Barrientos Juan Manuel

Juan Manuel Barrientos

Tras el histórico Apertura 2001 se avizoraban años de bonanza para La Academia: sueldos pagos, equipos competitivos, técnicos prestigiosos y participaciones en copas sudamericanas, presagiaban un mañana feliz para todos los que habían soportado el dolor de la desaparición y también para aquellos que venían de divisiones inferiores. En ese espejito de colores contexto creció, se formó y soño un futuro color de rosa, el homenajeado del día de hoy.

Sin parentesco con El Pitu ni con el Distinto Barrientos, debutó en Racing en la derrota 3 a 1 ante Banfield por el Clausura 2004. Desempeñándose como volante por izquierda, totalizó la nada despreciable suma de 3 partidos como recambio y compartió puteadas con Leo Tambussi, Ángel Martínez, Principiano, Céliz y Luis Benítez, entre otros. A falta de nuevas oportunidades, debió buscarse un nuevo horizonte. ¿Y el futuro ilustre? Racing.

La temporada 2004/05 lo sorprendió jugando el Argentino B para Textil Mandiyú, junto a otro querubín racinguista: Carlos Ramos. Si bien quedaron eliminados en la primera rueda, le experiencia no fue para nada mala, ya que aprendió el significado de Añaracopeguare, curepi ten bo y eike nde revikuápe al ritmo del sapucay. Al menos, una lengua más para el currículum (?).

La propiedad de su pase y un hábil representante, explican el insólito hecho de que haya recalado en el Lorient de la Ligue 2 francesa. Allí participó en 11 partidos de la primera rueda y los 18 meses siguientes lo guardaron en la sede social, donde lo exhibieron bajo el cartel Pampas Baldoserus Ladris.

A mediados de 2007 y después de cobrar hasta el último Franco, eso si, se sumó al Thrasyvoulos FC de la Segunda División griega. Siendo titular, ascendió en su primer campeonato a la Super League, donde terminaron últimos totalizando 3 victorias, 5 empates y 22 derrotas. Al menos se dio el lujo de ver a Ismael Blanco, Luciano Galletti y Lucio Filomeno al tope de la tabla de artilleros.

Tras un semestre inactivo, comenzó 2010 en Olmedo de Ecuador. Luego de 3 meses y un par de pésimas actuaciones, el equipo bananero le rescindió el contrato para poder sumar a otro crack: Esteban Rivas. Regresó en la segunda mitad de ese año a la Segunda griega para jugar 7 partidos en el Trikala FC. Tan sólo 1 partido en el Lokomotiv Plovdiv certifica que estuvo en Bulgaria durante los primeros meses de 2011.

De regreso en el país, estuvo un año entrenando con los jugadores libres de Futbolistas Argentinos Agremiados, donde compartió penas con Emiliano Díaz, Darío Pranich y Jeremías Caggiano, entre tantos otros. En julio de 2012 se sumó al Deportivo Laferrere de Primera C, demostrando que a veces Sergio Marchi y Carlos Pandolfi Internet sirve para algo.

Fretes Walter

Walter Milcíades Fretes (El cañonero aregüeño)

Quilomberísimo mediocampista (ocasionalmente defensor) paraguayo nacido en 1982, con un hermoso prontuario de relaciones amorosas truncas (y una hija cuyo padrino es el ex River y Boca Julio César Cáceres), que apareció de la nada en Rosario para sumarse a las filas de Newell’s Old Boys a mediados de 2008.

Antes, entre 2000 y 2006, había sido una fija de la formación de Cerro Porteño, disputó el mundial Sub 20 de 2001 y hasta fue preseleccionado por el Maño Ruiz de cara al mundial de Alemania, pero se quedó afuera de la lista final. Ese año partió a México para su primera experiencia internacional, enfundado en los colores de los Jaguares de Chiapas. Un año más tarde, finalizado el préstamo, regresó al Ciclón paraguayo (2007).

Las vueltas del fútbol lo llevaron a Rosario en 2008. Por aquella época, Ricardo Caruso Lombardi era el entrenador del Leproso y el otrora presidente Eduardo López le impuso el arribo de los desconocidos paraguayos Ernesto Cristaldo y Fretes, a los que Caruso se encargó de marginar en la pretemporada porque no los había pedido. Antes, claro está, el Richard había llevado a un vagón de jugadores que incluía, entre otros, a Germán Caffa, Juan Manuel Insaurralde, Pablo Monsalvo, Diego Barreto, Sebastián Grazzini y Gastón Machín.

A su llegada, Fretes se despachó con elogios a los 40 mil de visitante. «Es una hinchada que acompaña siempre al equipo y es muy fanática. Espero que todo salga de la mejor manera, dar todo por esta camiseta y seguir con la tradición de buenos resultados que los paraguayos han dado en Newell’s», dijo el paragua.

Descontento con los refuerzos inesperados, Caruso Lombardi renunció una semana antes del debut y apareció Fernando Gamboa. Si bien el ex Boca, a priori, lo consideraba titular, hubo problemas con su transfer (su pase lo tenía el turbio Locarno suizo) y la habilitación se hizo desear más de lo previsto. «Eso me tiene un poco preocupado, porque entreno toda la semana con el equipo y llega el momento del partido y me encuentro cabizbajo porque no puedo jugar. Trato de no pensar tanto en eso», comentaba Fretes.

Finalmente, el 30 de agosto, por la cuarta fecha del torneo Apertura ante Colón en el Cementerio de Los Elefantes, jugó su único partido en Newell’s. Ese día fue titular y se fue reemplazado por Pablo Pérez en el segundo tiempo. Después, algunas lesiones lo marginaron del plantel y dejó de ser tenido en cuenta. Amante de la vida nocturna, suponemos que Fretes no dejó boliche rosarino sin conocer.

El primer semestre de 2009 lo encontró otra vez en Cerro Porteño, pero las terceras partes nunca fueron buenas y en julio tuvo que irse a Sportivo Luqueño, donde tampoco duró mucho. A comienzos de 2010 se sumó a Rubio Ñu, pero a los seis meses, y tras comer banco a mansalva, volvió a sacar el pasaporte. En Perú vistió la camiseta de la Universidad San Martín de Porres (2010/11), donde tuvo la difícil tarea de reemplazar a Josepmir «225» Ballón, y además debió bancarse las críticas de Carlos Gamarra.

«Fretes es un buen jugador. Ojalá que pueda mejorar un poco más en la parte física. El único problema es que ese chico era un poquito irresponsable. Ya es hora que se ponga otra vez las pilas, tiene 28 años, y acá no puede jugar en un equipo grande por algunos problemas, porque le gusta noche. Ojalá lo tranquilicen», lo atendió Gamarra, que lo había tenido en Rubio Ñu.

Como no podía ser de otra manera, su presente es un quilombo indescifrable. A mediados de 2011, de la mano del presidente Julio Pacheco, lo contrató Universitario de Lima para reemplazar al ex River Cristian Álvarez, pero nunca llegó a vestir la camiseta crema porque no entraba en los planes del técnico José “Chemo” del Solar. Ojo, tampoco lo querían sus nuevos compañeros. Todo un nene malo.

Después de estar colgado seis meses, en los que se mantuvo entrenando en Cerro Porteño y siguió sumando escándalos (atropelló a un motociclista), a comienzos de este año, se presentó a entrenar pero no lo dejaron pasar, lo chotearon (!), los dirigentes dijeron que no había firmado ningún contrato, tiró que Pacheco y Del Solar le estaban cortando las piernas, en el medio cambió la dirigencia del club, el Ñol Solano le dio otra oportunidad, no convenció, denunció al club (reclama más de medio millón de dólares) y actualmente nadie sabe qué será de su carrera futbolística. Ah, para colmo la madre de su hija lo llevó a juicio. Cartón lleno.

Miramontes Matías

Matías Martín Miramontes

Como lo hiciera Brasil con Denilson o Paraguay con Nelson Cuevas, Argentina también pretendió formar jugadores para escasos minutos en la cancha, de esos que entran promediando el segundo tiempo para terminar desnivelando, amparados en la velocidad, el desparpajo y la gambeta. Lamentablemente para nuestras ambiciones, el experimento nacional jamás pudo igualarse con el de sus colegas sudamericanos, principialmente por la ausencia de esas características explosivas. Con ustedes, Matías Miramontes.

Debutó en Temperley en 2000 cuando este equipo se despidió de la B Nacional y durante los 3 años siguientes se fogueó en las canchas de la Primera B donde, entre otras cosas, inspiró a los periodistas del ascenso.

Motivado por imaginar su rosada foto en La Gazzetta dello Sport y ante el ofrecimiento de un grupo empresario, a mediados de 2003 firmó con el Venezia de la Serie B tana. Allí fue un habitual relevo en su primera temporada y tuvo un poco más de continuidad en la segunda. Nada mal para un joven futbolísta en ascenso.

Lamentablemente, Los Gondoleros (?) se vieron involucrados en el renombrado Caso Genoa, en el cual se comprobó que la squadra de Miramontes arregló la derrota ante el equipo de Cristóbal Colón (?). Como sucede en la Argentina (?) hubo sanciones para todos los involucrados: 4 meses de suspensión para seis jugadores y 5 años de inhabilitación para los máximos dirigentes de ambos equipos. El Genoa retrocedió a la Serie C1 y el Venezia se disolvió y se debió refundar.

Todo esto, claro, terminó beneficiado a Miramontes, quien se quedó con la ficha en su poder. Es así como consiguió un préstamo en Uniao Leiria de Portugal, donde en un año logró el handicap de 10 reemplazos en 12 partidos. Por supuesto, los lusitanos no hicieron uso de la opción de compra. Era hora de volver a la patria.

En junio de 2006 Nery Pumpido había llegado a la dirección técnica de Newell´s. Misterioso, Falanges declaraba: “Vamos a dar pelea, van a llegar tres tapados del exterior”. Los refuerzos en cuestión debutaron en la victoria 3 a 0 sobre Vélez por la 1° fecha: Tacuara Cardozo, Santiago Salcedo y… si, Matías Miramontes, quien luciendo el número que usaron Maradona y Manso disputó 10 partidos como suplente y se destaca que jugó 45 minutos en una derrota ante San Lorenzo. Un saldo muy pobre. No se le renovó el préstamo.

A mediados de 2007 se fue hasta el norte y se sumó al plantel de Gimnasia de Jujuy, donde jugó 24 encuentros y no modificó su tendencia a ser suplente o reemplazado. A esta altura, una manera de sentir la vida (?). Aunque, nobleza obliga, metió los 90 minutos en la derrota 1 a 0 ante La Lepra. Su despedida del Lobo Jujeño fue en los partidos de Promoción ante Unión de Santa Fe. Se fue de la Argentina dejando al equipo en Primera, con el orgullo de ser reemplazado en el entretiempo de la revancha y con nostalgia por abandonar a sus amigos de Villa Gesell.

El pasaporte italiano y la propiedad de su pase lo llevaron de regreso a la península, donde a su adicción a jugar pocos minutos le sumó el hobbie de hacer el recorrido subibaja: dos años en el Ancona de la Serie B, luego un escalón más abajo en Cremonese; vuelta a la segunda división para jugar 14 partidos con el Triestina y, finalmente, regreso a la Serie C para vestir los colores del Frosinone (2011/12).

Siendo un especialista en reemplazos, su nombre figura en la agenda de ciertos productores de la calle Olleros por si se resfría Charlotte Caniggia (?).

Gil Gonzalo

Gonzalo Gil

Su aparición en Primera no la tenía nadie y su historia le escapa a la del futbolista promedio. Nacido en septiembre de 1989 y criado en el country Campo Chico, en 2007, a los 17 años, apareció con su bolsito en el Monumental para probarse por segunda vez en las inferiores de River Plate, luego de que un dirigente lo viera en un torneo intercountries. Antes, lo había intentado como zaguero central, pero no quedó seleccionado. Como delantero la rompió en quinta (6 goles en 10 partidos), cuarta y anduvo bien en Reserva, donde incluso le convirtió a Boca en un clásico que ganó el Millonario. “Fue el gol más importante de mi vida. Nunca había jugado ante tanta gente. Además, era la primera vez que enfrentaba a Boca. Qué más pedir», contó tiempo después al diario Olé.

Goleador y referencia en el área (mide 1,86), Diego Simeone lo subió al plantel profesional en 2008 luego de verlo convertir tres tantos en una práctica entre la quinta y la sexta división (él ya jugaba en cuarta) y debido a la lesión de Radamel Falcao lo convocó para ser suplente de Gustavo Bou (con lo que eso significa) en un partido ante Rosario Central, aunque finalmente no salió del banco de suplentes.

El debut llegó el 26 de octubre de ese mismo año ante Gimnasia en Jujuy. Ese día fue titular con la camiseta número 35, que había dejado Rubens Sambueza (otra señal inequívoca de que no podría triunfar jamás en Primera), y se fue reemplazado en el segundo tiempo por el propio Falcao. River perdió 1 a 0 con gol de ¡Héctor Desvaux! y ese torneo salió último, mientras Boca se llevaba los honores en aquella dramática final ante Tigre. Todo mal. Con la llegada de Néstor Gorosito a la dirección técnica y hasta su despedida a fines de 2009, Gil sumó otros 3 encuentros más desde el banco a su currículum. Sin goles, claro, ni jugadas destacables, ni nada que se le parezca. Intrascendencia pura.

En el medio fue cavando su propia fosa, como cuando dijo “no estoy para reemplazar a Fabbiani”, que no le podía meter un gol ni al arcoíris. Para colmo, la búsqueda de su nombre en los foros millonarios es demoledora “buen cabezazo, pero extremadamente horrible con los pies”, “es peor que el Mágico Canales” o el lapidario “era suplente de Fabbiani”. Difícil hacerle frente a semejantes críticas.

Después de seis meses sin oportunidades en Primera y de que lo bajaran a la cuarta, a mediados de 2010 pasó a préstamo por un año a Ñublense de Chile junto al también baldosero Matías Díaz. Ni hace falta aclarar que seis meses después le dieron las gracias por los servicios prestados, le cerraron la puerta en la cara y tiraron la llave por la alcantarilla como para asegurarse de que no volviera nunca más. En enero de 2011 apareció junto al ex Boca Nicolás Villafañe en el Olaria brasileño, que disputaba el campeonato carioca de primera división. Sin grandes actuaciones, fue dejado libre poco tiempo más tarde. Al menos, habrá conocido lindas playas. Después de fracasar en una prueba en Atlético Tucumán se retiró del fútbol a los 22 años.

En julio de 2012, cuando parecía que la historia ya tenía su punto final y, oh casualidad, este post estaba en producción, el bueno de Gonzalito firmó su contrato para defender los colores de Fénix en la Primera C en la temporada 2012/13. En una de las tantas (?) notas que le hicieron en estos últimos días explicó qué fue de su vida el último año. «Estuve sin jugar porque en el fútbol a veces se presentan situaciones adversas muy difíciles de superar, en la que si uno no está al 100 por ciento no puede rendir al máximo y no sirve para un equipo», contó. Y agregó «De esa manera, preferí salir del mundo del fútbol y estar alejado para encontrarme conmigo mismo para dar lo mejor, tanto para mis compañeros como para mí, en cualquier lugar que me toque estar. Eso me llevó un tiempo hasta que salió esta oportunidad y ahora tengo muchas ganar de dar lo mejor».

Gil, pero no tanto.

Theiler Luciano

Luciano Ariel Theiler (Lucho)

Especie de defensor central argento-croata y primo segundo de Jorge Theiler, ex defensor ochentoso de Newell´s y River. Se formó, por decirlo así, en Renato Cesarini y luego se unió a las inferiores de Lanús, donde entre otros hitos (?) ganó los Juegos Deportivos Bonaerenses edición ’99. Al ver que no tenía mayor cabida en El Granate, enero de 2000 lo encontró en Barrio Alberdi para defender los colores de Belgrano.

La chance de ingresar en el primer equipo le llegó en la 19° fecha del Clausura 2002, tarde en que El Pirata perdió por 2 a 1 ante Nueva Chicago en Mataderos. En el banco de suplentes se pellizcó cuando El Doctor Herbella convirtió los dos goles del Torito y a los 42 del segundo tiempo le dio un ataque de bruxismo cuando, a punto de ingresar, los hinchas locales invadieron el campo y el partido se dio por terminado. Así es, un minuto fatal dio por finalizado su sueño de jugar en la elite de los domingos.

A pedido de Jorge Ginarte, la dirigencia Pirata le alquiló un departamento para que viva con Gastón Turus. Se puso la remera con la cara del Potro en 9 cotejos del Nacional B 2002/03 y cuando el técnico fue cesanteado lo mandaron a jugar a la liga local, donde tuvo su momento de gloria cuando marcó para el empate en el clásico con Talleres. Se mantuvo en silencio hasta que lo llamaron para jugar la Copa 90° Aniversario de la Asociación Cordobesa, donde en la final vencieron por 2 a 0 a la selección Sub- 20 de Mariano y Joel Barbosa, Jesús Méndez, Conca, Cángele y Peirone.

A comienzos de 2004 y viendo que ni Belgrano ni él progresaban, Theiler se animó a seguir bajando de categorías y se fue a Alumni de Villa María del Argentino A, donde descendió a los seis meses. Luego firmó con General Paz Juniors, pero lo echaron antes de fin de año. En enero de 2005 regresó a Alumni y en julio pasó a Independiente de La Rioja también del Argentino B.

Después de sacarse un plasma en cuotas para ver el Mundial 2006, le picó el bichito de que la pelota lo lleve a conocer nuevas culturas. Y así lo hizo, aunque de movida arrancó cerca, yéndose un semestre al San José de Oruro de la Primera División boliviana. Regresó a su amado Argentino B para jugar un año en Patronato y, de paso, comprarse un globo terráqueo para definir al azar sus nuevos destinos…

En 2008 firmó con el Victory Sports Club , de la poderosa liga de Islas Maldivas, donde declaró: “No conozco a mis compañeros, para mi son todos Mohamed. Vivo en Malé, 100 mil personas en 300 Km. cuadrados rodeados por el mar. Esquivé tiburones y murciélagos gigantes. Son todos musulmanes, no existe la carne, el que toma alcohol va preso y está prohibido comer con la mano izquierda. Vine para hacer vidriera y luego pasar a Europa”. Contate otro…

A mitad de ese año se fue a Al Karamah de Siria, donde según sus palabras la gente tomaba mate y todos le decían: “Aryentina? C*rl*s M*n*m!”. Si después de eso te quedan ganas de seguir leyendo, comenzó el año 2009 en Al Ahad del Líbano, donde esquivó minas (de las que matan, no de las otras) y tras un campeonato se unió a Persiba Bantul de Indonesia. Se sacó las ganas de seguir jugando en el exterior defendiendo al scrabblelico (?) Muktijoddha Sangsad KC de Bangla Desh durante la temporada 2010/2011, de donde rescató: “Acá nos cortan la luz cinco veces al día y las mujeres trabajan de albañiles“.

Si bien: No me pregunten por méritos deportivos, lo mío es aventura tras aventura, podría escribir un libro” continuó con los destinos exóticos cuando se unió a Talleres de Perico del desconocido Jujuy para el peligroso Argentino B 2011/2012. Tras quedar eliminados en primera rueda, Theiler colgó los botines y debutó como director técnico de Complejo Deportivo Justiniano Posse, donde descendió al Argentino C tras perder la promoción por la permanencia ante Independiente de Neuquén.

En julio de 2012 renovó como técnico del equipo de su ciudad, también cuna natal del ex de Evangelina. Estaremos atentos a como continúan las aventuras del Indiana Jones cordobés…

Gradito César

Cesar Luis Gradito

La Baldosa es servicio (?). Así que, estimado lector, si querés escaparte del país, el homenajeado de hoy puede ser nuestro guía hacia lavar copas en Miami El Sueño Americano. Llevándonos en el viaje por Yucatán, para sacarnos una foto en la pirámide de Chichén Itzá. Luego a Chiapas, donde jugaremos un partido ante el equipo del Subcomandante Marcos. Después al DF para visitar el museo de Frida Kahlo (?) y, lo más importante, en Tijuana se chamuyará a los oficiales de la Migra mientras nosotros cruzamos el paredón y corremos enfundados en nuestra remera baldosera. ¿Querés conocer mejor al tipo que nos ayudará a ser Espaldas Mojadas? Acá esta su ficha.

Lateral derecho o volante central, abrió sus ojitos al mundo el primer día de 1979. Se formó en el Club Carlos Paz y luego recaló en Talleres de Córdoba, donde debutó de la mano de Humberto Zuccarelli en el Nacional B 1997/98. En ese torneo completó una decena de partidos y festejó el ascenso con Ricardo Gareca como DT. Sin embargo, en Primera División sólo estuvo en la guía de Clarín el banco de suplentes en dos partidos y aceptó volver al Nacional B para defender a Tigre en la temporada 99/00. En El Matador se presentó con un gol a Central Córdoba pero, poco a poco, Ricky Villa lo fue condenando al ostracismo.

Para saldar constantes deudas, su ficha cayó en manos del representante Carlos Granero, quién lo indujo en la riesgosa aventura de recorrer el México profundo (?). Su primer destino fue el desaparecido Astros de Ciudad Juárez de Tercera División, donde: “Hasta que cobré mi primer sueldo andaba seco, tuve que robar fruta para comer porque me mandaron en colectivo hasta Ciudad Juárez y estaba como a 26 horas del DF”. Llegó a la final por el ascenso en la que cayeron derrotados ante Atlético Cihuatlán, quienes lo invitaron a sumarse al plantel para afrontar el torneo de Segunda División. Se mantuvo en esa categoría cuando un año después pasó al desaparecido Jaguares de Tapachula, filial del homónimo de Chiapas.

Por su aceptable rendimiento, pero básicamente por haber jurado la constitución mexicana y no ocupar cupo de extranjero, el Atlas de Guadalajara lo sumó a su plantilla en 2004. Tras un fantasmal paso de doce meses en la División de Honor, fue cedido al equipo filial, Académicos de Tonalá de la División de Ascenso. Al año volvió al equipo principal, pero ya no sabían donde meterlo. Así y todo, jugó algunos partidos de donde se desprende la alta cotización de su camiseta y consiguió que Nicolás Olivera, Andrés Guardado, Reinaldo Navia y Denis Caniza lo acepten en Facebook.

Llegó para la temporada 2007/08 al Dorados de Sinaloa de la B, equipo que vio a grandes baldoseros en sus filas. Pondríamos sus nombres pero no tenemos tanto tiempo. Se mantuvo en el under mariachi desfilando por los planteles de Club Tijuana, Xolitzcuintles, Estudiantes Tecos y Correcaminos.

A mitad de 2011, Gradito volvió a su tierra natal para jugar el Argentino A en Racing de Córdoba. Si bien no consiguió el ascenso, dejó su huella en un clásico ante Talleres, cuando en una gloriosa gresca junto a 8 compañeros ajusticiaron al árbitro y a policías por igual. Esto les valió a todos los implicados 10 días de cárcel y 4 partidos de suspensión… Si señores, porque en la tierra del tequila, además de endurecer el paladar y mejorar las sumergidas en picada, se aprende lo mejor de Julio César Chávez, José Pipino Cuevas y Blue Demon Jr.

Tambussi Leonardo

Leonardo Gabriel Tambussi

Su canonización pagaba dos mangos: era considerado el defensor del futuro y la mayor promesa de Racing Club de Avellaneda de principios de milenio. Exhibía un representante/consejero sólo comparable al de Adrián Guillermo, jugaba con la camiseta número 31 y poseía un hermano menor baldosero. Un tipo verdaderamente completo (?).

Leo Tambussi, a él nos referimos, abandonó su Mar del Plata natal siendo apenas un adolescente y consiguió una cucheta en el predio Tita Matiuzzi, lugar donde residían los duendes académicos (?). No se sabe si fue Gustavo Costas o Humberto Maschio quien decidió mandarlo a la cancha promediando el Clausura 2000, cuando reemplazó a Sergio Zanetti en un empate con Rosario Central.

Se afianzó como zaguero central recién al siguiente torneo, donde dejó su huella en un empate ante Estudiantes: apenas comenzado el encuentro, Tito Pompei envió un pelotazo que dejó pasar Úbeda y le quedó a Leo, quien estando solo no rechazó, dudó y le terminó cometiendo un penal infantil a Farías. El reloj indicaba apenas 1 minuto de juego cuando el mismo Tecla convirtió el gol. A la postre y en un hecho casi inédito, Manuel Neira marcó la igualdad final.

Comenzó el Clausura 2001 como titular y referente del fondo, ya que contaba con toda la confianza del recién asumido Mostaza Merlo. Sin embargo, fue separado del plantel tras la octava fecha luego de que su representante, Isidoro Giménez, le aconsejara no firmar su primer contrato y quedarse con el pase en su poder. Este hecho fue el comienzo del fin de su promisoria carrera.

La situación finalmente se resolvió a favor del club por el convenio colectivo de trabajo, que dictaba que un juvenil debía aceptar automáticamente el 60 % del contrato mejor pago del plantel. A todo esto, Tambussi ya se había perdido lo mejor que le podía pasar a cualquier joven futbolista argentino por aquellos tiempos: integrar la lista de la Selección Sub 20 que ganó el Mundial de la categoría en nuestro país y, por sobre todo, aparecer en la histórica foto del Racing campeón después de 35 años. Todo unos visionarios, tanto él como su apoderado…

Regresó al plantel en enero de 2002, donde recibió, además de la indiferencia de sus compañeros, un intimidante “Bienvenido, traidor” de parte de Jaimito, el capo de la barra brava académica. Con poco crédito, en el Clausura sólo jugó en la última jornada y debido a los constantes abucheos fue reemplazado en el entretiempo. Eso si, en el Apertura siguiente disputó 2 partidos como titular pero, precavido, a millones de kilómetros de distancia del Cilindro (?).

Pasó seis meses a préstamo a Arsenal, donde por rotura de ligamentos ni siquiera debutó y luego regresó a Racing para desnutrir a la reserva. De la mano del Pato Fillol tuvo un breve regreso al primer equipo durante el Clausura 2004 y arrancó como titular el Apertura de ese mismo año, pero salió del equipo tras la 5° fecha cuando tuvo desplazamiento de clavícula tras chocar con Maxi López. La última vez que se lo vio en Primera División fue en el Clausura 2005, donde totalizó 31 minutos basura en 2 encuentros de relleno. Sus números finales son: 49 partidos y tres tarjetas rojas. Una trayectoria anoréxica para quien se vislumbraba como el nuevo Gustavo Costas.

A mediados de 2005, cuando ya nadie quería hacerle firmar ningún contrato, Tambussi por fin consiguió el tan postergado sueño del pase propio. Y ahí, siendo el dueño de su destino, primero logró un préstamo semestral en Dorados de Sinaloa y luego otro, también semestral, en Dorados de Tijuana, equipos que obviamente no le compraron el pase ni prolongaron la cesión. El defensor luego cruzó el océano para meter 4 partidos en 2 años con la camiseta del Boavista y luego 13 patidos en doce meses con la remera del Portimonense de Segunda División.

A mediados de 2009, Leo Tambussi regresó al país para darle un salto de calidad a la defensa de Desamparados de San Juan del Argentino A, pero este paso fue tan pobre que el equipo cuyano le rescindió el contrato al finalizar la primera rueda. En enero de 2010 volvió a su ciudad natal y se unió a Alvarado, donde además de a Junior Ischia, Gabriel Christovao, Celso Esquivel, Roberto Cornejo y Gastón Ervitti, conoció el sabor de la vuelta olímpica al derrotar a Deportivo Roca en la interminable final del Argentino B 2011/2012.

No sabemos si El Torito finalmente le adquirió el pase, ni tampoco qué hubiese sido de su carrera si no se hubiera puesto en rebeldía con Blanquiceleste S. A., tal como hizo el otro pichón en su misma situación… un tal Diego Alberto Milito. ¿El futuro ya llegó?

Grabowski Juan

Juan Fernando Grabowski (El Colo / El Ruso / Grabo)

Nacido en La Chicago Argentina, éste defensor central hizo las inferiores en Rosario Central y al igual que Gonzalo De Porras, Federico Pallaro y Marcelo Aguirre, debutó el 26 de agosto de 2005 cuando un combinado de juveniles Canallas vapuleó a Lanús por 4 a 0. Parecía emerger un nuevo ídolo ya que, además, en aquella jornada bautismal Grabowski marcó el cuarto tanto de cabeza. Pero claro, sólo se trataba de apenas otro colorado (?)…

En aquel Apertura 2005 completó otros tres partidos y cuando finalizó la participación del Canalla en la Sudamericana regresó a la Reserva. Grabowski volvió a asomar su rojiza cabeza en 2006 cuando jugó 2 partidos por la Copa Libertadores y ahí, en la derrota 2 a 0 ante Cerro Porteño en el Gigante de Arroyito, tuvo sus 15 minutos de fama cuando con una gloriosa patada voladora sacó de la cancha a Jorge Achucarro, quien se fue a las duchas con un corte de 8 centímetros en su pierna derecha y, suponemos, no volvió a ser la misma persona después de esa jugada. El reloj marcaba apenas 3 minutos de juego.

Avergonzados, los dirigentes exiliaron al Colorado un semestre en Sarmiento de Chaco, donde disputó el Torneo Argentino B. La imperiosa necesidad de refuerzos de Néstor Gorosito más su paso firme por la cuarta categoría lo hicieron regresar a Rosario Central. Lamentablemente para él, los ligamentos cruzados de ambas rodillas lo traicionaron y sólo jugó un partido en el Clausura 2007 y otro en el Apertura de ese mismo año. En ambos casos como titular, si eso sirve de algo…

Si hay alguien generoso en este mundo, al igual que la Madre Teresa, Caruso Lombardi y Juan Carr, ese es Ronald Raldes. Como lo hiciera con otros relegados valores de la cantera canalla, el boliviano gastó tarjetas telefónicas y le consiguió laburo en Oriente Petrolero. En el conjunto refinero, la titularidad de Juan Grabowski se fue diluyendo como un antiácido y terminó relegado al banco de suplentes, al menos tuvo el orgullo de ser dirigido por Víctor Tucho Antelo, El Palermo Boliviano (?).

Desahuciado, apunado y con el pase en su poder, en enero de 2009 El Colo se bajó del micro de Trasrosario Boliviana en la localidad santafecina de Las Parejas y ya que estaba se pusó la camiseta de Sportivo para el Torneo Argentino B. A comienzos de 2010 se fue al Total Chalaco de Perú, quien pugnaba por mantenerse en la Primera División incaica. Si bien Grabowski fue uno de los baluartes de la defensa, el objetivo no se consiguió y al año siguiente la institución desapareció. Cartón lleno…

Escapando del Waterloo de La Furia Chalaca, en enero de 2011 el querido Colo Grabowski llegó a Coquimbo Unido de la Segunda B chilena, donde se volvió a cruzar, brevemente, con Gonzalo De Porras. Allí, al parecer, encontró su lugar en el mundo: se convirtió en referente, capitán y, cuando no esta en el refugio anti-sísmico, se toma algunos Piscos Sours junto a sus compatriotas Matías Alasia, Mario Pierani y Juan Pablo Miño.