Un gran año para Racing fue 1950. Inauguró su estadio, consiguió el segundo título del primer tricampeonato profesional y, además, se dio el lujo de salir de gira por Europa, disputando partidos en España, Italia, Portugal, Francia y Bélgica.
En uno de esos enfrentamientos internacionales, La Academia visitó al Racing de París, que por ser local tuvo la delicadeza de dejar de lado su casaca albiceleste, para vestir la suplente roja y diferenciarse así de su homónimo argentino.
En la imagen, vemos a Norberto Tucho Méndez yendo a buscar la pelota ante un francés, en un tramo del partido que terminó 2 a 2.
Ya en el trago tramo final de su carrera, cuando el Betocarranceo parecía no tener fondo, Ariel Ortega recibió ofertas de todo tipo para prolongar innecesariamente su gran trayectoria.
En julio de 2012, después de haber terminado su vínculo con Defensores de Belgrano, varios clubes se interesaron en el Burrito, o al menos se encargaron de tirar bombas de humo para llamar la atención. ¿Algunos de esos equipos? San Martín de Tucumán, Ferro de General Pico, Independiente de Chivilcoy y Plaza Colonia de Uruguay. Pero no fueron los únicos.
El viejo Chaco For Ever, animador del Argentino B, también se anotó en la carrera por contratar a Ortega. Incluso su entrenador, Arsenio Ribeca, se ilusionó con volver a dirigir al jujeño, como ya lo había hecho en Newell’s: «La cancha va a explotar si viene. Voy a intentar convencerlo. Siempre tuve una buena relación con él. Sé que tenía otras ofertas, pero me da la sensación de que podemos llegar a un acuerdo”.
Las negociaciones no pasaron a mayores y, al mes siguiente, Ortega anunció su retiro.
Si hay un equipo que históricamente tuvo una amplia veriedad en cuanto a diseños de camisetas, ese es San Lorenzo de Almagro. Los hinchas del Ciclón se han acostumbrado a ver hasta 4 o 5 casacas diferentes por torneo, sobre todo en los últimos tiempos, a partir del vínculo con Lotto.
A mediados de 2012, la marca italiana llegó al extremo de presentar una camiseta dorada para el Cuervo, cosa que no cayó para nada bien en la nueva dirigencia, encabezada por Marcelo Tinelli. La prenda en cuestión, con detalles en rojo y azul, salió a la venta en varios locales, pero el club de negó a utilizarla. De hecho, el Presidente de San Lorenzo, Matías Lamens, aclaró que nada tenía que ver esa camiseta con la historia del club y que sólo la utilizarían en algún partido de la Copa Argentina, para no generar un conflicto con el proveedor de indumentaria.
Finalmente, la casaca dorada nunca salió a la cancha.
Ser el hermano de, ese viejo y pesado estigma del que no han podido escapar grandes como el Turco Maradona, Nicolás Higuaín o Marcelo Süller, también condicionó la carrera de Gustavo Reinoso, ni más ni menos que el hermano de la Vieja, aquel futbolista que reforzó a Boca para las finales de la temporada 1990/91, junto al brasileño Gaúcho.
A diferencia de Gerardo, que fue un talentoso volante ofensivo, Gustavito se dedicó a defender. Debutó en la Primera División de Independiente de Avellaneda en 1988, con apenas 20 años, justo cuando su hermano ya se habían ido al River de Menotti. Y jugó su segundo (y último) partido en 1989, año en el que el Rojo se adjudicó aquel campeonato de los penales.
Fue así como el Reinoso chico anotó su nombre en el último título de Bochini, junto a otros que también arrancaban, como Martín Ubaldi, Claudio Osterrieth, Mario Lobo o el Pirata Czornomaz.
La estrella en su currículum, sin embargo, no le sirvió para tener una gran carrera. Enseguida pasó al Cobreola de Chile, donde funcionó como volante de contención e incluso marcó 2 goles en el Torneo Nacional de 1990, suficientes para acomodarse en la tabla de goleadores, apenas detrás (?) de su hermano (17), que por entonces actuaba en la Universidad Católica; y de su compañero Czornormaz (14).
En toda su estadía en Chile, Gustavo Reinoso disputó 45 partidos con la camiseta naranja. Bah, a veces usaba la suplente (?). Después, desapareció misteriosamente por muchos años y recién supimos de él cuando apareció jugando para las glorias (?) de Independiente en los torneos de veteranos.
Rastreando un poco su pasado, descubrimos que en 2001, por ejemplo, estuvo junto a su hermano (que seguía siendo futbolista) en Patronato de Paraná. También fue ayudante de Gerardo en Andino de La Rioja y el año pasado, ya como solista (?), se hizo cargo del plantel del Independiente riojano en el Argentino B. Todo eso hasta comienzos de 2014, cuando se tuvo que ir por dejar al equipo al borde del descenso.
Lo curioso es que este mismo año su hermano agarró nuevamente a Andino de La Rioja para disputar el Torneo Federal A, pero tardó unos días en llegar, así que Gustavito se sintió el DT, al menos por un rato.
El tema es que el Torito de Gerardo Reinoso no ganó en toda una rueda, por lo que los dirigentes pusieron la excusa de los problemas económicos y decidieron cortar la cabeza del ayudante. ¡Y el hermano no hizo nada para impedirlo!
Moraleja: siempre hay que desconfiar de la familia. Sobre todo del abuelo, para aquel que es hermano de la vieja.
«Quiero jugar para Arsenal», decía supuestamente Diego Maradona, en 1982. Al menos así titulaba un diario inglés, que a simple vista no aclaraba si se trataba de los Gunners o de su versión made in Sarandí (?).
Un poco más abajo, la confirmación de que se trataba del equipo londinense quedaba demostrada en cifras: una oferta de 4 millones de libras para el jugador argentino, que por aquel entonces estaba en Boca Juniors. ¿Pero cuánto de verdadero tuvo ese interés?
En aquellos tiempos, el Arsenal buscaba insistentemente sacudir el mercado con una figura importante, aunque nunca llegaba a un acuerdo económico. Había intentado, sin suerte, incorporar al holandés Johan Cruyff en los 70. Unos años después, quiso comprar a Michel Platini, pero le ganó de mano la Juventus.