Distéfano Juan José

Juan José Distéfano (El Tano)
Surcó el sector izquierdo de la defensa de Racing durante casi 4 años. Se proyectaba sin tener noción de sus limitaciones, pero se proyectaba. Su cabellera larga y enrulada se hizo conocer en la época de Cacho Borelli, Cosme Julián Ubaldo Zaccanti y Abelardo Vallejos, entre otros. Llegó a disputar 75 partidos (1 gol) con la camiseta de La Academia, desde 1990 a 1994, cuando el Pato Míguez se adueñó del puesto (después se lo cedería a Javier Soca).
Sin chances en Primera eligió caminar el under. Jugó para San Martín de Tucumán y para Almagro, en la B Nacional. En el Tricolor compartió plantel en la temporada 1998/99 con jugadores importantes como Lucas Pusineri y Panchito Maciel, pero tambien con otros como Fernando Cinto, Marcelo Couceiro, Marcelo Trapasso, Gerardo Rivero, Pedro Sallaberry, Pablo Solchaga, Alejandro Milano, Cristian Akselman, Damián Grosso, Alejandro Farías, Jose María Kesseler, Matías Toranzo, Walter Parodi, Lino Arce y Julián «en el PC Fútbol la rompía» Alianello.
Distéfano fue capitán de esa «deformación» y uno de los que más partidos jugó. Según dicen también estuvo haciendose el manguito en el Avezzano de Italia.
Además tiene un pasado ligado a la Selección. En 1991, integró el equipo argentino que jugó e hizo papelones en el Mundial juvenil de Portugal. Allí tuvo de compañeros a José María Bazán, Roberto Mogrovejo, Fernando Regules y a una larga lista de consagrados.
Como habrán percibido, siempre estuvo bien rodeado.

Juan Pordiosero

Capece Federico

capecefederico1.jpg

Federico Martín Capece
Comenzar un post señalando que el jugador en cuestión jugó con Marco Polo, es quizás la mejor anécdota que se puede contar para catalogarlo como baldosero, pero más aún si se trata de una de las primeras «apuestas» del Fondo de Inversión de Boca Juniors con Mauricio Macri a la cabeza.
Lo cierto es que Federico había jugado como volante de contención en All Boys junto con Bartelt y Juan Barbas y luego había pasado a Almirante Brown. Para 1996, el visionario ingeniero que conduce aún hoy al xeneize pagó un total de 174.933 dólares por el préstamo sin cargo y con opción de compra hasta el 30 de junio 1999, todo ello, sin el registro de la comisión directiva.
Para ese mismo campeonato, cayeron también Cáceres, Pineda, Gamboa, Abbondanzieri, Latorre, Guerra, Rambert, Andrizzi, Pompei, Carrario, Cagna, Dollberg, Lorenzo, Toresani, Guzmán, Cedrés y Sava. Y con ellos un grupo grande de juveniles como Navas, Rey, Riquelme, Ruiz, Gatti, Lemes y Atala.
Integró el plantel profesional, pero sus rendimientos como para llegar a participar al menos de un banco de suplentes no fueron suficientes. Tal es así que para 1997 fue cedido a préstamo a Atlanta junto a Mauricio Giganti, en dónde tampoco jugó pero al menos compartió plantel con Cardinal, Giraudo, Trapasso, Echazú, Marangoni, Pooli, Alarcón, Módica, Scolari, Couceiro y el Sapo Cuartas.
En 1998 retornó a Boca y un tema judicial salpicó su nombre y el de tantos otros. La cuestión contractual se puso en tela de juicio, ya que Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil hizo correr el riesgo de desaparición del mencionado Fondo, y con ello el club debía liquidar a los jugadores que le pertenecían y desmantelar su plantel. Además de él, corrieron el peligro de alejarse de la institución: Palermo, los mellizos Barros Schelotto, Samuel, Muñoz, La Paglia, Ibarra, Ruiz y Andrizzi. Claro, tratándose de un club tan importante y de un poderoso empresario, el caso quedó archivado.
En el 2000 y a pesar de ser llevado a la pretemporada por Bianchi, fue dejado libre y el Club Boca Juniors como institución social debió abonarle al fondo de inversión los 174.993 dólares de los derechos federativos. Una bochornosa desprolijidad, porque a su vez el fondo procedió a evaluar si existieron daños y perjuicios sobre su patrimonio por esa circunstancia.
Inmeditamanete se vinculó a Tigre (2000-2001) dónde fue dirigido por Juan Carlos Kopriva. En ese club compartió más tristezas que alegrías con los eternos Orfila y Dundo, Daniel Islas, Flotta, Di Benedetto, Frangipane y Barclay.
Pero cansado del «manoseo» y con pasaporte italiano en mano partió rumbo a Europa con dos argentinos más: Mauro Giliberti y Matías Pacífico. Los tres fueron contratados por el Multideporte Peralta (2002), recién ascendido a la Segunda B (tercera división).
A su llegada al club sorprendió afirmando que «estoy contento en este equipo, ya que nos recibieron muy bien. Hay un grupo muy bueno de jugadores, lo mismo que de dirigentes, que son gente muy seria. El fútbol es más lento que en Argentina, pero los entrenamientos sirven para que uno, si es buen jugador, se adapte al sistema que sea. Y creo que estoy respondiendo. Es un conjunto lindo y muy majo, como dicen acá«. Meses más tarde, el trío fue dado de baja por decisión técnica de los dirigentes.
Se desconoce lo sucedido en su trayectoria a partir de allí, pero en el 2005 apareció defendiendo los colores del siempre protagonista Gallipolli de Italia en la C-2, donde como se mencionó antes, jugó con Marco Polo.

Cucu

Roberto Gaucho

Roberto Juceli Weber (Roberto Gaucho)
Algún que otro desprevenido lo confunde y lo seguirá confundiendo con aquel brasileño Gaucho que jugó para Boca las finales ante Newell’s, en 1991. Sin embargo, no se trata de la misma persona. Aunque por nombre, nacionalidad y rendimiento en nuestro país, podría decirse que hubo pocas diferencias entre uno y otro.
Nacido en la ciudad de Santa Rosa, la tierra de Xuxa, Roberto Gaucho llegó en 1995 con antecedentes que invitaban a pasarse por el Palacio Ducó para verlo jugar. Además de ganar la Supercopa con el Cruzeiro (también le hizo un gol a Boca en la Libertadores de 1994), venía actuar en su selección y muchos creyeron que con ese dato le bastaba para romperla en Huracán.
Jugaba de puntero izquierdo y a su llegada prometió demostrar características de los verdaderos grandes. «Siempre voy al frente, en eso me parezco mucho a Batistuta. También tengo algo de la habilidad de Caniggia y cabeceo bien» afirmó cuando pisó Buenos Aires.
Y continuó con su verborragia: «Tengo que recuperar un poquito la fuerza. En las dos semanas del carnaval, el jugador brasileño no se entrena. Y por supuesto, yo tampoco lo hice«.
Y si el brasuca estaba entusiasmado, ni hablar de la gente del Globo. Héctor Cúper, DT del conjunto de Parque Patricios por aquél entonces declaró «Es rápido, con buenos desplazamientos y buen trato de pelota. Hace goles de zurda, de derecha y de cabeza. ¿Qué más se puede pedir?».
Semejantes halagos en su presentación presagiaban un éxito para los Quemeros. Pero no fue así. Roberto Gaucho sólo disputó 9 encuentros con la camiseta de Huracán y convirtió un solo tanto.
En una producción que publicó El Grafico en 2005, su ex compañero, Marcos Gutiérrez, habló de aquella efímera estrella de Brasil: «Con Corbalán nos turnábamos para llevarlo y un día que teníamos doble turno nos quedamos a comer por Caballito. Cuando se hizo la hora de volver al club, el negro tiró ‘tomemos una cervecita y no vayamos. Estamos corriendo mucho’. ¿Qué?. Con Hugo ni lo pensamos, pero para él se ve que era normal. Siempre renegaba en lo físico«. Pero a la hora de los elogios, El Anguila tampoco se quedó corto «Le pegaba a los corners como si fueran tiros libres. No hizo ningún gol olímpico, pero insinuaba bastante«.
En el Globo marcó un antes y un después. Y para ser más claros, nada mejor que un ejemplo que grafica la situación. En marzo de 1995, en un partido ante Boca, Cúper lo sacó e hizo debutar a Gastón Casas, que le dio mucho más rédito al elenco de la Quema.
Antes de sumergirse de lleno en el anonimato, volvió a Brasil para jugar de nuevo con Ronaldo en su querido Cruzeiro (la leyenda cuenta que Roberto Gaucho le servía en bandeja varios goles al Fenómeno). Pero el «gordo» ya se había marchado hacía rato y tuvo que conformarse con compartir el equipo con Dida y Palhinha, entre otros . Allí estuvo hasta 1998, cuando los dirigentes decidieron cortar por lo sano un problema que Gaucho no podía resolver. En un partido ante Gremio, el atacante había sufrido una rotura de ligamentos que lo tuvo a mal traer durante el resto de sus días. Comenzó a hacer tratamientos para ponerse en forma pero nunca lo logró. Y encima, muchos lo acusaban de despilfarrar dinero en la noche y en médicos que nunca lo terminaban de curar (se operó varias veces con magros resultados).
En 1999 firmó para el Miami Fusion (Fugis para los brasileños) de Estados Unidos pero al no poder recuperarse de su inconveniente físico tuvo que rescindir contrato.
En su país también vistió los colores de Guarani de Campinas, Coritiba, Criciúma y Vasco (en épocas de Zagallo).
Hoy tiene una escuelita de fútbol en Joinville SC.

Juan Pordiosero

Garay Alberto

Alberto Eduardo Garay
Nadie le puede quitar ese antecedente tan baldosero. Haber salido en un album de figuritas siendo un desconocido a comienzos de los 90’s, debería ser un requisito más. Eso lo enaltece. Después de su paso por River (tres partidos en la temporada 1990-91) su carrera entró en un barranco que lo llevó a defender distintas casacas del ascenso. En el Nacional B jugó para Sarmiento de Junin. En Primera B para Leandro N Alem. Y en la Primera C para Colegiales y Lamadrid. Pero donde verdaderamente valoraron a este volante con quite y gol fue en Ituzaingó. Allí fue referente y capitán, convirtiendose en un baluarte del equipo en campañas que quedaron en la historia. En 2001 fue partícipe clave del ascenso a la Primera B, luego de que el club perdiera tres finales de manera consecutiva. En aquella ocasión «El León» derrotó a Laferrere por 3 a 0 y logró el título. Garay marcó el segundo gol aquella tarde y Freddy Vera hizo el tercero. Lo que se dice una jornada inolvidable.
Se presume que Passarella no lo va a llamar para su nuevo ciclo en River.

Juan Pordiosero

Bazzi Elías

Elías Iván Bazzi
Con nombre de mediapunta de los ’60 de algún club del sur del Gran Buenos Aires, este es un defensor central que llegó a la primera de Boca Juniors luego de hacer allí las inferiores. Debutó en el 2000 como titular frente a Colón junto a otro crack como Facundo Imboden. En la victoria 3 a 2 a favor del xeneixe, el diario La Nación lo calificó con un 4 siendo así el valor más flojo de la defensa y compartiendo con Abbondanzieri la peor puntuación del equipo. Es que ya a los 3 minutos de iniciado el partido, intentó salir jugando desde el fondo, Enría le robó la pelota y se la pasó al «Bichi» Fuertes que a punto de facturar fue derribado por el arquero y luego cambió penal por gol.
No se supo mucho de él, pero exactamente un año después volvió a participar de un encuentro en primera división. Fue en el 1 a 1 con Estudiantes de La Plata en el que se retiró expulsado.
De la camada de César González, Gabriel Christovao, Jonatan Fabbro y Roberto Colautti, también jugó un cuadrangular con la Selección Sub 20 junto a Lux, Cetto, Burdisso, Lucho González, Kuhl, «Chori» Domínguez, Lequi, Gianunzio, Marinelli, Calandria y José Parmiggiani entre otros, que en su mayoría formaron la base del campeón mundial de la categoría.
Un tiempo más adelante, sucedió lo imprevisto, lo ilógico, esas cosas que no se logran entender jamás. Una noticia sacudió el ambiente: el Chelsea (2002) lo ficharía a préstamo por un año. Viajó y estuvo a prueba durante 15 días, jugó 2 partidos pero supuestos problemas con el pasaporte terminaron con su sueño impidiendo la firma del contrato.
Lo curioso es que retornó al país y no salió airoso de una prueba en Nueva Chicago y terminó fichando con el Deportivo Italiano (2003). Una temporada en Primera B lo hizo revalorizarse y comprender que disputar una tercera categoría ya era demasiado.
Ese mismo año, otra propuesta sacudió su cabeza. Viajó a España y se unió a los intereses del Mallorca (2004), pero fue enviado al Mallorca B que disputa el ascenso.
Se desconoce su rendimiento en esa etapa, pero viendo sus antecedentes y sus próximos pasos se puede afirmar que nada pasó.
Por eso viajó a Mendoza y desembarcó en Godoy Cruz (2004-2005). Llegó en agosto para integrar un plantel plagado de figuras como Lillo, Nicotra, Duarte, Maisterra y Osvaldo Miranda. Quedó libre y sin muchas expectativas, agarró la primera oferta que se le cruzó.
Hoy juega insólitamente en el fútbol rumano, con pasos por el Nacional Bucaresti (2005) y el FC Arges Pitesti (2005-2006).

Cucu

Cortés Diego


Diego Fernando Cortés Bernal (El Chicho)
Si, aunque usted no lo crea, este muchacho podrá contar que vivió un superclásico de cerca. Y no porque haya pagado una platea de $100, sino porque entabló un gran relación con Jorge «El Patrón» Bermúdez, su compatriota y colega que lo llevó a Boca Juniors en el verano de 2001. Y no sólo presenció gran parte del duelo sentado en el banco de suplentes junto a Carlos Bianchi, sino que además pudo jugar unos minutos, a modo de regalo, por el extenso viaje que se había mandado para conocer la Argentina.
Eso sucedió el 6 de febrero de 2001, cuando Boca y River se enfrentaron en un clásico veraniego disputado en el estadio Malvinas Argentinas de Mendoza. El Virrey optó en esa ocasión, como en otras tantas, por poner jugadores sin experiencia. Y llevó un banco de suplentes muy baldosero: los juveniles Mauro Astrada, Da Silva, Verón, Alcorsé, Matías Arce (que venía de tener sus 15 minutos de gloria), La Paglia (que ya no era tan pibe) y el colombiano Cortés, que había llegado a los Xeneizes por recomendación de Jorge Bermúdez, que lo conocía de la ciudad natal de ambos, Armenia. El Patrón le había conseguido una prueba pero no imaginó que le tocaría tan pronto la oportunidad a su pollo.
A los 34 minutos del segundo tiempo, Cortés, un lateral derecho que poco había mostrado en su tierra, ingresó por otro juvenil bostero, Diego Cepeda. Como si le hiciera falta un dato más decadente a ese encuentro, el macht lo ganó Boca 1 a 0 con gol de Esteban Herrera. Ese fue el comienzo y el final del olvidado colombiano en nuestro país. No pasó la evaluación del cuerpo técnico y por ende no quedó en el plantel.
En su país había jugado para el Deportes Quindío (1998-2000). Luego de su experiencia argentina recaló en la segunda división de fútbol uruguayo. Fichó para el Liverpool e incluso quedó en la historia al marcar el gol que le dio el título al conjunto de Montevideo. Volvió a Colombia para vestir los colores de Millonarios, a comienzos de 2003, donde tuvo un buen rendimiento durante los primeros partidos pero luego se fue apagando. El segundo semestre lo encontró jugando en el Deportivo Pasto. Allí pareció afianzarse pero en 2005 pasó a Los Pumas del Casanare, un particular conjunto colombiano. Este año se reintegró al Deportivo Pasto.

Juan Pordiosero (Gracias Bestiario)

Malvestitti Andrés

Malvestitti

Andrés Malvestitti
¿Quién no recuerda este apellido que apareció en los medios a inicios de la década del ’90? ¿Cuántos creyeron que «mal vestido» en italiano se decía así?
Lo cierto es que este delantero rosarino comenzó a patear sin rumbo las primeras pelotas en el club del Ateneo Pablo VI, del que salieron entre otros Alberto Gallucci, Ariel Cuffaro Russo y Gastón Liendo.
Sus promisorias condiciones fueron seguramente las responsables para que se decidiera a participar de una prueba en Newell’s Old Boys.
Tal es así que en 1993 debutó en la Lepra y prometía más que nadie. Conoció a Maradona pero poco pudo copiar del astro, ya que hasta 1995 jugó apenas 21 partidos sin marcar goles.
Con ansias de revancha y tratando de cambiar de aire, dejó su ciudad y partió hacia Buenos Aires. Firmó con Banfield (1995-1996) con la expectativa de demostrar que tenía grandes cualidades, pero infló la red apenas 3 veces en 23 juegos, uno a San Lorenzo como visitante.
Sin encontrar respuestas a su declive, llegó a imaginar que sólo los aires santafesinos lo ayudaban a tener grandes rendimientos y por eso desembarcó en Colón.
En la temporada 1996-1997 en el Sabalero disputó 9 encuentros dándose el placer de jugar junto a Gorostidi, Rodríguez Peña y Agoglia, entre otros.
Agotado su periplo en la A (3 goles en primera en 53 partidos) y a sabiendas de que el Nacional B tendría un lugar para él, pasó al Aldosivi (1998-1999) de la cómoda ciudad de Mar del Plata.
No hizo demasiado allí junto a Iván Varisco, «Lute» Oste y Miguel Abrigo y su retorno a Rosario se dio por decantación. Esta vez los equipos más importantes le dieron la espalda y debió conformarse en Argentino (1999). Claro, un convenio con Newell’s al menos lo reconfortó, ya que conoció a Damián Terés, Víctor Toledo, Ariel Ruggeri, Matías Gigli, Diego Romano, Pablo Pooli, Nicolás Pavlovich y Mauro Gerk.
Y al tiempo se pasó a Central Córdoba (2002), en donde para no perder la costumbre, hizo buenas amistades con Mauro Marchano, Fabián Cancelarich y Sebastián Flores Coronel.
En el 2004 fichó para Racing de Córdoba, en dónde junto a un combinado «estrellado» hizo lo posible para irse al descenso con promoción incluída. En ese equipo participaron jugadores de la talla de Daniel Albornós, Roberto Cabrera, Federico Astudillo, Gustavo Bordicio, Fernando Galetto, Darío Gigena, Cristian Guaymas, Daniel Kesman, Roberto Monserrat y Carmelo Ruscitto, entre otros.
Hoy es un vago recuerdo, del que poco se sabe y poco interesa. Pero cuando el humorista Luis Rubio hace de un tal «Malvestitti» en Mar de Fondo nos saca una pequeña sonrisa.
Sólo vale rescatar que su único logro es formar parte del vocabulario futbolero reemplazando palabras, al igual que «cangialosi», «cambiasso», «diego», «guardiola» y demás.

Nardozza Jorge

Jorge Fabián Nardozza
Este es el caso de un jugador que llegó a trascender más por su apellido y su corte de pelo, que por sus cualidades futbolísticas.
La historia de este volante central, cuenta que fue haciendo sus primeras armas en categorías de ascenso, en donde más que jugar la cuestión radicaba en meter pierna fuerte y con esas cualidades comenzó a resaltar.
Hasta 1988 defendió los colores del Deportivo Merlo en donde fue dirigido por Salvador Daniele y en donde ascendió a la Primera B. Cuando este último dejó el club y pasó a entrenar a Deportivo Morón, se lo llevó con él.
En una institución con mayores aspiraciones, lograron el ascenso al Nacional B en 1990 junto al lateral Enrique Omar Cuenca Zaldívar y el «Beto» Pascutti. Se fue convirtiendo en un referente del ascenso argentino y fue por esa campaña que los dirigentes de San Lorenzo de Almagro pensaron erróneamente en él.
Entre 1991 y 1993 jugó apenas 14 partidos, sin embargo nadie podrá borrarle el recuerdo de haber participado en una Copa Libertadores, en épocas en que en el torneo continental era mucho más duro que ahora.
Peleó y perdió el puesto con «Jota Jota» Cardinal, y compartió la lista de buena fé con Labarre, Ruiz Díaz, Riquelme, Ballarino, Simionato, Carrizo, Totó García, J.J. Rossi, Rinaldi, Ponce, Acosta, Gorosito, Boldrini, Gabriel Rodríguez, Theiller, Zacarías, Matosas, G.González, Aguilar, Castro y Diego Monárriz.
Que poco habrá hecho que no tuvo ofertas en la A y volvió a su hábitat natural. Pasó por Almagro y tuvo un retorno por el Gallito, pero como es sabido, las segundas partes nunca fueron buenas. Si bien conoció a Fabián Bustos, Gabriel del Valle Medina, Mauricio Hanuch, Maxi Natalicchio y Pozutto, no la pasó bien ya que debió cobrar su deuda inhibiendo al club.
Retirado de la actividad, fue ayudante de campo de Pascutti en Almagro (2003) y en El Porvenir (2004-2005). Actualmente es el entrenador de Atlanta y en la pulseada por ese puesto, le ganó a Pogany, Donaires, Rappa, Bravi y Garré entre otros. En su cuerpo técnico ocupa un cargo el ex arquero Guillermo Crudo y en los últimos días explotó la bronca porque los dirigentes dejaron ir a la base del equipo y la situación es angustiante.

Cucu