Monarriz Diego

Diego Oscar Monarriz
Volante surgido de San Lorenzo de Almagro (1987-1992) con gran similitud física al actor Luis Machín, conocido por su «tapa a grrosca» y pasos en Son Amores, Felicidades, Padre Coraje y Montecristo.
Si bien permaneció durante varios años en los planteles superiores azulgranas, jamás tuvo demasiado lugar y debió permanecer a las sombras habiendo sido promesa por su juego atrevido y gambeta corta. Sus últimas apariciones fueron de la mano del «Nano» Areán dejando un saldo de 36 partidos jugados y 1 gol.
Según un sitio web, habría tenido un paso por el Rangers de Sudáfrica y por el fútbol mexicano, datos que no se lograron comprobar. En cambio, sí que jugó en Belgrano de Córdoba (1995), aunque esto es sólo una forma de decir, ya que participó en apenas 4 encuentros.
Ya para 1997 recaló en El Porvenir donde se convertiría en un baluarte. Se vistió de albinegro hasta el 2001 ascendiendo al Nacional B y compartiendo vestuarios con Garrafa Sánchez, Dubra, Raúl Antenor García, Lago Estalote, Forestello, Colliard, Cinto y Aróstegui, entre otros.
Jugando allí tuvo una bizarra historia. Además de asemejarse al personaje televisivo antes mencionado, tuvo su lado artístico mientras realizaba el precalentamiento en un partido ante Arsenal. El entrenador Leonardo Madelón lo mandó a alistarse para ingresar y mientras alongaba vio un micrófono y se puso a cantar. «Creía que estaba desenchufado», pero por varios segundos salió al aire por Radio Rivadavia. Le cortó su sueño un agitado productor que bajó corriendo desde la cabina a avisarle que estaba siendo escuchado por miles de oyentes.
Retirado de la actividad encontró una buena opción, ser director técnico de divisiones inferiores de San Lorenzo, donde trabajó junto a Juan Barbas y Gabriel Rodríguez y llegó a dirigir la reserva. Y tuvo suerte, porque en el 2006 pasó a entrenar divisiones juveniles de River Plate.

Cucu

Gallego José

José Francisco Gallego
El apellido que le tocó por herencia no fue otra cosa que una invitación para probarse en las filas del Deportivo Español, la institución que le dio la oportunidad de hacerse mínimamente conocido. En realidad la fama efímera se la concedió la revista El Gráfico, cuando en noviembre de 1997 lo convocó para una producción fotográfica en la que el jugador debía mostrar su dorsal, el 40, por aquel entonces el número más alto en la historia del fútbol argentino. Igual, él estaba chocho con su camiseta. «Creo que por ahí otro no me hubiera gustado tanto«, declaró el pibe.
Como recién se había inaugurado el sistema de numeración que eliminaba la tradición del 1 a 11, los futbolistas tenían para elegir, siempre y cuando respetaran el límite de dos dígitos (tampoco se podía usar el 00). El utilero de Español se lo tomó muy a pecho e incentivó a sus muchachos para que se divirtieran con la elección. Así fue como Carrario se quedó con la 1, Gustavo Dalsasso con la 2, Juan Martín Parodi con la 6, el Pepe Basualdo con la 9, Sandro Guzmán con la 10, Wilson Nuñez con la 34, Sebastián Fuentes con la 38 y José Gallego con la 40. El muchacho de la foto no llegó a debutar pero integró ese bizarro plantel que quedó para la posteridad.

Juan Pordiosero

Romanello Gustavo

Gustavo Luis Romanello
Extraordinaria y desprestigiada trayectoria la de este delantero rosarino nacido en 1972 que recorrió práticamente todo el continente y jugó en clubes increíbles.
En 1991 hizo su aparición en Argentinos Juniors, época en la que a cada juvenil había que seguirlo de cerca porque posiblemente la iba a romper. Pero este no fue el caso, y luego de estar una temporada apartado de las grandes luces, bajó de categoría para jugar en Villa Dálmine (1992-1993).
Apenas una campaña le bastó para buscar un nuevo destino. Luego pasó por Defensores de Belgrano (1993-1994) y posteriormente por Deportivo Italiano (1994-1995). Finalizada esa temporada, emigró para nunca más volver.
Su primer desembarco fue en México, en el exótico Inter de Tijuana, donde duró poco tiempo. Ese mismo proceso se repitió en el fabuloso Montreal Impact de Canadá (1996) y en el curioso Rochester Rhinos de alguna división yanqui, fundado ese mismo año.
Con el inicio de una nueva temporada llegó otro club. Esta vez unos kilómetros más abajo, en el Marathon de Honduras. Claro, allí también estuvo poco, ya que a mitad de 1997 pasó a formar parte del plantel del mítico Deportivo Vida de ese mismo país.
Allí fue «una muerte» y terminó repartiendo su talento entre Bolivia y Venezuela. En esas tierras se hizo un nombre y reiteró el estilo deambulador. De hecho se la pasó yendo y viniendo. El año 1998 lo hizo jugando para Oriente Petrolero y en 1999 jugó la Copa Libertadores con el Deportivo Táchira , haciendo dupla delantera con el argentino Diego Herrera.
Luego recaló en en el que sería su amado Unión Central de Tarija donde llegaría a formar una cooperativa con los compañeros para poder cobrar. Con ese equipo tuvo el primero de sus cuatro perídos en 1999 y el segundo en 2002. En el medio defendió los colores del Marical Braun (2000) y de los venezolanos Deportivo Italchacao (2000) y Estudiantes de Mérida (2001), junto a Emerson Panigutti.
Increíblemente regresó a Unión y a los seis meses interrumpió su estadía con un semestre en Gimnasia y Tiro de Salta (2002).
De nuevo en Bolivia, se alejó del conjunto de Tarija y en 2004 se vistió con la camiseta del Aurora en compañía de Julio César Valdivieso y Leandro Grech. Dejó un gran recuerdo no tanto en lo futbolístico sino en lo disciplinario.
En un partido en el que el Bolívar les empató agónicamente, el Pelado corrió al juez de línea y lo frenó en seco con un pechazo para luego gritarle y empujarlo. El árbitro lo expulsó y él atinó a manotearle la tarjeta, pero como no pudo, le metió la mano en el bolsillo y le robó la lapicera. Finalmente y luego de forcejear y agredir a policías, se fue hasta las cámaras de televisión para gritar que los árbitros habían recibido un soborno. Fue preso y horas después de concluído el partido, salió de la celda que compartió con «hampones y cacos» según el sitio Bolivia.com y pidió disculpas y aseguró que las horas detenido le servirían de enseñanza.
Empecinado, al año siguiente retornó a Unión, en dónde curiosamente fue arquero suplente en un juego. «Después de tantas idas y venidas decidí radicarme en Tarija, porque me casé con una tarijeña y tengo una hija maravillosa, que se llama Bianca. Yo estoy nacionalizado y mi futuro está en esta tierra, pese a que el fútbol es el peor de los que estuve por culpa de los dirigentes, y a que extraño a mi familia que está radicada en San Nicolás«.
Sin embargo no fue todo tan así, porque se volvió a ir. Pasó por Universitario de Sucre (2005) y Destroyers (2006) con Luiz Sampaio y Murilo Casagrande.
Cerca del retiro tiene un claro objetivo: «tal vez, me postule como presidente de Unión Central«.

Cucu

Los Hermanos Yáñez

Los Hermanos Yáñez
Los Laudrup de Escalada. Esmirriados atacantes de vasta trayectoria en el ascenso que no pudieron dejar una marca consistente en la elite de nuestro fútbol cuando tuvieron la pequeña posibilidad de hacerlo.

Damián Gustavo Yáñez
El mayor y el más prolífico. Delantero en sus comienzos y volante ofensivo después, se inició en Talleres de Remedios de Escalada, donde conoció el rigor del Nacional B, gracias al técnico Norberto D’Angelo, que lo promocionó en 1990. Allí, en su segunda casa, estuvo hasta 1994, cuando pasó a All Boys junto a su hermano Diego. En Floresta dejó la puerta abierta para retornar varios años después, con mucha más experiencia. A la temporada siguiente pasó a Chacarita (1995/96) y a pesar de que se trataba de una institución importante nadie imaginó que de ahí saltaría al fútbol grande.
Su carrera tomó ribetes inesperados cuando increíblemente Racing incorporó a los dos Yáñez, quizás con la intención de que se convirtieran en los futuros Barros Schelotto. Por supuesto que eso no ocurrió. La actuación de ambos fue breve, por no decir insignificante, aunque Damián se dio un gustito.
Tuvo su momento de gloria en la decimocuarta fecha del Torneo Clausura 1997, cuando convirtió su único gol en la Primera División, en un partido de noche ante el Deportivo Español y fue tapa del Diario Olé al día siguiente. Se recuerda la conquista de cabeza en la primera pelota que tocó (el partido estaba chivo y La Academia no podía abrir el marcador) y el correspondiente festejo a lo Bebeto, típico de una persona que está esperando un bebé en la familia.
Luego peregrinó por el fútbol chileno, una tierra bastante generosa a la hora de recibir futbolistas argentinos. Jugó en Cobreloa (1997/98) y luego en Temuco (1998/99). Regresó con cierta chapa y se puso los colores de Defensa y Justicia (1999/2000) en la B Nacional. Su anunciada vuelta a All Boys (2000/02) no fue la mejor. El equipo perdió la categoría y se tuvo que conformar con jugar otra vez en la Primera B. Resignado, quiso subir con el Deportivo Morón (2002) pero no pudo. Armó el bolso y cruzó la cordillera de vuelta para actuar en el Cobresal de Chile (2003). Continuó con su aventura sudamericana en el Aurora de Bolivia, donde incluso disputó la Copa Sudamericana de 2004 y coronó su pasaporte con una participación en la Copa Libertadores con el Olmedo de Ecuador (2005), junto a sus compatriotas Juan Manuel Zandoná, Fernando Rodríguez y Vicente Principiano.
A mediados del año pasado regresó al club de sus amores pero por esas circunstancias que ligan a la violencia con el fútbol, tuvo un percance que quizás lo hizo arrepentir de su vuelta al fútbol argentino. En febrero de 2006, Talleres visitaba a San Telmo por una nueva jornada de la Primera B, cuando la parcialidad local comenzó a tirar piedras sobre la reducida parcialidad del conjunto de Escalada. Varios proyectiles cayeron sobre la humanidad de Yáñez que, al querer huír, fue agredido y cayó desde la parte superior de la platea, sufriendo varias heridas. El infome médico determinó que el futbolista presentó traumatismo de cráneo sin pérdida de conocimiento, con una herida cortante de tres centímetros en la región occipital, una herida cortante de 1 centímetro en arco superciliar derecho y escoriaciones en ambas rodillas.
Hoy sigue en el equipo (incluso hace goles) y comparte el plantel con grossos como Lino Billordo y Hernán Ricotta.

Diego Yáñez
La pose de hombre asaltado que adoptó para la foto de la revista El Gráfico fue en realidad un presagio del gesto que muchos hinchas de Racing practicaron cuando lo vieron entrenar. Evidentemente no tenía nivel para jugar en Primera División. Pero por esa insana costumbre en los 90’s de comprar todo lo que andaba revoloteando, el hermano menor de los Yáñez cayó en el paquete. Y no solo eso, sino que además le ganó de mano a su hermano y se incorporó primero, en 1995, cuando la gestión de Otero y Lalín auspició la llegada de refuerzos por doquier, como Bernardo Ragg, Ricardo Echazú, Walter Viqueira, Mariano Armentano y el Twetty Carrario, entre otros. Nunca jugó en La Academia y la tuvo que luchar en el ascenso, su hábitat natural.
Antes y después de su frustrante paso por Racing actuó en Talleres de Remedios de Escalada e incluso vistió los colores de Barracas Central (1999/2000), en la Primera C.

Juan Pordiosero

Duarte Andrés

Andrés Duarte
Marcador de punta paraguayo que quedó en la historia del fútbol noventoso por un hecho muy insignificante para el concepto del juego pero, al mismo tiempo, bastante ilustrativo de la época.
Eran los inicios del Telebeam, la tecnología que se encargaba de echar luz sobre las jugadas polemicas, cuando Duarte se convirtió de la noche a la mañana en el sujeto que demostró la vulnerabilidad del sistema. En marzo de 1994, Huracán enfrentó a Argentinos Juniors por la 17º fecha del postergado torneo Apertura. El Globo comenzó a edificar su victoria con un gol de Gabriel Amato que el árbitro convalidó, pero que sin embargo había sido convertido en una clara posición adelantada, según los cálculos del Telebeam. Esa diferencia en la interpretación tenía una explicación. Como la cámara no había registrado la presencia del defensor del Bichito, que habilitaba al delantero, la computadora se remitió a la información que le habían sumistrado sus dueños humanos y dio su veredicto: offside. Error, el Gaby Amato estaba en una posición legítima.
Duarte había debutado un año antes en la primera de Argentinos y terminó esa temporada con 25 partidos y un gol. Después pasó a Ferro (1995) pero no encontró la regularidad. Jugó 10 partidos en el conjunto del Oeste y se despidió del fútbol argentino.
En su país jugó en Cerro Porteño e incluso actuó para su seleccionado en la Copa América de 1993, junto a los consagrados José Luis Chilavert, Carlos Gamarra, Juan Ramón Jara, Estanislao Struway y Roberto Cabañas. También se dio el lujo de anotar un gol en la mayor goleada histórica de la albirroja, al vencer 7 a 1 a Perú, en Asunción, por el preolímpico de 1992.
Teniendo en cuenta su antecedente con el Telebeam, podría tratarse del primer desaparecido que se cargó Torneos y Competencias.

Juan Pordiosero

Zapella Carlos

Carlos Alcides Zapella
Defensor con nombre de lateral ochentoso del fútbol del interior que sin embargo surgió de las inferiores de Boca Juniors y que en 1993 fue convocado a la Selección Argentina Sub 17 que afrontó el Sudamericano de Colombia.
Allí y al igual que varios compañeros formó parte del plantel, pero la posterior y frustrante desafectación para el Mundial de Japón, marcó su destino.
En ese equipo, también tuvieron sus comienzos valores como Orrego, Dossetti, Bernacchia, Delfino, Vilariño, Grande, Cantero, Pacheco, Biagini, Milton Acosta, Nico Diez, Lutman y Romay entre otros.
A pesar de su historia con la albiceleste, para llegar a primera aún quedaba un largo camino. Luego de sortear obstáculos y hacer una gira por México con los profesionales y otros jugadores de su camada como La Paglia y Pablo Islas, el gran momento llegó.
Alcanzó a debutar en la primera xeneize en 1997 , compartiendo algún entrenamiento con Maradona, Caniggia y todo el cabaret. Aquel 12 de agosto Boca empató en cero en Jujuy, y el entrenador interino Esteban Pogany puso en cancha a Sandro Guzmán; Zapella, Del Río, Matellán, Gallo; Cagna, Peralta (Scolari), Calvo (Rosada), Cantero (Herrera); Pedro González y Ruíz.
Posterior al encuentro, el pibe se despachó con un «creo que respondí». Esa, fue su última vez, aunque al menos se quedó una temporada más.
Años más tarde, aparecería jugando para Comunicaciones (2001-2002) en una categoría que jamás imaginó.

Cucu

Villafañe Pedro

Pedro Martín Villafañe
Marcador central y lateral derecho con una particular historia que incluso tuvo un capítulo en la Primera División del fútbol argentino. Nacido en Almafuerte, en la provincia de Córdoba, tuvo la suerte de curzarse en su pueblo con el indio Jorge Solari, que luego de haberlo visto jugar lo recomendó Renato Cesarini, incesante promotor de jóvenes valores.
La luchó como muchos pibes, viviendo en la pensión rosarina e incluso tuvo la gran oportunidad de viajar como sparring de la selección argentina en el Mundial de Francia 1998. Con 17 años entrenó con las grandes figuras de la albiceleste y se dio el lujo de marcar a Gabriel Batistuta. «En el plantel nos trataban bárbaro. Yo hablé mucho con el Piojo López, también cordobés, que hasta se quedó un rato dándome consejos«, declaró emocionado el chico Villafañe.
A los pocos meses recaló en Lanús, institución que le dio la posibilidad de destacarse en los Juegos Bonaerenses, competencia históricamente dominada por la ciudad del Granate en cuanto a lo futbolístico. Pero increiblemente al tiempo se cruzó de vereda y apareció jugando en Banfield, el club que le brindó un lugar en la actividad profesional.
Debutó como titular en un partido ante San Lorenzo, en el Apertura 2002, pero no volvió a tener otra chance de jugar. Ya para julio de 2003 quedó libre y apareció probándose en Talleres de Córdoba, junto a Emiliano Díaz, pero no corrió con la misma suerte que el hijo de Ramón y tuvo que recluirse en las sombras.
Recaló en Unión de Sunchales en 2004 y estuvo hasta el año pasado intentando recuperar el brillo que supo dar en sus inicios, cuando codearse con Batistuta o la Bruja Verón era algo cotidiano.

Juan Pordiosero

Ozzán Osvaldo

Osvaldo Rafael Ozzán
Enganche capitalino nacido en 1970 que sorprendió con tres goles en su primera temporada como profesional en San Lorenzo de Almagro (1989-1990). En ese campeonato terminó subiendo al podio de goleadores del plantel, por detrás del «Beto» Acosta y Víctor Hugo Ferreyra.
Sin embargo, en la campaña siguiente prácticamente no gravitó (completó 35 partidos en el Cuervo) y fue cedido al Cúcuta Deportivo de Colombia (1992). El equipo finalizó sexto en el grupo A, pero al menos él tuvo minutos en cancha que le permitieron retornar al azulgrana, aunque ya había perdido mucho terreno. No obstante, en 1993 participó unos minutos de la copa América 2 que enfrentó al Cuervo con el Tenerife de Valdano con Latorre, Pizzi y el «Chemo» Del Solar.
Indicado en los foros de páginas partidarias como un jugador mediocre, partió a una aventura sudamericana que se extendería hasta límites impensandos.
En un primer orden jugó en el Huachipato de Chile y luego en el Cobresal (1994). A éste último se unió junto a casi un plantel entero y hasta allí su historia no tenía ningún tinte dramático, pero buceando en las estadísticas, arrojaron que se fueron al descenso.
Abandonó el país y desembarcó en Bolivia, donde haría una carrera prácticamente ininterrumpida. La temporada 1995-1996 la jugó en Oriente Petrolero donde marcó un par de goles. Tuvo un efímero paso por Deportivo Quito de Ecuador (1997) y volvió. Se calzó la del Blooming (1998-1999), después defendió al Real Santa Cruz (2000-2001), posteriormente al Guabirá (2002) y por último a Unión Central en el 2003.
Así se convirtió en un trotamundo, trantando de conquistarlo como su primo, Ozzán A. Bin Laden.

Cucu