Reina Jorge

Jorge Fabián Reina (El Colo)

Atacante oriundo de Ciudadela que pasó de las inferiores de Vélez a Gimnasia y Esgrima de La Plata, donde prometió a fines de los 80’s, sin llegar a cristalizar todo lo bueno que se esperaba.

Sus antecedentes de artillero en Cuarta y Tercera le dieron la oportunidad de debutar como titular en 1987, en la victoria 4 a 2 ante Racing de Córdoba, en la que convirtió el último tanto. Se perfilaba bien.

En los años posteriores obtuvo otras oportunidades para mostrarse, pero salteadas. Desde su estreno hasta su despedida del Lobo, en 1990, apenas pudo disputar 15 encuentros y marcar 2 goles (el otro se lo hizo a a Platense, en su último partido).

Bajó al Nacional B para remontar su trayectoria pero la cosa no fue sencilla. Un año en Talleres de Remedios de Escalada (1990/91), otro en Lanús (1991/92) y un paso por Laferrere (1993) luego de una estadía en La Serena de Chile (1992, junto a Carlos Castagneto), terminaron borrando la proyección que había tenido en sus comienzos.

Tras su pronto retiro, siguió ligado a la familia tripera, siendo socio, haciendo donaciones para las inferiores y, desde este año, integrando el departamento de fútbol de Gimnasia. En la B, sí, pero con público visitante. Tomen, giles (?).

Nieves Diego

Diego Marcelo Nieves

No es noticia que muchos jugadores tengan una destacada trayectoria en divisiones inferiores y que luego carezcan de suerte al llegar a Primera División. El caso de Diego Nieves podría incluirse dentro de este tipo de jugadores.

Había comenzado su carrera en las juveniles de Ferro Carril Oeste y perteneciendo al equipo de Caballito estuvo en el plantel que disputó el segundo torneo sudamericano de Selecciones sub-16 disputado en Perú en 1986. El equipo argentino logró llegar a la fase final de cuatro selecciones pero quedó en el último lugar y no clasificó para el Mundial.

Después llegó a las inferiores de Argentinos Juniors, donde obtuvo títulos de la mano de José Pekerman y compartió plantel con Leonel Gancedo, Christian Dollberg y Leonardo Asencio, entre los mas destacados que llegaron a Primera.

Su momento de gloria en el Bicho se dio el 1º de octubre de 1991. Por la primera fase de la Supercopa, el equipo de La Paternal enfrentó como local al Santos Fútbol Club de Brasil en el estadio de Ferro. Con Carlos Goyén, Fernando Batista y Carlos Javier Mac Allister suspendidos para torneos internacionales por la recordada Batalla del Centenario, César Mendoza, Héctor Cejas y Diego Nieves tuvieron la responsabilidad de suplantarlos.

Argentinos alineó a César Mendoza; Héctor Cejas, Fernando Cáceres, Osvaldo Rodríguez y Diego Nieves; Walter Zermattén, Leonel Gancedo, Diego Cagna y Christian Trapasso; Enrique Sánchez y Antonio Vidal González. En el entretiempo, Cristian Traverso (también debutó en Primera aquella noche) reemplazó a Cáceres y a los seis minutos del complemento el arquero nacido en Zambia, Efford Chabala, ingresó por el lesionado Mendoza en el arco, jugando así sus únicos 39 minutos en Argentinos Juniors. El técnico de aquel equipo era José Yudica. Santos ganó el partido 2 a 1. En el desquite jugado en Brasil el marcador finalizó con empate en cero y Santos pasó a la siguiente ronda.

A mediados de 1992 fue dejado en libertado de acción y pasó a Sportivo Desamparados de San Juan. Luego tuvo su momento en el exterior, jugando algunos meses durante el primer semestre de 1993 para el Étoilé Carouge de Suiza, filial del Servette, en Segunda División. Más tarde, al volver a Argentina, jugó en Rivadavia de Necochea y General Belgrano de Santa Rosa, La Pampa. En 1995 volvió al fútbol de AFA al fichar para Defensores de Belgrano y finalizó su carrera en 1997 en Juventud Antoniana de Salta.

Quizás un común denominador de grandes figuras en inferiores, con pasado por selecciones nacionales juveniles, pero que no logran asentarse en la máxima categoría de nuestro fútbol.

(Publicado originalmente en «¿Te Acordás Bicho?«)

Bonhoff Fabián

Fabián Eduardo Bonhoff

Promesa surgida en Newell’s Old Boys que pese a los buenos augurios que cargaba desde inferiores no pudo consolidarse en la Primera División de nuestro fútbol, teniendo que emigrar al mercado europeo, donde tampoco fue gran cosa.

Debutó como marcador central en La Lepra allá por 1986, pero enseguida lo prestaron a Huracán de Parque Patricios (1987/88) para que se curtiera en el Nacional B. Allí convivió junto a Pedro Fóppoli, Hebert Birriel, Carlos Torino y Ariel Paolorossi, entre otros, pero apenas pudo disputar 10 encuentros, en los que llegó a marcar 1 tanto.

Volvió a Newell’s (1988/89) pero apenas pudo agregar otro match a su legajo. En busca de una posibilidad economica más grande, marchó al Viejo Continente para sumarse al Castellón, conjunto español del ascenso que también contaba con el experimentado Luis Mario Cabrera. En su temporada inicial Bonhoff fue titular, marcó 2 goles y logró subir a Primera. Todo un éxito. Quizás el único de su efímera carrera.

En la máxima división del país ibérico, claro, la cosa no fue tan sencilla. No sostuvo su puesto en la defensa (apenas 11 encuentros desde el arranque) y a pesar de que el equipo logró el objetivo de mantenerse, al comenzar la temporada 1990/91 debió buscar nuevos horizontes. El Palamós lo cobijó en Segunda, donde terminó zafando del descenso por diferencia de 1 punto. Casi casi.

Tras varios años en los que no supimos nada de él (ojo, tampoco es que lo buscábamos todos los días), en junio de 2010 reapareció en los medios cuando fue convocado por la dirigencia de Newell’s para la inauguración de un complejo de canchas de césped sintético. Sintético, sí, como su andar en el fútbol.

Villarreal Claudio

Claudio Martín Villareal

Fantasmal atacante que pasó sin pena ni gloria por la Primera División de nuestro fútbol, teniendo la oportunidad de compartir momentos, como se observa en la imagen, con el rubio Ademir, aquel fino volante que incorporó Racing luego de que obtuviera la Supercopa con el Cruzeiro.

Lo de Villita (?) en La Academia fue poco más que intrascendente. Nacido el 28 de mayo de 1972, hizo el camino de inferiores y pudo debutar con la camiseta albiceleste cuando ya era bastante grandecito, el 18 de diciembre de 1992, en la victoria 2 a 0 sobre Talleres de Córdoba. Ese fue, por supuesto, también su partido despedida en la máxima categoría.

Ya en el Nacional B, actuó para Arsenal de Sarandí (1993/94), en la época en la que no usaban los pantalones de Quilmes. Sólo fueron 6 partidos. ¡Pero qué 6 partidos! Si hasta hizo un gol (?).

Hoy está desaparecido y esperamos que, sea cual sea su paradero, se mantenga mejor que Ademir.

Herrera Horacio

Rafael Horacio Herrera

Se vivían momentos complicados en Boca Juniors allá por 1984. A las formaciones decadentes y el incendio masivo de juveniles, podríamos agregarle miles de matices más que lo tuvieron al borde de la desaparición. Que ese año hayan usado un fibrón para dibujar los números de la camiseta pinta también la delicada situación que atravesaba el club, así que no nos vamos a andar asustando (?) porque Rafael Herrera, el protagonista de este post, en la foto ni siquiera tiene la misma indumentaria que su compañero Ruggeri.

Puntero derecho surgido de las inferiores xeneizes, tuvo un paso breve pero intenso en la máxima categoría. Entre 1984 y 1985 disputó apenas 10 partidos, pero al menos se dio el lujo de marcarle un gol a River que provocó que un cabeza hincha, sumido en la emoción, dejara caer a su hijo de dos años al foso. Grosso (?). Para colmo ese día el Millonario ganó 4 a 1.

Paradójicamente, pasó el tiempo y la vida lo encontró en el ascenso y con la camiseta de la banda roja, pero no se confundan (?), hablamos de Guaraní Antonio Franco, equipo misionero en el que jugó sólo 6 encuentros del Nacional B en la temporada 1986/87.

Rescatado por Ferro Carril Oeste (1987/88), tuvo su revancha en la A pero agregó nada más que 5 presentaciones sin tantos. De regreso en la segunda división, sumó 35 partidos y 4 goles con Estación Quequén (1988/89), para bajar luego a la Primera B, donde actuó para el Deportivo Merlo y Estudiantes de Caseros (1992/93), equipo que le dio la oportunidad de conocer a Domingo Irala Sarabia.

Como habrán visto, una trayectoria que no da para tirar fuegos artificiales ni manteca al techo. Pero sí pendejos al foso (?).

Méndez Waldemar

Enrique Waldemar Méndez

Miraba para arriba y tenía a Teresa Cencelarich. Miraba para el costado y tenía al Mono Burgos. Miraba para atrás y tenía al Bebé Rocha. El problema de Waldemar Méndez era que miraba mucho. Y haciendo vista hizo banco hasta que se cansó.

Nacido en Laprida en 1971, tuvo su momento de gloria unos 20 años más tarde, cuando robó un lugarcito en el póster del Ferro noventoso que conducía Timoteo Griguol. Allí conoció a Oscar Garré, Jorge Cordon, Claudio Cristofanelli, Fabio Radaelli, Luis Santillán y Fabián Tisocco, entre otros. Para completarla, fue al banco de suplentes en 10 partidos de la temporada 1991/92, pero nunca tuvo la chance de estrenarse oficialmente.

Después hizo carrera en Chile con los buzos de Ovalle (1995), Unión La Calera (1994, 2001 y 2005), La Serena (1996 a 1999, donde fue despedido por criticar al nuevo entrenador), Melipilla (2000), Temuco (2002), Osorno (2003) y O’Higgins (2004).

Tras su retiro, se dedicó a hablar de táctica en programas deportivos de radio y TV del país trasandino, e incluso ejerció el papel de director técnico en el fútbol universitario. Acá les dejamos su cuenta en twitter por si le quieren recordar que Rocha debutó en Ferro y él no (?): @WaldeMendez.

Turienzo Federico

Federico Ezequiel Turienzo

“Su cerebro inflamado es como un grano de arroz”. Así lo definió el místico (y mítico) expresidente de Gimnasia y Esgrima La Plata Juan José Muñoz a Federico Turienzo, alto delantero (no por su juego ni por su eficacia, sino por su casi metro noventa de altura) que vistió la camiseta del Lobo entre 2002 y 2005.

Nacido en la ciudad de las diagonales en febrero de 1983, Turienzo debutó en la Primera del Tripero 19 años después, el 3 de febrero de 2002, en el empate 2 a 2 frente a Huracán, en un partido correspondiente a la postergada última fecha del torneo Apertura 2001. Esa tarde, de la mano de Carlos Ramacciotti, el pibe, que ya venía entrenando con los grandes desde la última etapa de Carlos Timoteo Griguol, reemplazó al Colorado Facundo Sava.

La semana siguiente fue la figura de Gimnasia, que derrotó a Unión de Santa Fe por 3 a 2, con dos goles suyos y otro de Teté González. Después de una violenta sequía, recién volvería a convertir a mediados de mayo, en la última fecha del Clausura, ante Huracán, en otro empate 2 a 2. En aquel torneo, sus números cerraron en 11 partidos y 3 tantos.

En la segunda mitad del año vivió grandes momentos de gloria al lado del Caio Enría. En septiembre fue uno de los goleadores de Gimnasia junto a Gonzalo Choy González y Jorge San Esteban en la victoria por 3 a 1 ante Estudiantes. En noviembre le marcó un gol a River en un triunfo por 2 a 0. En ese campeonato redondeó 14 presencias y marcó 3 veces.

En el primer semestre de 2003 jugó la Libertadores y en el verano casi pasa al Racing de Ardiles. «Racing es una buena vidriera y sería una linda posibilidad, pero todavía no sé nada», dijo. Obviamente no pasó nada y se quedó en el Lobo. En el Clausura, campeonato en el que compitió por un lugar en la delantera con Enría, el Pampa Sosa, Nicolás Furlanetto, Brian Robert y el malogrado paraguayo Derlis Florentín, disputó 11 partidos y convirtió un gol. En la segunda mitad del año, con Griguol otra vez en el banco, brilló por su ausencia y apenas ingresó a la cancha desde el banco de suplentes en dos encuentros.

A fines de un 2004 flojo (3 juegos en el Clausura y 9 en el Apertura), Muñoz lo marginó del plantel profesional al igual que Enzo Noce, Martín Pautasso, el Facha Gustavo Bartelt y Gonzalo Plaqueta Choy González, y le espetó la frase que ilustra el comienzo de este post. Hasta entonces había disputado 51 encuentros y convertido 7 goles. Además, por torneos internacionales, sumó otras 5 presencias a su currículum.

En enero de 2005 viajó a Italia para sumarse al Venezia, pero no arregló. Siguió deambulando por Europa y pegó un mal pase en el Roda holandés. Finalmente, regresó al Lobo para entrenarse con los apartados y ser indultado en abril, gracias a la intervención de Pedro Troglio, Ricardo Rezza y el Coco San Esteban.

A mediados de año, el polaco (no, este no) Zbigniew Boniek (ex Juventus y Roma) lo recomendó al Brighton & Hove inglés (2005/06) y los piratas no dudaron mucho en comprar el buzón y firmarle un contrato por dos años. «Es una apuesta a futuro, lo vimos jugar una vez, lo observamos en los entrenamientos y vimos un video suyo y quedamos impresionados», comentaba el entrenador Mark McGhee, obnubilado por la destreza de algún editor que hizo magia con los compilados de Fútbol de Primera del joven Turienzo.

Dick Knight, publicista y presidente por aquel entonces del Brighton & Hove, todo un especialista en eso de vender espejitos de colores, fue un poco más cauto. «Federico viene con muy buenas credenciales y fue recomendado por gente que respetamos mucho. Es un muy buen proyecto, pero los hinchas no tienen que esperar demasiado de él tan pronto», tiró. Y agregó: «El jugador se tiene que acostumbrar a una nueva cultura, aprender el idioma y adaptarse al estilo de juego del fútbol inglés».

No hace falta agregar que Turienzo casi ni jugó (apenas estuvo presente en 4 partidos), pasó más tiempo lesionado que dentro de la cancha y ni le hizo falta adaptarse, porque un año después se tomó el palo. Estimamos que al menos aprendió a decir «injury», «pain», «ankle», «knee» o «leg», pero no podemos asegurarlo.

A mediados de 2006 pasó al Teramo (2006/07), de la C1 del ascenso italiano, donde disputó 17 encuentros y se fue sin conocerle la cara a Dios. El 2007 lo encontraría defendiendo los colores del Salernitana, en lugar de otro baldosero, Juan Manuel Aróstegui. Allí levantó un poco la puntería: entre 2007 y 2009 jugó 26 veces y marcó 2 goles.

En enero de 2009 siguió su viaje por Italia y firmó con el Arezzo, club que lo cobijó durante 11 juegos, en los que solo convirtió un gol. Desde julio de ese año, y con un poco más de efectividad (8 tantos en 49 partidos), forma parte del plantel del Cavese.

En La Plata, algunos lo extrañan.

Sacripanti Lisandro

Lisandro Oscar Sacripanti (Lichi)

Arrancó demasiado bien. El torneo Clausura de 2002 encontró en el delantero Lisandro Sacripanti a uno de los puntos altos del Newell’s que dirigía el Negro Julio Zamora. Antes, el pibe que había llegado a las divisiones inferiores de la Lepra desde el Club Alumni de Casilda, su ciudad natal, se había convertido en el goleador histórico entre los juveniles de AFA. No estaba nada mal. Para un muchacho de apenas 20 años era un augurio de una gran carrera.

Sacripanti tuvo su estreno entre los grandes el 10 de febrero de 2002 ante Banfield (derrota 3 a 0) y en ese torneo Clausura anotó 7 goles en 18 encuentros. Se ganó la titularidad en el Apertura 2002, pero su rendimiento mermó de manera notable. Apenas 3 tantos en 19 partidos dejaban un sabor amargo. Para el Clausura 2003, el Bambino Veira le perdió la confianza y Lichi jugó a cuentagotas. Solo 91 minutos diseminados en 5 juegos, entrando siempre desde el banco de suplentes. Muy poco para un pibe que algunos meses antes era el nuevo Batistuta y ahora se convirtía en material descartable.

A mediados de 2003 cruzó la Cordillera y fue a buscar continuidad a Chile. Se sumó al Cobreloa, donde estuvo una temporada y se consagró campeón del torneo Clausura. Regresó un año más tarde para vestir la camiseta de Argentinos Juniors (2004). Dirigido por el Checho Batista primero y luego por Chiche Sosa, solo disputó 4 partidos y no convirtió goles.

En 2005 se fue a Israel para jugar en el Hapoel Nazareth Illit y regresó al continente a mediados de año para hacer la revolución con la casaca del Blooming boliviano (2006/07), bajo la dirección técnica de Gustavo Quinteros. Allí también formó una dupla de temer con el Gordo Germán Real y conoció a Andrés Carevic y al genial Joselito Vaca.

Algunos goles en tierras de Evo Morales le dieron la chance de conocer México, enfundado en la divisa del Morelia B (2006). Cansado de juntar millas, y ante el llamado de Gustavo Quinteros, regresó a la Argentina. San Martín de San Juan lo tuvo entre sus filas durante el primer semestre de 2007, pero le soltó la mano luego del ascenso. Después de caerse su pase al Tolima colombiano, recaló en Independiente Rivadavia, pero no se destacó y volvió a armas las valijas.

El Espoli de Ecuador le abrió las puertas y el propio Lichi se encargó de cerrarlas un puñado de meses después por bajo rendimiento. A mediados de 2008 cumplió el sueño de ir a robarla jugar a Europa. ¿España? ¿Italia? ¿Francia? ¿Alemania? ¿Inglaterra? No, Eslovenia. Allí estuvo en el Celje (2008/09), al lado de Carlos Chacana y Martín Saric, hasta que lo mandaron con un moño a Córdoba, donde actuó hasta hace algunas semanas, con suerte dispar, en Talleres (2010/11) en el Torneo Argentino A.

NdR: Esta es hasta el momento la carrera del jugador-canción Lisandro Sacripanti, el pibe al que, al menos para quien escribe estas líneas, seguiremos recordando cada vez que escuchemos Sacrificio y rock ‘n’ roll de Pier. Sacripanti y rock ‘n’ roll.