Valenciano a Boca 1995

Necesitado de un delantero de peso, Boca Juniors se encargó de remover el mercado de pases en enero de 1995. Hizo gestiones y preguntó cotizaciones de varios futbolistas, entre ellos Claudio Caniggia, el Turco Asad y hasta el ruso Dimitri Radchenko. Si bien solo Cani terminaría jugando en la institución, otros también se pusieron la camiseta.
El colombiano Iván René Valenciano, atacante top por aquel entonces, vistió los colores xeneizes para una producción fotográfica y aunque era una posibilidad más, se quedó con las ganas de jugar en el equipo de Marzolini. Dicen las malas lenguas que Antonio Alegre le bajó el pulgar.

Juan Pordiosero (Gracias Bestiario)

Mendoza Silvio

Silvio Fernando Mendoza (El Bicho)
Sólo dos personas en todo el planeta Tierra pueden usar un rulo de esas características: Clark Kent y Silvio Mendoza. Con la diferencia que el personaje de Joe Shuster y Jerry Siegel tenía el agregado de meterse en una cabina y convertirse en Superman. Mendoza se cansó de gastar guita de a 25 centavos en los locutorios santafesinos y sin embargo siguió siendo un mortal como cualquiera de nosotros (mortal, no muerto).
Como futbolista fue un correcto mediocampista que jugó en Unión, desde 1996 a 2000, con una admirable regularidad que lo llevó a disputar 78 partidos y a convertir 3 goles. Ya en la última etapa había perdido la titularidad a manos del peruano Jayo y tuvo un paso poco recordado, en el último semestre de 1999, por Godoy Cruz de Mendoza, a pedido del técnico Carlos Trullet.
Su gran capacidad era el robo de pelotas, aunque también llamaba la atención por su físico, siempre tendiente a engordar.
A su vuelta no tuvo posibilidades de seguir mostrándose y después de pedir su libertad de acción, reclamó 70 mil pesos por «indemnización de despido» y encaró para Saavedra. En Platense lo recibieron con los brazos abiertos y le dieron cobijo durante la temporada 2002/03, en la dura Primera B. Sin embargo, con algunos tropezones en el medio (hizo un gol en contra en un partido ante Tigre) comprendió que ese no era su lugar. Interpretó que debía volver a sus pagos y así fue como volvió a su amada Santa Fe.
En Ben Hur de Rafaela se reencontró con su DT preferido, Trullet, pero a comienzos de 2004 ya no integraba más el plantel (se fue junto a Azogue y otros dos compañeros). No se sabe muy bien a que se dedicó en los últimos años, pero en mayo de 2006 se dio a conocer en los medios que el gran Bicho Mendoza había ganado el juicio que tenía con Unión y luego cobró las 70 lucas que el club le adeudaba. Suficiente como para comprar un poco de kryptonita y jugar un rato a ser superhéroe.

Juan Pordiosero

Lazio 1 – Newell’s 1

En agosto de 1988, el Newell’s del Piojo Yudica pasó por Roma y enfrentó a la Lazio. Los locales presentaban a sus nuevas figuras: los uruguayos Rubén Sosa, Nelson Gutiérrez y el argentino Gustavo Dezotti. El «Galgo» (en la foto, saltando entre Sialle, Llop y Theiler) no tuvo un buen partido pero no desentonó con el resto de sus compañeros, que en el manejo de pelota se vieron superados por los rosarinos, según reseña la revista El Gráfico de la época. Por la falta de contundencia, La Lepra apenas pudo empatar 1 a 1 ante los italianos.

Juan Pordiosero

Orellano Lucio

Lucio Orellano
A no confundir con Luciano Garbellano, aquél taxi boy del caso Spartacus que a esta altura del partido ya se lo podría considerar un baldosero de las causas judiciales y mediáticas de la Argentina. Lo de Orellano fue mucho menos pomposo, aunque también dejó la marca de su apellido a fines de los 90’s.
Nacido en la localidad cordobesa de Luque, se destacó en el club de su pueblo, la Asociación Deportiva y Cultural Luque. Allí aprendió a dar sus primeros pasos y cuando lo vieron suficientemente grande lo llevaron Renato Cesarini, la cantera inagotable de jugadores. Después de 2 años pasó a los Tigres de Monterrey, pero luego de 6 meses en los que le costó adaptarse a la vida mexicana se volvió por tema de papeles. Ahí nomás le surgió una prueba en Racing, a principios de 1998. Y un año más tarde, más precisamente el 21 de marzo de 1999, deslumbraría a varios simpatizantes académicos con 3 goles a Independiente en un partido preliminar. «En ese momento sentí una emoción muy grande. Ya había un clima impresionante. De clásico. La gente gritó los goles como si fuera la Primera. No sé cómo explicarlo. Hacer tres goles en mi primer clásico en Reserva. Imaginate la alegría que todavía tengo. Pero recién tomé conciencia un rato después, cuando mis compañeros me felicitaban«, contó entusiasmado al Diario Olé.
Ese antecedente, más los 13 goles que había marcado en Cuarta, lo colocaban como un delantero a tener en cuenta para el plantel superior. Es más, Gustavo Costas ya le había dado una chance ese mismo año, llevándolo a la pretemporada y haciéndolo debutar en un partido ante Boca por el Torneo de Verano. Claro que esa primera presentación no oficial no fue comparable a la verdadera. Su debut con todas las letras se produjo el 5 de agosto de 1999, en la histórica derrota 7 a 0 de La Academia ante el Palmeiras, por la Copa Mercosur. En esa competición jugó otros 5 encuentros, pero como a todo Racing, le fue muy mal. Para colmo, en el Apertura fue al banco 2 veces pero no pudo ingresar. Las chances de romperla evidentemente se le iban diluyendo.
Con algunos problemas por su pase (su representante, el empresario Gustavo Debeza reconoció que la opción de compra del 70 por ciento se fijó en 200 mil dólares y si Racing quería contar con el atacante debía pagar casi 300 mil), Costas no se ariesgó y a pesar de que le gustaba su juego le dijo que debía buscarse otro club. Recién en 2000 le surgió una chance en el exterior. Se tuvo que ir a Concepción de Chile, equipo que era dirigido por Oscar Garré y que tenía a otros argentinos como Hernán Oviedo, Rubén Rivero y Mario Vargas. Allí estuvo 6 meses pero las cosas no le salieron del todo bien y cuando volvió le comentaron que no lo iban a tener en cuent. Se tuvo que volver con bronca a Avellaneda. Otra vez en Racing, se lamentó por las oportunidades perdidas y con 22 años empezó a hacer el último esfuerzo para dejar de ser juvenil. Claro que no le fue fácil. Una operación de su rodilla izquierda postergó su sueño definitivamente. Al menos su futuro ya no estaría en La Acadé.
Paradojicamente recalaría en el homónimo cordobés. Sí, en 2001 defendió los colores de Racing de Córdoba en el Nacional B. Un año después pasó a Defensa y Justicia (2002) y en Florencio Varela se habrá ganado la amistad de grandes como Ariel Groothuis e históricos como Galleguillo y Agotegaray.
Luego de un tiempo donde anduvo perdido por el Mundo ( jugó en Sportivo Luqueño de Paraguay en 2003 y un año más tarde en Estudiantes de Mérida, Venezuela), en 2005 se incorporó a Almirante Brown, en la Primera B. Su paso fue breve y poco productivo. Encima, 2 días antes de Navidad el DT, Blas Giunta, lo limpió.
Su sitio oficial parece estar estancado en el tiempo y no hay demasiadas novedades que nos acerquen a su estado actual. Quizás esté libre, laburando de otra cosa o rompiéndola en una liga exótica que no pudimos encontrar. Desde acá hacemos fuerza para que Lucio vuelva con todo y, al mejor estilo Garbellano, que se encuentre con Oyarbide.

Juan Pordiosero

Cuccioletti Diego

Diego Edgardo Cuccioletti (El Cuchogol)
Breve e intenso fue el paso del homenajeado en cuestión por la Primera División de nuestro fútbol. En poco tiempo se las arregló para dejar su huella. Primero, gracias a los efectos mágicos de su apellido, inolvidable, fantástico. Segundo, por la exclusiva responsabilidad de su talento: En el día de su debut, con la camiseta de Platense, convirtió un gol que definió un partido ante Racing. Eso ocurrió en la fecha 37 de la temporada 1989/90, cuando Cucho marcó de cabeza y el Calamar se llevó la victoria por 1 a 0.
Otros 4 partidos en la máxima categoría le darían un poco más de rodaje pero lo realmente importante ya lo había hecho. Un par de años más tarde abandonó la institución y en la temporada 1992/93 apareció jugando en el ascenso con los colores de Comunicaciones, donde tuvo la suerte de marcar un tanto ante El Porvenir. Y fue precisamente el Blanquinegro quien lo contrató en la 1994/95 para reforzar sus filas. Eso si, cuando al delantero le avisaron que Akira Misu se iba demorar más de 10 años en llegar al club se tomó el palo.
Aprovechando que el traje de puntero derecho en cancha de 11 le estaba empezando a quedar grande, se hizo invisible y nunca más se supo de él en el ámbito profesional. Porque a decir verdad, su figura siempre estuvo presente en el Torneo de Ex Alumnos del Colegio La Salle Florida, una especie de logia que se toma muy en serio lo que hace y pretende que sus campeonatos tengan la misma seriedad que los de AFA (a esta altura, igual, no es mucho pedir). Por el torneo, que tiene ascensos, descensos y equipos increíbles como «Taxi Comunista» o «Hay Chorizo», han pasado glorias como Lucas Pusineri, Norberto Alonso (Hijo) y el periodista Federico Ladrón de Guevera, entre otros. Claro que nadie pudo igualar jamás la talla de Cuccioletti, el histórico top-scorer que año a año alimenta su estirpe de leyenda. Ni siquiera el Colo Carco, un chabón que a mediados de 1999 tuvo el tupé de pelearse feo con nuestro ídolo.
Hoy, el ex Platense reparte sus horas entre la pelota número 5 a nivel amateur y su laburo de preparador físico que le ha dado algunas satisfacciones importantes, como el título mundial por equipos logrado en 2006 por Cecilia Reiter, una jugadora de pádel que pone su cuerpo al servicio del Cuchogol.

Juan Pordiosero (Gracias Darío)

Prieto Livio

Livio Armando Prieto
Una jugada, un momento, un instante, pareció marcar su vida para siempre. Y no solo la suya, sino también la de un rival circunstancial que le hizo la segunda en aquella histórica escena.
El 6 de diciembre de 2000, en la Doble Visera de Avellaneda, el Boca de Carlos Bianchi sumaba esfuerzos impotentes para tratar de nivelar un partido que psicológicamente ya tenía perdido ante Independiente. En el Rojo, un zurdito habilidoso del que se hablaba bastante pero se sabía poco y nada, sacaba chapa de atrevido con un firulete inolvidable. Con un caño alevoso dejó en ridículo a Sebastián Battaglia, que por acción y gracia de esa misma jugada sufrió la rotura de ligamentos cruzados de su rodilla derecha. Belleza para algunos, una pena para otros. Augurios de una carrera plagada de éxitos para el burlador y pronóstico reservado sobre la suerte del burlado. Cómo explicarle a la razón que el tiempo cambió los roles y años después la víctima (aún lastimada) se convirtió en un jugador de Selección y el héroe de los líricos se transformó en un típico fantasma en botines, que deambuló por cientos de lugares sin encontrar su rumbo.
Así empezó la desafortunada carrera de Livio Prieto, aunque a decir verdad, su trayectoria había arrancado unos años antes. Su talento comenzó a asomar en Córdoba, cuando jugaba en el club Bella Vista. Ahí lo vio Pekerman y lo llevó a la Selección Sub 17, donde sacó credencial de promesa para estar en la mira de varios equipos de Buenos Aires. Boca e Independiente ofrecieron 50 mil pesos por su pase pero el Deportivo Español ofreció el doble y se lo llevó. Así fue como en 1998, y con tan solo 16 años, debutó oficialmente en el fútbol de la Primera División con los colores del Gallego. No era el ámbito ideal, claro. Una institución con problemas financieros y deportivos no era la mejor vidriera. Por eso en enero de 1999 se incorporó a las divisiones inferiores de Independiente, donde embelesó a Bochini (un fiasco a la hora de elegir jugadores) y seis meses más tarde éste lo recomendó para el plantel superior. El DT de los grandes, Enzo Trossero, le dio bola y lo puso a entrenar con los consagrados. Eso sí, la chance de salir a la cancha otra vez recién le llegaría en octubre de 2000, con Osvaldo Piazza sentado en el banco. Sin tener un puesto definido (lo ponían de enganche, de media punta o de volante por izquierda), logró entusiasmar a varios futboleros con su juego desfachatado y provocador. El partido contra el Xeneize lo lanzó a la fama. Y a partir de allí no hizo otra cosa que decepcionar.
En el Rojo permaneció hasta junio de 2002 (42 partidos, 1 gol) y en el medio le pasó de todo: tuvo problemas con su contrato, se lesionó varias veces (incluso se fracturó un hueso de la mano) y se perdió el Mundial Sub 20 de 2001 por un desgarro inoportuno que le abrió las puertas a Andrés D’Alessandro, luego figura.
Con la libertad de acción en el bolsillo, se especuló con su llegada a San Lorenzo pero terminó en el AEK de Atenas (2002/03). No se supo demasiado de su estadía en Grecia pero se presume que no la rompió o que no se adaptó, porque en lugar de seguir escalando posiciones en Europa retornó al país para actuar en Nueva Chicago (2003/04). El Torito no supo aprovecharlo. Lo tuvo siempre entre los suplentes y apenas le dio algunos minutos en el torneo Apertura.
Su paso instrascendente por Mataderos tuvo como secuela un cambio de categoría. Bajó al Nacional B para jugar en Belgrano de Córdoba (2004) y cuando ya todo hacía imaginar que se convertiría en un clásico futbolista del ascenso, terminó firmando en 2005 para el Atlético Mineiro. Sí señores, un 10 argentino jugando en Brasil. Con un par de toquecitos engañó durante los primeros partidos a la torcida que estaba deseosa de un crack que lo salvara de las penurias futbolísticas. Prieto no fue el salvador ni mucho menos, pero por un rato los ilusionó. Todo terminó mal cuando le rescindieron el contrato en septiembre y el macanudo de Livio pidió casi 6 millones de dólares de indemnización (no es joda, los pidió). Al final arregló por 160 mil de la moneda estadounidense. Lo que se dice rebajar un poquito el precio.
Los últimos meses de 2005 los vivió en la incertidumbre hasta que, a principios de 2006, firmó para el Sportif Sfaxien de Túnez (sí, ya había perdido el prestigio hace rato). A mitad de año demostró una vez más que no le importa nada y se incorporó al Santa Clara, de la segunda división de Portugal. Hoy, con el 2007 en pañales, el pibe que alguna vez sorprendió al Bocha debe soñar con su vuelta a los primeros planos, para dejar de rebobinar una y otra vez la cinta del gastado VHS que lo muestra tirando un caño, triunfante, con el avergonzado cuerpo de un rival retorciéndose en el suelo.

Juan Pordiosero

Argentina previa Seúl ’88

Es difícil recordar esta camiseta de la Selección. El modelo, llamativo por el tono claro del celeste y las franjas angostas, fue presentado por Le Coq Sportif en los días previos a los Juegos Olímpicos de 1988. Aquél equipo que tenía a Hernán Díaz, Néstor Lorenzo y el Chacho Cabrera (foto) llegó a Seúl con esa ropa pero en la competencia usó indumentaria adidas, que vestía a la delegación argentina. La pilcha de la marca francesa quedó guardada en el placard y nosotros la desempolvamos.

Juan Pordiosero