Farías Eduardo


Eduardo Daniel Farías

Paracaidista habitué del fútbol rosarino de los sábados, nacido en marzo de 1982, que aterrizó de casualidad en la primera de Central a mediados de 2007. Curiosamente, algunos años atrás, cuando jugaba en las divisiones inferiores, el mismo equipo lo había dejado libre. Nunca se supo bien por qué, pero el pibe, que acreditaba dudosos pasos por Argentino de Rosario (2004 a 2006), Sportivo Las Parejas (2006/07) y Monagas de Venezuela, reapareció de la noche a la mañana en el Gigante de Arroyito y se ganó un puesto como lateral por derecha en la defensa titular del Canalla, dirigido por Carlos Ischia.

En total fueron 6 partidos consecutivos, todos desde el arranque, durante el Apertura 2007. Desde su debut, el 11 de septiembre, ante Gimnasia de Jujuy en Arroyito, se convirtió en una especie de talismán del Pelado. «Farías no jugó antes porque tenía cinco fechas de suspensión y después tuvo un problema muscular. Ya cuando lo vi en videos me gustó por lo que puede darle al equipo, porque no sólo marca sino también tiene proyección y muy buena pegada», comentó Ischia cuando le preguntaron por qué no lo había puesto antes.

En ese torneo, Central todavía no conocía el triunfo y se desvirgó (?) recién en la ¡novena fecha! nada menos que en el clásico ante Newell’s, con gol del colombiano Martín «Rodilla» Arzuaga. Esa tarde, Farías también fue titular y lo volvería a ser durante los próximos cuatro encuentros: San Lorenzo (derrota 1-3), River (empate 3-3), Estudiantes (empate 2-2) y Racing (empate 2-2).

Hay que reconocerlo, durante esa media docena de partidos no se le vio mucha proyección, ni pegada y mostró varias falencias en la marca. Es más, la crónica de su último match, contra la Academia, habla de «un grosero error de Eduardo Farías«, que derivó en un gol de Facundo Sava. Cuando finalmente Carlos Ischia se dio cuenta de que Farías no era tan talismán como parecía, lo borró y dispuso el ingreso de Juan Manuel Azconzábal. El bueno de Edu jamás volvió a vestir la camiseta del Canalla e Ischia aguantó un partido más antes de despedirse. Rosario Central sumó su segunda victoria del campeonato en la penúltima fecha (3-2 ante San Martín de San Juan) y, claro está, terminó último cómodo.

Después de un semestre en el que no registró apariciones, y finalizada su pasantía en la categoría grande, regresó al fútbol de los sábados de donde nunca tendría que haber salido para defender sin demasiado éxito los colores de Almagro en la B Nacional (2008/09) y 9 de Julio de Morteros (2010) en el Argentino B. El año pasado se lo vio haciendo de las suyas como volante por derecha en Belgrano, de la Liga Casildense, e intuímos que se trata del mismo Eduardo Farías que actualmente alterna malas con peores y alguna que otra buena en Central Argentino Olímpico, de la pintoresca Liga Ceresina, en el under provincial.

Álvarez Cristian

Cristian Andrés Álvarez Valenzuela (El Huaso / Palo Grande (?) / El Pity)

Fue un punto de inflexión en nuestras vidas (?). A todos aquellos enfermitos que, receso a receso, llegábamos a la humillación de robar el suplemento deportivo en algún café o estación de servicio sólo para saber quién se iba y quién llegaba a cada club, nos causó gran estupor mirar el cuadrito de las contrataciones y leer: “River Plate / Altas: San Martín, Diego Galván, Coty Fernández, Talamonti, Oberman (!), Loeschbor, Santana… y Cristián Álvarez”. Y luego, tras un minuto de parálisis, cerramos el diario e imaginamos el cantito que se iba a escuchar en el Monumental: “Es que cerca de mi casa vive está chica / que por cinco pesos te chupa la pija”… Y si. Fue tal la sorpresa al leer como se iba edificando el plantel Millonario de cara al Apertura 2005, que pensar en El Pity de Intoxicados era poco al lado del ambiente laboral que Aguilar le estaba brindando a Leonardo Astrada.

Y ojo que este lateral derecho chileno tenía un prontuario bastante aceptable: debutó en la Universidad Católica en 1997 con 17 años, jugó el Sudamericano Sub 20 de Mar del Plata ´99 para La Rojita, logró la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, se disfrazó de héroe y hasta ganó la primera edición de La Copa Gato (?) con Los Cruzados, donde llegó a ser capitán. Además era miembro estable del inestable equipo chileno que hizo sapo en las Eliminatorias para Alemania 2006. Como dato de color tenía un gemelo también futbolista, Iván, que al parecer era un crack. Cristian era el hermano tolueno.

Lo concreto es que Carlos Prunes, representante de Emanuel Ginóbili, se enteró que al club por el cual simpatiza su apoderado le faltaba un 4 y llamó a San Carlos de Apoquindo. El Huaso casi se desmaya del otro lado de la línea y ahí nomás decidió tomarse un avión a Buenos Aires para sorpresa de los dirigentes de la Católica y de Astrada y Aguilar, quiénes no habían visto ni siquiera un video.

Y en River algunas chances tuvo. Con El Negro, Con Mostaza Merlo y con Passarella. Pero a su flojo rendimiento hay que sumarle una contra fundamental: la humanidad platea San Martín, que reprobaba cada una de sus acciones y reclamaba mayor jerarquía para la camiseta que tan bien había defendido Lombardi Luis Lobo Jersson González Hernán Díaz. En un año y medio jugó 21 partidos y lo mejor que hizo fue ponerle una frazada a Luciano Figueroa cuando se rompió los ligamentos.

En enero de 2007 regresó a Universidad Católica, pero no se sentia del todo cómodo y seis meses después se fue al Beitar Jerusalén, notablemente para lavar culpas. Entre medio se despidió de su selección en el Monumental y frente a la platea que tanto lo hostigó. Fue victoria de Argentina 2 a 0 sobre Chile y Álvarez se fue expulsado por doble amonestación. Bielsa no lo volvió a convocar.

Tras dos años en el fútbol judío (?) se fue a Jaguares de Chiapas y a los doce meses regresó al plantel israelí, suponemos que a lavar nuevas culpas. En enero de 2011 se unió a Universitario de Perú, donde además de humo y flojas actuaciones metió una pelea mediática con Leandro Fleitas, quién lo llamó «pelotudo», a raiz de su pasado en River (no vale arrancar el video riéndose de Alf)

Hoy, cuando ya son historia aquellos días de furia y descontrol, en donde hacíamos cualquier cosa por enterarnos los últimos fichajes y que estamos a minutos de que se cumpla la profecía maya y el mundo se vaya a la mierda, notamos que las cosas retomaron un cause normal y pacífico. Seguramente nos encontremos en la calma que precede a toda tempestad: River recuperó la grandeza (?), Álvarez regresó a la Universidad Católica, El Pity volvió a Las Viejas Locas y el suplemento deportivo… sólo lo usamos cuando nos olvidamos de comprar papel higiénico.

Almirón Javier

Javier Alejandro Almirón

Integró la Selección Argentina que disputó el Mundial Sub 17 de Egipto junto a Franco Costanzo, Guillermo Pereyra, Luis Zubeldía y Gabriel Milito, entre algunos otros jugadores que desaparecieron jóvenes. Y fue allí mismo -entre pelotas y camellos- que decidió lo que quería para su vida: hacer la plancha. Claro, en el hall del Sheraton de El Cairo vio pasar a Joao Havelange, después a Julio Grondona y por último a Enrique Macaya Márquez. Demasiadas señales como para no darse cuenta cual es el lado correcto de la existencia (?).

Desde el día en que debutó en Primera su único objetivo fue permanecer el mayor tiempo posible en el plantel de Lanús. Claro que no lo hizo como Javier Zanetti en el Inter ni mucho menos como Ciro Ferrara en La Juve. Para lograr su cometido emuló algunas actitudes de Bernardo, el ayudante de El Zorro, junto a cosas de El Preso, aquel entrañable barman de Polémica en el Bar. Y así comió caliente durante nueve años.

Por El Grana desfilaron 3 presidentes, 15 técnicos y más de 200 jugadores y el tipo ahí andaba. Calladito, sin levantar la perdiz. A veces iba al banco. A veces entraba. Lo mandaban de lateral y no decía nada. Lo hacían jugar de central y ni una queja. Nunca hizo goles. Nunca una entrevista. Nunca capitán. Nunca figura. Ningún apodo. Los números indican que jugó 68 partidos, pero no dicen que en 30 de ellos ingresó entre el minuto 85 y el 94 y que sólo en 19 ocasiones disputó el partido completo. Y algunos piden posteo para el Pampa Calvo (?).

En julio de 2005 fue cedido un año a préstamo a la Segunda División Española, precisamente al Tenerife, club que no pudo hacerse con la opción de compra al encontrarse cerca de la bancarrota. De vuelta en Lanús, Ramón Cabrero lo mandó a decorar el banco de suplentes y, por supuesto, Almirón no le dijo nada. A mediados de 2007, se le concedió la libertad de acción y al torneo siguiente El Granate salió campeón por primera vez en su historia. Creer o reventar.

De regreso en la madre patria, Almirón se dedicó a recorrer el under sin echar raíces en ningún sitio: Polideportivo Ejido (2007/2008), Deportivo Alavés (2008/2009) y Girona (2009/2010) contaron con sus silenciosos servicios. En enero de 2011 se fue a la Segunda División rusa para jugar en el FC Luch- Energiya de la ciudad de Vladivostok ¿Donde? ¡Vladivostok! del lado oriental ruso, bien cerca de China y Corea del Norte. Andá a escucharle la voz ahora…

Astudillo Federico

Federico Antonio Astudillo

Centrodelantero tosco, voluntarioso y potente, o en el argot tribunero: equino. Algunos medios escritos lo presentaron como el segundo eslabón de un poderoso linaje de goleadores, dando por descontado que nos habíamos creído el tocúen de que su hermano Rodrigo era Alen Boksic como mínimo…

Debutó en Talleres de Córdoba, donde también jugó su padre Eduardo, el 10 de septiembre de 2000 en la derrota por 4 a 1 ante River Plate. Luego hizo bolos mínimos durante 18 meses y recién pudo ser titular cuando Duhalde llegó al poder (?). Durante el primer semestre de 2002 metió 14 partidos y 6 goles por el campeonato local, además de 6 cotejos y 3 tantos por la Copa Libertadores. Y en ese momento fue destinatario de titulares obvios como «hermano gol», «dinastia goleadora» y «Raza letal», entre otras pelotudeces genialidades.

Creídos de haber encontrado al nuevo Kempes, los dirigentes del Cartagonova Futbol Club se hicieron con sus servicios. En la Segunda División española disputó 13 partidos y marcó 2 goles, pero la guerra desatada por falta de pago entre el club y la empresa dueña de sus derechos federativos -Dodici- obligaron a Astudillo a hacer las valijas y regresar al país.

Su siguiente destino fue Chacarita, donde jugó pocos minutos de 10 partidos y compartió marquesina con Ariel De Lafuente, Mea Vitali, Elías Job, Pedernera, Torales, y Vanquish, entre otros grandes valores. Nunca más se lo vio en «Fútbol de Primera», «Paso a Paso» ni, mucho menos, en el «Fútbol para Todos».

Se fue a otros países de América con la ambición de recuperar la polvora perdida, pero no lo logró ni en un año en Oriente Petrolero ni en doce meses en el León de México. Volvió para jugar el Nacional B para Racing de Córdoba pero, aparte de pocos partidos, sólo cosecho puteadas de los hinchas, quienes no soportaban su gen Tallarín.

Volvió a  Oriente Petrolero para la Copa Libertadores 2006, pero se comieron 8 goles ante River en aquella serie de repechaje que marcó el regreso de Frassarella Passarella al banco Millonario. Al menos jugó con el Pitufo Agoglia (?).

Lo que siguió en su carrera fue un raid por diferentes equipos y catégorias con poco para destacar desde lo deportivo: 6 meses en Juventud Antoniana de Salta y 2 años en Sportivo Patria de Formosa del Argentino A. Un año y medio en Real Arroyo Seco del Argentino B y 6 meses en Central Córdoba, donde metió pelea con Pomelo Ribeca.

En los primeros días de 2011 se unió a Deportivo Italiano de Primera B y un año y medio después metió descenso al perder la promoción ante Central Córdoba. En julio de 2012 se sumó a La Emilia del Argentino B, donde continúa manejando El Avión de Lapa en el que se convirtió su carrera. Igualito al hermano (?).

Zapata Robinson

Robinson Zapata Montaño (El Rufai, Londrina)

En el Preolímpico rumbo a Sidney 2000, además del Revuelto Gramajo de estrellas de Pekerman, el otro gran fiasco colectivo fue el del sub 23 de Colombia. Los confiados Cafeteros debían perder por 7 goles ante Brasil para quedar afuera de la segunda ronda. Un imposible. Pero hete aquí que el Diablo, o mejor dicho Ronaldinho Gaúcho, metió súbitamente la cola.

En un baile épico los tantos fueron llegando a plena batucada: 6-7-8 nueve fueron los goles que metieron a Chile por la ventana y enviaron a la delegación colombiana de regreso a Medellín. Delegación a la cual se ridiculizó con el hiriente sobrenombre de Londrina. Si, si, a Rubiel Quintana, a Pedro Pablo Portocarrero, a Mayer Candelo y, por sobre todo, al gurrumín que fue a buscar la pelota al fondo del arco las 9 ocasiones… Robinson Zapata.

Atlético, religioso y fan de Peter Rufai, se le recuerdan descalabros similares a los del nigeriano. Comenzó su carrera en América de Cali y tras 2 años en Real Cartagena regresó a Los Diablos Rojos en 2003. Midió alto en IBOPE en la Libertadores de ese año, donde eliminaron a Racing -con doble penal atajado al Cóndor Rueda incluído- y a River; para luego caer ante Boca en semifinales. Pese a la buena campaña, se destacaba en Zapata el punto más débil del equipo por su tendencia a tirarse a destiempo, jugar a ser Javier Weber en los centros y practicar salidas chaplinescas en los mano a mano.

En junio de 2004 llegó al fugaz Rosario Central de Víctor Púa y debutó en la derrota 3 a 1 contra Arsenal por la 1° fecha. En una jornada digna del mejor cine gore, Zapata se dedicó a meter adentro todas las que iban afuera. Ese fue su One Hit Wonder en Primera División. Sin más lugar en El Canalla, en enero de 2005 pasó sorpresivamente a Independiente, donde sólo se limitó a ser suplente de CFNM y tuvo el honor de zapar en compañia de Diego Ludueña, Leonel Bottaro, Renato Riggio y Yair Rodríguez.

En julio de 2005 bajó hasta el Nacional B para unirse a Belgrano, donde tras jugar 15 fechas con los corazones de los hinchas Piratas perdió su lugar para alegría de Germán Montoya, con quien los cordobeses retomaron la senda ganadora y regresaron a Primera División. Zapata no festejó el ascenso ya que lo habían fletado a Deportes La Serena.

Tras su paso por Chile regresó a su tierra para defender al Cúcuta, donde logró llegar a una nueva semifinal de Copa Libertadores y alcoyana- alcoyana volvió a caer ante Boca Juniors. Por esos días, además, tuvo su única presentación en la Selección mayor colombiana: fue en la victoria 1 a 0 sobre EE.UU. por la Copa América 2007 y, por supuesto, su estilo no pasó desapercibido.

Tras el torneo continental pasó al clásico rival mundial de River, Steaua Bucarest de Rumania, donde visitó el castillo de Drácula junto al enigmático Juan Carlos Toja. Empalagado con la suplencia, fue a cumplir el mismo rol al Galatasaray de Turquía. El otoño de su carrera lo encuentró en su patria, donde tras un breve paso por el Pereira llegó al Deportes Itagui a comienzos de 2012. Y aunque el saber popular indica que El Tiempo cura las heridas y que usa la máscara de Anonymous, todavía lo putean por aquella tarde de Londrina. Si sucede, conviene (?).

Vera Oscar

Oscar Luis Vera (Cachito)

Durante el apogeo del menemism*, Miele, De Stéfano y Alegre los clubes grandes estilaban darle vacaciones adelantadas a los máximos referentes de sus planteles y solían jugar las últimas fechas de los campeonatos con juveniles y habituales suplentes. Más aún, si se trataba de esos molestos partidos nocturnos de sábado en el interior diseñados para ser trasmitidos por TyC Sports.

Ese fue el caso del San Lorenzo versión Apertura ’96, que con Carlos Aimar al timón presentó un cambalache con titulares de la talla de Angelucci, Alarcón, Cardinal y Héctor Mario Núñez en la última jornada ante Unión. Como era de esperar, El Tatengue se impuso por 2 a 0 con goles de Oscar Gómez y Martín Perezlindo pero, al parecer, Carlos Trullet tampoco se tomó muy en serio el compromiso ya que esa noche dispuso el debut de Cachito Vera cuando el partido daba las hurras.

Lateral derecho o zaguero central. Recio, desmedido, errante pero simpático y de buen corazón (?), tardó más de un año en regresar a alguna convocatoria de Unión. Lo hizo recién durante el Clausura ’98, siendo suplente en aquel equipo de Mario Zanabria que terminaba los partidos con seis defensores en la cancha.

El Apertura ’98 fue su único torneo como titular, donde completó una buena producción con 16 partidos y 3 goles en su haber. A raíz de Trotta, Prátola, Raggio y Fernando Ortiz, vio relegado su lugar en el primer equipo, pero en los cuatro torneos siguientes debió poner la cara cuando, pasadas las doce fechas, El Tatengue deambulaba por el fondo de la tabla y los cambios de equipos y técnicos eran moneda frecuente.

Su último torneo fue el Clausura 2002, donde sólo jugó en la primera fecha (derrota 2-3 con Gimnasia) y en la última, cuando empataron 0 a 0 el clásico contra Colón. Intuyendo que se trataba de su última presentación en la elite, sobre el minuto 90 atendió a Graf y a Javier Delgado en la misma jugada, recibiendo la ovación de todos los presentes y acariciando la fama en su jugada cúlmine.

Tras 44 partidos y 3 goles con el Tatengue, Vera cruzó el océano para unirse al Widzew Lodz de Polonia. Sabemos que se mantuvo allí durante un año y medio, pero la cortina de hierro no nos deja ser específicos con sus datos. En el primer semestre de 2004 jugó 4 partidos para Puerto Montt de la segunda chilena y luego regresó a Europa del Este, más precisamente al Dinamo de Tirana de Albania, para jugar 7 partidos y marcar 1 gol.

En la temporada 2004/05 se unió a Sarmiento de Junín del Nacional B, junto a Claudio Pronetto, Jorge Manduca y El Maquina Giampietri, entre otros baldoseros, donde en un auténtico suicidio deportivo descendieron a Primera B. Luego de un año en el Argentino A con los colores de Gimnasia de Concepción del Uruguay, el Bamin (?) Real Potosí de Bolivia fue el lugar elegido para colgar los botines. Al menos logró lo que Hugo Sánchez, Fernando Hierro y Emilio Butragueño no pudieron: retirarse con el escudo del Real Madrid. Otra que Manolo Sanchís…

Lapietra Juan Ignacio


Juan Ignacio Lapietra

Para el futbolero medio, ese que cada tanto se engancha con un partido en la televisión y va a la cancha no muy seguido, «La Pietra» es la actriz Andrea Pietra, novia del empresario Daniel Grinbank, ligado en algún momento al Rojo de Avellaneda y alma mater de ese proyecto trunco que fue el Leganés español en la temporada 2003/04. Para el enfermo del fútbol, Lapietra es Juan Ignacio, un tímido defensor nacido en enero de 1987 y surgido de las divisiones de (oh, casualidad) Independiente.

Si bien nunca llegó a debutar en la Primera del Rojo, sumó algunos minutos en el verano de 2007. Ante San Lorenzo, por caso, fue de la partida y compartió la primera línea con Leandro Gioda, Carlos Báez y Matías di Gregorio. Y no anduvo mal: intentó proyectarse algunas veces y controló a los delanteros rivales. No había mucho más que pedirle en un partido tan choto que terminó en un olvidable 0 a 0 y que fue un verdadero dolor de ojos.

Sin espacio en el conjunto de Avellaneda, no le quedó otra opción que salir a buscar oportunidades por otros pagos. Aterrizó en Jujuy, para vestir la camiseta de Gimnasia y Esgrima durante seis meses. El debut entre los grandes le llegó en el Apertura 2008, en el norte, ante Banfield. Esa tarde, el Lobo se impuso 2 a 0 y Lapietra, que en ese torneo fue al banco en otras cinco ocasiones pero no ingresó, jugó sus únicos 22 minutos en la máxima categoría cuando le tocó reemplazar al chileno Sebastián Roco.

De nuevo en Independiente y sin chances, se mudó a Deportivo Merlo (2009) en la B Nacional, donde conoció a Mauro Pajón y el majestuoso Sinencio León. ¿De fútbol? Poco y nada. Siguió bajando escalones y llegó a la B Metropolitana. A comienzos de 2010 se lo vio paseando su sombra por el estadio Juan Pasquale, enfundado en los colores de Defensores de Belgrano. Tuvo muy poca actividad y seis meses después se marchó sin dejar mayores recuerdos en la parcialidad rojinegra.

A mediados de año se sumó a Deportivo Roca (2010/11), para encontrarse al ex Camino a la gloria Alexis Luna. Desde 2011 forma parte del plantel de Sportivo Rivadavia de Venado Tuerto, equipo en el que juega el interminable Federico Lussenhoff.

Desde acá, nuestro deseo es que vuelva a Primera para que el pasante de algún diario deportivo pueda sacarse el gusto de titular “Lapietra fundamental” o que meta algún papel protagónico. La vemos difícil.

Brandán Pablo

Pablo Daniel Brandán (El Pacha)

Precoz promesa surgida de Huracán que irrumpió en el Nacional B de la temporada 1999/2000, sorprendiendo como lateral o volante por izquierda con tan sólo 16 años. Mostraba deficiencias en la marca pero un gran juicio para pasar al ataque con la cabeza levantada y enviar precisos centros gracias a su virtuosa pegada. Tras conseguir el ascenso jugó 12 partidos del Apertura 2000 y se unió al Sub-20, donde contrajo el virus de los Pekerboys. De regreso al Globo ya nada fue lo mismo…

Al igual que Leonardo Tambussi, fue separado del plantel que disputó el Sudamericano de Ecuador por negarse a firmar su primer contrato. A contrareloj, se hizo uso de la patria potestad y partió rumbo al Alavés de España, donde tras el primer apretón de manos, su técnico Mané le aclaró que no lo iba a tener en cuenta. Así y todo, Brandán se las ingenió para jugar dos partidos antes de quedar 20 meses colgado por los interminables litigios por la propiedad de sus derechos federativos.

Entre medio metió un mal pase en el Burgos, donde participó de algunos amistosos antes que el equipo sea condenado a bajar a Tercera División –donde no se permitían extranjeros- por no poder convertirse en una Sociedad Anónima Deportiva. Al regresar al Alavés B, se rompió el quinto metatarsiano del pie derecho en el primer entrenamiento. Completo.

En los albores de 2003 fue -junto a Pablo Paz- uno de los refuerzos deluxe que Ducatenzeiler acercó a Independiente para continuar con la senda ganadora. Tras 705 días sin disputar un partido oficial, El Pacha debutó en la 13° fecha en un empate a cero con Estudiantes, jornada en que El Tolo Gallego renunció y, ya que estaba, le obsequió un par de flores: “Yo no lo pedí. Quería un delantero. Vino él y bienvenido sea. Pero la oportunidad era para Eluchans. Encima, entre las lesiones y la Sub 20 no lo pude tener mucho”. Sus números finales en el Rojo fueron: seis partidos en un año y el pedido de quiebra en 2012 por no haber visto Patacones ni Lecops en su paso por Avellaneda.

Tras quedar afuera del Mundial Sub 20 de Emiratos Árabes, en junio de 2004 llegó lesionado a Argentinos Juniors, donde en un año metió 13 partidos y sorteó el duro trance de la promoción ante Atlético de Rafaela. Sin embargo, el fantasma del descenso lo acorraló -lesionado- la temporada siguiente cuando se unió a Instituto de Córdoba.

En julio de 2006 su abogado le envió un mail con una buena noticia: el Tribunal Supremo Español le había convalidado un fallo contra el Alavés de 300 mil euros por despido unilateral en 2004. Al llegar al juzgado lo esperaba Dmitry Piterman -nuevo dueño del club vasco- quién le hizo una oferta que no pudo rechazar (?) y Brandán salió del conclave con un nuevo pacto por dos años más. A los pocos meses fue el mismo dirigente quien le rescindió el contrato por no dar el nivel para la Segunda División Española. Nuevo juicio mediante Pablito cobró euritos (?).

Rumania, La Tierra Prometida de los baldoseros, lo acogió con los brazos abiertos en 2007. Su primer destino fue el Unirea Urziceni, donde comprendió el significado de la construccion adjetiva: «relativa continuidad» y se dio los lujos de jugar Copa UEFA y Champions League; marcarle al hoy desaparecido Glasgow Rangers y conocer el extraño totem que tiene por cabeza Dan Petrescu.

En 2010, el clásico rival mundial de River, Steaua Bucarest, se hizo con sus servicios. Allí alternó titularidad con suplencia y hasta dio una vuelta olímpica. Considerado una celebridad (?), fue la figurita de moda de las empresas de indumentaria y de las revistas del corazón rumanas, con lo cual tuvo algún problema personal y deportivo por alguna acusación nocturna.

Optando por no desfilar por los tribunales de los cárpatos, en febrero de 2012 decidió aceptar una oferta de medio millón de euros del poderoso Liaoning Whowin de la Súper Liga China. Para que no se sienta sólo ni piense que no lo queremos, lo vamos a ayudar en la cruzada: 废除 es rescindir, 合同 es contrato y 审讯 significa juicio. De nada.