Atlético Santa Rosa de La Pampa (1983)

Formaba con 12 jugadores porque así lo hacían muchos en esa época, pero tendría que haber jugado con dos arqueros para evitar el bochorno que fue su participación en el Torneo Nacional de 1983. Con ustedes, el momento de fama de Atlético Santa Rosa de La Pampa en Primera División.

El Albo hizo historia cuando se convirtió, en febrero de ese año, en el primer equipo pampeano en clasificar al Nacional, después de haber ganado el Torneo Regional, donde enfrentó a equipos de Chubut, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz; y a otro pampeano, como Racing de Castex. En la final, venció a San Lorenzo de Río Gallegos y accedió a la máxima categoría. Lo que se venía, pintaba hermoso. Pero no fue tan así.

Atlético Santa Rosa integró la zona C del Nacional 1983, junto a San Lorenzo, Rosario Central y Juventud Antoniana de Salta. Ganarle a aquel Ciclón, era verdaderamente una utopía para los pampeanos (con algunos jugadores de experiencia en el interior, pero sin roce con los de la A), pero al menos quedaba la chance de robarle algunos puntos a los demás. Nada de eso sucedió.

Ante el Cuervo, el Albo perdió apenas 3 a 2 en su estadio, el Mateo Calderón. El tema es que de Buenos Aires se volvió con un adverso 4 a 0. Insignificante si lo comparamos con lo que le pasó frente al Canalla, cayendo 1 a 0 en La Pampa y ¡7 a 1! en Rosario. Para no ser menos, el Santo salteño también le ganó 7 a 1 y 2 a 0.

Resumiendo, Atlético Santa Rosa perdió los 6 partidos que disputó, hizo 4 goles y recibió 24, quedando eliminado rápidamente, pero inscribiendo su nombre en la tabla de clasificación histórica del profesionalismo. Ocupa el puesto 107 entre 109 equipos. Hay dos que se quieren matar (?).

Huracán con dos juegos (1982)

A la distancia, no parece haber diferencias en la vestimenta de los jugadores de campo de Huracán: están todos de rojo. Sólo resta hacer foco en el primero de los hombres que están de pie para darnos cuenta de que la camiseta que lleva puesta no es igual a la de sus compañeros. El diseño es diferente.

La casaca, también adidas, tiene el cuello y los puños en rojo. Además, el escudo (con la leyenda Club Atlético Huracán – Buenos Aires – República Argentina) está sobre la derecha y no en el centro. Claramente, es una prenda que sirvió para completar temporalmente un juego de camisetas. O quizás, el derecho de piso que tuvo que pagar Christian Angeletti, recién llegado al club en aquel 1982.

Gracias a Ale_Carro.

Fuera de Stock: La Copa Conmebol

Fue, durante casi una década, el estímulo internacional de los equipos chicos y el consuelo de los pocos grandes que no podían aspirar a la Libertadores o a la Supercopa. Festejada por aquellos que la consiguieron, ninguneada por aquellos que no la ganaron o que ni siquiera la disputaron. Con ustedes, la historia de la olvidada Copa Conmebol, la Champions de los pobres.

A comienzos de la década del 90, la Confederación Sudamericana de Fútbol tenía la intención de de crear una copa que fuese similar a la UEFA y que de alguna manera se instalara como el torneo de mayor relevancia para aquellos equipos que en sus respectivas ligas se ubicaban detrás de los clasificados a la Libertadores. Ya existía la Supercopa como segunda competición, pero era demasiada exclusiva. Se necesitaba, entonces, una copa parecida a la de los europeos, con clasificación abierta y eliminación mano a mano, en partidos de ida y vuelta.

Fue así cómo surgió la Copa Conmebol, un mimo para los clubes menos favorecidos en el plano internacional. El premio por ganar este trofeo, además, se multiplicaba, porque en algunas oportunidades otorgaba la chance de disputar la Copa de Oro Nicolás Leoz (la que obtuvo Boca) y hasta la Copa Master de la Conmebol (no confundir con la Master de la Supercopa, esa que también ganó Boca). Todo un rejunte de hojalata del que era difícil enorgullecerse si uno era de un equipo grande.

1992

Vélez Sársfield, Deportivo Español y Gimnasia y Esgrima La Plata fueron los representantes argentinos de la primera edición, en 1992. En los octavos de final, El Gallego despachó al Fortín, luego de ganarle 2 a 0 en el segundo partido, con goles de Parodi y Sassone. Aunque luego, Español terminaría perdiendo con Olimpia de Paraguay en la definición desde el punto del penal.

El que llegó más lejos de los nuestros fue El Lobo, que luego de vencer al O’Higgins de Chile y a Peñarol de uruguay, en semifinales cayó por penales con el Decano paraguayo. El campeón terminaría siendo el Atlético Mineiro de Brasil, que de esa manera obtuvo su primer lauro internacional.

1993

En la segunda edición se produjo el estreno de Huracán, que rápidamente quedó afuera, luego de perder en el global con el siempre copero Peñarol. El Deportivo Español fue otro que quedó afuera en la primera ronda, perdiendo en el cruce con Sportivo Luqueño de Paraguay. El único de los argentinos que más o menos hizo algo digno fue San Lorenzo, otro debutante en esta copa.

El Cuervo barrió a Danubio de Uruguay y luego a Sportivo Luqueño por penales, para después caer en semis con el Manya, por la misma vía. Los uruguayos terminarían perdiendo en la final con el Botagofo, otro brasileño que usó la Conmebol para desvirgarse en competencias sudamericanas.

1994

Huracán volvió a aparecer en la tercera edición, con la secuela de aquel gran equipo que había peleado el título hasta la última fecha del Clausura, en el primer semestre del año. El tema es que se comió 4 con Cerro Corá, de local. Después el Globo ganó 2 a 1 en la revancha, pero no le alcanzó para acceder a los cuartos de final.

El que sí accedió a la segunda fase fue San Lorenzo, que eliminó al debutante Lanús, luego de empatar los dos partidos y triunfar desde los 12 pasos. Después se encontró con la Universidad de Chile, que le dijo adiós para siempre. El campeón en 1994 fue San Pablo de Brasil, que le ganó a Peñarol. A esa altura, los uruguayos eran los eternos perdedores de la Conmebol.

1995

El Gimnasia de Griguol y el Rosario Central de Angel Tulioi Zof accedieron a la Conmebol de 1995, después de haber terminados 3º y 6º en el torneo local, respectivamente. Lo del Tripero fue bien modesto, quedando eliminado de entrada con Sud América de Uruguay. Y no, lo de GELP no son las copas.

Lo del Canalla, en cambio, fue heroico. No sólo porque eliminó a Defensor Sporting, Cobreloa y Colegiales de Paraguay, sino porque le ganó una final histórica al Atlético Mineiro, después de haber caído 4 a 0 en Brasil. Tanto la remontada como los penales, tuvieron tintes épicos. Obviamente, estamos hablando de una Copa Conmebol y no de una Libertadores, pero poco importa cuando se trata de festejar.

1996

Para la quinta edición, los clasificados de nuestro país fueron Rosario Central (último campeón) y Lanús, segundo en el plano local. El conjunto rosarino intentó repetir la hazaña y estuvo cerca, luego de dejar afuera al Cobreloa y al River uruguayo, pero en semifinales se cruzó el Granate, que venía de eliminar al Bolívar de Bolivia y a Guaraní de Paraguay, apoyado en sus figuras: Roa, Serrizuela, Siviero, Mena, Hugo Morales, Ibagaza y el Chupa López, entre otros.

Contra todos los pronósticos, un equipo de Cúper no perdió la final. Se impuso ante Independiente Santa Fe, luego de ganar 2 a 0 de local y perder 1 a 0 en Colombia. Lanús fue el segundo club argentino en ganar la Conmebol y otro de los tantos que en Sudamérica se sacaron la leche con esta copa.

1997

En 1997, hizo su aparición Colón de Santa Fe. Inesperadamente, despachó a la U de Chile y a Danubio de Uruguay (ambos por penales, con Leo Díaz como protagonista), pero en semifinales se cruzó con Lanús, que lo derrotó por 3 a 1 en el global y entonces pasó a la final.

En el último cruce, el Granate chocó con el Atlético Mineiro, que venía de pechear escandalosamente dos años antes y no se podía permitir algo similar. Por eso puso todo en esas dos finales. Sobre todo en la primera, cuando el equipo de Emerson Leao ganó 4 a 1 como visitante y canchereando un poco, desatando un escándalo que jamás olvidaremos, pese a que se trataba de una Conmebol.

«Varios jugadores de Mineiro nos cargaban, en el segundo tiempo, diciéndonos ole ole cada vez que tocaban la pelota. Y el peor de todos fue el capitán, Jorginho, que un minuto antes del final me dijo ole argentino hijo de p… Esto me hizo reaccionar mal», dijo Ruggeri después de aquel gran hit de su carrera. Y agregó: «Ahora, después del cotejo, más calmo, reconozco que me equivoqué, pero en ese momento lo quería destrozar. Por eso lo seguí hasta el banco de suplentes, donde se fue a refugiar. Ahí me salió al cruce Leao, a quien no le pegué. El me separó al tiempo que me gritaba pará, pará, dejalo. Y después vino todo lo demás por una reacción lógica de mis compañeros, que estaban tan irritados como yo por las cargadas de estos rivales, que en verdad me sorprendieron porque de tantas veces que jugué contra equipos brasileños nunca tuvieron una actitud así».

Otro que habló fue el golpeado técnico Leao, que por aquellos días comenzábamos a enterarnos de su aberración por los argentinos:«Los jugadores de Lanús son unos animales. Si fuesen hombres me hubiesen pegado de frente. Además no se dan cuenta de que todavía tienen que ir a Brasil. Esto era sólo un partido de fútbol. En la cancha demostramos legítimamente que somos superiores».

En la revancha (sí, porque hubo revancha), empataron 1 a 1 y los brasileros se llevaron la copa.

1998

Gimnasia y Central fueron los protagonistas nacionales en la Conmebol de 1998. Los platenses tuvieron que recurrir a sus jugadores juveniles, ya que los grandes estaban de gira por Norteamérica. Fue así como surgieron los ya olvidados Lobitos, unos pibes que estuvieron al borde del milagro, pero perdieron con el Jorge Wilstermann de Bolivia. Una prueba más que clara de la poca importancia que le daban los clubes a esta copa, incluso aquellos que no tenían (tampoco ahora) trofeos internacionales.

El Canalla, en cambio, volvió a apostar al mismo camino que le había dado una alegría tres años antes. Eliminó a Audax Italiano de Chile, Huracán Buceo de Uruguay y Atlético Mineiro (sí, otra vez los brasucas), antes de llegar a la final con el Santos, que se terminó colgando la medalla de campeón, después de vencer 1 a 0 en Brasil y empatar 0 a 0 en el Gigante de Arroyito.

1999

La última edición de la Copa Conmebol fue la de 1999, con la participación de Rosario Central y Talleres de Córdoba. Los rosarinos entraron directamente a cuartos de final, pero marcharon con el Deportes Concepción de Chile. Lo de los cordobeses, en cambio, fue sufrido pero exitoso.

La T eliminó en cadena a Independiente Petrolero de Bolivia (por penales), Parana de Brasil (por penales) y Deportes Concepción (3 a 2 en la serie), pero se encontró con un rival brasileño durísimo (?) e inesperado en la final: Centro Sportivo Alagoano. Un club de Maceió, un eterno equipo del ascenso que en aquel momento estaba en tercera división. ¿Y cómo había llegado a esa instancia? Cosas que los brasuca sólo saben explicar.

Lo cierto es que el Azulão do Mutange se impuso por 4 a 2 en la ida, tirándole toda la presión al team de Gareca en la vuelta. Finalmente, Talleres ganó 3 a 0 en La Docta, con goles de Ricardo Silva, Darío Gigena y Julián Maidana sobre la hora.

¡Un equipo cordobés campeón de algo! Suficiente para que la Confederación Sudamericana de Fútbol tomara cartas en el asunto y terminara con la fantochada de la Copa Conmebol, que nunca ganó prestigio, pero que de alguna manera sentó las bases para que se agrandara el cupo de participantes en la Libertadores y para que surgiera, años más tarde, la Copa Sudamericana, luego de los experimentos de la Mercosur y la Merconorte.

Desde acá, nuestro homenaje a aquel torneo internacional que dejó algunos gratos recuerdos para los equipos chicos y algunos viejos cantitos hirientes para los equipos grandes. Todo fuera de stock.

Temperley albiazul (1997)

Extraña por demás la camiseta que utilizó fugazmente Temperley en 1997, con un diseño que remitía al Blackburn Rovers inglés, aunque invertido: mitad derecha en azul, mitad izquierda en blanco. La rareza, además, residía en la ausencia de escudo, marca y publicidad. Una camiseta genérica, sí, pese a que en ese entonces el Gasolero usaba indumentaria Uhlsport.

La casaca salió a la cancha muy pocas veces. Por ejemplo, ante Arsenal, en un partido en el que era necesario que uno de los dos cambiara el atuendo celeste. Pero lo curioso es que también esa casaca se usó en un encuentro ante Nueva Chicago, donde los equipos no compartían colores.

Crisanto Wilmer

Wilmer Crisanto Casildo (Congo)

No son muchos los jugadores centroamericanos que hicieron una carrera digna en nuestro país: el hondureño Eduardo Bennett y los hermanos panameños Dely Valdés rindieron inesperadamente bien en nuestras tierras. Pero hay otros, como Paulo Wanchope, que llegaron con un gran cartel y no estuvieron a la altura de lo imaginado, más allá de algún gol importante. Ni hablar de otro grupo, mucho más grande, conformado por jugadores de Centroamérica que pasaron inadvertidos por el fútbol argentino, como los casos del guatemalteco Rojas, el hondureño Arnold Cruz, el panameño Fernando Bolívar, el tico Berny Scott o el actual Ministro de Cultura y Deportes de Guatemala, Dwight Pezzarossi.

Mientras esperamos que Armando Cooper y Jerry Bengtson se decidan por alguna de estas vertientes, recordamos el caso de Wilmer Crisanto, el hijo de Bubba (?).

Nacido el 24 de junio de 1989 en La Ceiba, Honduras, el Congo Crisanto superó una infancia dura, en la que no le faltó una pelota para demostrar sus primeras habilidades, pero sí le faltó la presencia paterna, esa que a veces es tan necesaria para despertar el amor por el fútbol.

Wilmer tenía apenas 11 años cuando su papá, Don Mariano Crisanto, partió en un barco en busca del sueño americano. El Crisanto padre también había sido futbolista (es ídolo en el Xelajú de Guatemala, donde hizo el gol del campeonato en 1996). Pero en el Norte, allá en los Estados Unidos, no le quedó otra que remarla de abajo. ¿Su actividad? Los camarones Las langostas.

«Todos los días me levanto a las 2:30 am para estar ya listo a las 4:00 am en el trabajo. Me subo al bote, nos vamos, entramos al mar y regresamos a las 12:00, mi papel es hacer que las langostas entren a la trampa, a diario sacamos entre 2 mil y 3 mil libras y se venden bien, a veces 4 dólares o 5, depende del cliente», cuenta Don Mariano, que actualmente vive en Boston.

De más está decir que el viejo de Wilmer sabe hacer las langostas en barbacoa, hervirlas, asarlas, cocerlas o saltearlas. También prepara langostas empanizadas, fritas o a la parrilla, pinchos de langostas, langostas criollas, guiso de langostas, langostas con piña, con limón, con coco, con chile. Además le gusta la sopa de langostas, el caldo de langostas, estofado de langostas, la ensalada de langostas, papas y langostas, la hamburguesa de langostas, y el sándwich de langostas…

«Yo sé que algunos me dirán que fui mal padre, pero esa decisión la tomé porque tenía que velar por el bienestar de ellos, ahora todos tienen su educación y han salido adelante», explica el ex jugador, mientras agrega: «Los dejé pequeños, Wilmer era el hijo mayor, le dije que me iba de viaje, aunque no revelé para dónde. No les quise decir que me venía mojado».

«Pese a la distancia, Dios me premió con un hijo obediente, educado y disciplinado. Cuando él tenía 14 años regresé a mi país, y me di cuenta que estaba en la Selección Sub-15 de Honduras en Bolivia, quedé sorprendido. Es un orgullo para mí, aunque en la selección lo he visto jugar, solo por televisión».

En efecto, su hijo tuvo buenos rendimientos en sus épocas como juvenil y eso le permitió debutar en la Primera División de su país, con la camiseta del Victoria (2007/08). Con muy pocos partidos en el lomo, el destino quiso que este lateral derecho llegara a la Argentina, gracias a la recomendación del arquero mendocino Diego Vázquez, que puso en contacto a su representante, Cristian Vargas (ex hombre de Godoy Cruz), con el Gato Oldrá, técnico del Tomba en aquel entonces.

Las cosas, sim embargo, no fueron sencillas. Su vuelo hizo escalas en El Salvador, Perú y Chile, para finalmente arribar a la Argentina y darse cuenta de que le habían perdido el equipaje. Bastante cansado a esa altura, se sumó al plantel de Godoy Cruz (2008), pero no lo llevaron a la pretemporada. De todos modos, no se hizo mucho drama.

–¿Has comenzado a adaptarte a la provincia?

–De a poquito, ya que nunca había venido. Lo más rico que he probado es un asadito. Las chicas son muy lindas. En Honduras también hay chicas bonitas, pero acá tienen lo suyo.

–¿Cómo podrías definirte como jugador?

–Soy un 4 que subo, bajo y soy muy atrevido. Espero que la gente pueda ser feliz con lo que hago.

Como si se hubiera tratado de un simple negociado (?), Wilmer Crisanto sólo fue utilizado en algunos partidos de Reserva y al año siguiente ya estaba de nuevo en Honduras, donde volvió a ponerse la camiseta del Victoria (2009 a 2013).

A mediados del año pasado, denunció que sus compañeros pasaban hambre y a los pocos meses se incorporó al Motagua, a pedido de un entrenador argentino. Adivinen quién. Sí, Diego Vázquez, el mismo que lo había colocado en Mendoza.

Ya más tranquilo desde lo económico, Wilmer ahora dice que su nuevo equipo también tiene hambre, pero de gloria. Porque el hambre en serio, ya sabemos, se combate con langostas.

Quilmes 0 – Paraguay 0 (1991)

La llegada de Quilmes a Primera, en 1991, permitió más de una rareza, más allá del futuro cantante de La 25 jugando con la número 10. Ese año, también, el Cervecero organizó un gran festejo que incluyó la participación de una selección internacional. Sí, está bien, no era Italia ni Alemania. Era Paraguay, pero no dejaba de ser un rival de jerarquía para un equipo recién ascendido a la máxima categoría.

Luego de la ceremonia con la banda de Granderos, el desfile de las distintas delegaciones del club y la caída de los paracaidistas (?) en el viejo estadio de Guido y Sarmiento, arrancó el espectáculo futbolístico, que estuvo por debajo de todo el resto. Quilmes intentó vulnerar el arco defendido por José Luis Chilavert para darle una alegría a sus hinchas en esa fría jornada, pero no pudo y el partido terminó 0 a 0.

Gracias a Mane Klasesmeier.