Lezcano Ezequiel

Ezequiel Omar Lezcano

El promedio del descenso, por supuesto, es otro de los factores que transforman a una promisoria carrera en una baldosa hecha y derecha. La histeria, la urgencia, el descontento, los abucheos y las amenazas logran, en muchas ocasiones, una alquimia casi perfecta: de joven apuesta de la primera plana de nuestro fútbol a ignoto jugador de tierras adentro. El caso de Ezequiel Lezcano es tan solo uno de ellos.

Volante por izquierda, zurdo, espigado y con porte de crack, Lezcano apareció en las últimas fechas del Apertura 2001, siendo recambio de Martín Zapata en aquel siempre condenado Unión que dirigía Leonardo Madelón. Tras volver a la Reserva, reapareció como titular en las últimas fechas del siguiente torneo conformando el mediocampo con El Beto Fernández, Andrés San Martín y El Mago Capria, y fue clave para que el Tatengue pudiese llegar a jugar la Promoción. De hecho, nuestro protagonista disputó los 180 minutos de aquella reválida (?) contra Gimnasia de Entre Ríos y fue una de las principales figuras.

Sin embargo, permanecer en Primera División no le disminuyó el stress al plantel de Unión y en el Apertura 2002 se dio la curiosa situación que sus hinchas aplaudían a algunos “porteños” como Capria, Pablo Islas ó Adrián González y martirizaban incesantemente a casi todos los pibes surgidos del club. Ezequiel Lezcano fue quien más lo padeció en los escasos seis partidos que disputó en dicho torneo.

En enero de 2003 llegó el final de sus días en la elite, cuando los dirigentes básicamente lo regalaron para poder sumar a un tercer refuerzo, ya que la ley establecía que el jugador que llegaba debía costar menos de la mitad del que se iba. Fernando Navas –quien venía a costo cero desde Grecia- se vio beneficiado por la situación y Lezcano pasó al recién ascendido Tacuary de Paraguay por la llamativa por escasa suma de 60.000 dólares por el total de su ficha, todo gracias a la gestión de Nery Pumpido, quien lo tenía en sus planes para sumarlo al Olimpia campeón de América.

Las cosas no fueron positivas para Lezcano en la tierra de Arnaldo André y 2004 no lo encontró jugando la Copa Libertadores sino defendiendo los colores de La Perla del Oeste de la localidad de Recreo para jugar el Torneo Argentino B. Luego -ya con el rótulo de promesa colgado en el olvido- se unió a Patronato (2004/05) de la misma categoría y finalmente encontró su lugar en Sunchales, donde, a lo largo de los años, se puso sin ningún tipo de pudores las camisetas tanto de Libertad como de Unión. A mediados de 2013 pasó a 9 de Julio de Morteros, donde pese a no haber cumplido su destino sigue corriendo detrás de una pelota número cinco. Hablando de la libertad

Gunino Adrián


Adrián Javier Gunino Duque

Su llegada pasó casi tan desapercibida como su salida. A decir verdad, toda su estadía en nuestro país fue un fiasco. Llegó para levantar la imagen pobre que había dejado su compatriota Álvaro González, pero estuvo muy lejos de alcanzar siquiera un rendimiento espantoso. Lisa y llanamente, el paso de Adrián Gunino por la Primera de Boca Juniors (2009/10) fue tétrico.

Apareció a mediados de 2009, con el antecedente de un puñado de encuentros con la camiseta de Danubio y cierto rodaje con la selección Sub 20 de su país. Con pocas opciones en el sector derecho de la defensa, y con un Negro Ibarra que estaba más afuera que adentro –y que finalmente se terminó quedando-, Alfio Basile presionó para la llegada de un 4.

Apenas se bajó del buque, al Colorado le pusieron un micrófono y se despachó a gusto: “Soy un lateral-volante con proyección al ataque, con mucha llegada, me gusta ir al fondo y tirar centros. También soy agresivo y tengo marca. Me gusta el huevo, huevo, huevo de Boca. Y estoy contentazo. Llegar a un club así me fascina. Soy un botija de 20 años al que le falta mucha experiencia, pero estoy seguro de que puedo jugar en la primera de Boca”. En algo tenía razón: estaba muy verde. En el resto, bueno… ya decía Tu Sam… puede fallar.

El uruguayo tuvo su estreno extraoficial con la casaca xeneize nada menos que ante el Milan, por la Copa Audi. Esa tarde en Alemania, con la misión de frenar a Ronaldinho Gaúcho, Alexandre Pato, Genaro Gattuso y compañía, le tocó compartir la zaga con Gastón Sauro, Gabriel Paletta y Juan Ángel Krupoviesa. Así y todo, Boca aguantó el empate como pudo y lo ganó por penales. Un par de días después, ante el Lask Linz austríaco, con Julio César Cáceres, Juan Forlin y Claudio Morel Rodríguez como compañeros en la última línea, jugó 45 minutos.

Un viaje con las juveniles de su país le hizo perder las primeras fechas del torneo Apertura, pero a la vuelta lo esperaba el debut por los puntos. Aunque bastante de sorpresa. A los 20 minutos del choque ante Newell’s Old Boys, en La Bombonera, Hugo Ibarra se lesionó y tuvo que ser reemplazado por el yorugua.

Quizás lo traicionaron los nervios, pero durante esos 70 minutos cometió errores propios de un jugador amateur. Perdió una buena cantidad de pelotas fáciles y casi nunca pasó la mitad de la cancha. Ese, según su CV, era uno de sus fuertes. Lo cierto es que su debut fue también su despedida oficial.

Tras el Mundial Sub 20 con Uruguay (eliminados en octavos a manos de Brasil), regresó a Boca, pero ya no era tenido en cuenta por Alfio Basile, que lo mandó al freezer del que solo salió en el verano de 2010 para un amistoso ante San Lorenzo que terminó 3 a 3 y en el que convirtió un gol… en contra. Ah, sí, lo sacaron en el entretiempo.

Producto de la inmensa generosidad del fútbol, luego de seis meses de inactividad pasó al Toulouse (2010/2011) francés, donde tampoco dejó grandes recuerdos. Un semestre en Peñarol (2011) y otro en Fénix (2012) en su tierra natal fueron la escala previa a su vuelta a Europa, donde defendió con cierta regularidad, y en un nivel un poco más digno, la camiseta del Almería español (2012/13).

Actualmente está libre y parece que no la pasa taaaaan mal.

Moreno José

José Alcides Moreno Mora (Pepe, La Perla)

José Alcides Pepe Moreno… José Alcides Pepe Moreno… Vamos de nuevo: José Alcides Pepe Moreno… Vamos más lento: José – Alcides – Pepe – Moreno… Y si, después de repetirlo varias veces no quedan las más mínimas dudas. La sola conjunción de sus nombres sumado a un apodo poco habitual para un delantero colombiano y negro, hacen que el desgano, el desprecio por la vida y una insoportable sensación polar recorra cada una de las fibras de nuestro ser, amén de las temperaturas externas que nos regale el clima o las internas que nos propine la oscilante vida cotidiana.

Es muy difícil explicar en pocas líneas las nefastas emociones que sienten todos y cada uno de los hinchas de Independiente cuando se les recuerda el paso de este atacante cafetero por su institución. No menos curiosa, por sincera y solidaria, es la empatía con la que los simpatizantes de otros clubes consuelan a Los Diablos ante alguna reminiscencia de Moreno. Es que, sin ánimos de caer en usos y costumbres del medioevo, a nadie le gusta que un extranjero tan patético, apático y hasta bardero, llegue a un club grande del Fútbol Argentino. Y tampoco a uno chico. Para entender por que su recuerdo va seguido inexorablemente por una prolongada y deforme mueca de asco, repasemos un poco su historia.

Santander de Quilichao es una apacible y religiosa localidad andina colombiana, reconocida por sus capillas, iglesias y santuarios. Fue precisamente ahí que -para contrarrestar la paz, devoción y fidelidad de sus habitantes- el 10 de agosto de 1981 llegó al mundo José Pepe Moreno, quien de adolescente dejó su casa natal para mudarse a la ciudad de San Juan de Pasto y hacer sus primeras armas en el Deportivo (ídem).

En 1999, a este centrodelantero de buen cabezazo y comprobada viveza para un fútbol de poca fricción pero falto de voluntad y sin personalidad deportiva para sobreponerse a las adversidades, le llegó el ansiado debut y al cabo que ni quería de un año, donde jugó apenas 10 partidos y marcó un gol, fue adquirido por el América de Cali como una apuesta a futuro. Tras cuatro años de esperar una consolidación que no llegó, a mediados de 2004 Los Diablos Rojos lo cedieron una temporada a Millonarios y allí ocurrió lo que nadie intuía: El Pepe Moreno explotó, se convirtió en una de las figuras del torneo y cosechó la nada despreciable suma de 12 goles en 29 encuentros.

Este buen antecedente hizo regresar a Moreno al América de Cali, donde vivió la pésima campaña de Ricardo Gareca y el volver a empezar de Bernardo Redín. Así y todo, El Pepe convirtió 18 goles en 42 partidos de diferentes competiciones y hasta disputó algunos encuentros con la Selección de Colombia. Este espejismo hizo que el Dinamo de Kiev se coma el chamuyo y se lo lleve a préstamo junto al volante Harrison Otálvaro donde, tras su primer entrenamiento, el técnico Leonid Buryak lo llegó a comparar con Samuel Eto´o (?).

Sin embargo, por haber llegado con la liga empezada y por su baja temperatura pectoral aún hasta para Ucrania, El Pepe sólo jugó 29 minutos en la caída 4 a 1 ante Steaua Bucarest por la Champions League y luego algunos encuentros para la reserva. Apenas dos meses después de haber llegado, ambos colombianos fueron prácticamente expulsados de la tierra de Shevchenko. Y fue precisamente ahí cuando aparecieron Independiente y Julio Comparada en la vida de José Alcides Moreno.

En enero de 2007 y después de ver un par de videos, el presidente del Rojo compró su ficha en 900.000 dólares en efectivo, algo que en su momento no dejó de llamar la atención por lo concreto y convincente de la operación, ya que a Moreno en la Argentina no lo conocía ni el loro. Con el tiempo, “la chusma” de Independiente deslizó un rumor que se trasformó en mito: Comparada creyó estar comprando al también delantero Dayro pero le mandaron a José Alcides. Casi lo mismo (?).

Todo esto, claro, a El Pepe le importó cero y ni bien llegó a la pretemporada en Salta se dedicó a vender humo del bueno: “Soy goleador. Tengo mucha potencia. Mucha técnica. Juego a uno o dos toques. Mi fuerte es la pegada, el tiro libre, el cabezazo. Puedo jugar en el área o, si el técnico prefiere, pivotear o jugar por los costados. Vengo a dejar una huella como mis amigos Jairo Castillo y Albeiro Usuriaga. Futbolísticamente siempre ando bien”. La cosa ya arrancaba, cuanto menos, sospechosa…

Lo concreto es que Moreno debutó por la primera jornada del Clausura 2007 en la derrota 3 a 1, como local, contra Colón. Lo suyo fue tan pobre que terminó chiflado por los hinchas y reemplazado en el entretiempo por Ismael Sosa. En la segunda fecha (empate 0 a 0 con Belgrano) ingresó por Rodrigo Díaz a los 71 minutos y cuatro después lesionó de gravedad al defensor del Pirata: Miguel Ángel Martínez, tras pegarle un planchazo a destiempo. El refuerzo colombiano ya emitía olor a decepción. Recién en la sexta fecha el delantero volvió a ser titular y hasta le marcó un gol a Rosario Central (2 a 0). En la siguiente le hizo otro a Lanús pero se fue expulsado a los 44 minutos. A partir de ahí, todo fue de mal en peor. Tal es así que faltó a un par de entrenamientos disconforme por su poca participación en el equipo y obligó a Burruchaga a inventar una falsa lesión, que quedó en evidencia cuando El Pepe se reincorporó sin molestias a las prácticas.

Tras la renuncia del Burru, Moreno explotó ante la prensa y eso marcó su quiebre definitivo con la gente, que igualmente no lo quería nada: “Estoy aburrido de este club. Un día juego al otro no, eso me tiene muy desanimado. Encima la salida del Profe me perjudicó”. Tras estas dulces palabras, el técnico interino, Pepé Santoro, lo recibió muy contento y jamás lo volvió a utilizar. Para el Apertura 2007 llegó Pedro Troglio e ingresó como suplente en apenas 6 partidos (1 gol), tras lo cual le dejó una carta a su apoderado pidiendo sus efectos personales del vestuario y se fue para nunca jamás volver… en apariencias.

El propio Moreno se consiguió un préstamo semestral en Steaua Bucarest y luego otro en América de Cali, equipos que cumplieron buenas campañas pero donde el delantero no pasó de ser más que un relevo. Cuando su presencia era sólo un mal recuerdo para los hinchas, en enero de 2009, El Pepe se vio obligado a regresar a Independiente, que aún era el dueño de su pase y que necesitaba refuerzos con urgencia. De hecho, fue Pepé Santoro quien lo indultó y lo puso en tres partidos del Clausura 2009, donde Moreno mostró más de lo mismo. O sea, la nada misma.

En la octava fecha de ese torneo asumió Américo Gallego y con él se acabaron los nefastos días de Moreno en la Argentina. El Tolo usó el equipo de protones de Los Cazafantasmas y la primera manifestación ectoplasmática que cayó fue El Pepe, quien encima se quejó: “Estoy con mucho malestar, pero me lo esperaba por la manera que tiene de ser. Quiero arreglar todo para irme a casa por que no tengo más motivaciones para venir aquí. Nunca jugué, nunca tuve una chance. Cuando dijo que iba a haber una limpieza sabía que el primero iba a ser yo y, de hecho, fui el primero en la lista. Entramos al vestuario y había un papel pegado. Así me enteré”. Hasta nunca, Pepe

El colombiano jugó el último semestre de 2009 en Juan Aurich de Perú (10 PJ, 1G), donde fue considerado como uno de los peores jugadores de su historia y luego volvió al Steaua Bucarest de Rumania, donde apenas participó de 6 encuentros sin goles. Entre medio, quedó libre de Independiente a cambio de la deuda que el club mantenía con él. Sus números finales en El Rojo son: 22 partidos disputados, 4 goles, la totalidad de la guita invertida en él recuperada con los sucesivos préstamos y su recuerdo permanente como el comienzo de la debacle del otrora Orgullo Nacional.

Lamentablemente, la vida de Moreno continuó (?) y en 2011 se volvió a su país para jugar un semestre en Atlético Huila y otro en Deportivo Pasto, de donde se marchó por las pocas opciones que le daban. Ahí apareció el New England Revolution de la Liga Yankee y se lo llevó para el norte. Sin embargo, El Pepe estuvo muy lejos de encontrar estabilidad, ya que en diez meses jugó solo 7 partidos, convirtió un gol y, fiel a su costumbre, se marchó de ahí despotricando contra medio mundo: Querían aburrirme y lo consiguieron, porque me llevaban a todos los partidos pero no me ponían. Encima perdíamos siempre. Hasta  que un día le dije al técnico: si estuvieras en Colombia, ya te habrían echado y a nosotros nos tocaría salir en la tanqueta de la policía. Por eso empecé a chocar mucho con él» Y siguió: “mis compañeros son pelados que vienen de las universidades y parecía que no les importaba nada. Así ganáramos o perdiéramos, se iban a las discotecas y llegaban tarde al hotel”. Para el final, dejó la afirmación más ridícula que dijo jamás algún futbolista: “jugaba en un equipo sin sangre”. Ja, ¿Y Bosnia (?)?

Tras entrenar seis meses en el gremio de futbolistas colombianos, en marzo de 2013 El Pepe se unió a La Equidad, donde también suele culpar a los campos de juegos, a los técnicos, a los compañeros y a los dirigentes por sus flojas actuaciones. Ya se ve, el delantero es de una raza que no pierde ni el pelo ni las mañas. Y allí se encuentra ahora. Bien lejos de nuestro país. A miles de kilómetros de distancia. Tan sólo una pesadilla, un mal recuerdo. El destino que una gran parte de la Argentina esperaba para el polémico Moreno

Andersen Sebastián

Carlos Sebastián Andersen (El Ruso)

Victima principal del reinado de Carlos Chiquito Bossio en el arco de Estudiantes de la Plata, el de Sebastián Andersen fue un nombre que se repitió hasta el hartazgo en las formaciones del Pincha de finales de los noventa. Con apenas 16 partidos disputados durante los diez años que se mantuvo en Primera División, fue toda una garantía para quienes participaron de los primeros Gran DT, ya que valía poco y siempre estaba en el banco.

Nacido el 18 de marzo de 1973 en Tres Arroyos, El Ruso llegó de purrete a las inferiores de El León y formó parte de un grupo que se cansó de ganar títulos desde Novena hasta Cuarta División, junto a jóvenes valores que sí la pegaron como Palermo, Gastón Córdoba y Gastón Sessa, entre tantos otros. Y así, el día menos pensado lo subieron a entrenar con el plantel principal, donde conoció la resignación al estar detrás del primer inmortal que se le cruzó en el camino: Arturo Marcelo Yorno.

Pero claro, con tan sólo 21 años, Andersen fue beneficiado y damnificado por el desconcierto que reinaba en aquellos años por 1 y 57, ya que tras caer ante Gimnasia por 2 a 1, Enzo Trossero dispuso que Yorno no atajase más en los encuentros disputados en La Plata. Por tal razón, El Ruso debutó como titular en la jornada 11 del Clausura ’94, en una derrota por 3 a 1 ante Huracán, donde El Tumba Corbalán fue el primero en mandársela a guardar. Un presagio de lo que sería su fúnebre trayectoria.

Tras un partido como visitante, El Ruso se volvió a poner los guantes en un empate 0 a 0 con River y luego en la última fecha, cuando Estudiantes se despidió de Primera División venciendo a Racing por 4 a 1. Después llegaron Russo y Manera, Chiquito Bossio, Andrés Noguera, la enorme campaña del ascenso, la magia de Capria, la vuelta a Primera, la llegada del Profe Córdoba, la explosión de Palermo, Verón y Calderón, la ida del Profe Córdoba, entre otras emociones, y Andersen ahí andaba, dando fe de todos esos acontecimientos desde el banco de suplentes.

Tras cuatro largos años de espera, Andersen recién pudo volver al primer equipo en el Clausura ’98 (victoria por 2 a 1 sobre Unión) gracias a las lesiones de Germán Burgos y Lechuga Roa que obligaron a Passarella a convocar a Bossio a la Selección para un amistoso contra Bulgaria. “Ojala que Chiquito se vaya al Mundial”, imploró El Ruso. Por supuesto que El Kaiser no le dio el gusto y así el arquero debió esperar otro año más para salir del freezer: la última fecha del Clausura ’99, cuando Estudiantes cayó 2 a 0 ante el descendido Platense, se despidió Patricio Hernández y se confirmó la venta de Bossio al Benfica.

La fortuna, esa que pareció serle esquiva durante toda su vida deportiva, le sonrió con desgano en el Apertura ´99, torneo en el que se había acordado la contratación del guardametas boliviano José Carlo El Gato Fernández, quien se echó para atrás después de firmar su contrato. Luego, Pancho Ferraro pidió al paraguayo Rubén Ruiz Díaz, quien llegó lesionado del hombro y a los meses huyó despavorido del país tras recibir amenazas telefónicas anónimas, que por ahí eran de El Ruso (?). Y así, gracias a esta anemia de refuerzos, Andersen tuvo su único período como titular que duró apenas 10 fechas y que llevó al DT a colgarlo tras una gran cantidad de errores imposibles de enumerar.

Se mantuvo vinculado a Estudiantes hasta mediados de 2001 y peleando contra Pablo Figueredo, Leandro Evangelisti, Diego Ezquerra y Leandro Cortizo, el lugar de suplente de Nicolás Tauber, cosa que jamás logró. Con el pase en su poder, el insistente Andersen se mudó a Huracán para ocupar la codiciada plaza de tercer arquero. Una oportuna lesión de Martín Ríos y el paso errante de Gonzalo Ponzio le dieron la posibilidad de jugar 45 minutos en la victoria por 3 a 0 sobre Argentinos Juniors en el Clausura 2002 y, de esta manera, despedirse de Primera División. Luego se mantuvo otro año debajo de los antes mencionados y también de Sergio Schulmeister, Ignacio Bordad, Pablo Migliore, Mariano Andújar y Elías Gómez.

En 2003 y con ansias de sentirse indiscutido, El Ruso se fue hasta un lugar más acorde a sus condiciones: Acassuso, de la Primera C. Luego marchó al Argentino B, para defender los colores de Libertad de Sunchales (2005) y Chaco For Ever (2006/07), y así ponerle punto final a su carrera y también a este post, que mencionó arqueros como ningún otro en la historia (?).

Bonus Track (?): tras intentar destacarse como arquero en vano, El Ruso Andersen conoció las mieles de la notoriedad cuando, siendo parte del cuerpo técnico de Diego Cagna, se peleó con Arturo Sanhueza en el vestuario de Colo – Colo, precipitando la salida del club del entonces capitán del Cacique. Agonizaba el año 2010. Más vale tarde que nunca (?).

Menseguez Matías

Matías Emanuel Menseguez (El Mencho, El Rayito)

La imagen, tan lejana en el tiempo pero tan cercana en las emociones, nos muestra al enorme Juan Carlos Menseguez, aquel promisorio valor surgido de River Plate a quien una sorpresiva transferencia al fútbol alemán sumado al desinterés dirigencial por repatriarlo postergaron, hasta noviembre de 2013, su anehelo de jugar con El Manto Sagrado. Así y todo, el primero en dejar grabado a fuego el apellido Menseguez en la Primera del Millonario fue su hermano menor Matías (06/01/1989) quien, precisamente, acompaña en la foto al querido Rayo.

El hecho ocurrió en mayo de 2007, cuando el Wolfsburgo llegó a la Argentina para celebrar los 150 años de la relación entre nuestro país y la tierra de Adolfo, Joseph y Heinrich. Enterado del festejo, Daniel Passarella se negó a poner tanto al primer equipo como a los suplentes, ya que al otro día debía jugar contra Gimnasia por el campeonato. Entonces, El Kaiser delegó la obligación al técnico de la Reserva, Guillermo Rivarola, quien también se negó a poner tanto a su primer equipo como a los suplentes, ya que al otro día debía jugar contra Gimnasia por el campeonato preeliminar. A regañadientes y ante lo obligatorio del compromiso diplomático, El Tiburón puso su diminuto cuello en la guillotina y armó un rejunte entre jóvenes promesas y jóvenes baldosas de la Cuarta y de la Quinta División.

Y así, el 26 de mayo de 2007, ante 30.000 personas en el Monumental y con transmisión de Fox para toda América, River formó con: Fernando Pellegrino; Diego Bogado, Emmanuel Martínez, José San Román y Maximiliano Coronel; Matías Díaz, Diego Cardozo; Matías Menseguez y Diego Buonanotte; Rubens Sambueza y Tulio Etchemaite, luego ingresaron Gonzalo Ludueña y Lucas Gómez. El encuentro lo ganó por 2 a 1 el Wolfsburgo, quien también presentó suplentes de suplentes. Por tal razón se dio el duro choque en el mediocampo entre los hermanos Matías y Juan Carlos. Una delicia (?).

Tras su inolvidable momento de fama, El Mencho Menseguez siguió cumpliendo años y viendo como casi todos sus compañeros subían de categoría, excepto él. Para no deprimirse, se armó un Fotolog donde se lo podía ver entrenando, sonriendo, posando con amigos, con minitas. En fin, lo que haría cualquier pibe al que están a punto de agradecerle por los servicios prestados y darle el pase en su poder.

A mediados de 2009, el volante se sumó a Chacarita para probarse en la Reserva y desde el mismo anuncio conoció la furia de los hinchas Funebreros, quienes repudiaron su contratación con frases como: “¿Y este Flogger?”, “¿Para qué traemos bolicheros?”, “¿Este va a competir con Pisano y Cachete Morales?” y una apreciación muy llamativa: “Mirá lo que será este refuerzo que ni fotos de él jugando al fútbol se encontraron”. Que poca paciencia (?).

A principio de 2010, El Mencho se lesionó y estuvo los doce meses siguientes inactivo e intentando su recuperación, inaugurando, de esta manera, la tradición familiar de tomarse algún año sabático. Cuando obtuvo el alta médica, El Rayito se fue a probar al Núblense de Chile, pero tras un par de entrenamientos le bajaron el pulgar. Sin embargo, atraídos por el apellido que se ganó el hermano, los dirigentes de un equipo de la Segunda División trasandina, Deportes Puerto Montt, lo invitaron a sumarse al plantel. Claro que ni bien llegó, fue el mismo jugador quien se encargó de bajar la expectativa: “Me tiene que esperar un tiempo, por que llego sin pretemporada. No me parezco a mi hermano. Yo juego de otra cosa y soy mucho más lento. Espero mostrarme para ver si otro equipo se fija en mi”. Tras disputar menos de una decena de partidos, a los seis meses se le rescindió el contrato.

Luego, Menseguez volvió a su ciudad natal y se sumó a Racing de Córdoba, donde fue suplente en el Argentino A 2011/12. Después bajó hasta el Argentino B para jugar en Andino de La Rioja pero, a los seis meses, el técnico Adrián Gorostidi lo separó del plantel. A principios de 2013 pasó a Sport Club Pacifico de General Alvear, Mendoza, y en septiembre de ese año se convirtió en el refuerzo estrella del Club Social y Deportivo Río Dorado de Salta, donde sigue soñando con mostrarse para luego pasar a un club más galardonado. Total, ya tiene hasta video en You Tube.

Esta es hasta hoy la historia del Rayito Menseguez quien, nos animamos a predecir, junto al hermano de Fabbro, algún familiar del Malevo Ferreyra y algún derivado de La Gata Fernández, van a acompañar al Pelado Díaz en el año 2020 D.C. Todos ellos, claro, como laderos de el sensacional Michael, sucesor natural de Emiliano. El futuro se le caga de risa le sonríe al Millonario

Constantino Daniel

Daniel Alberto Constantino

No puede negarse que dejó un profundo legado, marcando un antes y un después. Es indiscutible que todo cambió desde entonces, que sin su presencia la cultura occidental sería diferente. La civilización de hoy en día mantiene su impronta en aspectos cotidianos, habituales, frecuentes. En definitiva, el mundo podría ser un lugar muy distinto si él no hubiera nacido. No hay error, estamos hablando de Constantino. Del emperador romano, refundador de Constantinopla. El mismo que tomó una decisión de suma importancia, perdurable hasta nuestros días: declarar los domingos como “día de reposo”. El asado y las películas de Olmedo y Porcel, agradecidos.

Si bien Constantino El Grande y su homónimo argentino no revisten parentesco alguno (dato no chequeado, ya que los registros de la Dinastía Constantiniana llegan hasta el siglo IV d.C.), puede afirmarse que el futbolista se esforzó al máximo para cumplir con la ley que decretaba al séptimo día de la semana como el indicado para descansar.

Conoció el trabajo dominical en 1980, cuando le tocó poner la cara en un River juvenil, que cubría a los mayores mientras estos hacían cosas de grandes, como jugar la Copa Libertadores (?). Durante dos años compartió plantel con el Pato Fillol, Passarella, Mostaza Merlo, Tarantini y el Nene Commisso, entre otros. El problema era que al momento de salir a la cancha estaba al lado de Giúdice, Gordon, Alegre, Coccimano. Trabajo insalubre.

Con poco lugar en el equipo, fue prestado a Renato Cesarini para jugar el Nacional 1983. Después de 11 partidos y 1 tanto, regresó a Buenos Aires. Lo recibió un River en conflicto, donde los futbolistas profesionales se declararon desvinculados. Por supuesto, él estuvo en ese grupo y pasó varios domingos predicando las enseñanzas de su antepasado. Volvió a las canchas sobre el final del Torneo Metropolitano, para redondear 19 encuentros y 1 gol, en sus dos etapas en el Millonario.

El próximo banco de suplentes en el que dejó marca fue el de Atlanta. Durante 1984 totalizó 23 partidos, generalmente entrando en los segundos tiempos en lugar de Graciani o Erramuspe. La campaña en el Nacional fue mala (eliminación en primera ronda) y en el Metropolitano directamente fue pésima (el Bohemio terminó último y descendió). Al menos, Constantino cumplió con su cuota goleadora, marcando un solo tanto, pero muy especial: fue a River, en un empate 1 a 1.

Circulo Deportivo de Comandante Nicanor Otamendi. Todo eso (?) fue su destino en 1985. Cumplió con su rutina de un grito por equipo y, luego de disputar 13 partidos con el Papero, se sumó a las filas de Gimnasia y Esgrima (1985/86). En La Plata mantuvo el promedio: un gol en 10 juegos. Y se despidió de las tareas remunerativas de los domingos. Ya era hora de aplicar la ley de aquel sabio emperador romano, que tan bien supo reflejar Rodolfo Zapata en sus versos.

Cohene Mereles Javier


Javier Antonio Cohene Mereles

River Plate selló su descenso la inolvidable tarde del 26 de junio de 2011. Pero la debacle deportiva, y principalmente institucional, comenzó a gestarse varios años antes. Al último puesto en el Apertura 2008, de la mano del Cholo Simeone, le siguieron campañas mediocres con entrenadores incapaces y planteles llenos de jugadores falopa.

En este último ítem, una de las estrellas es Javier Cohene Mereles, defensor central paraguayo que arribó a Núñez a prueba (junto a su compatriota Miguel Paniagua) a mediados de 2009, luego de que su representante, Mario Chinea, le acercara un DVD a Pipo Gorosito. «Es un jugador fuerte que cabecea muy bien y es joven. Normalmente, en los videos que nos dan todos juegan muy bien porque nunca los gambetean, por eso lo vamos a evaluar durante esta semana», sentenció el DT con cierta razón.

Sin plata para incorporaciones de renombre, y con Ortega, el ortiva y golpista Muñeco Gallardo y un hincha de Boca Matías Almeyda como columna vertebral, Gorosito no le cerraba las puertas del Monumental a nadie y tuvo que apelar a una especie de casting para encontrar refuerzos, algo que provocó la bronca del Burrito, que salió al cruce y se llevó por delante un surtidor de una estación de servicio. Así, también desfilaron por un puesto en la defensa el chileno Nicolás Larrondo (ex Universidad de Chile) y el uruguayo Rodrigo Brasesco (Racing de Montevideo).

El único que superó el test fue Cohene Mereles, que a sus 22 años (nació en mayo de 1987) ya acreditaba pasos por clubes como Sudamérica, Sol de Mayo y Pirayú Sport en inferiores, General Díaz de Luque, Passo Fundo de Brasil y Olhanense de Portugal, todos acostumbrados a pelear abajo… como para que le fuera fácil amoldarse a la necesitada última línea de aquel River.

«Tengo las características del zaguero paraguayo. Soy fuerte, me hago respetar en el juego aéreo, no tengo problemas en salir jugando, pateo con las dos piernas y soy rápido. Me identifico con el comienzo de Celso Ayala», tiró Pachu cuando le preguntaron por su estilo.

Algo de eso mostró en los entrenamientos y por eso la semana de prueba se terminó convirtiendo en un semestre en el que Cohene Mereles pasaba todos los días por el Monumental, se ponía la ropa de jugador durante unas horas y luego volvía a ser un mortal (mortal, no muerto) más.

Lejos de tener oportunidades (nunca le pudo sacar el puesto a Gustavo Cabral y Nicolás Sánchez), lo más jugoso de su estadía en Argentina le pasó lejos de una cancha. Mientras el equipo de Maradona y Paraguay se enfrentaban por las eliminatorias, el futbolista fue tomado de rehén junto a su esposa embarazada y su hija pequeña en un robo a un supermercado ubicado en Balbín y Manzanares, en el barrio de Saavedra. Días después, los diarios informaron la noticia destacando que ¡ni los chorros lo reconocieron!

A comienzos de 2010, consciente de que la cosa iba cada vez peor, el guaraní se tomó el palo y regresó a su país. Seis meses en Sportivo Luqueño le alcanzaron para volver a Portugal donde, parece, se siente a gusto.

Allí, entre 2010 y mediados de este año, vistió los colores del siempre candidato a los últimos puestos Paços de Ferreira. Justamente en la temporada 2012/13, cuando el defensor ya había perdido la titularidad, ese equipo realizó la mejor campaña de su historia. Finalizó tercero y clasificó a la ronda previa a la fase de grupos de la Champions League, donde cayó por goleada -8 a 3 el global- ante el Zenit San Petersburgo ruso, y terminó en la Europa League, que se disputa actualmente.

A mediados de 2013 pasó al Vitória Setúbal que, para no perder la costumbre, naufraga en los últimos lugares de la tabla del fútbol lusitano.

Ciavarelli Carlos

Carlos Fabián Ciavarelli

Lateral derecho que hizo de su carrera un precipicio que parece no tener fin. Nacido el 22 de julio de 1980 en Carmen de Areco, hizo inferiores en Estudiantes, donde encontró el debut en la 9º fecha del Apertura 2002 (derrota frente a Arsenal bajo el interinato de Juan Ramón Verón). Su primera vez fue tardía (ya tenía 22 años), y encima ese sería su único polvo partido en el Pincha, que terminó anteúltimo en ese torneo. Por eso, decidió buscar otros rumbos. Y así, comenzó a bajar categorías.

Defensa y Justicia (2003/04) fue el primer equipo en el que encontró cierta regularidad, aunque no le alcanzaría para continuar en el Halcón una vez finalizada la temporada. Cambiar de equipo antes de aprenderse los nombres de los capos de la barra sería otra constante que lo acompañaría de ahí en más. Volvió a Estudiantes (dueño de su pase) pero no jugó en el último semestre del 2004 y armó las valijas para jamás volver a la ciudad de las diagonales.

En enero de 2005 retornó al Nacional B para jugar en Juventud Antoniana, disputó el Torneo Clausura y se marchó a Huracán (2005/06) juntó a Walter Coyette y Cristian Alfaro. El equipo del Turco Mohamed se lanzó en busca del ascenso y alcanzó a jugar la Promoción. Pero no pudo frente a Argentinos Juniors. Ciavarelli jugó el primer partido y se quedó afuera de la revancha por acumulación de tarjetas amarillas. Tras 22 partidos y ningún grito de gol propio dejó Parque Patricios.

Por aquella epoca ya circulaba en internet un video de Wanda Nara haciendo un pete sus mejores jugadas, donde se lo puede observar rechazando, proyectándose al ataque, pateando corners, tirando centros y hasta convirtiendo algún que otro gol. Todo en soporíferos 16 minutos. Al verlo, los dirigentes de Chacarita no dudaron y lo contrataron para que juegue el Torneo Apertura. Solo duró seis meses en el Funebrero, ya que recibió una irresistible (?) oferta del Manta F.C. y se marchó a Ecuador. En el primer semestre de 2007 disputó la Serie B de ese país, y de julio a diciembre paseó por Rosario mientras jugaba en Tiro Federal. Esta fue su última parada en la segunda categoría del fútbol argentino. El tobogán seguía su curso.

A partir de 2008, la gloriosa Prmera B Metropolitana fue su hábitat. Primero, con los colores de San Telmo. Otra vez, un semestre fue suficiente para decidir cambiar de camiseta y pasar a Sarmiento (2008/10), dándose el doble milagro de estar más de doce meses en un club y encima ser protagonista del campeonato. El equipo, no él. Continuó en el recién ascendido Barracas Central (2010/11), Temperley (2011) y Colegiales (2012), haciendo de conocer nuevos compañeros un culto. Y también, cada tanto, bajar un escalón para conocer nuevos gusto, olores y sensaciones (?).

Un día despertó y se encontró con una nota en la mesa: “Hola, soy la Primera C y el semi-profesionalismo de esta categoría es ideal para vos”. No lo pensó y se enlistó (?) en el Deportivo Español. Aunque no le fue bien: apenas disputó 8 partidos y sufrió la presencia de Gabriel L*b*s en el plantel. Desde 2013, es parte del Sportivo Italiano junto a los futuros baldoseros Raúl Marcelo Burzac y Antonio Rojano. Mientras tanto, ya debe estar pensado que camiseta va a vestir el próximo año. Y si es en una categoría más abajo, mejor.