para decretar el 2 a 2 que dejaría absorto al Cholo Simeone. No sólo el DT de Estudiantes vio cómo se le escurría el sueño de campeonato en pocos segundos, sino que además los hinchas platenses tuvieron que sufrir el festejo alocado del jugador uruguayo con pasado en Gimnasia, el eterno rival. Fiesta en el Bosque.

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El torneo debía definirse una semana más tarde, en la jornada 19. Boca, con 3 puntos de ventaja sobre su perseguidor, tenía todo servido para anotarse una estrella más. Hasta los pósters de tri campeón estaban preparados. No, no los virtuales, los de verdad.

El sábado 9 de diciembre, el Lobo recibió a Argentinos Juniors en pleno estado de éxtasis. No, no había nada que celebrar. O sí. Un ex jugador del Lobo le había arruinado el campeonato al Pincha. No estaba confirmado aún, pero ¿quién podía pensar lo contrario? No había tiempo para ser precavidos. Había que celebrar, era la última fecha del torneo. Había que olvidar el 7 a 0 del mismo torneo. Se venía Nochebuena, se venía Navidad. Y Papá Noel traía un regalo.

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A los carteles de agradecimiento por parte de la gente, se le sumó una plaqueta por parte de la dirigencia. ¿¡Qué!? Sí, señor. Una plaqueta donde se lo reconocía por su pasado tripero (de 2001 a 2004). Y en ese marco lo felicitaron, además, por su tan valiosa conquista. Todo esto, acompañado por una (o en realidad, más de una) bandera con una leyenda que pasaría a la historia: «GRACIAS, CHOY«.

Encima, esa noche Gimnasia ganó 1 a 0 en el Estadio Único. Parecía un fin de año redondo, pero al otro día…

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En el miso lugar donde el Lobo había celebrado anticipadamente, el León hizo su trabajo, venciendo 2 a 0 a Arsenal. Al mismo tiempo, debía esperar una mano de Lanús en la Bombonera. E increíblemente eso sucedió: Boca cayó 2 a 1 y llevó la definición a la cancha de Vélez, tres días más tarde.

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Lo que pasó después es historia conocida: Estudiantes le ganó a Boca por 2 a 1, con goles de Sosa y Pavone. Dio la vuelta olímpica y tuvo tiempo tiempo de devolver la gastada con un trapo que decía «Gracias, Choy, ja ja ja».

Mucho más cruel y efectivo que un paint con 3.000 likes.

Bértoli con el buzo de Colón (2011)

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Héroe de mil batallas en el ascenso con Patronato de Paraná, Sebastián Bértoli tuvo su gran recopensa en 2015, cuando pudo subir a la máxima categoría con 38 años. Pero claro, antes de eso, había tenido la chance de defender el escudo de otro equipo de Primera División.

En la Copa Argentina 2011/2012, el Patrón arrancó su participación en los treintaidosavos de final, ante Newell’s Old Boys de Rosario, en el Cementerio de los Elefantes. Parecía una parada brava para los de la B Nacional, pero enseguida hallarían la forma de sentirse locales. Y no hablamos de las 1500 personas que fueron a alentar al equipo paranaense.

Antes de empezar el encuentro, el árbitro Carlos Maglio se dio cuenta de que el buzo del 1 de Patronato era muy similar a la camiseta blanca de Newell’s, entonces lo mandó a cambiar. Hasta ahí, una escena repetida de nuestro fútbol. Pero aún faltaba.

Una vez en el vestuario, el arquero se dio cuenta de que no tenía ninguna prenda que lo diferenciara de los jugadores propios y rivales, por eso tuvo que recurrir a la utilería de Colón, que gentilmente le prestó el buzo azul (o camiseta manga corta) que por esos días usaba Diego Pozo.

Tras el 0 a 0 en el tiempo reglamentario, el match fue a disparos desde el punto del penal para ver quién avanzaba a la siguiente ronda. Y fue casualmente el propio Bértoli, con la ropa prestada, el que atajó un remate y festejó el triunfo del Sabalero Patrón.

[Gracias a Juan y 9 Ahora.]

Defensa y Justicia sin marca (1999)

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Pocos clubes pudieron zafar de la camiseta de tela brillosa, símbolo inigualable de la truchez noventosa. Ni siquiera el Real Madrid del período 1998-2000, aunque claro, ahí esa estética adquirió el estatus de glamorosa.

Por esa misma época, pero con mucha más precariedad, Defensa y Justicia tuvo una casaca de ese estilo y sin marca en el frente, ya que había dejado de utilizar Lotto y se preparaba para ser vestido por Olan en la temporada siguiente.

Con la pilcha de escudo sublimado, el Halcón de Varela eliminó a Cipolletti de Río Negro (que también jugó con una camiseta brillosa sin detalles) con Gonzalo Pavone como figura y disputó las semifinales del Reducido por el segundo ascenso, quedando eliminado ante Chacarita.

Deformaciones: Textil Mandiyú (2014)

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¿En qué te has transformado, Mandiyú? ¡¿En qué te han transformado?! Ese tipo de preguntas podrían haberse escuchado tranquilamente en el programa Corrientes Debate (?), pero no. Tan sólo forman parte de una sensación generalizada que trasciende las fronteras de la provincia, porque buena parte de la población futbolera no entiende qué fue lo que pasó con aquel viejo equipo que hace poco más de dos décadas participaba de los torneos de Primera División.

Allá por 1995, el Mandiyú de Goycochea, Marinilli, Umpiérrez, Alvarenga y los hermanos Bernuncio, descendió a la Primera B Nacional, después de 7 años en los que hizo un digno papel y no hablamos de Maradona, que también tuvo su ciclo como entrenador.

Fundida económicamente y sin dirigentes que se hicieran cargo, la institución rechazó su lugar en el Nacional B y fue desafiliada de la Liga Correntina. Su plaza en la segunda categoría fue tomada por Huracán Corrientes, que en apenas un año subiría a Primera (y bajaría al toque, claro) con Zaccanti haciendo su clásica pose.

¿Y qué pasó con Mandiyú? Estuvo muerto durante 16 años. Recién en 2011, el club pudo volver a jugar en la Primera B de la liga local, escalando categorías hasta llegar, como máximo, al Torneo Argentino B. En 2016, quedó afuera de primera fase de playoff del Federal C. Pero atención, porque esa es sólo una parte de la historia.

En diciembre de 1998, un grupo de hinchas algodoneros fundaron otro club para rendirle tributo al ya desaparecido Mandiyú. Le pusieron Deportivo Textil, aunque luego se le agregó el Mandiyú. ¿La camiseta? Verde con vivos blancos, como el original.

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Todo se hizo más confuso cuando, en 2012, se tuvieron que enfrentar por primera vez en la Liga Correntina. Deportivo se impuso 1 a 0 sobre Textil, iniciando el clásico de los Mandiyúes. Una cosa de locos.

Ahora que ya todos sabemos quién es Textil Mandiyú, es buen momento para recordar lo que pasó en 2014, con uno de los rejuntados más baldoseros y escandalosos que se hayan visto en los torneos de ascenso.

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Todo comenzó cuando el Presidente del club, Jorge Abib, quiso armar un plantel súper competitivo, o al menos con nombre de peso, para afrontar el Torneo de Transición del Federal A que otorgaba 7 lugares en la B Nacional de 2015. A través de un grupo empresario, llegó el experimentado entrenador Oscar Cachín Blanco junto a su ayudante Daniel La Chanchita Albornós, y con ellos más de 20 refuerzos, algunos estelares. ¿Quiénes? Rodrigo Mannara, Damián Cebolla Giménez y Matías Villavicencio, entre los más conocidos, pero también otros como los arqueros Marcos Argüello, Cristian Mazzón y Emanuel Guirado; los defensores Nicolás Demaldé, Franco Turus, Nicolás González, Ariel Martínez y Patricio Grgona; los volantes Jonathan Belforte, Federico Iñiguez, Pablo Retamar, Carlos Sotelo, Jorge Alejandro Fernández, Braian Romero y el interminable Gustavo Britos; los delanteros Facundo Pumpido, Cristian Girard y Marcos Báez. Además, ya estaba el brasileño Erivaldo De Souza (que había rebotado en una prueba en Boca Juniors), asomaba la promesa Aldo Araujo y había regresado el colombiano Ariel Ramírez Riasco.

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Durante la primera semana, el panorama ya era desolador. A los jugadores los hacían correr por la costanera. Tenían palmeras, heladerita (?), todo, pero no una cancha para hacer fútbol. Para peor, habían conseguido unos amistosos en ciudades vecinas, pero no había bondi para viajar. Y eso que los que ponían la plata para el proyecto eran capos de empresas de transporte. Insólito.

Los primeros en bajarse fueron Braian Romero y Facundo Pumpido, dos que el DT había rescatado de Acassuso. No arreglaron el contrato y se fueron de Corrientes. Y bien que hicieron: uno pasó al año siguiente a Colón de Santa Fe y el otro en el Racing de Santander, tras un préstamo en San Martín de San Juan. Pero el resto de los refuerzos, se quedaron a pelearla.

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El debut de Los Galácticos de Algodón se produjo ante Atlético Paraná, en Entre Ríos. Y no pudo haber sido peor: después de haber salido como unas fieras enjauladas al campo de juego, tuvieron que volver al vestuario porque… ¡se habían olvidado de firmar la planilla! ¿Falta de experiencia? Imposible. Entre los 11 titulares sumaban 340 años. Sí, sí, casi 31 años el promedio de edad.

Pese a las mil batallas en el lomo, ese día fueron cagados a pelotazos y perdieron 1 a 0. La sacaron barata.

Las cosas no mejorarían con el tiempo. Tras caer 1 a 0 ante Juventus Unida y empatar 0 a 0 con Gimnasia de Concepción del Uruguay, recién en la cuarta fecha los correntinos se desvirgarían en el arco de enfrente, en la victoria 2 a 0 contra Sol de América. Pero fue sólo un espejismo en medio del desierto.

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Luego llegaron más resultados adversos que complicaron una campaña que, si bien tuvo momentos de recuperación, lejos quedó de aquel horizonte de ascenso. Y eso repercutió de la peor manera.

A finales de octubre de 2014, los futbolistas fueron apurados por los barras, que llegaron a golpearlos y les dejaron un mensaje: «Hay que ganar. Dejen la joda». Hasta ahí, parecía la típica apretada a la que estamos acostumbrados. Pero había algo más detrás de todo eso.

Dos semanas más tarde, Textil Mandiyú todavía mantenía las chances de ascenso. Jugaba la última fecha como local y estaba entre los clasificados a la segunda fase. ¿Su rival? Sarmiento de Resistencia, el último de la tabla. Sólo había que ganarle para seguir avanzando, pero ocurriría algo impensado. Los chaqueños golearon 4 a 1, dejando afuera de todo a los correntinos y desatando el escándalo.

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Pocos dias más tarde de aquel partido, un grupo de 30 personas entraron en plena madrugada al edificio donde vivían 15 de los futbolistas, para golpear puertas, revisar bolsos, amenazar, llevarse pagarés y sustraer pertenencias de cada uno de ellos. ¿La intención? Que no cobraran el mes de noviembre, porque no habían ascendido.

Algunos, totalmente asustados y sin entender lo que estaba pasando, llegaron a tirarse por los balcones. Otros, un poco más despabilados, se percataron de algo tremendo: el que acompañaba a estos barras no era otro que el mismo Jorge Abib, el Presidente del club. Esto fue denunciado en la Comisaría por el delantero Gustavo Britos, a quien le habían robado la billetera.

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Rodrigo Mannara, mientras tanto, decía: «si el Presidente se maneja así estamos muy mal, nos dijo que querían los documentos, no pueden pasar esas cosas, que el presidente vaya a apretar a los jugadores es algo que nunca vi, nunca me pasó esto. Me voy muy triste, me voy para Buenos Aires porque quiero estar con mi familia, con Abib nunca tuvimos trato, pero ayer estaba muy desconocido, la verdad me duele, llamamos a la Policía, vinieron y a los seis minutos se fueron, acá no hay ninguna interna en el plantel, estamos mas unidos que nunca».

«Jorge Abib fue el peor presidente que tuve, no teníamos agua para tomar, no comíamos bien, entrenábamos mal, no teníamos colchón para dormir, éste equipo tiene que cambiar primero de Presidente, comíamos pero quedábamos con hambre, él definía que era lo que comíamos, él era todo, técnico, médico, nutricionista pero me voy, me cansé, con los chicos que somos de Buenos Aires nos vamos».

El Presidente, mientras tanto acusó a los jugadores de borrachos, aclaró que Grgona había sido su mediador en esa nefasta noche y hasta dijo que Damián Giménez «le robaba comida a la cocinera» (?).

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Fue así que todos cargaron sus cosas (frutillas incluídas), se volvieron a sus casas y nunca más se pusieron la camiseta de Textil Mandiyú. Y mucho menos la del viejo y querido Deportivo Mandiyú, que no tardó en despegarse del asunto…

 

 

 

Mal Pase: Mouzo al Vitória (1987)

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Después de haber quedado libre en Boca Juniors, donde inscribió con sudor el récord aún no superado de 462 partidos disputados, Roberto Mouzo se dedicó a betocarrancear fuerte,  pasando por varios equipos en un breve lapso. Incluso, llegó a ponerse una camiseta con la que finalmente no jugó oficialmente.

Estudiantes de Río Cuarto (1985), Nueve de Octubre de Ecuador (1985) y Atlanta (1986) fueron los clubes que eligió el defensor para sus días finales dentro de una cancha, aunque no le duró mucho el retiro…

En 1987, formó parte de la selección argentina de veteranos en la Copa Pelé disputada en Brasil. Con apellidos como Brindisi, Babington y Más, los nuestros se impusieron ante los locales en la final. Y Mouzo jugó tan bien en esas tierras, que le pidieron que se quedara.

Con 34 años, el ex Boca llegó a Salvador de Bahía y firmó por 6 meses para el Vitória. No sólo eso, se puso la ropa y se sacó las fotos de rigor. Sin embargo, el sueño acabaría pronto.

En plena pretemporada, a Mouzo se le trabó la rodilla y no tuvo más remedio que parar para operarse, algo que complicaba su continuidad en el fútbol profesional. Es por eso que, sin jugar un minuto para el rubro-negro baiano, dejó el contrato de lado y volvió a la Argentina para recuperarse.

Cuando todos ya lo hacían un ex jugador, Roberto volvió a la actividad para jugar regionales con Urdinarrain de Entre Ríos (1988 a 1989) y Deportivo Villa Gesell (1990). Y ahí sí, se sacó las ganas de colgar los botines en la playa.

Independiente a bastones (2013)

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Si el camino de Independiente hacia el Nacional B significó una larga agonía para sus hinchas, no muy distinto fue el viaje de regreso, plagado de incertidumbre y con situaciones típicas del ascenso. Como muestra, alcanza el primer episodio de aquella temporada 2013/14.

Para el debut en la nueva categoría, el Rojo debía recibir a Brown de Adrogué, un equipo recién ascendido y con un presupuesto muy inferior a los de Avellaneda. Pan comido, habrán pensado muchos en Puma, por eso la marca que vestía a Independiente sacudió aquellos días de tanta tristeza con una camiseta retro, roja y blanca a bastones, en el marco de una campaña que ilusionaba. ¡Si hasta participaba el Kun!

Más allá de que Agüero aseguraba no tenerle miedo a los fantasmas, los temores no tardaron en darse una vuelta por el Libertadores de América y terminaría ganando 2 a 1 el equipo del bigotón Pablo Vicó, con goles de Martín Fabro y de Sproat…o Joel, vaya uno a saber (?).

Galiana Milton

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Milton Marcelo Galiana

Un pibe del interior con nombre inolvidable que llega con su bolsito lleno de ilusiones a un club de Primera División; debut con gol, 15 segundos de gloria, peregrinaje por otros equipos y rápida desaparición. El ABC del baldosero cumplido al pie de la letra por Milton Galiana, el protagonista de esta historia.

Nacido el 1º de enero de 1989 en la comuna santafesina de Humboldt, supo desde siempre que iba a tener que conformarse con un solo festejo. Año nuevo y cumpleaños, todo en el mismo paquete. Y esa tendencia se repetiría en su trayectoria como profesional, ya que sólo pudo celebrar una vez.

Formado en Renato Cesarini, fue llevado por Claudio Vivas a las inferiores de Estudiantes de La Plata, donde fue haciendo todas las escalas hasta tocar la máxima categoría. ¿Su estreno? Como titular en la séptima fecha del Apertura 2008, en Avellaneda. Ese día, compartió el ataque con Maxi Núñez y el experimentado José Luis Calderón. Y aunque la lógica hubiese indicado que Caldera repitiera su costumbre de marcarle a Racing, fue el pibe Galiana el que logró batir a Martínez Gullota.

Su tanto, al inicio del segundo tiempo, significó el descuento pincha muletto y le puso suspenso al partido, pero no mucho más que eso. Ganó La Academia por 2 a 1 y Milton no volvería a estar entre los 11 del arranque.

Disputó más minutos en otros 4 partidos de ese torneo, pero sin gravitar lo suficiente como para ser tenido en cuenta a futuro. Luego, con el arribo de Alejandro Sabella, tuvo que marcharse de la institución platense, llevándose su camiseta del debut para enmarcarla y también el grato recuerdo de un compañero: “Me daba vergüenza estar al lado de Verón, porque me sentía inferior» (?).

Su siguiente destino fue San Juan, para defender los colores de San Martín en el Nacional B. No le fue fácil jugar con Quique Hrabina en el banco, ya que había otros delanteros como Sebastián Penco y Luis Tonelotto. Pero si en el verdinegro jugó poco, ni hablar de lo que vendría después…

En junio de 2010 se incorporó a Instituto de Córdoba. Como todo futbolista de La Gloria, se habrá ilusionado al principio con el ascenso, aunque luego las expectativas bajaron a estar en el segundo pelotón, para finalmente conformarse con jugar algo. Bueno, ni siquiera esto último pudo cumplir Milton, porque no lo pusieron en todo el año y entonces la confianza se le fue al suelo, al punto de retirarse de la actividad profesional.

En los últimos años ha estado despuntando el vicio en Sarmiento de Humboldt, el club donde había dado sus primeros pasos. Porque en el ABC del baldosero, también figura volver al pueblo.