Ramello Fernando

Fernando Pablo Ramello

Una masiva inmigración de ciudadanos alemanes se produjo en nuestro país después de la Primera Guerra Mundial. Humillados al perder una basta cantidad de territorio y en crisis, consecuencia de las cuantiosas indemnizaciones de guerra a la que se vieron sujetos a pagar tras el tratado de Versalles, miles de teutones huyeron del difunto Imperio Alemán y se refugiaron en Sudamérica, con predilección por el sur y las provincias centrales de la República Argentina.

Tras sufrir los avatares del clima y el hacinamiento en algún barco, los recién llegados se sometían a la misma rutina en la aduana de Buenos Aires: requisa de pertenencias, inspección de pediculosis e inscripción de identidad. De esta manera y ante la falta de información del empleado del precario registro civil, varios apellidos alemanes se convirtieron en híbridos inclasificables.

Por ejemplo, los Schneider se transformaron en “Esneider”, los Berthold mutaron a “Bertoldi”, “Benoldi” o «Bertolo» y los Schmidt cambiaron su origen a Inglaterra al ser traducidos como “Smith”, entre tantos otros casos como el del protagonista de este post.

Es que por obra y gracia de la falta de cultura de un empleado público, el original Ramelow mutó en “Ramello”, el cuál, a partir de ahora, podemos considerar un apellido originario. ¿Y saben otra cosa? Eso es lo más interesante que tenemos para contarles sobre este muchacho que, con la remera de Newell´s, fue al banco de suplentes en la primera fecha del Apertura ´96 (derrota 0-2 con Vélez en el Parque) junto a otro baldosero llamado Luciano Bergonzi. ¿Algo más? No, nada más.

Se supo que antes de quemar sus últimos cartuchos en Tiro Federal de Rosario, Independiente de Villa Cañas y Argentino de Las Parejas, Fernando Ramello anduvo por Perú defendiendo los colores de Sport Boys y Unión Minas, donde para paliar los pocos minutos que sumó sobre el verde césped, dio una grandiosa entrevista para el diario El Bocón de la cual extraemos los siguientes fragmentos.

– ¿Tu mejor momento en el fútbol?

– Mi mejor época fue en Newell´s. Zanabria me sumó al equipo de mayores y los 6 primeros meses anduve muy bien. Jugué varios partidos en el torneo (?).

– ¿Si fueras mujer, con que jugador te casarías?

Creo que con Batistuta o Redondo, por la plata y por la facha.

-¿Prefieres a las peruanas o a las argentinas?

Si me das a elegir, me quedo con la segunda, por que allá son todas blancas (?) y no morochas como acá y a mi me gustan las claritas.

Se ve que aunque le deformaron el apellido, al Imperio Alemán, Fernando Ramello lo llevaba bien grabado en el instinto: Einigkeit und Recht und Freiheit / Für das deutsche Vaterland! / Danach laßt uns alle streben / Brüderlich mit Herz und Hand! / Einigkeit und Recht und Freiheit  / Sind des Glückes Unterpfand / Blüh’ im Glanze dieses Glückes / Blühe, deutsches Vaterland.

Guirland Carlos

Carlos Alberto Guirland Báez

Lo que tenía de talentoso lo tenía de desafortunado. Carlos Guirland era un volante de creación con técnica depurada y facilidad para los firuletes, grandes condiciones que balanceaba con escaso poder de gol y una marcada tendencia a volverse invisible cuando la mano venía torcida. Humano al fin, en su Paraguay natal fue todo un predecesor. Precedió a Nelson Cuevas en eso de jugar pocos minutos, a Larissa Riquelme en hacer calentar a todo un estadio, y a Fernando Lugo en aquello de escaparse por la puerta trasera.

Luis Cubilla lo hizo debutar en la época más próspera de Olimpia y en 1990 apareció sonriendo en la foto del campeón de la Libertadores y haciendo pucherito tras perder la Intercontinental ante el Milán. Claro que en ambos retratos posó con la pechera amarilla puesta, de minutos en cancha mejor ni hablar. Lo mismo le pasó en su Selección cuando integró la lista en las copas América de 1989 y 1991, eclipsado por Guido Alvarenga, Gustavo Neffa y Luis Monzón.

El punto de inflexión en su carrera fue la serie final de la Libertadores 91 ante Colo Colo. Guirland fue titular en el primer partido por la lesión de Raúl Amarilla y desperdició tres claras ocasiones en el empate 0 a 0. En la revancha fue reemplazado por Félix Torres, pero debió ser el primer relevo ya que el otro delantero, Adriano Samaniego, se había pegado un tiro en el pie en la previa al encuentro. Así como suena, sin (?). Y Guirland se comió dos goles más. Y si, cuando un equipo chileno sale campeón es como para que los rivales se peguen corchazos en las patas.

Convivió los siguientes doce meses con la burla y la humillación. Trasca (?) en la Supercopa de ese mismo año desvió el penal con el cual perdieron la definición ante Cruzeiro en semifinales. Guido Alvarenga, en un intento por ganarse el cielo, les recomendó su contratación a los dirigentes de Mandiyú y así, de momento, Guirland terminó con su calvario. El Paraguayo comenzó el Apertura 92 como titular, pero con el correr de las fechas fue perdiendo terreno hasta quedar relegado a quedarse en su departamento a la hora de los partidos. En total fueron 20 encuentros en Primera, sin goles y con el placer de haber jugado junto a leyendas como Roberto Lugo, Héctor Morán y Rubén Beninca.

Regresó a Olimpia, donde respondió con fútbol a los silbidos iniciales y tuvo la oportunidad de redimirse en la final del campeonato de 1994. Tras el empate 0 a 0 con Cerro Porteño, el título se definió con tiros desde el punto penal. En la cuarta ejecución y ante un Defensores del Chaco expectante, Guirland se paró frente a Danilo Acebal, tomó aire, lo miró a los ojos, volvió a tomar aire, se abalanzó sobre la pelota y… ¡Por arriba del travesaño! Luego el mismo arquero marcó el penal definitivo y El Ciclón salió campeón. Cuando la suerte que es grela, decía un tango.

Tras seis meses exiliado en Sol de América, Guirland regresó a la Argentina, pero ahora para jugar en la B Nacional para Atlético Tucumán (95/96). En El Decano fue suplente de aquel equipo dirigido por Jorge Higuaín que pecheó perdió la semifinal por el segundo ascenso ante Instituto y que estaba conformado por: Pogany; Morales, Pedro Monzón, Jeréz y Moner; Camote Acuña, Lenguita, Andrés Bogado y Cristian Favre; Aballay o Graciani y La Rata Rodríguez además de Camilli, Jorge Gabrich y Portugal como reemplazos.

Buscando alejarse aún más de Paraguay, Guirland se fue a Chacarita, donde mostró un nivel discreto y hasta convirtió los 4 penales que ejecutó. El Funebrero terminó en mitad de tabla de la zona permanencia en aquel cachivache organizativo llamado Primera B Nacional 96/97 y de esta manera culminó la aventura del Paraguayo por estas tierras.

Tras un paso por Audax Italiano (1997/1998) y Deportes la Serena (1999) de Chile, tuvo el valor para culminar su carrera en Los Estudios Universal de la segunda paraguaya. Luego desapareció en el más absoluto de los silencios. Seguramente para que nadie le recuerde aquella serie ante Colo Colo. O el penal ante Cruzeiro. O el penal ante Cerro Porteño ¿Quién sabe? Por ahí se cambió la cara. Lo concreto es que para la fiesta por el 20° aniversario de la obtención de la Copa Libertadores de 1990, una invitación jamás encontró destinatario…

Baigorria Manuel


Manuel Alberto Baigorria

La idea de triunfar en la Primera de un equipo grande seduce a cualquier jugador. Más cuando se trata de Boca Juniors, uno de los clubes más importantes del mundo. Para un chico que viene del interior, la alegría o la decepción, en caso de no lograr el objetivo, es doble. No es fácil armar el bolso, dejar atrás a la familia y pasar a vivir en una pensión con centenares de jóvenes que se tienen que pisar la cabeza para quedarse con ese lugar de privilegio al que pocos llegan. Para Manuel Baigorria, un pibe nacido en Las Tordillas (Córdoba) en 1985, las cosas nunca fueron fáciles. Desde el vamos, tuvo que cargar con el apodo clásico, fastidioso e inevitable: Granadero. A partir de ahí, a este mediocampista/delantero, todo se le hizo cuesta arriba. Con los años, pasó de ser una promesa de las inferiores xeneizes a desaparecido en acción.

En 2002, con apenas 16 diciembres en el lomo, y en tiempos del Maestro Tabarez, ya solía formar parte del grupo de juveniles que entrenaban con los grandes, a la par de otras estrellas del cosmos baldosero como Raúl Osella, Victor Magnago, Leonardo Verón, el Pollo Herrera y el primo de La Sole, José Pastorutti. Dos años más tarde, ya con Carlos Bianchi en el banco de suplentes, formó parte del selectivo que estuvo a punto de viajar a la pretemporada, pero una fractura en el pie derecho le robó la ilusión. Aquella vez, estuvo acompañado por Ariel Colzera, Leandro Díaz, los baldoserísimos Mario Sosa, Adelquis Ruffini y el excéntrico belga Mikael Yourassowsky.

Sin embargo, la oportunidad de debutar oficialmente le llegaría recién en 2005, de la mano del Chino Benítez. El rey del escupitajo facial Velasco denunciame (María Eugenia Zorzenón dixit) lo bancó luego de que sufriera un grave esguince en el tobillo derecho que lo marginó de la pretemporada y lo mandó a la cancha ante Independiente, el 20 de marzo. Esa tarde, el pibe reemplazó a Fabián Vargas sobre la hora y pese a que ni bien ingresó el Rojo logró el descuento, Boca se quedó con los tres puntos. «Entré y justo vino el gol de Independiente. Me quería morir. Allí sí sentí nervios, quería agarrar rápido la pelota para serenarme. La verdad, casi ni la toqué», se sinceró apenas terminó el encuentro.

Volvió a jugar dos meses más tarde, esta vez ante Estudiantes en La Plata y como titular, formando la dupla de ataque con Edgar Fabián Espíndola. El Xeneize y el Pincha no pudieron salir del cero y Baigorria le dejó su lugar a Andrés Franzoia, como un presagio de lo que sería su trunca carrera, cuando faltaba poco para el final del partido.

Estuvo entre los once iniciales otra vez ante Newell’s, ya con Abel Alves en el banco tras la bochornosa salida del Chino Benítez. Esa tarde, con mayoría de suplentes y juveniles, Boca cayó ante la Lepra por 1 a 0 y el Granadero intentó durante 75 minutos, sin éxito, asistir a Rodrigo Palacio y Espíndola. Salió para el ingreso de Mauro Boselli y nunca jamás volvió a vestir la camiseta azul y oro en un partido oficial.

La caída libre comenzó en 2006 cuando pasó a Juventud Antoniana de Salta en la B Nacional, donde no pudo evitar el descenso al Argentino A, aunque en lo personal no anduvo mal. Disputó 17 encuentros y marcó 4 goles al lado de Wally Martínez Gullotta, Sergio Tahuichi Albornoz, Yamil Garnier y uno de los convocados por Alejandro Sabella a la selección en los últimos meses, el defensor Matías Rodríguez.

Al menos, le alcanzó para quedarse en la categoría y para la temporada temporada 2006/07 pasó a Huracán. El Globo quería volver a Primera y para eso contrató a Baigorria. 19 partidos y dos goles más tarde, le dijo adiós al equipo de Parque Patricios, que finalmente lograría el ascenso.

En Ecuador, con el manto sagrado del Olmedo (2007) conoció las mieles de disputar la Copa Sudamericana, pero el llamado de Juventud Antoniana lo hizo pegar la vuelta a comienzos de 2008. Seis meses más tarde metió otro roadtrip (?) sudamericano para jugar Deportes Quindío. de Colombia. Demoró mucho en debutar en el equipo cafetero y cuando le tocó entrar en acción no colmó las expectativas y lo dejaron libre.

Ya en declive, en 2009 firmó contrato con Estudiantes de Buenos Aires, en la tercera categoría, donde no dejó mayores recuerdos. La última noticia que tuvimos de él fue que a mediados de 2010 se entrenaba en General Paz Juniors, el club que lo vio nacer, a la espera de alguna oferta de la B Metropolitana que nunca llegó.

Rivas Nelson


Nelson Enrique Rivas López (Tyson)

Hubo una época, ya bastante lejana en el tiempo, en la que los hinchas de River pregonaban el buen juego por sobre todas las cosas. No servía solo ganar. Había que jugar bien al fútbol, mantener una identidad. El resultado llegaría solo. La garra, el triunfo a cualquier precio, incluso con trampa, era para los de la vereda de enfrente, los bosteros. El estilo que impuso «La Máquina» en la década del ’40 marcó una forma de sentir el fútbol, el denominado paladar negro (tan venerado en la tribuna San Martín baja), que el equipo de Núñez intentó replicar, con más aciertos que errores, a lo largo de las décadas siguientes.

En los últimos años, los malos resultados del Millonario (incluso cuando nadie sospechaba que se podía ir al descenso) hicieron que esa idea de jogo bonito quedara, al menos por un rato, marginada en segundo plano. Y así aparecieron con fuerza los ídolos de cartón y los vendehumo, esos que con dos o tres partidos buenos en el verano o declaraciones llenas de monóxido de carbono dignas de Ricardo Caruso Lombardi tuvieron su nombre ovacionado por los hinchas de uno de los equipos más exigentes del mundo. En ese último grupo, por ejemplo, entran Cristian Fabbiani y el homenajeado del día, el colombiano Nelson Rivas.

Nacido en el Valle de Cauca en marzo de 1983, el morocho en su país había construido una carrera interesante desde sus orígenes en el Deportivo Pasto (2002), luego el Deportes Tolima (2003), donde no tardó mucho en recalar en un equipo grande: el Deportivo Cali (2004 a 2006), que lo catapultó a la selección mayor, de la que se automarginó poco después.

En la tierra del vallenato forjó la estampa de defensor duro, recio, aunque sin mala intención, más bien burro bruto, de esos que seguramente hubiese buscado Boca a principios de la década pasada. Pero por esas vueltas del destino, Nelson Rivas apareció en nuestro país para jugar en River Plate (2007), dirigido por Daniel Passarella, y recomendado por Omar Labruna, que lo había entrenado en el Cali. «Soy una mezcla entre Mario Yepes e Iván Córdoba», tiró Nelson (al que en su país apodaban Yepesito) cuando lo presentaron y cerró con un «Vengo para ser campeón». Así, sin más preámbulos, se metió a la gente en el bolsillo. Mucho humo.

Sus primeros minutos (tres, cronometrados) con la banda roja en el pecho fueron ante Racing en la pretemporada. Días más tarde, también por el Pentagonal –del que River saldría campeón-, fue de la partida ante San Lorenzo y Boca. Allí escuchó los primeros «Olé, olé, olé, olé, Negro, Negro» que bajaron de una hinchada necesitada de títulos que para ese entonces ya aplaudía a cualquier monigote que pudiera frenar a un rival, aunque fuera de una patada. Símbolo inequívoco del fin de una era.

En esos pocos partidos de pretemporada, su velocidad, el buen cabezazo y su aspecto intimidante (para colmo Olé lo bautizó Tyson y al él le gustó) hicieron ilusionar a los simpatizantes, que lo aplaudieron a rabiar cuando se hizo expulsar por doble amonestación en la revancha contra Boca tras un duro cruce con Martín Palermo. El amor veraniego estaba en su punto más alto y algunos descerebrados lo pedían para la selección argentina (?).

No sorprendió que fuera titular en la primera fecha del torneo Clausura, el 11 de febrero de 2007, ante Lanús. Esa tarde (con la camiseta número 23, que años más tarde usaría el twittero Cristian Ogro Fabbiani) como zaguero central compartió la defensa con Danilo Gerlo, Eduardo Tuzzio y Paulo Ferrari y fue una garantía en el fondo. Sacó todo.

Se mantuvo en el once inicial con altibajos hasta la quinta fecha, cuando lo reemplazó el Colorado Federico Lussenhoff. Ingresó desde el banco en la séptima ante Gimnasia de Jujuy y apenas tres minutos después corrió ¡30 metros! desde atrás a Mario Turdó (que no se caracterizaba precisamente por su velocidad) que convirtió el gol que le dio la victoria al Lobo. Luego, el Kaiser lo mandó al freezer. Reapareció en la decimocuarta jornada, ante San Lorenzo, como lateral izquierdo, puesto en el que jugó dos partidos. Ante Vélez, por la última fecha, disputó sus últimos segundos (entró a los 89′) en Argentina.

En el medio, sumó cinco presentaciones a su currículum por la Copa Libertadores, pero el Millonario quedó eliminado en primera ronda (se le recuerda un duelo nefasto ante el Caracas en Cúcuta) y el fuego sagrado de la pasión por Tyson, cuyo rendimiento fue de mayor a menor, se apagó tan rápido que nadie se dio cuenta.

De un día para el otro, y cuando parecía que se iba al Bologna, su representante, Fernando Hidalgo (lento para los mandados), lo ubicó nada menos que en el Internazionale de Milán (2007 a 2009). Rivas, que había sido marginado por Passarella por bajo rendimiento, no lo podía creer.

En una de las primeras prácticas con el equipo italiano se desmayó y hasta se especuló con su retiro por un problema cardíaco. «Estábamos en una práctica, ahí, con el balón, y, según cuentan, me desplomé. Me dijeron que me fui al suelo nomás, y que algunos se me acercaron a hablarme, y nada, yo nada, desmayado. Cuando abrí un poco los ojos ya estaba en la ambulancia. Me internaron, me hicieron estudios en el corazón, el cerebro, de todo. Tuve un problema con el azúcar, me explicaron, pero no entendí muy bien. Estuve dos meses y medio sin jugar, y recién había llegado», esgrimió más tarde.

Para sorpresa de todos, el técnico portugués José Mourinho lo utilizó bastante en la temporada 2008/09, pero se rompió los ligamentos y al año siguiente perdió continuidad y se fue cedido al Livorno (2009/10), donde alcanzó cierta regularidad. Tras rescindir su contrato con el Inter (2010), pasó un tiempo en el FC Dnipro Dnipropetrovsk ucraniano (2011), pero casi no tuvo acción.

Con varios euros en su cuenta bancaria decidió cruzar nuevamente el océano en 2012 para jugar en América, tentado por una oferta del Montreal Impact, equipo canadiense que participa de la MLS, el torneo de fútbol de Estados Unidos. Allí se mantiene hasta estos días, jerarquizando (?) la liga al lado del interminable tano Alessandro Nesta y David Beckham.

Hace algunos meses fue noticia cuando, emulando a Zinedine Zidane en la final de Alemania 2006, perdió la chaveta (?) y le metió un terrible cabezazo a Antoine Hoppenot, de los Philadelphia Union, por lo que recibió una sanción de tres partidos.

Hay quienes dicen que el tiempo es sabio y pone las cosas en su lugar. Solo basta mirar un ejemplo, al ladrón de Rivas el tiempo, sabio como pocos, lo puso en Cana-dá.

Cerdá Emiliano

Emiliano Cerdá

De la misma camada que: Lucas Viatri, Facundo Roncaglia, Bruno Uribarri, Tito Noir y El Pochi Chávez, todo parecía indicar que con él Boca se aseguraba un zaguero central para al menos diez temporadas. Tenía mucha técnica, un gran cabezazo, el timming justo para ir abajo y sobrada capacidad de liderazgo, entre otras buenas condiciones. De hecho, fue el capitán de todas las divisiones menores, además de ser un miembro estable de la Selección Sub 20 de Pancho Ferraro. Sin embargo, pasó el tiempo y acá lo tenemos, conviviendo con todos nosotros (?). Señoras y señores: Emiliano Cerdá.

Su nombre comenzó a ser conocido para el gran público en el verano de 2006, cuando integró un combinado de juveniles Xeneizes que viajó a Salta para jugar ante Racing por el Torneo de Verano. Si bien no fue de la partida, desde ese momento permaneció en el primer equipo y tuvo su bautismo de fuego en un amistoso ante Maccabi Tel Aviv (victoria 1 a 0), cuando ingresó en el segundo tiempo en lugar de Jonathan Maidana. Eso fue todo.

Al volver al país tanto Basile como La Volpe, Russo e Ischia le tiraron toneladas de juveniles encima que impidieron su germinación. A saber: Maidana, Cahais, Forlín, Roncaglia, Ezequiel Muñoz y Sauro. A la vez y con la vuelta de Hugo Tocalli perdió espacio en la Sub 20, al punto de no ser convocado para el Sudamericano de 2007.

La irreversible situación tuvo un final abrupto a mediados de 2008, cuando los dirigentes le dieron dos opciones: tomarse el palo o tomarse el buque (?), algo que le habían insinuado un año antes, cuando lo mandaron dos meses a prueba al Alemania Aachen del under teutón, operación que finalmente no se concretó.

Con el pase en su poder llegó a All Boys para la temporada 2008 / 2009 del Nacional B. Lo hizo en medio de una feroz grave intrascendente polémica ya que fue en desmedro de la llegada de Lucas Alessandría y Gabriel Loeschbor -quienes tenían todo arreglado- y sobre todo de Julián Edgardo Maid*na, quién soñaba retirarse con la remera que lo vio nacer. El dirigente Patricio Trovato declaró: «Es una lástima que no se haya podido dar lo de Julián. Pero por una cuestión presupuestaria y por una decisión de apostar al futuro, nos inclinamos por Cerdá, que tiene gran poder de reventa y de quien Pepe Romero tiene las mejores referencias, esperemos no equivocarnos». Nuestro homenajeado jugó 6 partidos y en enero de 2009 se le rescindió el contrato.

Tras seis meses cesante, en junio de 2009 Cerdá bajó un peldaño y firmó con San Telmo de Primera B, que contaba con luminarias como Juan Darío Batalla, Maxi Ayala y El Primo del Rafa Di Zeo. En una especie de deja vu, no llegó a debutar y en enero de 2010 se le rescindió el contrato.

Cumplió el sueño de jugar en Europa con un año en el KS Teuta Durrës de Albania y otro en el Kriens de la Tercera División de Suiza, tras lo cual reapareció en nuestro medio en mayo de 2012, cuando se fue de vacaciones a Jujuy con Lucas Viatri, quien al conceder una nota estuvo pillo (?) y le tiró un centro al periodista: “Emiliano es un muy buen central, así que si conocés a alguien lo ubicás por ahí (risas)”. Se ve que El Coiffeur le trajo buena suerte ya que un mes después firmó con Textil Mandiyú del Argentino B.

Sin embargo, al llegar a la capital correntina, Cerdá dio una entrevista que no deja de generar incomodidad, ya que tiene algunas reminiscencias del mejor Backroom Casting Couch. Para todos los que saben lo que eso…

Trotta Diego (2)

Diego Alberto Trotta (El cabezón)

Suponiendo el hipotético caso que, algún día, el homenajeado del día de hoy se encuentre con su homónimo, el capitán del Sub-17 de Ecuador 1995, imaginamos que el diálogo derivará en un meloso y romántico: “You complete me” cual Tom Cruise a Renée Zellweger en Jerry Maguire. Aunque pensándolo bien y por tratarse de estos dos rústicos zagueros centrales sería más realista pensar en algo oscuro, tétrico y retorcido, como el encuentro de El Joker con Batman en Dark Knight. Total, la frase es la misma.

Es que durante años y tanto en notas, bases de datos como en foros se hizo una verdadera ensalada con la carrera de ambos jugadores: “Ah, Diego Trotta, el bahiense. Fue Peker Boy, jugó en Vélez, ahora está en España… Creo que estuvo en Godoy Cruz”. Por suerte, está En Una Baldosa para aclarar el panorama (?).

Diego Alberto Trotta, efectivamente, nació en Bahía Blanca el 13 de diciembre de 1978. Se inició en Villa Mitre y tuvo un paso por Atlético Mexiquense (1999) del ascenso mariachi. La aventura no prosperó y regresó a alternar dos años a su club de origen, que había ascendido al Nacional B. Tras seis meses en Huracán de Tres Arroyos, el under español, su lugar en el mundo, se hizo presente en su vida.

Se sumó seis meses a Las Palmas (2003) de la segunda de España. Tras no hacerse uso de la opción de compra se unió al Deportivo Alavés (2003/2004), donde fue uno de los pocos humanos en ver al padrastro de Aline con la remera del equipo de Victoria. Tuvo su etapa más regular en Elche, donde se mantuvo 4 años en un equipo que finalizó siempre del 10° lugar para abajo y vio baldosear con esa camiseta a Lucas Valdemarín, Gastón Casas y al Chino Luna. Se despidió de La Madre Patria jugando la temporada 2008/2009 en Albacete Balónpie, que se salvó en la última fecha de descender a la tercera división.

En octubre de 2009, Diego A. Trotta completó el formulario para merecer éste homenaje. Y para no ser menos, en su único partido en Primera ayudó a aportar más confusión al panorama: jugó para Godoy Cruz en la fecha 12 del Apertura 09, justo en la derrota ante El Fortín en el Amalfitani por 2 a 0. El flamante «Fútbol para Todos» lo presentó como un ex Vélez y los escasos plateístas que se acercaron al estadio comentaban: “Ese pibe empezó acá. Andaba siempre con Cubero, pero ahora ni se saludan”. Y obvio, como no lo iba a ningunear si a éste Poroto ni siquiera lo conocía.

No volvió a ser convocado ni siquiera para estar entre los 18 y en diciembre se le rescindió el contrato. En 2010 se sumó seis meses a San Martín de Tucumán del Nacional B y tras un año en España, donde buscó club en vano, a mediados de 2011 volvió a Villa Mitre para cerrar su carrera. Esa carrera que no alcanzó baldoseridad propia ya se confundió con la de otro baluarte y que derivó en confusiones, desconciertos y charlas de locos. Y hablando de locos, eso me hace acordar un chiste:

“Están 2 tipos en un manicomio y una noche deciden que no quieren vivir más en un manicomio, entonces deciden que van a escaparse. Entonces se suben al tejado y ahí, del otro lado de la brecha angosta, ven los techos de la ciudad, acariciando la luz de la luna, acariciando la libertad. El primer tipo salta al otro lado sin problema. Pero el amigo no se anima a dar el salto. Tiene miedo a caerse. Entonces, el primer tipo tiene una idea y le dice: ¡Ey, tengo encima mi linterna, la haré brillar a través de la brecha entre los edificios para que puedas caminar por el rayo y venir conmigo!… pero el segundo tipo se niega. Le dice: ¿¿¿Qué te crees que estoy loco???…¡¡¡Me la vas a apagar cuando vaya por la mitad!!!”… (Jorge Corona El Joker a Batman, Killing Joke, 1987)

González Claudio

Claudio Daniel González (El Ñato / El Yerbatero)

La vida en Misiones tiene reglas bien establecidas. Si naciste con pito podés aspirar a la zafra y la cosecha en las plantaciones de yerba mate o, si el destino te sonríe, botones en algún resort de Cataratas. En cambio, si naciste con pochola las opciones son: ama de casa dedicada a la crianza o, si el destino te sonríe, gato en algún resort de Cataratas (?). Rebelde desde el vamos, Claudio González esquivó su destino. Aunque el mundo del fútbol se encargaría de recordárselo.

Comenzó a jugar en Bartolomé Mitre de su Posadas natal. En 1995 se vio beneficiado por la abolición del servicio militar obligatorio y se marchó a Rosamonte de Apóstoles, donde disputó el Torneo Regional. Al abandonar este último equipo y a modo de homenaje, se llevó tatuado en el alma el apodo con el que lo conocerían el resto de los futboleros: Hijo de Puta Yerbatero.

Su siguiente destino fue Estudiantes de La Plata, donde estuvo tapado por bestias del gol como Calderón, Palermo, Silvano Maciel, Romeo y también por gente como Mazzuco, Mauro Amato, Fúriga, Turchi y Román Garay. Apenas se lo vio en reserva.

Cansado de esperar su explosión, Miguel Reñuk, empresario de la yerba y quién poseía sus derechos, le vendió su ficha a Patronato. Allí tampoco tuvo mucha cabida y fue cedido a Huracán de Tres Arroyos, también del Argentino A. En el Globo que no da verguenza ajena logró una idolatría inicial: «Como eran las tierras de Fischer, el ex puntero de San Lorenzo, me decían Lobo por mis desbordes”. Pero la aventura tuvo un final abrupto: «Salía del entrenamiento y perdí el control del volante. Me metí en una casa y el auto, que funcionaba a gas, empezó a incendiarse. Quedé inconsciente. Estuve un mes sin jugar”.

De regreso en Patronato llamó la atención de Gerardo Reinoso, quién se convirtió en su representante y le consiguió un lugar en Independiente. Aunque en la escala de prioridades era considerado el séptimo delantero del plantel, El Yerbatero se mostró feliz por el vínculo que establecía: un sueldo de 2476 pesos más el préstamo de un Polo rojo modelo ´98 que había manejado Sebastián Rozental.

Durante su primer semestre en El Rojo jugó 15 minutos en la victoria 4 a 1 sobre Vélez por la 1° fecha del Apertura 01 y minutos basura en 4 partidos de la Copa Mercosur. En 2002 y de la mano de Néstor Clausen, González se convirtió en uno de los íconos del peor Independiente que se recuerde y tuvo su pico de fama en un partido ante Belgrano, cuando entró a los 70 por Pablo Cuba, marcó el primer gol de tijera y le sirvió el segundo al Pocho Insúa. Sólo ingresó en 5 partidos más, pero el daño ya estaba hecho (?). Edificando al campeón del Apertura 02, El Tolo Gallego realizó control de plagas y El Yerbatero cayó en desgracia junto a León Bustos, Livio Prieto, Carraro, Sala y Zelaye, entre otros.

Su siguiente destino fue Talleres de Córdoba, donde consiguió una relativa continuidad que se vio interrumpida después de un viaje en taxi. ¿Cómo es eso? Una mañana un enajenado tachero se presentó –blandiendo su carnet social- ante el DT Luis Cubilla, con el chimento de que la lesión que el jugador había argumentado para no jugar ante Chacarita era tocuén, ya que él mismo lo había llevado desde el boliche a la casa. Logró el indulto con la llegada de Batista, aunque sus compañeros y los hinchas lo miraban de reojo. Tras la promoción no se le renovó el préstamo.

Llegó a Rosario Central por insistencia de Miguel Russo, quién lo conocía de aquel lejano paso por Estudiantes. En un año metió 25 partidos y 3 goles por campeonato y 6 encuentros y un gol por Libertadores. Digno, aunque no le alcanzó para mantenerse en el plantel y fue obligado a entrenarse seis meses con la cuarta.

En febrero de 2005 se fue al Cobreloa de Chile, donde la suerte le siguió siendo esquiva: a una inicial distensión de ligamentos le sumó fractura de tibia y peroné. Tras una larga rehabilitación, en 2006 intentó volver al ruedo en Talleres -en caída libre al Argentino A- y luego en General Paz Juniors. Pero no había caso, aquel choque con Eduardo Pajarito Rubio le impidió retomar un nivel normal, ya que quedó con una leve renguera al igual que otro gran ídolo popular nacional: El Mono Gatica. Se retiró, si, pero al menos no lo pasó por arriba un colectivo.

Trotta Diego

Diego Trotta

Lateral derecho o zaguero central con severos problemas de identidad dignos del mejor Jason Bourne. En principio, fue el capitán de la primera Selección Sub 17 de Pekerman, con la cual disputó el Sudamericano de Perú y el Mundial de Ecuador en 1995. Y fue por esta razón que al estar en compañía del hermano de Islas, el hijo de Calabria, el hijo del Loco Gatti, el hermano del Tata Martino, el sobrino de Carlos Aimar y el vecino de Adolfito Cambiasso, se afirmó, erróneamente, que se trataba del hermano menor de Roberto Trotta, quien jugaba en su posición y en su mismo club: Vélez Sarsfield.

Para sumar más confusión, en Bahía Blanca le apareció un homónimo 60 días mayor que defendía los colores de Villa Mitre y que se fue a la península ibérica justo en la misma época que él. Pero vayamos por partes decía Jigsaw (?).

Tras la experiencia internacional regresó con la chapa de caudillo del futuro a las inferiores de El Fortín junto a su subordinado Fabián Cubero. Su esperado debut se produjo -al igual que el de Poroto– el 17 de noviembre de 1996 en una derrota por 2 a 0 ante Estudiantes en el Amalfitani. Esa noche los de Liniers presentaron un Frankenstein entre suplentes y juveniles, ya que los titulares estaban abocados a los partidos definitorios de la Supercopa ’96.

Alcanzó a disputar 2 partidos más durante la temporada 1996/97 y luego se resignó a ver como su lugar en el plantel velezano, en la lista del Sub 20 de Malasia y hasta en la vida misma era ocupado por El Marido de Nicole. Para colmo de males, Marcelo Bielsa lo devolvió a la tercera ya que deseaba trabajar con un plantel más corto.

Para ratificar su baldoseridad, fue sparring de la Selección Argentina en la previa a Francia ’98 y hasta jugó un partido ante Gimnasia de La Plata en Tandil. El equipo de Passarella ganó por 3 a 0 y esa tarde formó con: Burgos; Hernán Díaz, Vivas, Diego Trotta y Juan Fernández; Bassedas, Astrada y Berti; Riquelme, Gallardo y El Chelo Delgado.

Recién en 1999, con la llegada de Eduardo Luján Manera, pudo alcanzar la cifra de 10 partidos oficiales pero su ciclo en Vélez ya estaba totalmente agotado. Y recién había cumplido 20 años. Con el pase en su poder, en enero de 2000 se sumó a Racing por pedido de Gustavo Costas, quién tras rechazar en una prueba a Miguel Acosta y a Gabriel Lob*s, esbozó otra humorada digna de su estilo: «Trotta es una apuesta a futuro. Seguimos buscando un central de categoría». Y así se sumó Alejandro Simionato. Algo es algo.

Ni bien llegó a Avellaneda, Trotta se dedicó a tribunear: «Soy fanático de este club y me hicieron socio 4 horas despúes de nacer. Cumplí un sueño» y se animó a más: «Tengo la camiseta de Horacio Cordero. Es la que usó en la final contra Atlanta en la cancha de River. Los hinchas de Racing somos especiales». Claro que después de tanta euforia, le llegó el lógico bajón: «Que compañeros de la Selección como Cambiasso y Aimar estén firmes en Primera y yo, que fui el capitán, no lo haya logrado, hace que piensen que me quedé un poco. Da para preguntarse qué pasa conmigo. Se dio así y ahora espero la chance en Racing». No sabemos si espero de parado o sentado en el bar del club pero en La Academia la chance jamás le llegó.

Un tiempo después apareció en la segunda división de Portugal. Primero en Salgueiros (2002/2003) y luego en Valdevez (2003/2004). Regresó al país para sumarse a Olimpo, donde sólo jugó en apenas 6 partidos del Apertura 04 y fue al banco 2 veces durante el Clausura 05, eclipsado en la feroz competencia por Laspada, Satanás Paéz, Vallenilla y Luis Asprilla. Encima tuvo que soportar desde el vamos la desconfiaza de los hinchas, quienes lo aborrecían por llamarse igual que Diego Alberto Trotta, eterna promesa de Villa Mitre. Sólo faltó que le orinen la alfombra como a El Gran Lebowski.

Se fue a hacer unos mangos al AC Horatiana Venosa (2006/2007) de la Serie D italiana, luego pasó por la cuarta división de Grecia en el Paniliakos (2007) y regresó al Under Calcio para jugar en el Campobasso (2008/2009). De vuelta en Argentina jugó un semestre en Sacachispas (2009) de Primera C y luego se unió a Sportivo Rivadavia de Venado Tuerto del Torneo Argentino B, donde finalmente se retiró. Con tan pocos partidos disputados, la gente de Futebol, Marketing & Sports Services dejó un video para que las generaciones futuras sepan como jugaba el primer capitán de la era de José Néstor en las juveniles. Biutiful People (?).