Cosmos 2 – Boca 2

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Amistoso exótico el que se jugó el 9 de septiembre de 1978 en el Giants Stadium de Nueva York: alfombra en lugar de césped, marcas de fútbol americano en el piso, arqueros que usan el cero. Contra todo esto tuvo que jugar Boca. Además, enfrente estaba el mítico Cosmos, con Carlos Alberto y Giorgio Chinaglia en sus filas. ¿La excusa? Un trofeo llamado «Copa Anual de las Américas». El Toto Lorenzo mandó al césped sintético del Giants Stadium a Gatti; Suárez, Bordón, Tesare, Verón; Abel Alves, Salinas, Carlos Alvarez; Mastrángelo, Zanabria y Salguero. Luego ingresaron Saldaño, Franceschini y Potente. El partido terminó 2-2 con goles de Mastrángelo y Potente para Boca y Chinaglia y Willey para el Cosmos. Dos meses después, habría revancha en Mar del Plata.

Emanuelli 1943

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Por la 18º fecha del campeonato de 1943, Boca recibía a Chacarita. Época complicada para los arqueros: se defendía poco y se atacaba mucho. Para colmo, no existían los cambios, y ante cualquier lesión debían aguantar en la valla, o darle su lugar a algún compañero que no estuviera habituado a esa función. Esto le pasó a Isaac López, arquero de los visitantes, que a los 15′ del primer tiempo debió dejar a su equipo con uno menos, pasando Emanuelli, un defensor, a ocupar su lugar. A esa altura, el Funebrero ya perdía 2 a 0, y se intuía que el encuentro iba a terminar en goleada. Y así fue: un lapidario 10 a 1 decretó la segunda mayor victoria de Boca y la peor derrota de Chacarita en la historia.

Especiales: Darío Giuliani

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Darío Alfredo Giuliani

En pocas palabras se puede definir al jugador polifuncional como aquel que es capaz de actuar en varias posiciones. Puede hacerlo mejor en un sector del campo que en otro, obviamente. Pero al fin y al cabo se trata más o menos de lo mismo: un puntero que es capaz jugar de enganche, un marcador central que actúa como lateral, o un volante ofensivo jugando como delantero. Pero hay casos que van más allá, porque una cosa es modificar el lugar dentro del campo de juego, y otra cosa es cambiar directamente de deporte. O peor: no terminar de decidirse y hacer dos cosas al mismo tiempo.

Este es el caso de Darío Giuliani, un sanjuanino nacido el 27 de enero de 1966, que desde chico se vio atrapado por el deporte más popular de la provincia: el hockey sobre patines. Con solo 15 años llegó a la primera del Concepción Patín Club, de San Juan. Pero como también le interesaba el fútbol, se fue a probar a Juventud Alianza. Y quedó. En 1985 debutó en el último Torneo Nacional que se disputó, jugando cuatro partidos como puntero izquierdo y convirtiendo un gol, a Temperley. “Tanto el hockey como el fútbol me apasionan. Por ahora estoy más metido en esto porque estamos en el Nacional”, declaró por aquel entonces. Pero una vez terminada la aventura de los sanjuaninos en el campeonato, Giuliani se sacó los botines y el hockey ganó la competencia.

Esta no es una historia única: años más tarde Panchito Velazquez intentó dejar su huella en ambos deportes, aunque con otra repercusión. Este caso fue más humilde. Es tan así que desconocemos como continuó la carrera de Giuliani con los patines. Lo que sí supimos es que en los últimos años fue entrenador del Centro Valenciano de San Juan y de Andes Talleres de Mendoza. Además, fue asistente del DT Daniel Cocinero en la Selección Argentina. Parece que mal no le fue. En el hockey, claro.

Quilmes celeste 1979

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Por el Metropolitano 1979, River recibía a Quilmes. Para no confundirse con su rival, el Cervecero salió a la cancha con su tradicional vestimenta azul: la típica camiseta suplente. Hasta ahí todo normal, pero la sorpresa llegó en el segundo tiempo, cuando los visitantes aparecieron con camiseta celeste. La combinación se completaba con pantalones azules y medias blancas, redondeando un mamarracho que jamás se volvió a ver en ese equipo, aunque los memoriosos juran que ya había existido algún antecedente del QAC con camiseta celeste. Preferimos no hacer memoria.

Genaro Sergio

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Sergio Luis Genaro (el Torito)

Hay jugadores que están condenados a ocupar el banco de suplentes de por vida. En el caso de los arqueros, esta tendencia se acentúa, incluyendo torturas mayores: es muy raro que ingresen por una decisión táctica, dependen de una desgracia del arquero de turno y aún así deben rezar para que el DT no haya hecho los 3 cambios y se den situaciones como éstas. Y es así como los Sodero, los Saccone, los Crudo y los Leyenda ven pasar sus carreras al lado del cuerpo técnico, ya que hasta sus compañeros los aíslan: mientras unos juegan, otros calientan a un costado. Un icono de este desgraciado destino es el homenajeado del día.

Sergio Genaro nació el 12 de julio de 1962 en Corral de Bustos. Llegó a Boca cuando terminaban los 70’s junto con su coterráneo Oscar Ruggeri y se instalaron en La Candela. «Los primeros tiempos fueron duros. En tren o a dedo hacíamos Buenos Aires-Corral de Bustos”, recordó alguna vez el Torito. Pero el sacrificio valía la pena: Genaro fue campeón en sexta y comenzó a destacarse en cada categoría. Decían los que saben que el pibe prometía, tenía buenas condiciones y podía llegar. Tanto que en 1981 fue convocado a la Selección Sub-20, para disputar el Sudamericano en Ecuador y el Mundial en Australia. Claro que no todo le salió bien: Argentina quedó eliminada en primera ronda de la cita mundialista y Genaro no jugó. Fue suplente de un tal Sergio Goycochea.

Pero su hora en Primera División había llegado: el 11 de diciembre de 1983 debutó frente a Unión. Empezó con el pie izquierdo. Boca perdió 3-2 y Genaro recién jugaría su segundo partido en septiembre del siguiente año. En 1987 tuvo una corta racha como titular, con el Toto Lorenzo como DT. Esta seguidilla de partidos incluyó un histórico 2-3 contra River que lo condenó de por vida. Al año siguiente llegó CFNM y Genaro dejó el club donde, en sus casi cinco años en primera, fue suplente de Gatti, Barisio y Balerio. En total, disputó 27 partidos y le convirtieron 44 goles.

Entre 1988 y 1990 jugó en Talleres, donde fue suplente de Ruiz Díaz, pero tuvo más oportunidades que las que le dio Boca: alcanzó a disputar 41 partidos antes de llegar a Chaco For Ever para la temporada 1990-1991. En este caso, le tocó ver como atajaba Ciancaglini. Genaro dijo presente en apenas 5 partidos, y no pudo hacer nada para evitar el descenso del equipo chaqueño. De esta manera, con apenas 29 años, le puso fin a su carrera profesional. Pero no todo está perdido: hoy, su hijo Kevin deslumbra como delantero en las inferiores de Boca. Dicen los que saben que el pibe promete, tiene buenas condiciones y puede llegar. Bueno, lo mismo decían del padre y miren dónde terminó.