Giménez Lucas

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Lucas Sebastián Giménez
«Al que le veo muchas condiciones es a Lucas Giménez. Tiene velocidad, salida y salto, y creo que apunta a ser un gran central«. El autor de esa frase incendiaria es nada más y nada menos que el Topo Sanguinetti, uno de los símbolos de Gimnasia y Esgrima La Plata en los últimos años. El destino quiso que sus palabras suenen a chiste, es verdad. Pero en el medio pasó algo inexplicable que justifica la metida de gamba.
Lucas Giménez pintaba bien y estaba en el Lobo desde 1996, cuando Mario Griguol lo vio en una prueba que realizó en Neuquén y se lo llevó para la ciudad de las diagonales.
Acostumbrado a jugar de marcador central y algunas veces de lateral derecho, fue subido a Primera con 19 años, junto a otros chicos prometedores en aquel 1999, como Diego Guidi, Sebastián Ferrero, Federico Molinari y Claudio Páez.
Y en nombre de todos se mostraba agradecido al técnico Gregorio Pérez: «Hemos llegado más rápido de lo que pensábamos, por ejemplo en mi caso, porque nosotros, hasta hace unos meses, cuando llegó el nuevo cuerpo técnico estábamos con la incertidumbre de no saber qué iba a pasar, y de pronto todo cambió cuando nos subieron a Reserva y tuve chances de estar en el banco de Primera«.
Ese mismo año le tocó debutar ante Talleres de Córdoba, ingresando por un desgarrado Pedro Troglio, en un partido entretenido que culminó con una victoria para los de la Docta por 5 a 4.
La semana siguiente a su estreno cerró el año actuando como titular ante Racing, en Avellaneda, en el famoso partido «la hinchada del milenio» que ganó el local por 3 a 1.
Lo que parecía el inicio de una gran carrera (aunque con sendas derrotas) terminó por desvanecerse en 2000, cuando comenzó a ver negadas las chances de hacerse un lugar y terminó quedando libre al finalizar el Apertura ’01, ya con Timoteo Griguol al mando de los Mens Sana. En ese mismo momento, la tierra se lo tragó.
Sólo dudamos con una posible reaparición en agosto de 2004, cuando una persona llamada Lucas Sebastián Giménez entró al sitio Fabio.com.ar y dejó un mensaje que decía: «hola me llamo lucas y necesitaria saber en donde podria hacer el curso de animacoin en 3d para hacer peliculas etc precios bueno desde ya muchas gracias«.
Si notan que a la oración le faltan puntos no se asusten, es normal. En Gimnasia no había ganado ni uno.

Juan Pordiosero

Méndez Pedro

Pedro Omar Méndez (Chori)
Un histórico de las divisiones inferiores de Boca Juniors. Este lateral derecho nacido el 17 de febrero de 1981 llegó a comienzos de los 90 y se puso a transitar el camino que lo depositaría en Primera, o al menos, cerca. En el verano de 2000 Carlos Bianchi lo llevó a la pretemporada y ahí se pudo sacar las ganas de ponerse casi oficialmente la azul y oro ante Vélez y River en Mar del Plata. En mayo de ese mismo año, iba a debutar ante Rosario Central pero dos días antes del partido se rompió los ligamentos cruzados.
Pasaron los años y seguía siendo un juvenil. En abril de 2003, otra vez con Bianchi en el banco, se le abrió la puerta de la Primera. Estuvo cerca de ser de la partida ante Vélez pero a último momento el Virrey prefirió no quemarlo y mandar a la cancha a alguien con más experiencia.
Un par de semanas después quedó libre al igual que Julio Marchant, Adrián Guillermo, Matías Arce, Silvio Dulcich, Mauro Astrada, Leonardo Verón, Esteban Cardinale, Diego Cepeda, Esteban Herrera, Gabriel Christovao y Ezequiel Molina.
Recaló en Almagro (2003/2004) para jugar en la B Nacional con la Rana Bilbao y Alejandro Meloño y mal no le fue. Disputó 26 partidos y logró el ascenso a Primera. Sin embargo, cuando se le terminó el vínculo con el equipo de José Ingenieros no renovó y bajó otra categoría.
En la peligrosa Isla Maciel defendió los colores de San Telmo (2004/2005). En el Candombero jugó 24 encuentros al lado de Juan Morbidoni, el Loco Muslera y Job Elías.
Después se esfumó, dicen que se fue a jugar al General Caballero de Paraguay, dato que jamás pudimos confirmar.
Quizas su apellido emparentado con el de un ex presidente mufa le jugó en contra. Nunca fue gran amigo de los medios, pocas veces se le acercaron para preguntarle algo y nadie se va a poner a buscarlo.

KeyserSoze

Benito Félix

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Félix Leonardo Benito (El Gato)
Así como existen los jugadores que pasan a la historia por haber convertido un gol, también están aquellos que logran reconocimiento a raíz de una jugada que no necesariamente contiene peligro para los arqueros.
Livio Prieto, por caso, lo hizo a través de un caño humillante que rompió a Sebastián Battaglia. El defensor Félix Benito, en cambio, no se anduvo con vueltas y obviando el tomo «Fantasía Vol.1», fue directamente a los bifes (o a la pierna de Carlitos Tévez) para escribir el capítulo más popular de su particular carrera, que por cierto, conjuga otras ricas experiencias que vale la pena detallar.
Se había iniciado en las inferiores de San Lorenzo de Almagro (1997/98), donde llegó a Primera siendo muy joven y fue prestado a Nueva Chicago (31 partidos y 2 goles en la 1998/99), en la B Nacional.
De nuevo en el Cuervo (1999 a 2003), se convirtió en una rueda de auxilio, en un voluntarioso lateral derecho siempre dispuesto a hacer su trabajo alejado de los flashes. Otra no le quedaba. Algunos flojos partidos por el torneo local y copas internacionales al lado de Juan Ignacio Piombo, Lucio Filomeno y Leonardo Di Lorenzo, marcaron su despedida de la institución (integró los planteles campeones del Clausura ’01, Mercosur ’01 y Sudamericana ’02).
Para el Apertura 2003 pasó a Independiente y se encontró con un equipo plagado de jugadores en franco descenso como Emiliano Dudar, Cristian Tavio, Yair Rodríguez, Damián Manso y Cristian Castillo, entre otros. Si bien no jugó demasiado (sólo 5 partidos) se puede decir que obtuvo mucha repercusión. Y todo gracias al jugador del momento: Carlos Tévez.

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En el clásico entre Boca y el Rojo, en la decimotercera fecha de ese campeonato, Benito y el delantero xeneize tuvieron un duelo muy particular conformado por varias acciones. Una de ellas, la de la discordia, fue un fuerte anticipo (aunque sin mala intención) del defensor que derivó en una lesión en el ligamento interno de la rodilla izquierda del Apache.
En cuestión de segundos el futbolista de San Lorenzo estaba en el ojo de la tormenta y respondiendo preguntas sobre la carrera de un rival, como si se tratase de un tema de estado.
Involuntariamente ese episodio lo favoreció para lograr el pase de su vida, ya que a comienzos de 2004 viajo a Italia y se incorporó al Perugia, donde compartió entrenamientos con Fabio Grosso, Marcelo Zalayeta, Zisis Vryzas, Juan Martín Turchi y el hijo de Khaddafi. Un plantel histórico.
El almanaque de 2004 estaba estancado en agosto cuando el Gato pisó suelo argentino imprevistamente para sumarse a uno de los clubes que lo había visto crecer, Nueva Chicago (2004/05). Al año siguiente, ya completamente desconectado de los grandes acontecimientos, pasó sin que nadie lo advirtiera a San Martín de Mendoza (2005/06) y en la temporada siguiente al Deportivo Morón (2006/07), confirmando su irreconciliable relación con los primeros planos.
Frustrado su sueño de subir al Nacional, se le ocurrió algo increíble, un hecho impensado para un ser terrenal. Algo que, evidentemente, sólo pueden hacer los grandes de verdad. A 3 años de haber jugado en el Perugia, con todos los pergaminos conseguidos en Primera División, y con sólo 29 pirulos, aceptó una propuesta de su amigo, el Beto Acosta, y aprovechando que la cancha de Fénix le quedaba cerca (vive en Pilar desde hace años), firmó para el club de la Primera C y se puso a las órdenes del técnico Oscar Santángelo. Extraño para algunos, totalmente previsible para otros.
Lo cierto es que, cuando nos estábamos acostumbrando a leerlo en las formaciones que salen bien chiquitas y sin foto en los diarios, un acontecimiento fatal se cruzó en la carrera del hombre con apellido fantasmal.
La semana pasada, en el partido entre J.J. Urquiza y Fénix, Benito chocó con Carlos Bataras y se cortó el tendón de aquiles. La noticia cayó como un balde de agua fría en el vestuario albinegro y el bueno del Gato, lejos de encender la ilusión, terminó por entristecer a todo el Mundo con sus declaraciones: «Creo que es el final de mi carrera. Ya venía madurando la decisión y esto acelera los tiempos«. Una pena para el pueblo baldosero que aún espera un milagro, un regreso. Una porción más de bizarrez a una trayectoria a la que no le faltó nada. Ni barro, ni Calcio.

Juan Pordiosero

Peralta Juan/Ávalos Víctor Hugo

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Con la soga al cuello a raíz de un pésimo semestre, Quilmes encaró el último tramo de la temporada 1991/92 con una mentalidad autodestructiva que tenía 3 objetivos: dejar libres a los consagrados (Vanemerack, el Nene Comisso, la Pantera Mir y Osvaldo Ingrao, entre otros), quemar algunos pibes (Junior de la 25) y reforzarse con extranjeros de dudosos antecedentes. Este último ítem, el más interesante, es el que exponemos en este post con aires descensivos. Con ustedes, los paraguayos del Cervecero.

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Juan Esteban Peralta (El Tatu)
Llegó en las mismas condiciones que su coterráneo. A préstamo por 6 meses y con una opción de compra para el club del Sur. A pesar de su corta estadía y la mala tarea colectiva, individualmente pudo dejar un buen recuerdo en los hinchas cerveceros, que siempre rememoran dos episodios: un gol a Independiente (atajaba Islas) desde afuera del área y un terrible cabezazo al…cemento del viejo estadio de Guido y Sarmiento. Sí, entre las jugadas más festejadas de este delantero se encuentra un duro golpe contra una pared, luego de haber ido a pelear exageradamente una pelota con un hombre de Unión de Santa Fe. Glorioso.
Completó 11 partidos y 4 goles con la camiseta blanca, para perderse en el anonimato o lo que es peor, la confusión generalizada. En su país actuaron hasta hace algunos años dos jugadores llamados Juan Esteban Peralta. No damos crédito de que sea uno de ellos y tampoco descartamos la posibilidad de que ambos sean la misma persona. Después de aquel impacto craneano, que todavía retumba en los pagos de Juan Gujis, el Mono de Kapanga y la cerveza bien helada, es posible que le haya quedado (como mínimo) un síndrome de doble personalidad capaz de engañar a propios y extraños.

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Víctor Hugo Ávalos Acosta
Respondía al patrón del típico baldosero paraguayo. Alto, con fama de cabecear bien y apellido estándar (las otras opciones en su tierra son Benítez, Cáceres, Cardozo, Caballero y Torres). Aterrizó en la Argentina, se sacó la foto con su compatriota y el técnico Trullet, y salió a ver qué onda en un Quilmes jugadísimo con el descenso.
En su doble función de delantero y volante ofensivo tuvo una labor discreta (12 encuentros) y se despidió de la máxima categoría sin ningún gol. Ni por asomo se barajó la chance de que permaneciera en la institución y sin que nadie lo notara se alejó con rumbo desconocido.
Recorriendo su trayectoria nos enteramos que además de haberse formado en Guaraní, también jugó en Olimpia de su país y en Independiente de Santa Fe de Colombia. Una vez en Chile, su lugar en el Mundo, se dedicó a responder entrevistas profundas y a tweetycarrarizar con los colores de Temuco (2004), Universidad de Concepción (2005), Puerto Montt (2006), Curicó Unido (2006), Santiago Wanderers (2007) y Arturo Fernandez Vial, donde aún continúa, aferrado a una frase que ya se convirtió en una filosofía de vida: «Mi teléfono está encendido las 24 horas del día y si me llaman, conversamos. No hay problemas«. Lo estamos llamando. Queremos saber cómo se dice baldosear en guaraní.

Juan Pordiosero – Fede de México

M`Barga Joseph

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Joseph M`Barga
El camerunés llegó a Colombia sin saber una palabra de español. Su madre, preocupada por la suerte de su hijo en un país violento, le recomendó que no fuera impetuoso en sus reacciones y que si se la montaban, solamente esbozara una sonrisa. Y para no alebrestar los ánimos de algún pesado, la mamá de M`Barga le dejó una última recomendación: “Mijo, a todo diga ‘oui’ o ‘yes’”.
Es que M´Barga solamente había salido de su país para hacer una prueba a Boca Juniors en 1996 (ese mismo año jugó un amistoso con la camiseta de Nueva Chicago y le hizo un gol al Xeneize de Bilardo), y para el Mundial de Estados Unidos de 1994. Esta iba a ser su primera experiencia por fuera de su natal Yaoundé, donde jugaba en el Canon FC.
Cuando arribó al muelle internacional del Ernesto Cortissoz de Barranquilla en 1997, un lugareño que lo fue a recoger le dijo “¿Oye, sobrino, no quieres una ‘fría’?”. M´Barga, temeroso, dijo “oui” y con el chofer se bajaron todo un galpón de pola.
Luego un amigo del chofer le espetó: “Compadre, vamo´ a mamá ron”. M´Barga, algo aturdido por las cervezas consumidas, dijo: “yes”. Y bajaron Ron Caña hasta el amanecer.
En el Junior jugó poco y mal y además en su foto del debut, tuvo la mala fortuna de que el tiburón con ojos de stop de Ford Fairlane (Copyright Sensación) posara detrás suyo, como símbolo de mala suerte. Por eso cuando ante su falta de gol y su tendencia a la desidia dentro del campo, los directivos le dijeron “¿Joseph, no te quieres ir al Caldas?”, M´Barga, dijo “oui”. Y sin tener ni idea de lo que ocurría, terminó en la bella y fría Manizales, en donde la historia se repitió:

-¿Nos tomamos un güarito, José?
– Yes.

Un día la mamá de M´Barga lo llamó al hotel y le dijo “¿quieres devolverte a Yaoundé?”. Él dijo “oui”. Y nunca más se volvió a saber de él.

ustedesnoexisten (Gracias Bestiario del Balón)

Malvárez Luis

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Luis Adrián Malvárez (Chavón)
Hijo de Lucho Malvárez, aquel lateral derecho de San Lorenzo que formó parte de Los Camboyanos, quiso repetir la historia de su padre en el Cuervo pero diversos motivos se lo negaron.
El primero tuvo que ver con lo futbolístico. El técnico del Ciclón en julio de 2003, Pipo Gorosito, lo observó durante la pretemporada de la Primera pero no le dio el visto bueno.
La segunda razón, extraoficial por cierto, tendría relación con escrúpulos internos. Los dirigentes no querían que jugadores de la institución repitieran vergonzantes imágenes veraniegas. Y eso, al parecer, pesó en la decisión de borrarlo del plantel.
Nacido en La Plata en 1983, se crió deportivamente en Uruguay, el país de su progenitor. Allí debutó con la casaca de Fénix (actual club de Jeremías Gallego) en Primera B y estuvo 3 años (de 2000 a 2003) tratando de llamar la atención, incluso en la Copa Libertadores.
No sabemos si fueron sus goles o los contactos de su papá representante, pero estuvo preseleccionado en el sub 20 charrúa y algunos meses después de su fallido intento de quedar en San Lorenzo se incorporó a Nacional de Montevideo (2004), donde comió banco pero al menos conoció al Colo Guerrero y al recordado Rey del amago, Alejandro Mello.
Su carrera continuó en Plaza Colonia (2005) y luego se extendió geográficamente con un paso por el FC Vaslui de Rumania, tierra que se está poniendo de moda entre los baldoseros y los jugadores de ojos delineados.
A pesar de su pasado bolso, en enero de 2006 se probó en Peñarol con expectativas de jugar en el otro equipo grande del paisito. Para alivio de los manyas, Garisto no aprobó su contratación y terminó en Cerrito, conjunto que le dio la chance de mostrarse durante el primer semestre del año pasado. Desde entonces no sabemos a qué se dedica, pero posiblemente esté yirando al lado de algún representado por su viejo, experto en esto de conseguir evaluaciones en cualquier parte del Mundo con la misma facilidad con la que sacaba a relucir los mejores ejemplares de su amplia gama en trajes de baño.

Juan Pordiosero

Larretchart Matías

Matías Gerónimo Larretchart Servin
En un par de años hizo todo lo que tenía que hacer para aparecer en este sitio. Jugó un rato en Primera, se fue a Europa a ganarse unos pesos, desapareció y retornó a sus tierras para gastar tapones en el precario fútbol de ascenso.
Surgido en las divisiones inferiores en Lanús, estuvo en el banco de Primera en el último semestre de 2002 y ya para el Clausura 2003 pudo debutar (y también despedirse). En la decimoquinta fecha, ante Chacarita, Osvaldo Sosa lo mandó a la cancha en reemplazo del amante de la zona sur, Eduardo Bustos Montoya. En poco más de 22 minutos creemos que logró lo mismo que cualquier otro mortal futbolero, es decir, conquistar algún que otro aplauso y un par de puteadas. Sabía que tenía que aprovechar las posibilidades porque corría de atrás al Chupa López, Gabriel Iribarren, Diego Galván, Shrek Fabbiani y hasta el Tuca Risso.
Para mediados de 2003, consciente de que iba a ser dificil volver a jugar y después de trabar amistades con Gianunzio, Pucheta y Marrokle, se tomo el palo.
Con ese apellido no podía ir a otro lugar que no fuera Francia. Queriendo hacer la gran Trezeguet se probó en el Bordeaux y luego militó en el Beauvais, donde compartió plantel con el ex Vélez Matías Alcibar.
Luego de un tiempo a la deriva, a comienzos de 2006 fichó con Deportivo Armenio. En el equipo de la Cole vio de cerca a Marcelo Luca, al Zorro Diego de la Vega y se pasó al lado oscuro para tirar paredes con Jorge Luna.
Con un puñado de goles en su cuenta personal, a mediados de 2007 decidió cambiar de aire para seguir conociendo baldoseros.
Así fue que tras fracasar su pase a Flandria, se sumó a Comunicaciones con la intención de cumplir dos sueños. El primero, encontrarse con Fernando Navas. Y el segundo, colaborar con una victoria 2 a 0 que motive el trillado titular que reza «El cartero siempre llama dos veces».

KeyserSoze

Chirumbolo Mariano

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Ernesto Mariano Chirumbolo
Desde el vamos tenía todo para no triunfar. Hijo de un wing derecho que había baldoseado en Atlanta en la década del 70, cargó con ese estigma familiar y trató, en vano, de reivindicar ese fabuloso apellido que da gracia por el simple hecho de pronunciarlo o de confundirlo con un chirimbolo.
Nacido el 3 de febrero de 1982 en Capital Federal, se inició como delantero en las inferiores de Vélez Sársfield y llegó a Primera División en un momento histórico para el fútbol argentino.
Su recordado debut se produjo el 27 de diciembre de 2001, jornada en la que Racing Club se consagraría campeón después de 35 años, jugando ante El Fortín, en Liniers.
Marianito, ajeno a la fiesta que se se venía preparando, ingresó por Roberto Nanni a los 22 minutos del segundo tiempo y 10′ más tarde aprovechó un error de Martín Vitali para colocar el 1 a 1 que ponía La Academia de cara a su mayor temor, una nueva frustración. Durante un largo rato y hasta que Gabriel Brazenas dio el pitazo final, el pibe de Vélez que lucía la camiseta 35 (si, justo ese número) fue el malvado invitado y uno de los candidatos a morir linchado por La Guardia Imperial. Por suerte eso no ocurrió, pero que la posibilidad de que Racing postergara una vez más su sueño haya estado pendiente de un jugador llamado Chirumbolo habla del interminable drama con tintes de comedia que vive el club Avellaneda.
Al año siguiente el pibe de apellido gracioso no tuvo la continuidad esperada y sólo disputó 5 encuentros por el torneo local y 4 por la Libertadores.
Su suerte no cambió en la temporada 2003/04, donde sólo jugó 3 cotejos oficiales y luego, ante las nulas posibilidades ofrecidas por el técnico Fanesi, se marchó a préstamo a la B Nacional para actuar en Atlético Rafaela (2004/05), donde apenas fue titular en 3 partidos y entró desde el banco en otros 5. Las pobres estadísticas guardan relación con un hecho desafortunado, claro. En la 6º fecha del Apertura ’04 sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y quedó al margen de las canchas durante 7 meses, lo que posibilitó la llegada del atacante Marclay.
En enero de 2006 cayó en Almagro junto a Maxi Flotta y pudo recordar lo que significa hacer un gol, aún teniendo por delante al Beto Yaqué y a Pablo Vacaría. Pero su paso fue de discreto a insignificante y en junio cambió de aire.
Ferro Carril Oeste lo recibió junto a Migliardi, Simone, Akerman, Cuberas y otros actores de reparto para el Apertura de ese año. Entre todos redondearon un semestre irregular pero individualmente Chirumbolo se destacó…para mal. Según el sitio Pasión Verdolaga, el ex Vélez pasó a la historia en un partido ante Platense por ser el protagonista del «peor penal pateado por un ser humano vivo«. Con la llegada de 2007 quedó en libertad de acción y desde hace 9 meses se desconoce su paradero. Tenemos miedo de que ya esté pateando penales para otro equipo.

Juan Pordiosero