Simonetti Franco

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Franco Simonetti

Ni el más pesimista de los hinchas de Independiente se imaginó lo que iba a ocurrir en la fecha 17 del Torneo Clausura 2009, cuando su club tuviera que enfrentarse con Banfield en el estadio Florencia Sola.

Para esa altura, Américo Rubén Gallego encaraba su segundo ciclo al frente del cuadro de Avellaneda y hacía malabares con lo que tenía a mano. Cansado del bajo rendimiento de sus dirigidos, pasó el plumero y en cuestión de semanas se cargó a Lucas Mareque, Ricardo Moreira, Damián Ledesma, Federico Higuaín, Damián Luna, Pepe Moreno, Leandro Depetris y Emanuel Centurión, entre otros.

Amparado en varios jugadores experimentados y algunas promesas de las inferiores, para el duelo de aquella tarde/noche del 12 de junio, el Tolo paró en la cancha a Fabián Assmann; Franco Simonetti, Leandro Gioda, Eduardo Tuzzio y Guillermo Rodríguez; Gastón Machín, Lucas Pusineri, Fernando Godoy y Federico Mancuello; Daniel Montenegro y Darío Gandín. En el transcurso del partido ingresaron Sergio Vittor, Leonel Ríos y Leonel Núñez. Todos futbolistas medianamente reconocidos, que lograron mantenerse un buen rato en Primera o a lo sumo en la segunda división de nuestro país o del exterior. Todos menos uno, claro.

Nacido en Luján el 23 de agosto de 1989, el lateral por derecha Franco Simonetti había arribado al club en 2007 desde San Lorenzo de Luján, con el que debutó en el Argentino C, y tenía en el lomo un puñadito de encuentros en su categoría: la cuarta. Una semana antes del choque ante el Taladro, Gallego quedó fascinado con la actuación del defensor de 19 años en su primer partido con la Reserva y, escaso de recursos, lo subió al plantel profesional, donde compitió mano a mano por un lugar en el once inicial con el paraguayo Diego Gavilán, que había llegado con chapa de figura, pero que estaba muy lejos de su mejor versión.

Todo lo que ocurrió tras el pitazo inicial fue una sucesión de hechos bochornosos que parecía no tener fin. Banfield goleó a Independiente por 5 a 0 con tantos de Santiago Silva por duplicado, Víctor López, Sebastián Fernández y Julio Barraza para el delirio de su gente y para la desesperación de la parcialidad del equipo de Avellaneda, que se la pasó entonando “la más maravillosa música”. Si bien Simonetti no fue ni por asomo el peor de la última línea (solamente tuvo responsabilidad en el cuarto gol), terminó pagando los platos rotos: jamás volvió a vestir la camiseta de los diablos rojos y debió conformarse con alternar entre Cuarta y Reserva hasta que quedó libre a mediados de 2010.

Tras semejante mazazo, Simonetti desapareció sin que nadie se diera cuenta. Recién volvimos a tener noticias suyas varios años más tarde, cuando lo encontramos defendiendo los colores de Gimnasia y Esgrima de Chivilcoy (desde 2013) en el ascenso profundo.

Allí sigue hasta hoy, tratando de olvidar que alguna vez fue actor de reparto en una de las noches más fatídicas de ese letargo que un puñado de temporadas después acabaría en la B Nacional.

Fondacaro Carlos

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Carlos Rubén Fondacaro

A mediados de 2006, antes del receso por el Mundial de Alemania, el Boca de Alfio Basile emprendió una mini gira por Centroamérica donde se enfrentó con potencias como Olimpia de Honduras y FAS de El Salvador. Con buena parte de los titulares en Israel para enfrentar al Maccabi Tel Aviv (en una comitiva paralela encabezada por el Ruso Ribolzi), el Coco tendría la chance de ver en acción a algunos juveniles, poco frecuente durante su ciclo, y otros suplentes sedientos de minutos en cancha. Así, por ejemplo, actuaron Sebastián Rusculleda, Oscar Trejo, Mariano Trípodi y el homenajeado del día, Carlos Fondacaro.

Nacido el 21 de mayo de 1987 en Rosario, este diminuto lateral (apenas 1,65 metro), tanto por izquierda como por derecha y con el tiempo devenido en mediocampista, dio sus primeros pasos en Renato Cesarini, donde jugó hasta los 13 años, cuando se sumó a Alianza Sport. Dos temporadas más tarde le llegó la oportunidad de incorporarse a las divisiones inferiores de Boca Juniors, donde fue haciendo el típico caminito a Primera.

Su estreno extraoficial con la camiseta del Xeneize se dio ante el FAS, cuando reemplazó a Sebastián Battaglia a quince minutos del final. Sin espacio en la consideración de Ricardo La Volpe y Miguel Ángel Russo, reapareció recién dos años después, ya con Carlos Ischia como entrenador. Y esta vez por los porotos.

Con la mira puesta en el Torneo Apertura, para el debut en la Sudamericana ante la Liga Deportiva Universitaria de Quito, por los octavos de final, el Pelado dispuso un mix entre reservas y juveniles. Esa noche, Fondacaro actuó como lateral por izquierda acompañando en la última línea a Julio Barroso, Juan Forlín y Ezequiel Muñoz y Boca goleó 4 a 0, prácticamente sellando su pasaporte a la próxima fase.

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El rosarino volvió a ser de la partida en el encuentro de vuelta ante los ecuatorianos (1 a 1 en Quito) y en la ida ante Internacional de Porto Alegre (0-2 en Brasil) por los cuartos de final del certamen internacional. Luego, aportó su granito de arena para la obtención del torneo local, cuando ingresó unos minutos ante Rosario Central y San Lorenzo.

Algunas chances en el verano de 2009 hicieron creer que las oportunidades abundarían a lo largo de aquel año, pero no. Apenas fue titular ante Newell’s Old Boys -actuando como volante por derecha- y entró un rato en la goleada ante San Martín de Tucumán. Ya con Abel Alves como entrenador, se despidió en la última fecha, al término del primer tiempo ante Colón de Santa Fe.

La vuelta de Alfio Basile al banquillo azul y oro a mediados de 2009 sentenció el final de los días de Fondacaro como jugador de Boca. Primero, a pedido de Diego Cagna, pasó a préstamo a Tigre (2009/10), donde alternó buenas y malas. En medio de una pésima campaña (el Matador terminó el Apertura último cómodo, con 8 unidades), Fondacaro se mostró como lo mejorcito de una defensa endeble y hasta se anotó en el marcador en la victoria ante Godoy Cruz por 2 a 0.

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La llegada de Ricardo Caruso Lombardi, en el verano de 2010, le quitó algo de protagonismo, aunque aportó un gol en el triunfo por 3 a 1 ante Atlético Tucumán. En total, con la camiseta azul y roja disputó 16 partidos y convirtió dos veces.

Justamente una de sus víctimas, el cuadro tucumano, sería su próximo destino. El Decano venía de descender y se armó como para volver rápido. Fondacaro era uno de los pilares del plantel dirigido por Quique Hrabina que terminó la primera etapa como único líder. Peeero…

La segunda parte del campeonato 2010/11 fue devastadora. Atlético Tucumán perdió el liderazgo y hasta su ubicación en los puestos de Promoción. Hrabina sucumbió ante los malos resultados y, para colmo, ante Patronato, el lateral/volante sufrió una fractura del peroné que le afectó los ligamentos del tobillo del pie izquierdo y lo dejó fuera de competencia por el resto del torneo. El Deca terminó deambulando en la mitad de tabla. Durante la buena racha, Fonda hasta se animó a una producción de fotos retro con el ex CASLA Cristian Chávez.

El decimoquinto puesto en la temporada 2011/12 le puso un punto final a la estadía del rosarino en suelo tucumano, aunque antes se dio algún que otro gusto, como el gol que le marcó a River Plate, el 1 a 0 parcial de un encuentro que terminó en derrota por 4 a 2.

Enseguida lo esperaba Patronato de Paraná (2012/13), cuya única misión en el mundo era incomodar a los grandes de la categoría y lo logró con un dignísimo séptimo puesto, aunque a 10 unidades de Olimpo, que se quedó con el último ascenso. En lo personal, Fondacaro no contó con muchas oportunidades por parte de la dupla Luis Medero y Claudio Marini y recién hilvanó algunas presentaciones consecutivas, en un nivel olvidable, de la mano de Diego Osella.

Sin mucho más que hacer en el fútbol de los sábados, había llegado la hora de probar suerte en el exterior. Primero defendió los colores del Iraklis griego (2013) y luego pasó un año en el Jaro de Finlandia (2014).

Ya definitivamente reconvertido en mediocampista de creación, en 2015 pegó la vuelta al país para jugar en su ciudad natal. ¿Rosario Central? ¿Newell’s Old Boys? ¿Central Córdoba? No, Tiro Federal en el pantanoso Torneo Federal A al lado del histórico Diego Chitzoff y del baldosero Leandro Depetris. Semejante aventura en el Barrio Ludueña no podía terminar en otro lugar que no fuera el Federal B.

Sin embargo, en lo personal el rendimiento de Fondacaro estuvo por encima de la media (con una vara muy baja, claro) y por eso llamó la atención de Independiente, pensando en lo que vendría en 2016. ¿Cómo? Sí, Independiente de Neuquén lo sumó como uno de sus principales refuerzos para el Federal A, donde redondeó una buena primera etapa y quedó eliminado en la segunda fase ante Libertad de Sunchales.

Especiales: Pedro Wolff

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Pedro Wolff

No le dio la nafta. Al igual que su hermano Juan Cruz, el hijo menor del popular Quique también se quedó a mitad de camino, sin poder darse el gusto de robar con el apellido. Al menos dentro de la cancha, claro. Quizás le jugaba en contra la falta de una posición fija en el verde césped. Según su currículum, podía actuar como volante, carrilero o lateral por ambas bandas, algo completamente incomprobable.

Los antecedentes tampoco ayudaban demasiado, ojo. Apenas había estado una temporada en la séptima de River Plate y luego integró los planteles de cuarta y tercera de la categoría 1981 de Racing Club, donde fue dirigido por el Pampa Alberto Jorge y Carlos Bartolo Álvarez. Sin embargo, la Academia lo dejó libre a comienzos de 2001.

Por eso cuando en el verano de 2002 Pedro Wolff apareció con su bolsito en el entrenamiento de Huracán nadie esperaba nada. El equipo de Miguel Ángel Brindisi venía de terminar penúltimo en el Apertura y aceptaba a prueba a cualquier matungo que supiera atarse los cordones de manera correcta. Aunque, claro, Wolff Jr. llegaba con un ayudín extra. «Estaba de vacaciones en Pinamar y mi papá le preguntó a Brindisi si podía hacer la pretemporada con ellos. Miguel dijo que sí y acá estoy», relataba el pibe, mientras la Argentina se prendía fuego al ritmo del corralito, la devaluación y los cacerolazos.

«El año pasado me entrené con el equipo de libres de Carlos Barisio y ahora me quiero poner a punto físicamente porque voy a ir a probarme a España”, comentaba Pedro, que finalmente se pasó el año entero entrenando en Parque Patricios, y pese a la buena campaña en el Clausura jamás pudo vestir oficialmente la casaca del Quemero.

El último intento por pegarla en el fútbol lo tuvo en enero de 2004, cuando marchó al Viejo Continente con su padre para un test en Las Palmas de España, pero las cosas no salieron como estaban planeadas. «No le facilitaron la ropa para entrenarse, los botines los tuvimos que buscar por nuestra cuenta y da la impresión de que como Pedro no viene de la mano de gente con la que se puede sacar dinero, no interesa», declaró un enojado Enrique Ernesto. Y agregó: «Vinimos porque nos llamaron, ya que en caso contrario nos hubiésemos quedado en Buenos Aires. Aquí no han tenido la gentileza de observar a Pedro y estoy decepcionado, porque creo que no nos merecíamos este trato».

Al final, el menor de los Wolff colgó los botines y se puso a laburar… en la productora uVe Doble, al lado de sus hermanos Juan Cruz, Carolina y Valeria. En la actualidad es co-conductor de Simplemente Fútbol y forma parte del staff de comentaristas de la cadena ESPN, siempre bajo la atenta mirada del viejo Quique.

¡No hay nada más lindo que la familia unida!

Mal Pase: Maradona al Flamengo (1991)

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“Maradona, Flamengo te ama. Hoy y siempre”. El trapo azul y amarillo con el que los jugadores del rubronegro entraron el 8 de mayo de 1991 a La Bombonera, para enfrentar a Boca Juniors por los cuartos de final de la Copa Libertadores, escondía dobles intenciones. Por un lado, buscaban meterse en el bolsillo a La 12, famosa por su hostilidad hacia los visitantes. Por el otro, era un mensaje directo a Diego Armando Maradona, viejo anhelo de la dirigencia del cuadro más popular de Brasil.

El primer objetivo prácticamente se cumplió. Cuando Gilmar, Wilson Gottardo, el veterano Júnior, Zinho, Gaúcho y compañía llegaron al círculo central, cambiaron los silbidos de la previa por tibios aplausos, acompañados de un “Olé, olé, olé, olé, Diego, Diego” que bien podría confundirse con un “Olé, olé, olé, olé, Mengo, Mengo”, típico grito de aliento al conjunto carioca. La bandera, incluso, esa misma noche y durante buena parte de los meses siguientes, se colgó en el lugar donde se ubica La 12.

No se trataba de algo improvisado, claro. La idea había partido del departamento de Marketing del Flamengo, siempre un paso adelante en estas cuestiones, que pretendía que sus muchachos sintieran lo menos posible el desprecio de los argentinos en un duelo en el que se jugaban la continuidad en la Libertadores. También era un guiño para Maradona, que estaba viviendo días complicados tras la sanción de 15 meses por doping positivo y su posterior detención en el confuso episodio del departamento de la calle Franklin en Caballito.

Algún tiempo antes de esa serie de malas noticias, dirigentes del Mengão se habían contactado con Marcos Franchi, por aquel entonces representante del Diez, para que el astro jugara por lo menos un año en Río de Janeiro, previo a su regreso al club de sus amores. Sin embargo, los problemas extra futbolísticos de Diego atentaron una vez más contra la continuidad del negocio y así nos perdimos la chance de ver al mejor de todos con la mítica Camisa 10 da Gávea que consagró a Zico.

Gracias Imborrable Boca

Robledo Gonzalo

Gonzalo Sebastián Robledo

Marcador central surgido de las inferiores de Chacarita que, tapado por una gran cantidad de jugadores, tuvo que emigrar en quinta división en busca de oportunidades. Las encontró en Banfield (2006 a 2010, con intermitencias) aunque no le fue nada fácil. Primero porque el Funebrero no quería saber nada con largarlo gratis y segundo porque en el club de la zona sur debería correr desde atrás al incansable Javier Sanguinetti.

Catalogado como uno de los baluartes más interesantes de la cantera del Taladro, Robledo, nacido en Laferrere en enero de 1987, ascendió al plantel profesional de la mano de Carlos Leeb, a mediados de 2006. El Gatito, incluso, lo mandó al banco de suplentes en la primera fecha del torneo Apertura, ante Boca, nada menos que en La Bombonera.

Su debut llegaría en el Clausura del año siguiente y justamente por una lesión del Archu, en el entretiempo del duelo en el Monumental ante River Plate, por la fecha 11. El pibe hizo lo que pudo, pero no consiguió evitar la derrota por 2 a 1. Para colmo, Banfield jugaba con diez hombres casi desde el principio por la expulsión del Pimpo Roberto Salvatierra.

Bajo la dirección de la dupla técnica Hernán Lisi – Pablo Vitamina Sánchez, que había agarrado el fierro caliente tras la salida de Patricio Hernández, Robledo disputó 6 encuentros en aquel campeonato –lo suficiente como para armar un video de cinco minutos-, generalmente reemplazando a los experimentados Sanguinetti y Carlos Galván.

A mediados de 2007, la llegada de Juan Manuel Llop como entrenador, sumada a los arribos de Diego Armando Herner y el paraguayo José Devaca, le hizo perder espacio y apenas fue dos veces al banco de suplentes durante el Apertura. Tras un tiempo largo en Reserva, en enero de 2009 se marchó a préstamo al Oriente Petrolero de Bolivia.

Tan solo 50 minutos de una actuación desastrosa en el clásico ante Blooming por la Copa AeroSur le bastaron a Víctor Hugo Antelo para frenar su contratación y mandarlo de regreso a la zona sur del Gran Buenos Aires. De nuevo en el Taladro, el juvenil formó parte del plantel que se consagró campeón de Tercera en la temporada 2008/09, al lado de Enrique Bologna, Gustavo Toledo, Nahuel Yeri, Facundo Ferreyra y Lautaro Bugatto –asesinado por un policía en 2012-, entre otros.

Tras un paso incomprobable por Sportivo Italiano (2009), tendría su segunda experiencia internacional. En el verano de 2010, River Plate de Puerto Rico se encontraba de pretemporada en Argentina y Robledo se incorporó a prueba para tratar de convencer al DT, Fabián Zermattén. Si bien contó con varias oportunidades para mostrarse, su rendimiento dejó bastante que desear y en el segundo semestre estaba de nuevo en Banfield.

En enero de 2011, Hernán Lisi, aquel que le había dado sus primeras chances en el profesionalismo, asumió la dirección técnica del Unión Comercio, club que el año anterior había ganado el torneo más improbable del mundo, la sagrada Copa Perú, que otorga un cupo en la máxima categoría. Hasta allí llegó Robledo, que rápidamente se ganó un lugar en el once titular.

Lisi fue eyectado de su cargo en la fecha 12 tras perder ante Melgar, con un récord de cuatro victorias, dos empates y seis derrotas. El ex Banfield continuó en la defensa algunos partidos más hasta que, de un día para el otro, dejó de estar entre los convocados. Nunca más lo vimos en una cancha. Todo parece indicar que el fútbol no era lo suyo.