Morales Eduardo

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Eduardo José Morales

Eduardo como el Feinmann malo y José como el Feinmann menos malo (?), no tuvo otra que comprar doble moral y por eso el apellido le quedó pintado. En el fútbol, claro, eso le sirvió poco.

Mediocampita integrante de una exitosa camada de Newell’s Old Boys, salió campeón en inferiores teniendo de compañeros a figuras como Diego Bustos, Hernán Sperandío, Daniel Faggiani, Rodolfo Aquino, Miguel Abrigo, Andrés Malvestitti, Bruno Giménez Marioni, Andrés Yllana y Gonzalo Belloso (sí, sí, el ídolo y dirigente de Rosario Central).

Luego llegó a Primera División pero le costó ubicarse. Debutó como titular en una derrota 2 a 0 ante Racing, en el Clausura ’94. A eso le agregó partidos salteados hasta el Clausura ’96, cuando se despidió con un duro y adverso 4 a 1 frente a Lanús. En total, disputó 10 partidos con la camiseta rojinegra y partió con rumbo desconocido.

Hoy, como diría el Feinmann menos malo, un pelotudo que escribe en un bloc (sic) los agrede con su mala prosa y les trae la historia de Eduardo José Morales, un olvidado volante que seguramente, como diría el Feinmann malo, tiraba la pelota afuera a propósito.

Vélez tricolor 1982/83

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Si bien desde 1993, con la llegada de Umbro, nos acostumbramos a ver a Vélez Sársfield luciendo los colores de la bandera italiana en homenaje a uno de sus primeros uniformes, fue bastante raro a comienzos de los 80’s ver al Fortín con una camiseta verde, blanca y roja. El que se arriesgó con semejante jugada fue Sportlandia (el gran logo no deja dudas), nada más y nada menos que en un clásico ante Ferro, donde no hacía falta cambiar la indumentaria. Es más, el uso de pantalones blancos por parte de los dos equipos hizo todo mucho más confuso.

Una noche en el museo, bo

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No tiene, obviamente, la misma fama que el de New York o el de La Boca, pero el Museo de Cera de Montevideo posee algunas piezas de incalculable valor. Como muestra la fotografía, allí se encuentran exhibidas las réplicas perfectas de Daniel Fonseca, Pepe Herrera y Enzo Francéscoli. Cada uno con su estilo y con la mirada firme en un horizonte. El Conejo y el Príncipe , que jugaron en River, miran hacia el futuro. Herrera, como se observa, quedó con las ganas de ser gallina. O al menos de acogotarla.

Gutiérrez Daniel

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Daniel Ernesto Gutiérrez

A comienzos de los 90’s poco se sabía de él. Las publicaciones de la época lo describían como un volante por derecha con dinámica y manejo que intentaba hacerse un lugar en el mediocampo de River Plate. Pero no mucho más.

Había debutado el 2 de septiembre de 1990, como titular, en la victoria 2 a 1 ante Talleres de Córdoba con goles de Leonardo Fernández. Ese mismo año entró en un clásico ante Racing que terminó 1 a 1 (volvió a anotar el baldosero Fernández) y también jugó desde el arranque los dos choques ante Olimpia de Paraguay por la Supercopa, donde los Millonarios quedaron eliminados a pesar de haber ganado 3 a 0 en el partido de ida. Sí, mucho antes del silencio atroz.

Al año siguiente, Gutiérrez siguió buscando su lugar y lo consiguió efímeramente, con un encuentro ante Independiente, por el torneo Clausura, donde compartió la mitad de la cancha con Juan José Rossi y Alberto Garay. También disputó 2 partidos de Copa Libertadores muy recordados: las caídas 4 a 3 ante Boca y 4 a 1 ante Bolívar de Bolivia.

Luego costó seguirle la huella. Dicen que, además de actuar para Defensores Unidos de Zárate, lo hizo para Técnico Universitario (1997) y Deportivo Cuenca de Ecuador (1998); y Carabobo de Venezuela (1999). Pero son datos que le agregan poco a una trayectoria que a nivel nacional nos dejó con ganas de más. A comienzos de la década del ’10 poco se sabe de él. Las publicaciones de la época ya ni lo describen.

En el placard: Costa Rica con 3 camisetas 1990

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Desde hace un tiempo nos acostumbramos a que las selecciones que participan de un Mundial utilicen sus dos juegos de camisetas, y no necesariamente por una cuestión de sentido común, porque a veces ni siquiera hace falta cambiar la pilcha para diferenciarse del rival. El fútbol al servicio del marketing, en ese caso, es la explicación.

Pero el colmo del placard mundialista (?) se vivió en Italia ’90, cuando el seleccionado de Costa Rica utilizó 3 camisetas distintas. En su debut vistió una simple camiseta roja con cuello blanco y dejó la vergüenza para los escoceses. En el segundo partido del grupo, frente a Brasil, sacó a relucir un modelo similar al de la Juventus (se jugó en Turín) que, según entendidos, rendía homenaje a un viejo club costarricense. A pesar de la derrota 1 a 0, en el tercer encuentro volvieron a usar la casaca blanquinegra y lograron la clasificación a octavos de final gracias al triunfo 2 a 1 ante Suecia.

Cuando parecía que el conjunto tico ya estaba hecho, la gente de Lotto (seguramente la filial madre en Italia) dobló la apuesta y para el match con Checoslovaquia acercó otro juego de camisetas rojas, con cuello del mismo color y el logo bien distinto al utilizado en la presentación. Como se observa en las imágenes, hasta se usaron 3 pantalones distintos. Eso sí, las medias siempre blancas. Con algunas cosas no se jode (?).

Baldoseros: Ripke, el jugador 23 del ’86

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Gustavo Jorge Ripke

No gozó de la popularidad de Maradona, Valdano y Burruchaga, es cierto. Pero Gustavo Ripke también fue un futbolista que dio la vuelta olímpica en México 1986. Los libros y las frías estadísticas quizás no lo registren como un integrante de la Selección nacional, por eso es nuestro deber contar esta historia: la del jugador fanstama.

Gustavo Jorge Ripke no fue un improvisado ni mucho menos. Nacido en Santa Fe, se formó como volante por derecha en Boca Juniors y actuó con bastante regularidad en la Primera División de Colón de Santa Fe (94 partidos y 9 goles, entre 1971 y 1973). Antes, se había destacado como goleador en Arsenal de Lavallol (15 partidos y 10 goles en 1967) en el ascenso, donde también vistió los colores de Los Andes (20 partidos y 3 goles en 1975) y Aldosivi de Mar del Plata, ciudad a la que representó en el viejo Torneo Argentino, consagrándose campeón de 1970, luego de vencer a Mendoza en la final.
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Ya retirado, Ripke siguió viviendo el fútbol de forma intensa, aunque ya en su rol de hincha. ¿Y cómo es que entonces llegó a alzar la Copa del Mundo con la camiseta argentina? Él mismo lo contó en un concurso de fotos que realizó el blog fabio.com.ar.

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Pasculli, Maradona y la Copa

«Yo tuve una fractura de tibia y peroné, la cual me impidió seguir jugando al fútbol. Lo consideré la mayor frustración de mi vida, pero haber dado la vuelta llevando la Copa del Mundo junto al más grande, me compensó; la vida y el fútbol no me deben nada.

Como recordarán el resultado del partido fue muy cambiante. Cuando hizo el gol Burruchaga, pensé en saltar al campo de juego y hacerme pasar por un jugador, porque tenía puesta camiseta, pantalón y medias de la Selección, pero logré controlarme.

Eso sí, cuando Arpi hizo sonar el silbato, atravesé las plateas, salté un foso de 3 metros de ancho y comencé a correr. Incluso salté unos pupitres de periodistas que estaban detrás del arco de Pumpido, para abrazar al Diego.

Mi sueño se cumplió cuando pude llevar la Copa en forma conjunta con Maradona, él con su mano izquierda y yo con mi derecha ( escribo esto y aún hoy se me pone la piel de “ave” ja!). Además les comento que, para todos los demás era yo un jugador de la Selección Argentina, es así que conseguí llegar hasta los vestuarios y en ese momento hubiera pagado cualquier dinero para obtener un foto, pero todavía no habían permitido el ingreso de los periodistas o fotógrafos.

Así fue que tuve la oportunidad de abrazar, propiamente dentro del vestuario, uno por uno a los jugadores que, segundos antes, habían logrado ser los mejores del Mundo.

Fue memorable también mi regreso al campo de juego, (ya que no daba para bañarme en los vestuarios..ja! ). Ni bien pisé el césped, todos me venían a abrazar y sacarse fotos conmigo…y la mayoría me preguntaba «Vos quién sos ?»…y yo les respondía «eeeehh! ¿Cómo? ¿no me conocés?», y los dejaba con la duda.

Después inicié una breve corrida para llegarme hasta las plateas donde habían quedado mis amigos y vi que se había organizado, detrás de mí, una vuelta olímpica. No quieran saber las caras que pusieron mis ‘seguidores’ cuando me puse frente al sector de las plateas y volví a saltar el foso de 3 metros».

Fíjense en las revistas de la época, busquen entre las fotos de la consagración y ahí lo van a ver. A Gustavo Ripke, el jugador fantasma de México ’86.

En el placard: México alternativa 1994

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Después de ahondar (?) durante años en la historia de la indumentaria deportiva, llegamos a la conclusión de que los diseñadores de Umbro probaron todas las drogas posibles en la década del ’90. La camiseta alternativa de México en el Mundial de Estados Unidos ’94 es una muestra más de que no les importaba nada a la hora de pensar en estampados y colores.

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El conjunto alternativo, además de contar un diseño desconcertante que casi no dejaba apreciar la marca sobre el pecho, tenía una excesiva presencia del color rojo. La casaca, que en ese Campeonato del Mundo sólo se usó ante Italia, era horrible, aunque al lado de la pilcha del arquero Jorge Campos pasaba desapercibida.