Mucherahowa Memory

Memory Mucherahowa
Durante mucho tiempo fue un fantasma. Incluso para este sitio, que lo homenajeó a su debido momento pero luego tuvo que retirar su posteo por la misteriosa desapareción de la fotografía que acompañaba el texto.
Googleamos a más no poder. Mandamos mails a africanos que jamás contestaron y pinchamos todos los contactos posibles para hallar alguna imagen que lo tuviera como protagonista, o al menos como participante. No hubo caso.
Un buen día, cuando ya habíamos abandonado la intensa búsqueda, un viejo forero nos sorprendió. En una página del continente negro había una foto de Memory. Y partir de ese momento retomamos y rehicimos su historia.
Nacido en Zimbabwe en 1968, se inició en el fútbol de su país y con el pasar del tiempo se destacó como delantero del Dynamos Harare, donde llegó a ser ídolo a raíz de su clara identificación. Desde 1986 a 2000 vistió esos colores, con lógicas presentaciones en su Selección, con la que participó de varias eliminatorias mundialistas.
El rapto de locura más grande lo cometió (con colaboración de algunos dirigentes) cuando cayó en Ferro Carril Oeste junto al Doctor Khumalo y formó parte del plantel de Primera en 1995. En la Argentina, como era de imaginar, lo subestimaron. Es más, seguro que cuando el morocho intentaba explicar su orígen lo interrumpían con frases como «uhh, la Zimbabwe…cantate Traición a la mexicana«. Pobre tipo. Es probable que se haya ido del país creyendo que el verdadero Chelo Delgado es el banana que años después sacó un disco con canciones de aliento a Los Pumas. Lamentable.

Juan Pordiosero (Gracias AlexComas)

Zambrini José

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José María Zambrini
No se trata de la leyenda del jinete sin cabeza, aunque su caso tiene ribetes oscuros y está signado por la mala fortuna. Por eso no es casual que en la foto haya aparecido con su rostro parcialmente fuera de escena. Forma parte de la mala leche que lo persiguió siempre. Al menos eso intuímos gracias a sus contadas apariciones mediáticas.
La imagen en cuestión fue tomada el 26 de marzo de 1989, en un clásico entre River y Racing que terminó de forma accidentada a raíz de la intervención de un particular que nada tenía que hacer dentro del campo de juego. Zambrini, suplente en aquel encuentro, miraba con asombro la gresca generalizada.
Había llegado a La Academia desde Cerés, localidad de la Provincia de Santa Fe, y haciendo fuerza desde las inferiores se transformó con sacrificio en una alternativa para el ataque. Sin embargo, en 3 años tuvo escaso rodaje. Sólo disputó 13 encuentros y marcó un gol con la camiseta albiceleste, para desaparecer por completo. O casi.
Su última incursión en las páginas de un diario lo tuvo como protagonista de un hecho trágico que nos conmovió.
En diciembre del año pasado, el ex jugador, completamente olvidado por los futboleros y convertido en colectivero de la ciudad de Rosario, perdió su hogar y todas sus pertenencias en un abrir y cerrar de ojos.
José almorzaba con su familia en lo de su tío cuando le avisaron que su propia casa, una prefabricada de 3 ambientes, se estaba incendiando a pocos metros.
Inmediatamante el fuego se apoderó de todo y la impotencia se hizo presente. «No pudimos hacer nada. Cuando nos dimos cuenta esto era un desastre. No nos podíamos acercar. Ahora nos quedamos sólo con la ropa puesta«, declaró Zambrini.
Tres dotaciones de bomberos trabajaron en el siniestro porque las llamas se propagaron rápidamente a dos casas linderas, provocando algunos daños que sumaron depresión al paisaje.
Para colmo, José había recibido pocos días antes a familiares que estaban en la ciudad para hacer una consulta médica. El incendio significó también la pérdida de toda la documentación, estudios y hasta medicamentos recetados para un tratamiento prolongado.
Lo último que supimos es que mientras Zambrini removía los restos para rescatar algún valor personal, los vecinos se comprometían en ayudarlo para que pudiese rearmar su vida. A más de nueve meses de lo ocurrido, esperamos que haya tenido mejor suerte y que de a poco empiece a recuperar, aunque sea, un poco de lo tanto que perdió . Ojalá sea el mismo que participa para el equipo Tornado en el torneo de veteranos del Club Fisherton. Sería un indicio de su mejoría. Desde acá le mandamos un aguante y le dedicamos este sentido homenaje.

Juan Pordiosero

Scott Elvis

Elvis Geovany Scott Ruiz
Pocos hondureños pasaron por el fútbol argentino pese a que los goles, las patadas y los tobillos rotos que dejó el Balín Eduardo Bennet durante su estadía le abrieron las puertas a otros compatriotas. Así llegaron a prueba hombres como Wilmer Velázquez y años después, Elvis Scott.
Habiendo jugado en Platense y Olimpia de su país y con un puñado de partidos en la selección, aterrizó a mediados de 2002 para probarse en Colón de Santa Fe gracias a la usual bondad de Claudio Graf, que había abandonado el Sabalero para unirse a Chacarita.
Unos pocos días le bastaron al técnico uruguayo Jorge Fosatti para desestimar su fichaje y mandarlo de vuelta a su país.
Retornó a Honduras para jugar en el Marathon (2002), donde se dio el gusto de convertirle a River Plate en un partido amistoso que terminó 3 a 1 a favor de los centroamericanos. Al año siguiente volvió ponerse la casaca del Olimpia y en 2005 pasó al Universidad, donde logró salvar al equipo del descenso con sus goles.
Su derrotero de clubes continuó en Motagua (2005/2006), y desde 2006 en el Changchun Yatai de China, donde juega actualmente.
Hace poco, en una entrevista, este fanático del basket tiró: «En esta ciudad ya me reconocen y me tratan muy bien, hasta me invitan a programas de televisión. A veces siento que soy una celebridad». Humo, mucho humo.

KeyserSoze

Marcos Silas Casale

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Marcos Silas Casale
Todo brasileño que aterriza en el fútbol de nuestro país es mirado con cierta desconfianza. Hay razones, claro. La mayoría se dedicó a vacacionar o a estar muy lejos de los grandes acontecimientos. Por naturaleza, quizás, los hombres que llegan desde la tierra de Pelé no logran adaptarse al medio y terminan marchándose antes de lo previsto y en muchos casos sin que nadie lo advierta.
El acento portugués los vende. Los hace vulnerables. Los somete a la mirada crítica del argentino en su versión más cruel. Si sos brasuca, rompela. Y si no, volvete.
En ese contexto, el periplo del carioca Marcos Silas Casale no fue nada sencillo. Apareció de un día para el otro en las inferiores de Independiente de Avellaneda. En su paso por la Reserva mostró condiciones como puntero izquierdo y rápidamente empezó entrenar con la Primera División, en 1987. Al no tener lugar en un plantel competitivo, ese mismo año fue cedido en condición de prestado a Temperley, en el Nacional B, donde estuvo una temporada (1987/88) y disputó 10 encuentros. La idea de los Rojos era que regresara curtido de su paso por el Gasolero. Se ve que en alguna parte el plan falló y nunca más se lo escuchó nombrar. Una lástima. Tuvimos que esperar más de 6 años para que un Silas la dejara chiquitita.

Juan Pordiosero

Lapisonde Pablo

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Pablo Lapisonde
Surgido de las inferiores de Rosario Central, no tuvo prácticamente chances en primera división, aún en una institución en la que habitualmente privilegian a los juveniles, en algunas oportunidades por sus virtudes y en otras por los desmanejos económicos.
Como medicampista, creyó tocar el cielo con las manos en enero de 1998 cuando bajo la dirección técnica de Miguel Angel Russo, fue convocado para disputar un amistoso frente a una selección Argentina de Daniel Passarella plagada de jugadores locales.
Esa tarde se enfrentó a futbolistas como Hernán Díaz, Diego Trotta, Juan Fernández, Bassedas y Berti entre otros mientras que el Canalla formó con Tombolini; Cappelletti, Loeschbor, Charles Pérez, Rubén Villarreal; Lapisonde, Moreno Fabianesi, Rochi; Ezequiel González; Diego José y Cipolatti.
Justamente éste último fue el autor del transitorio empate, que luego sería victoria albiceleste por 2 a 1.
Tras ello, nunca más se supo de este volante, hasta que con 30 años apareció en el sitio de ligas regionales “El Canducho” donde le dieron lugar para que ponga un aviso ofreciendo sus servicios como jugador y en el que aseguró haber pasado también por Tiro Federal de Rosario, Independiente de Chañar Ladeado y equipos de la Federación de Los Quirquinchos, entre otros. “A los clubes interesados comunicarse con la redacción de El Canducho y lo contactamos con el jugador”, exponía el texto.
Con «lapis» y papel, espera ansioso el llamado.

Cucu

Esteche Jorge

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Jorge Adrián Esteche
Desconocido delantero que alguna vez sobresalió a raíz de un artículo periodístico. Allá por 1987, cuando asomaba el pescuezo en la Primera de River Plate, la extinta revista Super Fútbol le dedicó un espacio en la sección «Provincianos en la AFA». El texto daba cuenta de la particularidad que representaba el debut de Esteche con la camiseta millonaria: de todos los futbolistas que militaban en las 5 categorías (de la A a la D), él era el único nacido en Santa Cruz, más específicamente en la ciudad de Río Gallegos.
Su camino en la máxima división, como era de esperarse, fue breve e imperceptible para el futbolero común y corriente. Disputó 2 encuentros con la camiseta de la banda y luego, al mejor estilo Hansel y Gretel, se ocupó de dejar huellas con migas de pan que rápidamente fueron desapareciendo.
De esa manera sólo pudimos comprobar que entre 1990 y 1993 tuvo 2 períodos con la camiseta de Almirante Brown, en los que jugó 52 partidos y marcó 3 goles. Lo demás lo podemos llegar a imaginar, aunque estaríamos faltando a la verdad.
Es más, podríamos aseverar que es pariente de Fernando Esteche, el líder de Quebracho. A fin de cuentas, nadie nos llevaría la contra si decimos que el ex River era de madera.

Juan Pordiosero

Giménez Oscar

Oscar Gabriel Giménez Barrera
La historia de este marcador central paraguayo es tan misteriosa que da miedo. Nacido en 1982 en la localidad de Coronel Oviedo, a 132 kilómetros de Asunción, se desconoce en qué momento de su vida cruzó la frontera y arribó a tierras gauchas.
Sin haber jugado en clubes de su país un buen día apareció en las divisiones inferiores de Chacarita. En 2002, el malogrado José Omar Pastoriza le echó el ojo y lo ascendió al plantel profesional al igual que Sergio Acuña, Ariel Sangregorio y Víctor Figueroa (el que más suerte tuvo de los cuatro). Su debut llegó en la última jornada del Clausura 2003, ante Newell’s y bajo la dirección técnico del interino Oscar Manis (que reemplazaba al renunciante Carlos Babington).
Al día siguiente el diario Olé lo liquidó: «Nerviosismo, falta de experiencia o ansiedad por el debut, lo cierto es que los juveniles de Chaca estuvieron en otra sintonía, sobre todo el chico Oscar Giménez.»
El Apertura 2003 lo vio desde la Reserva y resurgió en el Clausura 2004. Con la soga al cuello y el gordo Garisto en el banco, Giménez disputó otros 4 encuentros. Con el dorsal número 13 fue de la partida ante Rosario Central y Vélez e ingresó desde el banco contra Boca y Talleres dándose el gusto de jugar al lado de Iván Furios, Tomatito Pena, Diego Rivero, Claudio Graf, la Vieja Moreno, Carucha Muller, Mister Fantastic Pedernera, el Tano Piersimone, Tito Pompei, el Polaco Arzeno y Burtovoy.
Como era de esperarse Chacarita descendió y nuestro héroe decidió quedarse para conocer a los baldoseros xeneizes (Herrera, Forchetti, Christovao, Verón, Galván, Molina, Cepeda, Quiñonez), Santiago Del Sotto y al Flaco Vivaldo.
Poco después se esfumó. Dicen que agarró el tereré, se subió a la nave y retornó a su planeta. Nunca más se lo vio por San Martín. Algunos osados aseguran que se fue asustado luego de que un ex compañero (cuarentón, apodado Mono) le pronosticara buenos augurios.
El instinto baldosero nos dice que es uno de los tantos Oscar Giménez que juegan en el ascenso paraguayo, pero el hecho de que haya conocido y cruzado algún diálogo con CFNM nos hace dudar, y mucho.

KeyserSoze

Giménez Lucas

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Lucas Sebastián Giménez
«Al que le veo muchas condiciones es a Lucas Giménez. Tiene velocidad, salida y salto, y creo que apunta a ser un gran central«. El autor de esa frase incendiaria es nada más y nada menos que el Topo Sanguinetti, uno de los símbolos de Gimnasia y Esgrima La Plata en los últimos años. El destino quiso que sus palabras suenen a chiste, es verdad. Pero en el medio pasó algo inexplicable que justifica la metida de gamba.
Lucas Giménez pintaba bien y estaba en el Lobo desde 1996, cuando Mario Griguol lo vio en una prueba que realizó en Neuquén y se lo llevó para la ciudad de las diagonales.
Acostumbrado a jugar de marcador central y algunas veces de lateral derecho, fue subido a Primera con 19 años, junto a otros chicos prometedores en aquel 1999, como Diego Guidi, Sebastián Ferrero, Federico Molinari y Claudio Páez.
Y en nombre de todos se mostraba agradecido al técnico Gregorio Pérez: «Hemos llegado más rápido de lo que pensábamos, por ejemplo en mi caso, porque nosotros, hasta hace unos meses, cuando llegó el nuevo cuerpo técnico estábamos con la incertidumbre de no saber qué iba a pasar, y de pronto todo cambió cuando nos subieron a Reserva y tuve chances de estar en el banco de Primera«.
Ese mismo año le tocó debutar ante Talleres de Córdoba, ingresando por un desgarrado Pedro Troglio, en un partido entretenido que culminó con una victoria para los de la Docta por 5 a 4.
La semana siguiente a su estreno cerró el año actuando como titular ante Racing, en Avellaneda, en el famoso partido «la hinchada del milenio» que ganó el local por 3 a 1.
Lo que parecía el inicio de una gran carrera (aunque con sendas derrotas) terminó por desvanecerse en 2000, cuando comenzó a ver negadas las chances de hacerse un lugar y terminó quedando libre al finalizar el Apertura ’01, ya con Timoteo Griguol al mando de los Mens Sana. En ese mismo momento, la tierra se lo tragó.
Sólo dudamos con una posible reaparición en agosto de 2004, cuando una persona llamada Lucas Sebastián Giménez entró al sitio Fabio.com.ar y dejó un mensaje que decía: «hola me llamo lucas y necesitaria saber en donde podria hacer el curso de animacoin en 3d para hacer peliculas etc precios bueno desde ya muchas gracias«.
Si notan que a la oración le faltan puntos no se asusten, es normal. En Gimnasia no había ganado ni uno.

Juan Pordiosero