Belgrano Rodrigo, 2001 y 2002/03

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A casi un año de la trágica muerte de Rodrigo Bueno, el cantante conocido como El Potro, los dirigentes de Belgrano de Córdoba tuvieron la idea de homenajearlo utilizando el frente de la camiseta celeste.
Primero recurrieron a un círculo al mejor estilo looney tunes que contenía la clásica imagen del cuartetero gesticulando con las manos. A continuación, y haciendo caso a la urgente demanda por parte de los fanáticos extra futbolísticos, la gente de Mitre se vio obligada a rediseñar el modelo Pirata que pasó a tener otra foto de Rodrigo y la leyenda «No me olviden» en el pecho. Con esa movida el tradicional sponsor, CTI Móvil, quedó a la altura del escudo.
Luego de haber vendido miles de ejemplares, en la temporada 2002/03 hicieron un último intento por renovar el negocio pero ya no fue lo mismo. La casaca de Belgrano, con publicidad de India, lucía un retrato del ídolo cordobés pero comparándola con la versión anterior perdía fuerza y vigencia.

Juan Pordiosero

Celtic 1 – Boca 0

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De pretemporada en los Estados Unidos, en julio de 2003, el Boca de Bianchi jugó algunos amistosos sin demasiado sentido deportivo. El aspecto económico lo obligó a enfrentarse, en plena formación, al sub campeón de Escocia, el Celtic de Henrik Larsson.

El conjunto argentino, que curiosamente vistió integramente de amarillo, formó con Abbondanzieri; Jerez, Schiavi, Burdisso y Calvo; Battaglia (foto), Cascini, Cagna y Fabbro; Guillermo Barros Schelotto y Colautti.

Para las estadísticas, quedará el gol de Sutton que selló el 1 a 0 para los europeos.

Juan Pordiosero

Benetti Claudio

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Soportamos la presión popular durante tres años. «¿Cuándo van a postear a Benetti?», nos preguntaban. Y nosotros contestábamos: «ya viene, falta poco». Sabíamos internamente que era nuestro estímulo, la zanahoria delante del burro. Lo pateábamos hacia un futuro indefinido, pero éramos concientes de que algún día el ex Boca iba a recibir su homenaje.
Hace poco, haciendo cuentas, descubrimos una estadística escalofriante: casi mil baldoseros habían desfilado por el sitio. Fue allí cuando se nos ocurrió darle ese lugar, el número redondo, al jugador postergado, al ícono de las promesas truncas, al estereotipo la persona con 15 minutos de gloria, al hombre que concentra en su imborrable apellido la famosa frase «¿Qué habrá sido de la vida de…?«

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Claudio Edgar Benetti
Antes de convertirse en el protagonista del cuento de hadas más festejado en la década del ’90, este humilde chico nacido en Córdoba había llegado a las inferiores de Boca Juniors con 14 años y un hambre de triunfo que no cabía en esa frondosa melenita que exhibió durante gran parte de su trayectoria.
Clásico volante central con aproximación al arco rival, hizo todos los palotes necesarios para llegar a la Primera, en una época donde no se le daba la importancia real a los pibes de la cantera.
Así y todo logró su cometido. El 18 de julio de 1992 debutó ante Gimnasia y Esgrima La Plata, y luego tuvo la chance de estar a mano del técnico, el Maestro Tabárez, pero desde el banco de suplentes, ya que el titular era José Luis Villarreal.
Precisamente fue Villita el que se lesionó durante la semana previa a la última fecha del torneo Apertura ’92, y de esa manera, involuntariamente, abrió las puertas de la fama para su reemplazante.
El 20 de diciembre de ese año, Claudio Benetti jugó de titular en el cuestionado partido ante San Martín de Tucumán en el que Boca debía sumar un punto, y en cuestión de minutos se transformó en el héroe menos pensado.
Con el score 1 a 0 en contra, el pibe realizó la proeza inimaginable. «Nunca olvido ese momento -aseguró tiempo más tarde al Diario Clarín-. Giunta peleó una pelota en el medio y me la tocó. Pude eliminar a Chazarreta y Onaindia. Y rematé con alma y vida. No sé si fue un gran gol, pero sirvió para darle alegría al pueblo de Boca» .
La igualdad en un tanto selló el campeonato para el conjunto Azul y Oro después de once frustrantes temporadas. Benetti había hecho historia, pero casi que ni se enteró. «Lástima que no pude disfrutar tanto. Porque un pelotazo de Oscar Acosta me golpeó la cabeza y me dejó muy mareado. Lo único que recuerdo es que al final del partido me alzaban y me movían, pero yo no sabía por qué. Me desperté en un hospital y mis familiares me felicitaron por la vuelta olímpica«, dijo en una oportunidad.
A raíz de ese gol consagratorio durante las semanas posteriores pululó por infinidad de programas deportivos, pero lo que realmente llamó la atención fue su aparición en el clásico de los mediodías, Almorzando con Mirtha Legrand. La señora lo recibió como a una estrella mas y se sorprendió cuando el jugador le obsequió una torta alusiva a la celebración.
El éxito del mediocampista dio los primeros indicios de su condición de efímero cuando al año siguiente lo prestaron a Belgrano de Córdoba (1993/94, 15 partidos y 2 tantos) y ante la primera posibilidad de enfrentar a su ex club lo embocó.
«Me gritaban desagradecido, muerto de hambre o negro. No me perdonaron que festejara el gol celeste, en el Chateau. Quería que me tragara la tierra, porque nunca me insultaron tanto«, contó.
Su regreso a Boca en 1994 no fue el mejor, claro. Apenas le dieron un lugar en el plantel y tras completar 9 partidos con esa camiseta (sumando las dos etapas) quedó colgado del Mundo.

Desaparecido durante casi dos años (aunque volvió al Xeneize de Bilardo y se agarró a las trompadas con Nelson Vivas), ubicado en el poco competitivo Universitario de Córdoba después, recién recuperó espacio en los primeros (o segundos) planos cuando firmó para Nueva Chicago y disputó 15 encuentros de la temporada 1997/98, en los que marcó en 3 ocasiones.
A esa altura ya convertido en un referente ineludible de los futbolistas con el síndrome de Warhol, supo muy bien que los intentos por volver a ser un jugador de Primera serían en vano. Sin embargo, hizo lo que tuvo al alcance y en 1998, gracias a Mauricio Macri, pudo realizar la recuperación de una lesión en las instalaciones del club que lo había visto crecer, e incluso entrenó durante el lapso de dos semanas junto al plantel de Carlos Bianchi.
Ese mismo año también se acercó a una multitudinaria convocatoria que había realizado Huracán para jugadores libres. Más de 100 futbolistas desocupados formaron la cola en el SETIA, en Ezeiza, para ponerse bajo la mirada de los entrenadores del Globo, Oscar López y Oscar Cavallero. Todos menos Benetti, que quedó mirando las evaluaciones y se despachó con un «Necesito club, pero de ninguna manera me voy a someter a una prueba de este tipo. Le voy a pedir a la dupla que me someta a una evaluación pero con los profesionales de Huracán«.
Lejos de volver a pegar un pase al exterior (estuvo en Temuco de Chile, en Melgar de Perú y, según cuentan, en Dallas Burn de Estados Unidos), en 2001 recaló en Huracán de San Rafael de Mendoza, equipo que descendió al Torneo Argentino B envuelto en un maraña de problemas económicos e institucionales.
Vinculado luego a Estudiantes de Río Cuarto (2002/03), no sabemos a ciencia cierta cuándo colgó los botines pero estimamos que oficialmente no jugó mucho tiempo más.
Ya en su traje de ex gloria se dedicó a actuar para Boca en partidos de veteranos. En noviembre de 2005, por ejemplo, enfrentó a Argentinos Juniors y marcó 3 goles para rubricar un amplio 8 a 1. Ese día opacó la presencia de sus compañeros, Maradona, Mac Allister, Mancuso y Basualdo, entre otros.
Esa última imagen, quizás, resume una sensación generalizada que contiene una verdad. Benetti podrá hacer mil goles, jugar con el mejor del Mundo, ser un DT exitoso y hasta triunfar en otra profesión. Pero en el inconsciente del futbolero medio siempre será ese pibe que metió el gol de su vida y que aún está ahí, bien arriba, trepado al alambrado con una cara de miedo que anticipa su oscuro destino.

Juan Pordiosero

San Lorenzo blanca 1993

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Si bien San Lorenzo de Almagro ha reeditado en varias ocasiones el clásico atuendo alternativo blanco con dos bastones azulgranas, es casi inédito el modelo Topper utilizado en 1993. Remitiéndose simplemente a ese diseño histórico la empresa argentina confeccionó ese ejemplar que incluso pasó desapercibido para la buena recopilación que hizo la gente del club en el sitio oficial.
La casaca, que en la foto viste el Roli Escudero, se mostró en un partido ante el Deportivo Español, correspondiente al Clausura ’93.

Juan Pordiosero

El Padrino

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Allá por noviembre de 2005 lo conocimos personalmente, cuando nos apadrinó en el 1º Encuentro Baldosero. Casi dos años después retomamos el contacto a través de nuestra versión radial en Rock & Pop Beach, y casi que no hizo falta preámbulo para empezar a deleitarse con las anécdotas de Orestes Katorosz, el hombre que lo hizo todo y que aún sueña con dirigir en Independiente de Avellaneda, el club de sus amores.
Sus experiencias laborales, sus vivencias sentimentales y hasta un análisis de la actuación de Boca en la Copa Libertadores, se resumen en esta entrevista que pueden escuchar haciendo click acá.

Otras emisiones:

#1– Nota a Sebastián Ablín.

#2– Informe sobre los Gatti’s.

#3– Nota a Darío Dubois.

#4– Informe sobre los que cambiaron de deporte.

#5– Nota a Luciano Zaidelis.

#6– Informe sobre los brasileños ladris.

#7– Informe sobre los futbolistas y sus mujeres.

#8– Nota a Rodolfo de Paoli.

#9– Informe sobre los futbolistas que estuvieron presos.

#10– Informe sobre los europeos que pasaron por nuestro país.

En Una Baldosa

Desio Carlos

desio

Carlos Alberto Desio
Para algunos nunca existió. Para otros, los más meticulosos, fue un ave de paso que jamás pudo meterse en la cabeza, y mucho menos en el corazón, de los hinchas de Independiente.
Hermano menor de Hermes, volante que asomó en el Rojo fines de los 80’s, también se inició en las inferiores del cuadro de Avellaneda y en el clásico puesto de número 10 metió presión para darle continuidad a la dinastía.
Finalmente la chance le llegó. En la Copa Centenario de 1993 debutó como titular en la derrota 3 a 0 ante River que significó la eliminación de la ronda de perdedores. No fue su único momento de gloria, ya que también alcanzó a disputar algunos minutos en un partido de Primera División.
Juntando esas pequeñas satisfacciones personales armó un currículum que sólo le sirvió para actuar en ligas de menor relevancia como la Primera B (con Defensores de Cambaceres) y en su pueblo, Corral de Bustos, donde el reconocido Hermes y el Cabezón Ruggeri son verdaderos ídolos.
A Carlitos no le da el handicap para semejante halago pero al menos se preocupa para mejorar profesionalmente. Desde diciembre del año pasado es Instructor Nacional de Fútbol Infantil, después de haber estudiado junto a otros corralenses con apellido de futbolista, como Juan Carlos Gordillo y José María Garnero . Parece que en ese sector de Córdoba está de moda ser pariente de una ex gloria de los Diablos Rojos.

Juan Pordiosero