Marcelo Stocco

Marcelo Stocco

Delantero extremadamente ochentoso que deambuló por la Primera de Boca Juniors en épocas de crisis financieras y de las otras. Disputó una cantidad importante de partidos e incluso hizo varios goles, pero su repentina desaparición y su imborrable apellido para todos los amantes de los goleadores fugaces, lo convierten en un espécimen ideal para este sitio.

Nacido en El Palomar, hizo las inferiores en el Xeneize y en 1983 tuvo la suerte de debutar como titular en Primera División, con un gol ante Instituto de Córdoba tras un centro de Jota Jota López.

Luego tuvo otras actuaciones relevantes, con tantos a San Lorenzo y a River (en el súper clásico le dio el triunfo a su equipo casi sobre el final), que le valieron la admiración de los periodistas, que no dudaron en compararlo con el Tigre Gareca.

El entusiasmo por su brillo, sin embargo, fue mermando hasta 1985, cuando se fue de la institución con 9 goles en 27 partidos y recaló en Unión de Santa Fe para actuar en la temporada 1985/86. En el Tatengue disputó sólo 7 encuentros oficiales y no gritó.

Retornó a Boca (1986/87) con sed de revancha pero le dieron poca participación y apenas añadió, en un mismo match ante Gimnasia y Esgrima La Plata, dos goles más a su currículum. Esa fue su despedida del club de la Ribera.

Probó en el Deportivo Quito de Ecuador (1987) pero parece que no le fue muy bien porque volvió pronto. Intentó luego en Talleres de Remedios de Escalada (1988-89) pero su pólvora ya no estaba seca. En 9 cotejos no pudo anotarse en el marcador.

Las lesiones y los nervios terminaron derrocando la carrera del delantero, que a los 28 años colgó los botines y comenzó a estudiar en la Universidad de Morón, donde se recibió de contador. Y hoy puede contar, claro, que alguna vez hizo goles en Boca.

(Gracias Merolla y Diego)

Schenker Marcelo

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Marcelo Rubén Schenker

Nada que ver con los hermanos Michael y Rudolph Schenker, míticos guitarristas de UFO y Scorpions, legendarias bandas del heavy metal que influenciaron a miles de jóvenes que hoy son empresarios, abogados o foristas de este sitio (?).

Marcelo sólo se animó a comprarse una camisa en UFO y apenas utilizó una vez a Scorpion en el Mortal Kombat porque siempre le pareció más copado Sub-Zero.

Tampoco tiene parentezco con los hermanos Alan y William Schlenker. Fundamentalmente porque la letra «l» corta los lazos sanguíneos pero también porque le da miedo tener una madre que le haga un blog.

Nuestro homenajeado integró la ya recordada categoría ’70 de San Lorenzo de Almagro junto a Juan José Cardinal, Osvaldo Ozzán, Alejandro Flores, Gustavo Tempone, Leo Ricatti y Juan Carlos Docabo, entre otros; y una vez grandecito subió a Primera División (1989/90), donde disputó 6 partidos en la delantera del Cuervo y no anotó goles.

Después, como suele ocurrir con muchos de los jugadores que aparecen por acá, fue difícil seguirle el rastro. Dicen que anduvo en el ascenso con la camiseta de Tigre (1992/93) y que conoció el fútbol europeo gracias al Lask Linz de Austria.

Aparentemente labura en una inmobiliaria de Pilar. Si alguno estaba pensando en comprarse un ranchito, no lo dude más y póngase en contacto. Quizás mencionando «En Una Baldosa» haya un 10% de recargo.

Carrusca Alejandro

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Alejandro Ariel Carrusca

Lateral derecho, volante y también marcador central. ¿Un polifuncional? Estehhh…puede ser. Aunque también se podría decir que aún no encontró su posición en la cancha. Ganas no le faltan, pero lo que boicotea sus intenciones es la complicada situación de ser «hermano de«, estigma de muchos de los que día a día rellenan este sitio.

Asomó la cabeza en el 2002, cuando fue al banco de suplentes de Estudiantes de La Plata en un partido ante Belgrano de Córdoba, en el que precisamente debutó su hermano Marcelo, enganche que luego actuó en el Galastasaray turco. A mediados de ese año Alejandro firmó su primer contrato y se proyectaba como una de las mayores promesas de la categoría ’81, junto a Diego Colotto, Leandro Benítez, Marcos Gelabert, Juan Martín Gaimaro y Lucas Córdoba.

Parecía que todo lo que venía de maravillas, pero sus reiteradas participaciones en Reserva transformaron su trayectoria en una laguna empantanada, de la que no salió fácilmente. Entre 2002 y 2004 vio cómo se diluía la posibilidad de ser tenido en cuenta por los distintos entrenadores y entonces prefirió marchar.

En la temporada 2005/06 supo lo que era el Nacional B con los colores de El Porvenir, donde compartió inolvidables momentos con Maxi «me cago encima» Kadijevic, Patricio «me afanaron una vocal del apellido» Grgona, Leonel Martens y Darío Forestello.

Esa sería la primera de varias experiencias en el ascenso. Afuera jugó en el Treviso de Italia (2006/07), Galastasaray B de Turquía (2007) y desde el año pasado en el Vllaznia Shkodër de Albania (2008/09).

Si llegaron a esta parte del post y se aburrieron un poco, cambien la cara porque viene lo mejor. Suban los parlantes, agarren cualquier botellita de agua que tengan en la heladera y soporten los casi 8 minutos del video que este impresentable subió a la red. Ojo, lo que van a ver también es muy embolante, pero si se toman una pepa casi que no se dan cuenta.

Báez Edgar

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Edgar Feliciano Báez Fernández

Delantero de esos que están destinados a hacer una carrera digna dentro de su país, pero que cuando se alejan un centímetro de su tierra natal fracasan estrepitosamente, convirtiéndose en jugadores de cabotaje.

Nacido en la localidad paraguaya de Itaguá el 21 de marzo de 1972, Báez debutó en la primera de 12 de Octubre dos décadas más tarde. Ese mismo año pasó al Guaraní, donde se mantuvo mediados de 1994, cuando abandonó por primera vez el paraíso del chipá y el tereré para probar suerte en el exterior.

Fue para sumarse a Huracán de Parque Patricios, equipo que era dirigido por Héctor «Cebollita subcampeón» Cuper y que venía de lograr un meritorio segundo puesto en el torneo clausura.

Debutó como titular en la quinta fecha del Apertura, el 1 de octubre, contra Talleres en Córdoba, en un empate 2 a 2. Ese día le dejó el lugar a Rodolfo Gustavo Flores a los 56 minutos.

Una semana más tarde, fue de la partida en la victoria por 3 a 1 ante Boca. Fue la única vez que se pudo dar el gusto de disputar un match completo.

Siete días después, contra Velez (1-4) volvió a salir desde el arranque pero promediando la segunda mitad fue reemplazado por Flores.

Su cuarto y último partido lo jugaría el 23 de octubre, a sólo 22 días del debut, contra Lanús (0-1), dejándole el lugar, una vez más, al Guapo Flores a los 60 minutos.

Menos de un mes le bastó a Cuper para darse cuenta que Edgar Feliciano Báez no estaba programado para jugar en Argentina.

Así dejó atrás las tardes en la Quema al lado de Huguito Morales, Pedro Rómoli, el ignoto Leonardo Francica, José Carlos Fantaguzzi, Víctor More, Jorge Cruz y el barra brava, Luis César Arrieta.

Volvió a desputar el vicio en Guaraní (1995/1996), donde se ganó una convocatoria para la selección paraguaya, y en 1996, una nueva chance en el fútbol internacional.

Fue en Brasil, y nada más y nada menos que con los colores del poderoso Santos de São Paulo, conjunto entrenado por Vanderlei Luxemburgo. Cuenta la leyenda, que Edgar fue contratado luego de los dirigentes brasileños vieran un VHS repleto de goles de su hermano, el popular Richart Báez. Una vez que los brasileños se dieron cuenta del error intentaron anular la transferencia, pero ya era demasiado tarde.

Claro que no fue esta la única vez que el actual técnico del Palmeiras contrató al jugador equivocado, en 2006, nuevamente en el equipo de Pelé recomendó el fichaje del mexicano Antonio de Nigris, pero en la conferencia de prensa lo confundió con su hermano, Aldo. El cuate apenas duró 2 partidos.

Báez vistió la casaca paulista en 15 ocasiones (11 veces por el Brasileirão 1996 y 1997 y 4 por la Copa do Brasil), y convirtió 2 goles, a Figueirense y Coritiba. Además, se anotó con un puñado de encuentros en las desaparecidas Copa Rio São Paulo (fue campeón en la edición 1997) y Supercopa, donde le convirtió un tanto a Racing Club. En el equipo de Pelé compartió plantel con el arquero Zetti, el internacional Athirson, el anti extranjeros Viola y el baldosero Baiano.

A mediados de 1998, se rumoreó un pase al Al Hilal de Arabia Saudita pero jamás pudo ser confirmado. Reapareció en 2000, vistiendo los colores de Cerro Porteño, disputando la Copa Libertadores a la par de Aldo Bobadilla, Diego Soñora, Juan Ramón Jara, Estanislao Struway, Flavio Zandoná, Darío Scotto, César Ramirez Cajé y el japonés Nozomi Hiroyama.

En 2002, se sumó al Sol de América y se despidió de la selección (comiendo banco) en un amistoso pre mundial ante Inglaterra disputado en Anfield Road. Los últimos cartuchos los quemó entre 2003 y 2004 enfundado en la divisa de Tacuary.

Alejado de la actividad hace rato, cuando surge la ocasión se pone los cortos y sale a la cancha para defender los colores de Lambaré en los torneos de fútbol de salón para veteranos.

Mc Coubrey Mariano

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Mariano Damián Mc Coubrey (El Tanque)

Hilario Ascasubi es una localidad bonaerense de casi 3000 habitantes, que tiene el nombre de un poeta cordobés que en el siglo 19 era reconocido, entre otras cosas, por su inclinación anti rosista que lo llevó a escribir el poema «La refalosa«, un crudo y humorístico relato de cómo se carnea a un unitario.

 

Mira gaucho salvajón
que no pierdo la esperanza
y no es chanza
de hacerte probar que cosa
es Tin Tin y Refalosa

 

De ese pueblo, aunque parezca increíble, salió un jugador de fútbol que alcanzó la Primera División. Aunque cabe aclararlo, el ser la estrella de su pequeño terruño no lo exime de este homenaje, sino todo lo contrario.

Nació en 1983 y con apenas 17 años debutó en la Liga del Sur, con la camiseta de Tiro Federal de Bahía Blanca (2000/2001). Sus goles lo llevaron al plantel de Rosario Puerto Belgrano de Punta Alta (2002), que participaba del Torneo Argentino B. Tras un regreso a Tiro Federal (2003), volvió a Punta Alta para vestir los colores de Sporting (2004), pero duró poco y se sumó a Pacífico de Bahía Blanca (2005).

En la actualidad, recientemente casado con Yanela, hija del ex Olimpo Darío Bonjour, recuerda aquellos días: «cuando estaba en Tiro Federal no me querían dar el pase y decidí irme a jugar a un equipo que armó mi suegro, pero prácticamente lo hacía para divertirme por el consejo que me dieron y después de mucho penar pude conseguir que me dieran el pase por un monto mucho menor al que se pedía en algún momento«.

A esa altura ya tenía casi la misma cantidad de camisetas que goles, pero fue la afición por recorrer el país la que lo llevó a pelear por un lugar en Primera División. En enero de 2006 llegó al Banfield del Gatito Leeb y rápidamente se puso a tono marcando goles en partidos amistosos. Pero el entrenador le puso freezer ni bien llegó: «Es un gran jugador pero su llegada la tomamos como una incorporación con vista al futuro, no un refuerzo«. Y el pibe siempre estuvo por debajo de Sand, Lujambio, Barijho, Cvitanich y Barrales.

 

Aquí empieza su aflicción
luego después a los pieses
un sobeo en tres dobleces
se le atraca
y queda como una estaca
lindamente asigurao,
y parao lo tenemos
clamoriando y como medio chanceando
lo pinchamos y lo que grita
cantamos «la refalosa y tin tin»,
sin violín.

 

Con su gran altura (1,87 m.) y su capacidad para aguantar la pelota, ganó participación en Reserva a la espera de una oportunidad en un partido oficial…que jamás le llegaría. A mediados de 2006 lo prestaron a Platense, dónde sólo permaneció un semestre junto a Mauricio «pasé por Racing y nadie se dio cuenta» Ferradas, Juan Casado, Osvaldo Barsottini y Ángel «mientras esté Núñez, zafo de que me digan gordo» Puertas, entre otros.

Su aporte en el Calamar fue escaso pero al menos le hicieron un penal que derivó en un gol de Guillermo Báez ante Huracán de Tres Arroyos. Eso fue casi lo último que hizo en Vicente López porque rápidamente volvió a Banfield, donde le dieron vía libre para que se marchase a la segunda división de Ecuador. Allí fue dirigido por Juan Amador Sánchez en el Aucas (2007), donde jugó con su compatriota Nicolás Borlenghi.

Al inicio de la temporada 2007/08 se sumó al plantel de Olimpo de Bahía Blanca y otra vez vivió en carne propia eso de actuar en amistosos de prueba pero nada de partidos oficiales. Igual no lo ayudaron mucho, lean esta formación: El arquero; Martín Picabea, Villavicencio, Federico Mancinelli, Cristian Tavio; Diego Barrado, Adriano Pagliacci, Martín Asencio, Marcelo Ricci; Leandro González y Mariano McCoubrey.

Pero seguimos al son
de la vaina del latón
que asentamos el cuchillo y le
tantiamos con las uñas el
cogote.
¡Brinca el salvaje vilote
que da risa!

 

Como no le dieron cabida se fue a Villa Mitre (2007/08) para actuar en el Argentino A y recuperar parte del nivel que había mostrado en sus comienzos. Luego de un año en la ciudad que más supo de sus goles, pasó a Huracán de Tres Arroyos (2008/09), donde no la viene embocando tanto como él quisiera y, pese a todo, sueña con subir a la B Nacional para seguir conociendo el país.

 

Con que ya ves, Salvajón
Nadita te ha de pasar
Después de hacerte gritar
¡Viva la Federación!

 

Torres Miguel Ángel

Miguel Ángel Torres

La noche del 3 de diciembre de 1980 no sería una más en la vida de River Plate. En esa fecha el Millonario visitaban a Newell’s para definir uno de los semifinalistas del Nacional de ese año. Con el Pato Fillol en la Selección Nacional, el titular fue Landaburu. Pero el arquero se lesionó cuando promediaba el primer tiempo, y Labruna no tuvo más opción que hacer debutar al homenajeado del día. Miguel Ángel Torres ingresó, jugó sus únicos minutos en Primera División, le hicieron 5 goles y River quedó eliminado. Así de efímera fue la participación de este arquero que en ese momento tenía 18 años. Días más tarde El Grafico lo entrevistó. Había mucho que no se sabía de esa noche fatal:

– ¿Tenés ganas de hablar de eso?

– Sí… Estaba en el banco, al lado de Tapia. Por ahí, como a los 27 o 28 minutos, Landaburu chocó con Demagistris y quedó en el suelo. La verdad es que se me hizo un nudo en el estómago por si tenía que entrar… Le gritaba “Vamos Luis, fuerza, arriba…” En ese momento Lonardi me dijo: “Che, Torres, mirá si tenés que entrar…” Yo le contesté que bueno, que entraba, ¿qué le iba a hacer? Luis se levantó pero a los dos o tres minutos se dio cuenta que no sentía la mano y el doctor Melito pidió el cambio. Para qué voy a mentir: se me aflojaron las piernas. Para colmo justo venía un corner y tenía a la hinchada de Newell’s atrás del arco; se juntó todo.

– ¿Cómo fueron los primeros minutos?

– Y, bravos. Viene ese corner, salgo, apenas la toco y un compañero mío la saca. Enseguida lega otro centro, la baja y se me escapa; la pelota estaba mojada y yo entré con guantes normales, no los de lluvia. Se armó otro remolino, no se si rechazó Saporiti o Pavón, volvieron a tirar centro, otra vez se me fue y ahí nos empataron

 

 La mencionada revista no tuvo mejor idea que ilustrar la nota con una foto del arquero protegiéndose de la lluvia con un paraguas, acompañada por el título: “No es nada pibe, una tormenta de verano…”. Claro, es que comenzaba 1981 y ya se vislumbraba una posible revancha para Torres: había sido convocado para la Selección Argentina Sub-20, que disputaría el Sudamericano en Ecuador. Era la oportunidad de demostrar su verdadero nivel, acallar las críticas y complacer a los que siempre confiaron en él (su familia y algunos amigos, no muchos más). Pero sobre llovido, mojado: sufrió una grave lesión y para colmo River lo dejó libre.

Se fue a probar suerte a Chile, vistiendo los colores del Temuco, pero no le fue bien y decidió regresar, para jugar primero en Berazategui y después en Barracas Central, en la Primera C. El Gráfico se había equivocado: más que una tormenta de verano, pareció ser un huracán categoría 5.

Lairson

Lairson Sales Da Silva

A comienzos de esta década que se va River Plate exportó a uno de sus grandes ídolos a Brasil, nos referimos a Leonardo Rubén Astrada, quien hasta el día de hoy es recordado como uno de los peores refuerzos que vistieron los colores del Gremio de Porto Alegre. Para demostrar que los lazos del Mercosur son inquebrantables, en un gesto de hermandad sudamericana (o quizás, a modo de venganza), los brasileños nos enviaron a varios proyectos «interesantes» para que adquirieran experiencia en las divisiones inferiores del fútbol argentino.

Fue así que a la entidad millonaria arribaron Luiz Nunes (jugó mucho tiempo en Peñarol de Montevideo y ahora está en el Académica de Portugal), Wesley Ribeiro de Matos (pasó por el fútbol ucraniano, Juventude de Caxias, Portuguesa y el Anapolis), Allison Marinho Gomes y el homenajeado del día, Lairson Sales Da Silva.

Nacido el 2 de febrero de 1981 en Imperatriz, estado de Maranhão, este enganche de profesión ya acreditaba pasos por el Tocantinópolis y el Vasco Da Gama. Además, antes de su llegada al equipo de Nuñez, junto a Marinho Gomes habían probado suerte en Boca Juniors y en Gimnasia y Esgrima La Plata, sin resultados positivos.

De entrada vendió un poco de humo cuando dijo que su referente no era otro que el “Muñeco” Marcelo Gallardo. También habló sobre el nivel de las juveniles: «Las categorías de base son muy difíciles en Argentina. Es importante para nosotros esta experiencia. La otra diferencia es que se hace mucho físico y allá se practica más con la pelota«.

Para parecer un argentino más contó: «A mí me gustan más las mujeres argentinas… están buenas. Pero están mal con nosotros. No nos dan bola. Ya vamos a llegar.» Y al parecer pegó buena onda con sus compañeros: «Los chicos ya nos mostraron la cumbia. Pero acá en Buenos Aires nunca fuimos a bailar a ningún boliche.«. También habló de las contras: «Al principio fue muy duro. No entendía nada de lo que me hablaban y la comida es muy distinta. Acá usan mucha masa«.

Atleta de Cristo, al igual que Paulo Silas -con quien se encontró en varias reuniones de la iglesia y lo aconsejó- y el Balín Bennett, Lairson no pudo triunfar en River, pero su estadía en el fútbol nacional se extendió más de la cuenta. En 2001, pasó a Banfield, donde estuvo 3 meses entrenando con la Primera. Ese fue el trampolín para sumarse a la cuarta de San Lorenzo de Almagro.

«Me destaco por la gambeta, los pases gol. Y le pego bastante bien a la pelota. Me falta un poco de movilidad, pero estoy trabajando para mejorar. Me quiero quedar acá, me encariñé con todos. Desde los técnicos hasta el cocinero«, tiró cuando llegó a Boedo. Tanto cariño no logró convencer a los dirigentes que al cumplir los 21 años lo dejaron en libertad de acción.

De esta manera, Lairson volvió a Brasil para armar una trayectoria que envidiarían hasta los mismísimos Gustavo Romanello, el Pirata Czornomaz o su compatriota, el interminable Túlio Maravilha (sí, aquel de la mano en la Copa América de 1995, sigue jugando -y metiéndola- a los 39 años).

Es así que desde su regreso defendió los colores del Marília (en la Serie C de 2004), América de Rio Preto (en varias etapas, 2003, 2004, 2005 y 2006), União Barbarense (2005), Mirassol (2006), América de Natal (logró el ascenso a Primera a fines de 2006), Paranavaí (entre noviembre y diciembre de 2006, firmó y rescindió en una semana), Coritiba (fichó en diciembre de 2006 y lo dejaron libre en febrero de 2007 por bajo rendimiento), Ituiutaba (2007, disputó el campeonato mineiro), Vila Nova (segundo semestre de 2007, jugó la Serie C del Brasileirão), Gremio de Jaciara (primer semestre de 2008), Clube de Regatas Brasil (CRB) (participó de la Serie B en 2008, último cómodo, descendió a Tercera) y desde este año hace lo que puede en el glorioso Sampaio Corrêa, de Maranhão, donde fue presentado como una figura de primer nivel.

Diecinueve clubes en poco menos de 10 años de carrera y mucho tiempo más para baldosearla lo convierten en un fiel exponente del «amor ao dinheiro«. Baldosa brasileña de exportación.

Bolzán Marcos

Marcos Bolzán

Hay jugadores que no pueden negar deberle casi todo a sus representantes. Las cosas buenas y las malas. Los éxitos y los fracasos de su carrera. Y en el caso en particular de Marcos Bolzán, nos queda incluso la enorme duda de si el título de baldosero no debería ser compartido por ambos. Jugador y representante.

Nacido el 25 de agosto de 1982 en Nogoyá, provincia de Entre Ríos, desde chiquito tuvo la certeza de que lo suyo sería el fútbol. Por eso, ya crecido, no dudó en hacer las valijas y mandarse en un colectivo a Santa Fe para probarse en Unión.

Pasó la prueba en las inferiores y empezó jugando de lo que sabía. De enganche. Pero con el correr del tiempo fue paseando no sólo por los shoppings de la capital santafesina sino también por dentro del campo de juego. Es que Bolzán llegó a jugar hasta de marcador lateral izquierdo para el Tatengue. Finalmente pudo encontrar su lugar en la cancha como volante por ese mismo sector.

El Gringo tocó el cielo con las manos el 16 de noviembre de 2001 cuando Leonardo Carol Madelón lo tiró a la cancha faltando quince minutos para tratar de empatarle un partido a Vélez en Santa Fe. La derrota final no pudo empañar un hecho que ya no se lo quitaría nadie: había debutado en Primera División. Su sueño se había hecho realidad.

A partir de acá todos los proyectos del ahora volante chocaron contra una pared de concreto. Porque en ese 2001 ya no jugó ningún partido más. Y la llegada de un nuevo año y de un nuevo técnico (Craviotto) empeoraron las cosas. Porque en todo el 2002 pudo jugar solamente un minuto. Sí. Jugó sólo 60 segundos y nada más. Fue por el Apertura contra Nueva Chicago en Mataderos, que el DT lo pusó en tiempo de descuento para aguantar un empate que el Tatengue necesitaba como loco en su lucha por no descender.

Sin embargo no todas fueron malas para Bolzán. O mejor dicho, tan malas. Porque si bien al año siguiente Unión finalmente se fue al descenso, nuestro homenajeado pudo jugar en 2003 sus únicos noventa minutos completitos en Primera División. Es cierto que no aportó mucho para que Unión no vuelva a perder (1-2 con Gimnasia en el Bosque) pero se sacó las ganas y probó las mieles de sentirse titular.

Lo que vino a continuación en su carrera es una confusa caída libre. Alternó en la B Nacional hasta que a mediados de 2006, un desgarro en su pierna hábil (?) lo sacó de las canchas. Y al recuperarse se encontró con una segunda pared de concreto en su carrera. Carlos Trullet no lo iba a tener en cuenta para el próximo campeonato. Apareció en ese momento en algunos medios un cierto interés de Talleres por tenerlo en su plantel. Es más, Bolzán se iba haciendo de a poco a la idea: «…la posibilidad está. Hablaron mi representante Esteban Kreig y Granero y puede darse, pero todavía hay que esperar». La realidad fue que si bien la gerenciadora de los Tallarines reconoció la charla, descartó de plano la operación.

Entonces en esos últimos días de 2006 tomó el toro por las astas y ya podrido de una guita importante que le debía Unión hace varios años, le dio vía libre a su representante para que negocie el pase a cambio de la deuda. Así fue como, dejando atrás a compañeros de la talla de Emanuel Ruiz, Pablo Islas y Fernando Navas, estampó la firma para San Martín de San Juan.

El cambio de aire le vino bárbaro al volante, pero su entrada a Cuyo no fue la soñada ni mucho menos. Es que en todos los diarios locales se podía ver clarito como el agua que en la lista de refuerzos que presentó el técnico Gustavo Quinteros, su nombre no aparecía ni por asomo como prioridad. En realidad era el plan B por si no se daba la contratación de Matías García de Huracán de Tres Arroyos. Entonces, a su arribo, el técnico tuvo que mostrar toda la cintura posible para tratar de salvar lo insalvable: “…con la llegada de Bolzán pienso que ese puesto está cubierto, aunque si también viene García todo sería mejor. Bolzán es un jugador con características lógicas para jugar por ese lado. Me gustaba mucho García porque lo conozco de las inferiores de Newell’s pero igualmente estoy conforme porque podremos usar a Roth por derecha que es el puesto donde más rindió».

En el Santo fue y vino, entró y salió. Compartió plantel con gente copada como Lisandro Sacripanti y Sergio Plaza y hasta hizo un gol muy recordado frente a Aldosivi. No por el gol en sí, sino porque fue hecho al toque de reestablecerse la electricidad tras un enorme apagón de más de quince minutos que casi suspende el partido. San Martín finalmente ascendió a la A en esa temproada, pero al Gringo le cerraron una vez más la puerta en la cara. El técnico no lo iba a tener en sus planes para el debut sanuuanino en la máxima categoría

Se rumoreó un posible retorno a Unión, pero Bolzán, tal vez ya cansado, decidió apostar fuerte sus últimas fichas. Se lanzó de lleno a una aventura en Europa. Tal vez siguiendo los mismos pasos de su hermano mayor Rubén, se mandó a Italia y ficho para el Grottammare de la serie D. Pino Aniello, el director deportivo del modestísimo equipo italiano, no pierde las esperanzas: “…en este momento nuestro problema es netamente de naturaleza creativa. Esperamos que Bolzán pueda darnos una mano en tal sentido».

A la fecha, además de poder verlo en la página web de Néstor Craviotto la realidad es que no se sabe mucho de él. O sí. Que tiene un representante que se mueve más rápido que los bomberos.