Colombo Juan

Juan Gerónimo Colombo

No siempre que abordamos la carrera de un jugador llegamos a conocer las verdaderas razones de su no consagración. Muchas veces nos quedamos con lo periférico, con lo que se observa desde la superficie. Y eso tiene una lógica, porque nos gusta escribir sobre fútbol, no sobre la vida privada de los futbolistas.

Pero hay casos y casos. Y éste, en particular, es indivisible de la situación personal vivida durante el comienzo de su trayectoria. Podríamos haber puesto: «Juan Colombo. Volante que jugó 10 partidos en la Primera de Estudiantes y después de pasar por el ascenso, desapareció del mapa«. Pero no sólo hubiese sido un homenaje pobre, sino también injusto. Es por eso que nos contactamos con Juan y nos contó su historia:

«Soy Nacido en Roque Pérez, Provincia de Buenos Aires. Llegué al Pincha en enero de 1981, procedente del club Pedernales de la liga de 25 de Mayo. Un amigo, Carlos Ruiz, me llevó y allí me vio Humberto Zucarelli, a quien había enfrentado en la liga veinticinqueña. Él recomendó mi contratación, pero por esos días se me venía la colimba y el club tramitaba para que yo la haga en el Regimiento de Infantería 7 de La Plata para poder entrenar. Jugué ese año pocos partidos y cuando salí en la primer baja, terminaba el torneo de inferiores. Arranqué el ’82 practicando varias veces contra la Primera. Bilardo me vio y me citó a fines de marzo para integrarme al plantel profesional en City Bell«.

Malvinas, la otra historia

«Mi llegada a Primera coincidió una semana después con la recuperacion de Malvinas y en vez de ir al country, terminé en el regimiento. El 15 de Abril ya estaba en las islas. Claro, en un principio creíamos que todo se iba a solucionar, hasta que un 1º de Mayo comenzaron los bombardeos y ahí nos dimos cuenta de que los ingleses no iban a negociar nada«.

El fútbol en medio de la guerra

«En Malvinas siempre hablábamos de fútbol , mi compañero de pozo de zorro, Beto Galán (de Guernica y bostero), jugaba en la Tercera de Temperley y siempre estaba presente el tema. Yo decía que si me herían y no podía volver a jugar, prefería no volver.

Allí en las Islas quedó un gran amigo, José Luis Del Hierro, de Mar del Plata, que no era futbolero pero desde hacía meses su papá tenía los pasajes para ir al Mundial de España con él y sus hermanos. El vuelo era para el 8 de Junio a las 6 de la tarde. Ese día lo volvimos loco, cargándolo con que se le iba el avión. En la madrugada del 13 de Junio, el día que Argentina debutaba con Bélgica, en lugar de prepararse para estar en el Nou Camp, el Oreja, como le decíamos nosotros, desapareció después de un bombardeo. Su cuerpo permaneció allí, tapado por la nieve, hasta que fue descubierto al terminar el invierno a través de la Cruz Roja. Él unos días antes nos había dicho que no le importaba el Mundial ni el viaje, solo quería estar con su familia. No pudo.

A veces improvisábamos algún picado con cualquier cosa que se pudiera patear, pero duraban poco, estábamos faltos de olla, como se dice, y nos cansábamos enseguida. El día 13 de junio por la tarde, nos sorprendió un fuego de morteros y un Pincha de alma, el Negro Deandrea, se me tiró encima y se le metieron varias esquirlas que hoy aún tiene en su cuerpo y que eran para mí. Pronto nos vamos a encontrar con él y varios más después de tantos años aquí en Roque Pérez a compartir un asado y varias cosas más.

Cuando regresamos, prisioneros en el Camberra, los ingleses nos pusieron fotos en la cocina (allí retirábamos la comida) de Ricardo Villa (es de Roque Pérez también) y Ardiles. Para mi fue un buen gesto de ellos y un guardia con el que pude hablar me regaló un recorte de diario con una nota a Villa».

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Fuera de stock: «Revista Gattin y el equipo»

Sin internet, televisión por cable, ni la Tiki-Tiki (?), hacía fines de los años 70 los niños futboleros de nuestro país no encontraban demasiadas variantes para entretenerse sin romperles las bolas a los padres. Fue así como, cubriendo esa necesidad y subiéndose al fervor nacional en los meses previos al Mundial ’78, surgió la revista Gattin y el equipo, una sátira a la selección argentina de Menotti, representada por animales de todo tipo, gracias al ingenio del dibujante Jorge Toro.

La historieta, de tirada nacional y con singular éxito durante algunos años, contaba las vivencias de Pelotín, un equipo de fútbol que jugaba partidos ante rivales que siempre estaban predispuestos a utilizar las más malignas artimañas para llevarse el triunfo.

El equipo de Gattin, desde ya, terminaba ganando gracias a los grandes valores que tenía en el plantel. Además del protagonista (el loco Gatti), estaban Ratolguín (Olguín), Perrascosa (Carrascosa), Tarantín (Tarantini), Gallogo (Gallego), Killeón (Killer), Lordiles (Ardiles), Buhouseman (Houseman), Luquetti (Luque), Villano (Villa), Certoni (Bertoni), Patillol (Fillol), Patarella (Passarella), Kempotro (Kempes), Galvilán (Galván), Aloso (Alonso), Pavochini (Bochini), Ortigre (Ortiz) y el magnífico La Bolsa (La Volpe). Todos, bajo la dirección técnica de Monoti, que siendo el entrenador de la dictadura el papel de gorila le quedaba pintado.

La aparición de Gatadona

Tras la consagración de Argentina en el Mundial de 1978, la publicación tuvo su pico de ventas. A nadie le importaba que Gatti no hubiese formado parte de aquel equipo. Gattin era el verdadero héroe de la historieta y a pesar de que los guionistas se esforzaron en hacer crecer la figurar de Patillol, el pato no tenía el mismo carisma que el gato.

Eso obligó a los editores, unos meses más tarde, a pensar un poco más en el futuro e incorporar nuevos personajes para que se diera el lógico cambio generacional (?). Fue entonces cuando, después de varias apuestas en Betfair para ver quién sería la nueva figura, inevitablemente surgió Gatadona (Maradona), que enseguida comenzó a ser clave en el desarrollo y la resolución de los partidos relatados por José María Muñoso (Muñoz) y comentados por Dante Sapatarelli (Zavatarelli).

Con el correr de los años la publicación, como muchas otras de su genero, empezó a sufrir la merma del interés en el público juvenil. Hubo intentos por reflotarla, hacia fines de los 80 y comienzos de los 90, pero ya a esa altura los nombres de los jugadores hacían referencia a tipos que, si no se habían retirado, estaban a punto de hacerlo. Atrasaba bastante.

De esa manera, presenciamos el final de una revista que bien o mal, dejó una huella en toda una generación. Sin Gattin, pero con la Play 3, los pibes de hoy siguen rompiendo las bolas. Y lo peor de todo es que ahora nosotros somos los padres.

Gracias por el material a:

http://gattinyelequipo.blogspot.com.ar
http://gattinyelequipo2.blogspot.com.ar
http://manchandolapelota.com.ar/?p=8894

Mal Pase: Tréllez a Italia 90 y USA 94

El mundo baldosero conoce de sobra las andanzas en nuestro país de John Jairo Tréllez, aquel colombiano que llegó a Boca en 1994 por pedido expreso de César Luis Menotti, quien lo prefirió por encima de un pibito que la rompía en el Cruzeiro, un tal Ronaldo.

Lo que muchos quizás no saben es que el bueno de Turbina, a pesar de la pobre imagen que dejó en la Argentina, estuvo muy cerca de jugar un Mundial. O mejor dicho…¡Dos mundiales! Y en ambos se ahogó en la orilla, como diría Jorge Valdano.

El primer episodio se produjo en 1990, cuando el joven Tréllez, aún con el pelo corto y una seriedad imperturbable, apareció en las páginas del álbum oficial del Mundial de Italia. ¿Y formó parte de esa delegación? No, claro que no.

El hombre nacido en la localidad de Turbo había disputado las eliminatorias y algunos partidos amistosos, pero el técnico Pacho Maturana prefirió la experiencia de otros atacantes, como Arnoldo Iguarán, Rubén Darío Hernández y Carlos Estrada.

Cuatro años después se repetiría la secuencia. Tréllez integraba aquella generación que sacudía el fútbol sudamericano por aquel entonces, aunque bien lejos de los delanteros titulares.

Su plan, entonces, era tener un buen primer semestre en 1994 para llegar con buenas chances al Mundial de Estados Unidos. Pero algo falló.

Firmó para el Boca de Menotti y al principio, más por su facha que por su juego, causó sensación. Sin embargo, la poca gracia que tenía la fue perdiendo con el pasar de los partidos. Los silbidos no tardaron en bajar de las tribunas y Maturana no tardó en bajarlo de la lista.

Haber vuelto a aparecer en el álbum Panini no fue argumento suficiente para conservar el lugar en el equipo. A menos de un mes para el inicio de la Copa del Mundo, el DT lo excluyó de la nómina de 22 protagonistas y así se terminó el sueño de Tréllez. Figurita repetida.

Publicado en simultáneo con #UnMundialParaEnUnaBaldosa

Estudiantes de La Plata dorada 2009/2010

Ganar un título como el de la Libertadores no sólo ofrece la posibilidad de jugar otras copas y sentirse dueño del continente por un buen tiempo. Salir campeón de América, además, otorga un aura de inmunidad que pareciera dar derecho a cualquier cosa, incluso a usar una camiseta dorada.

Lo hizo La Liga Deportiva Universitaria luego de obtener la Copa de 2008 y repitió Estudiantes de La Plata al año siguiente. La casaca Topper, de color oro y detalles en rojo, fue estrenada en un partido ante Lanús, correspondiente a la 8º fecha del Apertura 2009. Y no tuvo mucha vida, ya que en ese semestre siguieron usando la blanca como alternativa.

En el torneo de verano de 2010, frente a San Lorenzo, la pilcha dorada volvió a salir a la cancha, aunque en una versión más básica que, a diferencia de la original, no tenía las inscripciones que rememoraban los títulos conseguidos por el León.

La gira de Racing por África (1990)

Si ya de por sí Racing es una aventura constante sin salir de Avellaneda, imagínense el cúmulo de situaciones por las que puede llegar a pasar un club de esas características girando por África. Bueno, mejor no se lo imaginen. Recuérdenlo.

Hacia finales de los años 80, La Academia era un cuadro que estaba acostumbrado a estar de gira, y no sólo por la presencia de su técnico, Alfio Basile. Después de realizar un recorrido por Asia y Europa en 1988, un par de años más tarde la dirigencia planeó un viaje de 17 días por el continente negro, sin tener en cuenta los riesgos que eso podría acarrear.

No simplemente se ponía en juego el prestigio enfrentando a equipos africanos, eso era lo de menos. También estaba en peligro la salud de la delegación, cosa que después se terminaría comprobando.

Racing empezó aquel periplo el 1º de agosto de 1990, con una victoria 3 a 0 sobre la selección de Benín, en la ciudad de Porto Novo, su capital. Cuatro días más tarde empataría 1 a 1 en Togo, ante el combinado de ese país. Y no sería el único empate de la gira, porque también igualaría 1 a 1 con Costa de Marfil y 0 a 0 con Burkina Faso.

En el medio, hubo tiempo para una derrota 3 a 0 ante el Asek de Costa de Marfil. Aunque algunas versiones indican que en realidad la caída fue 3 a 1 y que el árbitro bombeó a los argentinos, de tal manera, que convalidó los 3 goles africanos en posición adelantada. Cosas que se dicen.

Al margen de los resultados, Racing cosechó muchas anécdotas en el viaje. Por empezar, uno de sus jugadores, Osvaldo Escudero, fue recibido casi como un héroe en Costa de Marfil, ya que 9 años antes había visitado esas tierras siendo jugador del Boca de Maradona. Tanta buena impresión había causado el Pichi, que dos futbolistas locales habían pedido permiso a la federación para cambiarse el nombre y pasar a llamarse «Escudero». Increíble.

Como si fuera poco, La Acadé se trajo un futbolista marfileño para evaluarlo en Avellaneda. Sékou Bamba de Karamoto, así era su nombre, se probó unos días pero no convenció. Indignado, caminó un par de cuadras para jugar en Independiente, pero también lo rebotaron.

La situación más llamativa, sin embargo, no fue nada simpática. Al regreso de la gira por África, el arquero de La Academia, Carlos Ángel Roa, debió ser internado por padecer paludismo, una enfermedad que se contagia por la picadura de insectos. Según lo comentado en su entorno por aquellos días, toda la delegación de Racing había ingerido los medicamentos para evitar ese tipo de enfermedades. Todos menos Roa, que por pertenecer a la religión adventista se habría negado a tomar la medicación. Meses después de aquel episodio que lo tuvo al borde de la muerte, el arquero volvió al fútbol y negó que la religión hubiese tenido que ver, contradiciendo al Presidente Juan De Stéfano… ¡e incluso a su propia madre! Una gira bien a lo Racing.

Gracias a Museo Racing Club por las fotos.

Real Madrid 3 – Boca 1 (1994)

La entrañable década del 90, esa que se destacó por muchas cosas pero principalmente por su impunidad en todo sentido, fue una época ideal para la realización de torneos fugaces que, como mucho, desaparecían en el lapso de 2 ó 3 años.

En ese grupo de trofeos cualunques podríamos incluir a la Copa Iberia, una competición que tuvo apenas una sola edición y que, de alguna forma, trató de revivir la vieja Copa Iberoamericana que se había disputado en 1964.

De aquel primer experimento de la década del 60 habían participado 4 equipos y 3 de ellos (Boca, River y Botafogo) habían terminado empatados en el primer lugar, declarándose desierto el título.  Si así fue la versión original del torneo ibérico, imagínense la seriedad que podría tener su secuela.

En 1994 la empresa de vuelos Iberia tomó la posta y puso el dinero para organizar un choque hispano-sudamericano entre el ganador de la Copa Nicolás Leoz y el ganador de la Copa del Rey. Un mamarracho atroz del que salieron beneficiados Boca Juniors y el Real Madrid, los campeones vigentes.

Fue así como el 19 de mayo de 1994, en el estadio Santiago Bernabeu, los merengues se impusieron 3 a 1, con 1 gol de Hierro y 2 de Morales. Mac Allister, cerca del final, descontó para los xeneizes.

Una semana más tarde, en La Bombonera, Boca se impondría por 2 a 1, con goles del Polillita Da Silva y ¡Naveda! Sí, el Beto Naveda le hizo un gol al Real Madrid. ¡Y Pogany fue figura! Suficiente para darle el trofeo a los españoles y hacer desaparecer, definitivamente, esa mentira llamada Copa Iberia.

Lanús rayada 2009

Las terceras equipaciones para las competencias internacionales suelen ser un mal trago para los hinchas tradicionalistas, que tienen que ver como sus equipos mutan radicalemente gracias al capricho o a la (falta de) inventiva de los diseñadores.

Algo de eso experimentó la gente de Lanús en el segundo semestre de 2009, cuando la firma Olympikus le confeccionó un modelo alternativo para la Copa Sudamericana. La casaca, con bastones granates y blancos, fue utilizada en dos partidos, ante River y Liga de Quito. Y como si fuera poco, con un sponsor bastante llamativo que no era el mismo que utilizaban en el torneo local.

Ya afuera de la competencia, Lanús volvió a mostrar la casaca en el torneo local, en un partido ante San Lorenzo correspondiente al Apertura 2009.

Un par de años más tarde, los bastones granates regresarían a la camiseta, aunque con otro diseño.

Vélez con la V dorada 2010

El dorado, se sabe, es un color que generalmente arruina las camisetas de fútbol. Y mucho más si no aparece en forma de detalle, sino más bien reemplazando a un color original.

Eso es lo que tuvo que sufrir Vélez Sársfield en el 2010, cuando la empresa Penalty le confeccionó un modelo de camiseta que conmemoraba el Centenario de la institución.

La casaca, edición deluxe, se destacaba por su V bañada en oro, que simbolizaba las epocas de gloria del club. Y aunque cueste recordarla, se la pudo ver en un partido amistoso, en Liniers, que reeditó la Copa Intercontinental de 1994, entre Vélez y Milan.

Para suerte de sus hinchas, la pilcha nunca se usó oficialmente. Para suerte de todos no, claro. Más de un flogger se debe haber quedado con ganas de seguir teniendo la Gold. Arre.