Lucio Orellano
A no confundir con Luciano Garbellano, aquél taxi boy del caso Spartacus que a esta altura del partido ya se lo podría considerar un baldosero de las causas judiciales y mediáticas de la Argentina. Lo de Orellano fue mucho menos pomposo, aunque también dejó la marca de su apellido a fines de los 90’s.
Nacido en la localidad cordobesa de Luque, se destacó en el club de su pueblo, la Asociación Deportiva y Cultural Luque. Allí aprendió a dar sus primeros pasos y cuando lo vieron suficientemente grande lo llevaron Renato Cesarini, la cantera inagotable de jugadores. Después de 2 años pasó a los Tigres de Monterrey, pero luego de 6 meses en los que le costó adaptarse a la vida mexicana se volvió por tema de papeles. Ahí nomás le surgió una prueba en Racing, a principios de 1998. Y un año más tarde, más precisamente el 21 de marzo de 1999, deslumbraría a varios simpatizantes académicos con 3 goles a Independiente en un partido preliminar. «En ese momento sentí una emoción muy grande. Ya había un clima impresionante. De clásico. La gente gritó los goles como si fuera la Primera. No sé cómo explicarlo. Hacer tres goles en mi primer clásico en Reserva. Imaginate la alegría que todavía tengo. Pero recién tomé conciencia un rato después, cuando mis compañeros me felicitaban«, contó entusiasmado al Diario Olé.
Ese antecedente, más los 13 goles que había marcado en Cuarta, lo colocaban como un delantero a tener en cuenta para el plantel superior. Es más, Gustavo Costas ya le había dado una chance ese mismo año, llevándolo a la pretemporada y haciéndolo debutar en un partido ante Boca por el Torneo de Verano. Claro que esa primera presentación no oficial no fue comparable a la verdadera. Su debut con todas las letras se produjo el 5 de agosto de 1999, en la histórica derrota 7 a 0 de La Academia ante el Palmeiras, por la Copa Mercosur. En esa competición jugó otros 5 encuentros, pero como a todo Racing, le fue muy mal. Para colmo, en el Apertura fue al banco 2 veces pero no pudo ingresar. Las chances de romperla evidentemente se le iban diluyendo.
Con algunos problemas por su pase (su representante, el empresario Gustavo Debeza reconoció que la opción de compra del 70 por ciento se fijó en 200 mil dólares y si Racing quería contar con el atacante debía pagar casi 300 mil), Costas no se ariesgó y a pesar de que le gustaba su juego le dijo que debía buscarse otro club. Recién en 2000 le surgió una chance en el exterior. Se tuvo que ir a Concepción de Chile, equipo que era dirigido por Oscar Garré y que tenía a otros argentinos como Hernán Oviedo, Rubén Rivero y Mario Vargas. Allí estuvo 6 meses pero las cosas no le salieron del todo bien y cuando volvió le comentaron que no lo iban a tener en cuent. Se tuvo que volver con bronca a Avellaneda. Otra vez en Racing, se lamentó por las oportunidades perdidas y con 22 años empezó a hacer el último esfuerzo para dejar de ser juvenil. Claro que no le fue fácil. Una operación de su rodilla izquierda postergó su sueño definitivamente. Al menos su futuro ya no estaría en La Acadé.
Paradojicamente recalaría en el homónimo cordobés. Sí, en 2001 defendió los colores de Racing de Córdoba en el Nacional B. Un año después pasó a Defensa y Justicia (2002) y en Florencio Varela se habrá ganado la amistad de grandes como Ariel Groothuis e históricos como Galleguillo y Agotegaray.
Luego de un tiempo donde anduvo perdido por el Mundo ( jugó en Sportivo Luqueño de Paraguay en 2003 y un año más tarde en Estudiantes de Mérida, Venezuela), en 2005 se incorporó a Almirante Brown, en la Primera B. Su paso fue breve y poco productivo. Encima, 2 días antes de Navidad el DT, Blas Giunta, lo limpió.
Su sitio oficial parece estar estancado en el tiempo y no hay demasiadas novedades que nos acerquen a su estado actual. Quizás esté libre, laburando de otra cosa o rompiéndola en una liga exótica que no pudimos encontrar. Desde acá hacemos fuerza para que Lucio vuelva con todo y, al mejor estilo Garbellano, que se encuentre con Oyarbide.
Juan Pordiosero