Cohene Mereles Javier


Javier Antonio Cohene Mereles

River Plate selló su descenso la inolvidable tarde del 26 de junio de 2011. Pero la debacle deportiva, y principalmente institucional, comenzó a gestarse varios años antes. Al último puesto en el Apertura 2008, de la mano del Cholo Simeone, le siguieron campañas mediocres con entrenadores incapaces y planteles llenos de jugadores falopa.

En este último ítem, una de las estrellas es Javier Cohene Mereles, defensor central paraguayo que arribó a Núñez a prueba (junto a su compatriota Miguel Paniagua) a mediados de 2009, luego de que su representante, Mario Chinea, le acercara un DVD a Pipo Gorosito. «Es un jugador fuerte que cabecea muy bien y es joven. Normalmente, en los videos que nos dan todos juegan muy bien porque nunca los gambetean, por eso lo vamos a evaluar durante esta semana», sentenció el DT con cierta razón.

Sin plata para incorporaciones de renombre, y con Ortega, el ortiva y golpista Muñeco Gallardo y un hincha de Boca Matías Almeyda como columna vertebral, Gorosito no le cerraba las puertas del Monumental a nadie y tuvo que apelar a una especie de casting para encontrar refuerzos, algo que provocó la bronca del Burrito, que salió al cruce y se llevó por delante un surtidor de una estación de servicio. Así, también desfilaron por un puesto en la defensa el chileno Nicolás Larrondo (ex Universidad de Chile) y el uruguayo Rodrigo Brasesco (Racing de Montevideo).

El único que superó el test fue Cohene Mereles, que a sus 22 años (nació en mayo de 1987) ya acreditaba pasos por clubes como Sudamérica, Sol de Mayo y Pirayú Sport en inferiores, General Díaz de Luque, Passo Fundo de Brasil y Olhanense de Portugal, todos acostumbrados a pelear abajo… como para que le fuera fácil amoldarse a la necesitada última línea de aquel River.

«Tengo las características del zaguero paraguayo. Soy fuerte, me hago respetar en el juego aéreo, no tengo problemas en salir jugando, pateo con las dos piernas y soy rápido. Me identifico con el comienzo de Celso Ayala», tiró Pachu cuando le preguntaron por su estilo.

Algo de eso mostró en los entrenamientos y por eso la semana de prueba se terminó convirtiendo en un semestre en el que Cohene Mereles pasaba todos los días por el Monumental, se ponía la ropa de jugador durante unas horas y luego volvía a ser un mortal (mortal, no muerto) más.

Lejos de tener oportunidades (nunca le pudo sacar el puesto a Gustavo Cabral y Nicolás Sánchez), lo más jugoso de su estadía en Argentina le pasó lejos de una cancha. Mientras el equipo de Maradona y Paraguay se enfrentaban por las eliminatorias, el futbolista fue tomado de rehén junto a su esposa embarazada y su hija pequeña en un robo a un supermercado ubicado en Balbín y Manzanares, en el barrio de Saavedra. Días después, los diarios informaron la noticia destacando que ¡ni los chorros lo reconocieron!

A comienzos de 2010, consciente de que la cosa iba cada vez peor, el guaraní se tomó el palo y regresó a su país. Seis meses en Sportivo Luqueño le alcanzaron para volver a Portugal donde, parece, se siente a gusto.

Allí, entre 2010 y mediados de este año, vistió los colores del siempre candidato a los últimos puestos Paços de Ferreira. Justamente en la temporada 2012/13, cuando el defensor ya había perdido la titularidad, ese equipo realizó la mejor campaña de su historia. Finalizó tercero y clasificó a la ronda previa a la fase de grupos de la Champions League, donde cayó por goleada -8 a 3 el global- ante el Zenit San Petersburgo ruso, y terminó en la Europa League, que se disputa actualmente.

A mediados de 2013 pasó al Vitória Setúbal que, para no perder la costumbre, naufraga en los últimos lugares de la tabla del fútbol lusitano.

Roldán Cristian

Cristian Darío Roldán

No cualquiera puede darse el gusto de ser calificado como la mayor desilusión de Jorge Bernardo Griffa, uno de los descubridores de talentos más importantes de nuestro país. Semejante honor (o deshonra, según desde el lado que se lo mire) recae sobre las espaldas del mediocampista Cristian Darío Roldán, diamante en bruto de la categoría ’71 de Newell’s Old Boys de Rosario.

El propio Griffa lo graficó hace ya unos cuantos años, consultado por el diario Olé. “Un día, Carlos Picerni me pidió que fuese a ver a un chico de una división menor de Newell’s porque le parecía que tenía cosas de Maradona. Fui y a los diez minutos le dije «es Maradona». Estoy hablando de Cristian Roldán, un pibe que llegó a jugar en Primera pero que se diluyó”.

Le tocó debutar nada menos que de la mano de Marcelo Bielsa ante Unión de Santa Fe por el Apertura 1991. Pero en aquel campeonato el leproso hizo agua por todos lados: terminó 18° con apenas 3 triunfos, 9 empates y 7 derrotas. En lo personal, Roldán consiguió actuar con continuidad (12 partidos), aunque estuvo lejos de parecerse a un Maradona. Ni siquiera estuvo a la altura de Lalo o el Turco, con lo que eso significa.

En 1992, ya en el ocaso de su incipiente carrera, disputó apenas dos encuentros por el torneo local y sumó otros dos por la Copa Libertadores. Uno fue aquel recordado clásico en el que un Newell’s plagado de juveniles derrotó a Rosario Central por 1 a 0 con gol del Pájaro Domizzi, en lo que los hinchas de La Lepra aún recuerdan como «el día de la paternidad”.

Esa tarde, el Rojinegro formó con Luis Romero; Miguel Fullana, Miguel Ángel D’Agostino, Sergio Stachiotti, Diego Cerro; Fabián Garfagnoli, Juan Manuel Llop –el más experimentado-, Cristian Roldán, Juan José Rossi –el otro que tenía más presencias-; Cristian Domizzi y Rubén Bihurriet. En la segunda etapa ingresaron Marcelo Escudero y Pablo Lenci.

¿Qué fue de Roldán? Se sabe poco y nada. Algunos años más tarde compartió plantel en Central Córdoba con el goleador del amor, Ariel Cozzoni, y luego tuvo algunas apariciones esporádicas, como en 2010, cuando lo nombraron Coordinador General de Susanense. Hay quienes dicen que fue una gloria de María Susana, su pueblo natal, pero una localidad de poco menos de 3500 habitantes no puede ser tomada en serio (?)

¿Que tenía cosas de Maradona? Sí, puede ser. Un poster colgado en su habitación y un VHS, con la cinta ya gastada, en el que Diego dejaba en el camino a tanto inglés y marcaba el gol más lindo de la historia.

Piergüidi Antonio


Antonio Piergüidi

Los delanteros tienen varias opciones (todas muy disímiles entre sí) para generar terror en sus rivales. A saber:

a) Su potencia goleadora (hay excepciones, claro)
b) Empuñar un chumbo
c) Su fealdad

Antonio Piergüidi, atacante nacido en Henderson, el mismo pueblo que Claudio Paul Caniggia, en agosto de 1985, forma parte de ese selecto tercer grupo. Dueño de una jeta complicada y un comedor al que le faltan unas cuantas sillas, Pedro Troglio lo hizo debutar en la Primera de Gimnasia y Esgrima La Plata en la cuarta fecha del Clausura 2006, nada menos que en el clásico ante Estudiantes (empate 1 a 1), en el Estadio Único.

Aquella tarde, el pibe de 20 años debió reemplazar en el segundo tiempo al Turbo Gonzalo Vargas. Con una delantera bastante concurrida (además de Vargas, estaban Juan Carlos Ferreyra, el cagón, mala leche y cornudo del Chapulín Cardetti, Juan Cuevas y Hugo Gatti), Piergüidi se convirtió en una especie de fetiche de Troglio, que durante ese torneo lo hizo jugar en otros 10 partidos, en los que hizo 3 goles (a Rosario Central y dos a Argentinos Juniors, ambas victorias del Lobo platense).

Lo que parecía ser el capítulo inicial de una novela con final feliz se cortó abruptamente en abril, por la fecha 17 ante Tiro Federal de Rosario, cuando sufrió una rotura de ligamentos que lo tuvo fuera de competencia durante el resto del año. Y nada volvió a ser igual.

Ya con el colombiano Pacho Maturana en lugar de Troglio, Gimnasia arrancó el 2007 disputando al mismo tiempo el torneo local y la Copa Libertadores. En el certamen nacional, Piergüidi sumó 13 presencias a su CV y marcó 3 tantos (a Quilmes, Belgrano y Nueva Chicago). Por la Libertadores, donde el Tripero quedó eliminado en primera ronda por diferencia de gol, jugó 5 veces y le convirtió al Deportivo Pasto (que perdió todos los encuentros).

La llegada de Julio César Falcioni, a mediados de 2007, sumada a las presencias de Luciano Leguizamón, Santiago Silva, Germán Herrera, Juan Neira, Juan Cuevas y el genial Néstor Martinena, lo marginó casi por completo. Apenas rapiñó 183 minutos, diseminados en 9 presentaciones (una sola como titular), y anotó una sola vez, ante Racing. Y justo ahí la mala suerte volvió a tocar su puerta.

«Sentí la molestia justo antes del gol. Falcioni me dijo de hacer el cambio y yo le pedí que me dejara unos minutos más, para probar y ver cómo estaba. Y justo cuando le pego en el gol, ahí siento la molestia más importante, y no pude más», comentó algunos días después. “Me quedé muy caliente. El gol para mí fue muy importante, pero no sirvió de nada porque perdimos un partido que no merecimos perder. Pero lo peor de todo es la lesión, porque seguramente no voy a poder jugar los próximos partidos y yo tenía muchas ganas de jugar desde hace tiempo. Volver a ser titular y jugar 20 minutos nada más, la verdad me parte el alma”, agregó.

Para comienzos de 2008, su permanencia en el Lobo pendía de un hilo. Sin embargo, el Topo Sanguinetti le dio varias chances más. En el Clausura, donde Gimnasia terminó penúltimo, disputó 440 minutos en 9 partidos (2 como titular), aunque no visitó la red.

Con las valijas hechas, a mediados de año, se tomó el tren y bajó en la estación Quilmes. El Cervecero tenía la esperanza de volver a Primera de la mano del Beto Pascutti y la llegada de Piergüidi, en un principio, entusiasmó a los hinchas. Pero la paciencia se terminó rápido. Entre lesiones varias y malas actuaciones, el Tony se convirtió en uno de los jugadores más resistidos de la hinchada. Para colmo, Quilmes terminó lejos de los puestos de ascenso.

El tobogán de su carrera comenzó en la temporada 2010/11, cuando apareció en Huracán de Comodoro Rivadavia, en el Argentino B, y siguió –previo mal pase al fútbol de Israel– en Rivadavia de Lincoln, de la misma categoría. A mediados de 2011, viajó a Italia como parte de una comitiva híper baldosera para sumarse al Nardó, de la quinta categoría. A algunos problemas con su transfer, se le sumaron una serie de complicaciones físicas que le impidieron jugar con continuidad.

En el Viejo Continente, también vistió los colores del siempre candidato (?) Unione Sportiva Feltreseprealpi (2012), de la liga Eccellenza Veneto, donde marcó algunos goles. Pero a mediados del año pasado, le pintó la nostalgia y regresó a la Argentina para incorporarse a Barracas Central, en la Primera B Metropolitana.

Luego de un semestre con muy poca acción y un nivel muy pobre, el técnico Juan Carlos Kopriva lo incluyó en la lista de prescindibles, aunque la lesión de Mauro Boaglio le dio la chance de continuar durante la primera mitad de 2013. ¿Cambió algo? Nada. Apenas entró a la cancha en cuatro ocasiones.

Hace algunas horas se transformó en uno de los refuerzos estelares de Huracán de San Rafael para el próximo Argentino B.

EUB Bonus Track

El Best Of (?) del Tony, musicalizado con No one knows de Queens of the Stone Age. Belleza.

Ormazábal Víctor


Víctor Manuel Ormazábal

En el primer semestre de 2003, Carlos Bianchi, DT de Boca Juniors, apostó –como de costumbre- todos las fichas a la Copa Libertadores, dejando de lado el torneo Clausura. Y mal no le fue. El Xeneize fue campeón del certamen internacional vapuleando al Santos en la definición y peleó hasta el final en el ámbito local, aunque el vencedor fue su eterno rival, River Plate, que le sacó cuatro puntos de ventaja.

Como para la última fecha del campeonato ya estaba todo definido, y principalmente para celebrar en La Bombonera la obtención de una nueva Libertadores, el Virrey decidió darles un descanso a los titulares y suplentes y mandar a Rosario a un combinado de juveniles (y algún que otro experimentado relegado) para enfrentar a Central. Es más, ni siquiera viajó el propio Bianchi y su lugar lo ocupó Oscar Regenhardt.

Esa tarde, mientras los grandes daban la vuelta olímpica en La Boca, el equipo de la Ribera en el Gigante de Arroyito formó con Gustavo Eberto, Raúl Osella, Joel Barbosa, Federico Carballo, Víctor Magnago, Leonardo Verón, Matías Silvestre, Juan Pablo Caffa, Jonathan Fabbro, Mauro Boselli y Héctor Bracamonte. Salvo honrosas excepciones, una fábrica de baldosas. Luego ingresaron Víctor Ormazábal y el brasileño Edilio Cardoso, mientras que desde el banco lo vieron el arquero suplente Adelquis Ruffini, Pablo Álvarez y Mauro Zanotti.

Pero la fiesta, al menos en Rosario, fue toda de Central. El 7 a 2 (5 goles de Figueroa, uno de Messera y otro del Chelito Delgado. Fabbro y Bracamonte para el Xeneize) fue contundente. Para muchos de los pibes que vistieron la camiseta azul y oro fue el estreno y despedida. Otros se la rebuscaron para jugar algunos partidos más, aunque sin demasiada suerte.

Es el caso de nuestro homenajeado del día, Víctor Manuel Ormazábal. Nacido en La Matanza en abril de 1985, este volante por derecha (posteriormente devenido en doble cinco) se las rebuscó para aparecer como rueda de auxilio cuando alguno de los titulares no podía actuar, pero nunca se pudo afianzar en el puesto.

Si bien debutó bajo el mando de Carlos Bianchi, fueron el padre de Cristian Castro Miguel Ángel Brindisi y el Chino Benítez quienes más lo utilizaron. La llegada de Alfio Basile, poco adepto a darles espacio a los juveniles, lo marginó y no le quedó otra que marcharse.

Desde su debut, y hasta su despedida a mediados de 2005, redondeó 25 partidos con la camiseta de Boca (19 por torneo local y 6 por certámenes internacionales, casi todos como suplente), no convirtió goles y se fue expulsado una vez (ante Instituto, por el Clausura 2005, en la derrota 1-3). Al menos, se dio el gusto de salir campeón de la Copa Sudamericana 2004 (además convirtió su penal en la definición ante Cerro Porteño de Paraguay por los cuartos de final).

En julio de 2005 pasó a préstamo al Maccabi Haifa de Israel, pero una lesión en la espalda lo obligó a rescindir su contrato y regresar a la Argentina para recuperarse. Después de haber entrenado durante el primer semestre de 2006 con la Reserva, en julio se fue cedido al Pontevedra, de la segunda división B, la tercera categoría del fútbol español.

En el ascenso del país de las corridas de toros y la pelotudísima tomatina, logró jugar con cierta continuidad y en buen nivel. En 2008 pasó al Cádiz, donde estuvo hasta 2010, cuando fue transferido al Ceuta, donde fue dirigido, entre otros, por Andoni Goikoetxea, aquel vasco mala leche que sacudió con violencia al Diegote en 1982.

Tras una temporada inactivo, y varias semanas a prueba en San Telmo, a mediados de 2012 regresó definitivamente a la Argentina para sumarse a Temperley, en la Primera B Metropolitana. Luego de un semestre en el que participó poco y nada (era suplente de Emiliano Gianunzio, con lo que eso significa), y con apenas 27 años, decidió colgar los botines por cuestiones personales.

Un bajón.

Breaking news (?): en julio de 2013 (unos días después de la publicación original de este post) firma contrato con Almirante Brown. Confirmado: En Una Baldosa trae suerte (?)

Villa Adrián


Adrián Daniel Villa

Mentirosos hubo (y habrá) siempre, no lo vamos a negar. Claro que era más fácil sanatear hace, digamos, 20 o 30 años cuando no había internet para chequear un dato. En esa época, para corroborar la veracidad –o no- de un rumor, no quedaba otra que ir a la hemeroteca (?) y mancharse los dedos con tinta revisando revistas y diarios viejos. Corta la bocha.

Hoy, en pleno 2013 y con En Una Baldosa Google como bandera, cualquier falacia se desmorona en tres o cuatro minutos.

La carrera deportiva de Adrián Villa, un arquero nacido en febrero de 1985, está plagada de saltos bruscos, transferencias extrañas y referencias dudosas, incomprobables, que él mismo se encarga de asegurar cual verdades irrefutables.

Oriundo de Laplacette, un pueblito ínfimo (menos de cien habitantes) de Junín, Villa arrancó en la otra punta, como delantero del club Defensa Argentina de esa localidad bonaerense. Claro que no duró mucho en ese puesto. “Yo hacía poco tiempo que estaba en el club y en un partido faltó el arquero, entonces el técnico preguntó quién quería atajar y yo en un segundo pensé ‘capaz que si no atajo, no juego’, entonces fui al arco. Anduve bien y ya no salí más”, reconoció muchos años después.

Ya más grandecito, y tras haber pasado por Independiente de Junín, se incorporó a Sarmiento (2000), donde rápidamente se destacó y Mario Finarolli, el DT de aquel entonces, lo hacía entrenar con la Primera. También para esa época, Hugo Tocalli y José Pekerman lo llevaron a la selección sub 17, en la que competía por un lugar con Juan Pablo Carrizo, Marcelo Barovero y el fallecido Lucas Molina.

Sin haber debutado en su club, un grupo empresario le compró el pase y lo llevó de paseo por Francia. Con apenas 16 años estuvo –asegura- seis meses en las juveniles del Mónaco (2001). La temporada siguiente la pasó en las inferiores del Saint Ettiene (2002). Según comentó, la experiencia fue muy buena, pero tuvo que volver a Argentina porque la ciudadanía italiana aún estaba en trámite y se le vencía el permiso para trabajar en el exterior.

En 2003, con solo 18 pirulos, apareció con su bolsito en Lanús, se probó, gustó y le hicieron contrato. Según su propio relato, “A mí me habilitaron el viernes anterior al partido contra Colón –por la segunda fecha del torneo Apertura- a última hora y fui al banco de la reserva. A los 5 minutos, lo echaron a Fernando Martinuzzi, el titular, y tuve que atajar casi todo el partido. Pero después, en la entrada en calor de la Primera se lesionó el arquero Claudio Flores, entonces volví a atajar y así fue como debuté en la Primera. Me fue bien porque en los dos salimos 0 a 0. Después jugué casi todo el torneo de reserva y fui mucho al banco de Primera, porque Martinuzzi tuvo varias lesiones”.

En realidad, lo que pasó aquella tarde fue lo siguiente. Efectivamente a Martinuzzi lo rajaron en Reserva y Villa tuvo que reemplazarlo tanto en ese partido como en el banco de Primera, aunque el segundo encuentro lo miró completito al lado de Miguel Ángel Brindisi, el DT del Grana. Además, las pocas veces que Martinuzzi no pudo estar entre los convocados, su lugar fue tomado por los juveniles Diego Carranza y Rolando Romano.

Sin más vueltas, a fines de ese año le dieron las gracias por los servicios prestados y quedó libre. A mediados de 2004, en una maniobra más que extraña, lo contrató River Plate, pero lo mandaron a préstamo al K.S.K. Beveren de Bélgica, de donde rescató algunas anécdotas pintorescas.

“El club tenía un centro de formación en Costa de Marfil y casi todos los jugadores eran marfileños. Yo con ellos tuve una muy buena relación, porque como son muy discriminados, cuando alguien los trata de igual a igual, son muy amigables. En el plantel había 5 o 6 belgas y en las concentraciones almorzaban aparte, no se juntaban con los marfileños porque eran negros. Me acuerdo que el primer día, que yo me senté con los marfileños, me llamó un belga y me preguntó por qué me sentaba con los negros. E inclusive, un marfileño también me preguntó ‘por qué te sentás con nosotros’, es decir que ya tienen internalizada la discriminación hacia ellos y hasta les sorprende que alguien no lo haga”.

Finalizado el préstamo, regresó a River (2005), aunque para esa altura ya era el cuarto arquero detrás de Franco Costanzo, Germán Lux y, otra vez, Juan Pablo Carrizo. De jugar, ni hablar.

Del Millonario, tras una gira con los juveniles y cuando tenía todo abrochado para sumarse a San Telmo (llegó a ser presentado y faltaban horas para el inicio del campeonato), pasó al Olympique de Marsella francés (2005/2006), donde dice haber sido relevo del pelado Fabien Barthez, el histórico arquero de la selección. “Era una posibilidad que se venía hablando desde hacía algún tiempo, y un día me llama mi representante a las 12 de la noche y me dice ‘mañana al mediodía salimos para Francia’. Y así fue”.

Y así también volvió. Recaló en Huracán (2006/07) para ser suplente de Leonardo Díaz en la B Nacional y no salió del banco. El invierno de 2007 lo pasó esperando una transferencia al exterior que nunca se dio y para no perder ritmo se marchó a El Linqueño (2007/2008), del Argentino B.

Sí se fue del país a los seis meses. Esta vez paseó por la reserva del Niza francés y cuando regresó a Argentina, sobre el cierre del libro de pases, volvió a buscar minutos bien abajo: Cruz del Sur (2008/09) de Bariloche, también en el Argentino B. “Con tal de jugar, yo me iba a cualquier lado”, dijo alguna vez. Y ya ni hacía falta que lo aclarara.

De ahí pasó a Atenas de San Carlos (2009), un equipo que momentáneamente disputaba la primera división del fútbol uruguayo. “Arranqué como suplente, pero la tercera fecha al arquero titular, la noche anterior al partido, lo encontraron en un boliche entonces atajé yo y quedé como titular para el resto del campeonato”, contó después. Desconocemos si la historia del golero (?) es real, pero ese año Atenas terminó último y con 62 goles en contra en 30 encuentros.

En 2010, por fin, pudo cumplir su sueño: debutar en la Primera de Sarmiento de Junín, club del que es hincha, pero la campaña fue un desastre (el Verde terminó 20° entre 22 equipos) y Villa -que atajó en 30 de los 42 partidos- perdió el puesto con Patricio Abraham. Para la temporada 2011/12, el destino lo volvió a cruzar con su ex compañero en Lanús, Claudio Flores.

El uruguayo agarró la titularidad y no la soltó más. El ex River (?) apenas pudo jugar dos veces y, para colmo, Sarmiento ascendió a la B Nacional.

En Flandria (desde mediados de 2012) pudo conseguir la continuidad que estaba buscando, aunque el Canario, tras un torneo bastante flojo (fue 15°), fue el conjunto que recibió más goles durante la temporada 2012/13 de la B Metropolitana. Eso, milagrosamente, no impidió que «el Uno» fuera el primer jugador que renovó su contrato hasta 2015.

Ya no quedan dudas: tocuén es cuento y Villa es baldosero.

Caraccio Franco


Franco Caraccio

Uno es, le pese a quien le pese, el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. No habrá ninguno igual. Para todos los argentinos (y para los brasileños también). No hay Pelé ni Messi que valgan. El otro es Diego Armando Maradona Franco Caraccio, un atacante nacido en Chacabuco y surgido de las divisiones inferiores de Arsenal de Sarandí (categoría 1987) al que le tocó hacerse un hueco en Primera en una época complicada.

Es que para comienzos de 2005, la ofensiva del equipo de la zona sur contaba con nombres rutilantes como José Luis Calderón, Germán Denis, Emanuel Rivas o Mario Turdó (que no llegó a jugar oficialmente). Como recambio aparecían Juan Carlos Garat y Rodrigo Mannara. Más atrás, con muchísima timidez, asomaba Franco Caraccio, un pibe que un año atrás, en un torneo juvenil disputado en Italia, había llamado la atención del Genoa.

Para colmo, en aquel torneo Clausura, el Arse fue una de las revelaciones. Si bien la idea de ver campeón al conjunto de Sarandí solo existía en la mente de un hombre viejo aferrado hace una treintena de años a su sillón de la calle Viamonte, esa campaña no fue para nada despreciable. Arsenal terminó sexto y, lógicamente, buena parte de los puntos altos del plantel emigraron en junio. Para el Apertura, donde las cosas no salieron tan bien como se esperaba, llegaron Silvio González y Víctor Piriz Alves y el pobre pibe tampoco tuvo acción.

Recién pudo sacarse las ganas de debutar el 19 de marzo de 2006, ante Gimnasia de Jujuy, en el Viaducto, por la décima fecha del Clausura, aunque el contexto no fue el ideal. El Lobo jujeño borró a su rival de la cancha y le ganó 5 a 2. Caraccio reemplazó a Silvio González cuando faltaban quince minutos para el final del partido y no pudo hacer demasiado.

Luego del estreno, y hasta el final del campeonato, siempre con el Chaucha Bianco como DT, hilvanó una serie de presencias sin mayor suerte. Jugó un rato en el empate 0 a 0 ante Vélez, fue titular en la derrota ante Estudiantes (1-2), estuvo en el triunfo 2 a 0 ante Independiente y se despidió con un 0-3 en contra ante Lanús, también desde el arranque. ¿Goles? Nada.

A mitad de año, como parte de la selección sub 20, participó del torneo Esperanzas de Toulon (le hizo un gol a República Checa que no sirvió para nada) y fue sparring del equipo de José Pekerman en el mundial de Alemania. “Fuimos el grupo de apoyo de la selección mayor. Cada cosa que necesitaba Pekerman, como trabajos en espacios reducidos, con pelota parada, tirar al arco y centros, o con los delanteros, nos utilizaba a nosotros. Esto fue para exigir a los jugadores al máximo para que las cosas o las tareas se hicieran de la mejor manera en cada partido. Muchas veces nos paraba como los equipos que Argentina debía enfrentar, nos decían las virtudes de todos los rivales y nosotros debíamos hacerla para que ellos luego le tomen la mano”, contó a su regreso. Se ve que José nunca les hizo practicar penales (?) De Alemania, al menos, se llevó un par de fotos al lado de Maradona.

Ya con Gustavo Alfaro como entrenador, Caraccio jugó poco y nada. Apenas disputó 8 minutos en el empate 0 a 0 ante Gimnasia de Jujuy, cuando le tocó reemplazar a Santiago Raymonda. Después, tuvo que esperar casi un año para volver a actuar. Fue en la Copa Sudamericana de 2007, cuando participó en la goleada que Arsenal le propinó a San Lorenzo por 3 a 0.

Cansado de caminar el trayecto que separa el túnel del banco de suplentes, donde ya tenía un asiento con su nombre reservado, a comienzos de 2008 armó las valijas y se fue del país. Lo esperaba el Houston Dynamo de la Major League Soccer de Estados Unidos, donde pensó que se iba a reivindicar. Pero no.

Futbolísticamente dejó muy poco. No tuvo mucha continuidad y apenas aportó un puñado de goles (justamente dos). Eso sí, antes de irse mostró sus dotes actorales en un spot para frenar la congestión en esa ciudad. Houston, tenemos un problema.

Seis meses después, tras fracasar en una prueba en el New York Red Bulls, aterrizó nuevamente en Ezeiza y se tomó un remís a Floresta. All Boys fue su aguantadero durante seis meses, aunque apenas disputó un partido con la camiseta albinegra en la B Nacional.

A comienzos de 2009 se fue a probar suerte al Macará de Ecuador, pero hubo problemas con su transfer y jamás pudo debutar oficialmente. Terminó en el Foggia (2009/10), del under italiano, donde, para no perder la costumbre, casi ni figuró y solo metió un gol. Eso sí, no cualquier tanto, sino el que sirvió para mantener la categoría.

En 2011, otra vez en nuestro país, se fue donde dobla el viento y se cruzan los atajos y firmó para la Comisión de Actividades Infantiles. ¿Cambió algo? Nada. Ni fue tenido en cuenta. A fin de año volvió a Italia. Desde entonces pasó, con más pena que gloria, por Vibonese (2011), Città di Marino (2012) y Mezzocorona (desde 2012), donde, por fin, se le abrió el arco.

Y Nélida no lo pudo ver.

Acosta Fernando


Fernando Martín Acosta

El paseo que se comió en México ante las Chivas de Guadalajara y el posterior escándalo unos días más tarde en La Bombonera no hicieron más que apurar la salida del Chino Benítez de la dirección técnica de Boca Juniors.

El manotazo de ahogado tras la renuncia de Miguel Ángel Brindisi (que había salido bien porque el Xeneize había ganado la Sudamericana 2004) terminó abruptamente, unos ocho meses después, en medio de escupitajos faciales photoshopeados y un clima de tángana digno de la Libertadores.

Como se disputaban las últimas fechas del torneo Clausura 2005, y Boca no tenía más aspiraciones que cumplir con sus compromisos de la manera más digna posible, la dirigencia del club de la Ribera apeló a lo que tenía más a mano mientras craneaba la llegada de un técnico que los pudiera sacar de ese mal momento.

Y el marido de la esposa de Abel Alves parecía ser la mejor opción. El Chueco era del riñón del club y conocía a los pibes de inferiores. En ellos -los juveniles- confió, mitad por motu proprio, mitad por obligación, para afrontar los últimos encuentros de aquel campeonato, en el que Boca terminó decimoquinto.

Ante Quilmes -que tenía a los baldoseros Agustín Lastagaray, Pablo Bastianini y los mufas Gabriel L*b*s y Raúl S**vedr*-, por ejemplo, por la fecha 18 y en el estadio de San Lorenzo (La Bombonera estaba suspendida por los incidentes en la Libertadores), mandó a la cancha a Ezequiel Medrán; Fernando Acosta, Matías Silvestre, Aníbal Matellán, Matías Cahais (también debutante); Matías Donnet, Eduardo Casais, Pablo Ledesma, Luis Miguel Escalada; Edgar Espíndola y Mauro Boselli. En la segunda mitad, cuando el cero parecía irreversible, ingresaron Rodrigo Palacio, Guillermo Barros Schelotto y, bien sobre la hora, el Bombón Baiano. El partido tuvo varias situaciones de gol para los dos equipos, pero no salieron del cero.

Para Fernando Acosta, nacido en Avellaneda y lateral por derecha de profesión, esos 87 minutos que trascurrieron hasta que lo reemplazó el brasileño fueron los únicos que tuvo oficialmente con la camiseta azul y oro. Y ojo, las crónicas del día siguiente lo dejaron bastante bien parado. Es que el pibe, de 18 años recién cumplidos, se destacó con sus proyecciones y sus saques laterales que, al menos, generaron algo de peligro. La única perla negra fue el calambre que lo sacó de la cancha antes de tiempo.

Después no hubo mucho más. La llegada de Alfio Basile implicó el arribo de un container de jugadores experimentados con los que el Xeneize ganó todo y Acosta tuvo que conformarse con alternar entre juveniles y reserva. Las cosas no cambiaron durante la nefasta era Lavolpe ni con el enfermo del $exo Miguel Ángel Russo ni mucho menos con Chirolischia Carlos Ischia. Recién volvimos a leer su nombre en un diario a comienzos de 2007, cuando Hugo Tocalli lo desafectó de la selección argentina que disputó el Sudamericano Sub 20 en Paraguay.

Para mediados de 2008 ya sabía que ni de casualidad volvería a ponerse el manto sagrado y por eso ni dudó cuando le preguntaron si quería ir a probar suerte a Portugal, donde llegó con otros dos compañeros de las inferiores de Boca como Maximiliano Asis y Nicolás Scoppa. Estuvo entrenando en Leixões y Portimonense, pero no convenció a nadie y retornó a la Argentina un año más tarde, en septiembre de 2009, para sumarse a Deportivo Merlo, aunque ninguna crónica registra actuaciones suyas.

En 2010 su nombre sonó con fuerza como posible refuerzo de Mandiyú de Corrientes. Es más, lo esperaban para firmar el contrato, pero adujo un problema familiar y nunca apareció.

Como para agregar más misterio a su ya extrañísima carrera.

Em Uma Lajota: Sergio Gioino

Sergio Alejandro Gioino Ponce (Koleston)

Cuando hablamos de la invasión argentina en Brasil, no nos referimos únicamente al verano en las playas de Florianópolis, en el estado de Santa Catarina, donde es frecuente escuchar esa tonada tan particular que, sin ninguna necesidad, le agrega un –inho a cada palabra.

Ahí es común oír diálogos del tipo “Pasame la pelotinha”, “Decile al mozinho que se me enfría la cervecinha”, “Me voy para el hotelinho” o “Pedí aguinha para el matecinho”, entre otras expresiones que no tienen razón de ser.

También, aunque en menor medida, nos referimos a la gran cantidad de compatriotas que en la última década, beneficiados por las buenas actuaciones de Juan Pablo Sorín (Cruzeiro) y Carlos Tevez (Corinthians), hicieron del futebol brasileiro un modo de ganarse la vida.

Argentino de nacimiento y chileno por adopción, el delantero Sergio Gioino hizo prácticamente toda su carrera (bastante exitosa, por cierto) del otro lado de la Cordillera, entre weones y temblores. Apenas abandonó el país de Beto Cuevas (el nefasto cantante de La Ley) en dos ocasiones, las dos para irse a Brasil.

Nacido en 1974, sus inicios con la número cinco fueron en el club San Jorge de Córdoba. Luego, a los 16 años, se unió a las inferiores de Newell’s Old Boys, donde estuvo tres meses y la pasó mal. «En la pensión donde estaba me robaron todo y tuve que regresar a la casa», contó alguna vez, ya afianzado en Chile. «A los 20 años regresé a Newell’s, pero una lesión en la rodilla, al ligamento cruzado, me impidió jugar por un año y dos meses, así que otra vez volví a San Jorge».

Con 22 años y roto, cruzó la Cordillera para cumplir su sueño de convertirse en futbolista profesional. Arrancó en Provincial Osorno (1997) y luego, lentamente, fue subiendo escalones. Siguió perforando redes en Coquimbo Unido (1998), Deportes Iquique (1999), Huachipato (2000 a 2002) hasta que llegó a un grande: Universidad Católica (2003).

Sin embargo, se hizo reconocido en la vereda de enfrente. Su buen desempeño en la Universidad de Chile (2004/05), principalmente en la Libertadores de 2005 -la rompió ante el São Paulo-, al lado de Gokú Rivarola, fue el trampolín para su llegada al Palmeiras brasileño (2005/06).

Enseguida las cosas se complicaron cuando Candinho, el DT del Verdão que lo había pedido, presentó su renuncia en medio de una racha negativa. Su reemplazante fue Paulo Bonamigo, con el que Koleston (lo apodaron así porque le gustaba teñirse reflejos en el pelo) tuvo algunos roces, por ejemplo cuando ante Paraná Clube pateó un penal sin la autorización del entrenador.

Aunque el encargado oficial era Marcinho, el chileno argentino agarró la pelota y… lo erró. Por suerte, el arquero se había adelantado y el penal se tuvo que repetir. Ahí sí, Marcinho no perdonó y convirtió el descuento del Palmeiras, que igualmente cayó 2 a 1. «En la charla técnica quedó definido que los lanzadores son: primero Marcinho, después Washington y luego Juninho. Gioino tomó una iniciativa que vamos a tener que aclararla», declaró Bonamigo, enojado con el delantero, que terminó en el freezer por algunas fechas.

El ciclo de Bonamigo se acabó rápido, en julio, con un récord de 5 victorias, 2 empates y 9 derrotas. Contundente. Su sucesor fue nada más y nada menos que el enemigo número uno de la Argentina: Emerson Leão.

Pese a los antecedentes, el Flaco jugó bastante bajo la dirección técnica de Leão. Marcó algunas veces (pocas, se esperaba más de él) y hasta lo tuvo en cuenta, aunque cada vez con menos frecuencia, en la Copa Libertadores de 2006, en la que el Verdão quedó eliminado –ya sin Koleston– en octavos de final tras caer ante São Paulo. En total, Gioino en el Porco disputó 37 partidos y solo convirtió 7 goles. Poquitinho.

Regresó a la U de Chile (2006), como había prometido, pero ya no era el mismo de antes, y más tarde tuvo un paso apagado por la Unión Española (2007).

Su segunda experiencia en la tierra de Pelé, ya en la recta final de su carrera, fue en el Gama de Brasilia (2008) y estuvo a tono con su desempeño reciente. El conjunto de la capital tuvo un arranque desastroso en la Serie B del Brasileirão y Koleston no fue la excepción. Apenas dos meses después de su llegada, le rescindieron el contrato.

En 2009 volvió a Coquimbo Unido (2009), en la segunda división, donde se retiró tras fracasar en el intento de conseguir el ascenso a Primera. Por estos días es representante de jugadores.

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com