Aguilera Ángel

Ángel Domingo Aguilera Silva

Arquero paraguayo con un fugaz paso por San Lorenzo. Fugaz es poco. Fugacísimo, si se permite el término: apenas pisó la cancha en un sólo partido. Para ser más concretos, fue mucho menos que eso: defendió la portería del Ciclón durante… 60 segundos.

Su única participación fue en la goleada del Cuervo por 6 a 3 frente a Vélez Sarsfield, el 2 de octubre de 1988. Ese día, Aguilera ingresó sobre el final del partido por el lesionado Carlos Castagneto. Ambos estuvieron toda la temporada a la sombra de Esteban Pogany y Cesar Labarre, los otros arqueros de aquel equipo que tenía la mente puesta en la Copa Libertadores.

Antes y después de su carrera en el fútbol argentino, atajó en su país para Guaraní, teniendo como compañeros a jugadores con apellido de renombre, como Gilberto Alvarenga o Rolando Chilavert.

Hoy, 2 de octubre, se cumple un nuevo aniversario de aquel encuentro que lo puso en la historia de San Lorenzo. Y, pasados ya 26 años de aquel momento, aún nos queda la duda: ¿se habrá bañado después del partido?

Fioretto (2008)

El espectacular vuelo de palo a palo pertenece al ex mediocampista de Boca y Huracán, entre otros equipos. Fue en un entrenamiento en Bolivar, el club que lo cobijó durante 2008. Un rato de distención ante la atenta mirada de Carlos Arias, juntamente el arquero titular de ese club. Algo que sólo pasa en las prácticas, ya que durante los partidos Fioretto suele deleitar a los aficionados con sus goles y gambetas (?). Y, de vez en cuando, peleándose con algún hincha que invada el terreno de juego. Cosas que pasan.

Tévez Jorge

Jorge Alberto Tévez

Llegó muy joven a la Primera División. Un día miraba a sus ídolos desde afuera, y cuando se dio cuenta, ya entrenaba con ellos. Se hizo grande de golpe: la niñez había quedado atrás. Y arrancó con todo, deslumbrando con su velocidad y ganando títulos. En los clásicos, también decía presente… ¡cómo olvidar ese gol en el Monumental!

Y hasta ahí llega la comparación. Mientras el Tevez (sin tilde) de Boca siguió acumulando campeonatos, viajes, fama, dinero, mujeres y escándalos; el Tévez (con tilde) de River fue cayendo poco a poco en la intrascendencia y el olvido. Pero el arranque había sido muy parecido: debutó siendo un pibe al lado de jugadores como Fillol, Pasarella y Kempes (alguna vez comentó: “vivía en el lugar donde ellos concentraban los fines de semana. Yo era ‘el nene de los mandados’, siempre haciéndole favores. Luego, de un momento a otro, me convertí en su compañero”), ganó el Nacional 1981 jugando como titular aquella final en Ferro y hasta le convirtió un gol a Boca en el Superclásico del Nacional 1982.

Ese gol merece una mención aparte: sirvió para ponerse en ventaja en un partido donde River se presentó con muchos pibes (algunos titulares estaban con la Selección Argentina, otros fueron separados del plantel por los dirigentes). Pero el final feliz no estaba escrito: Boca lo dio vuelta y se impuso por 5 a 1. Al menos quedó el consuelo en las palabras del Loco Gatti: «…en el gol ese pibe Tévez le pegó muy bien a la pelota, me dejó mirando al aire. Y al rato le saqué una con los pies, de esas que agarro únicamente yo adelantándome a la jugada. Si esa entraba se nos venía la noche».

En 1983 llegaron los problemas económicos (el plantel profesional llegó a estar 53 días sin entrenar) y sobre el final del año, el delantero quedó libre y eso marcó su carrera: “Fue un momento muy duro para mí. Era hincha de River y había vivido muchas cosas en el club”, contó. Tévez había perdido prestigio. Y eso que no lo había jugado en la Selección.

En 1984 llegó a Banfield, luego pasó por Ferro de General Pico, Irapuato (México), Cipolletti, Los Andes, Atlanta y Juventud Unida de 30 de Agosto, de la Liga Cultural y Deportiva de Tres Lomas. En esa institución continúa hasta la actualidad, trabajando como entrenador de los juveniles y, eventualmente, con la Primera. Desconocemos si lo llaman El DT del Pueblo.

Coccimano Fernando

Fernando Javier Coccimano

Lo podrían haber apodado «el mudo». Vaya uno a saber si hablaba o no en la cancha. De lo que estamos seguros, es que no gritaba. Por lo menos goles, no gritaba. Ni propios, ni de sus compañeros: en Primera División jugó 4 partidos (todos por el Clausura 1992) y su equipo nunca convirtió con él en la cancha.

Surgido de las inferiores de Quilmes, debutó en ese equipo el 26 de abril de 1992, unos días después de haber cumplido 21 años, frente a Rosario Central. Aquella tarde, el Cervecero formó con Mulet; Leonardo Morales, Grelak, Cocimano, Kalujerovich; Sergio Albornoz, Alberto Rodriguez, Martín Di Diego (Antonio Dabundo), Colombo; Latrechina y Víctor Hugo Ávalos. Nuestro homenajeado salió reemplazado en el entretiempo por Leonardo Alessi. Y el Canalla se impuso por 1 a 0.

Los siguientes partidos de este defensor central también terminaron en derrota: por la 10º fecha, Racing venció a Quilmes 2 a 0; por la 11º, Gimnasia lo despachó por 3 a 0. La despedida de la A la vivió en la 15º jornada, con un empate frente a Ferro que, obviamente, terminó 0 a 0. En resumen: 315 minutos (su medio partido en el debut, más tres encuentros como titular) sin abrir la boca para emitir esa palabra que empieza con G, tiene una O en el medio y termina con L. Salvo para comentar ocasionalmente con un compañero el nuevo auto de Volkswagen (?).

Habiendo dejado atrás su efímero paso por el equipo más importante de la ciudad, supo deambular por otros clubes de la zona sur del Gran Buenos Aires. Primero, vistió los colores de Argentino de Quilmes (1993). Al poco tiempo, apareció en El Porvenir (1993), donde jugó un solo partido. Quiso afianzarse en Los Andes (1994) pero no lo logró: apenas cuatro presentaciones en los del Lomas. Duró más tiempo en Defensa y Justicia (1995/96), donde fue dirigido por su hermano Rubén.

Las influencias del mayor de los Coccimano también le sirvieron para llegar a Ecuador, sumándose la Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo (1996). Sin embargo, una vez retirado hizo su propio camino y, nadie sabe cómo, apareció como entrenador en las divisiones inferiores del Lugano, de Suiza. Y si no es él, es alguien con su mismo nombre. Por las dudas, lo felicitamos. La verdad, pasar de “mudo” a dar indicaciones en italiano, no es para cualquiera.

Defensores de Belgrano con y sin parche (2000)

Vaya uno a saber si fue por negligencia, casualidad o un simple descuido. Lo cierto es que Defensores de Belgrano salió a jugar frente a Estudiantes de Buenos Aires, por el reducido de la Primera B Metropolitana (1999/00), prolijamente vestido, salvo por un detalle: una de las camisetas no llevaba publicidad.

Se trataba de la pilcha de Gabriel Olivera, quien, a diferencia de sus compañeros, no lucía el parche de “Papeleras de Buenos Aires”, el histórico sponsor del Dragón. Toda una inspiración para Evangelina Carrozo.