Djellatian Murad

Murad Djellatian
Limitado lateral izquierdo que pasara por la Primera División de nuestro país en 1990, con la camiseta del glorioso Mandiyú de Corrientes.
Antes había tenido un par de aceptables temporadas en Bella Vista, su club de orígen, y una transferencia sin concretar a Peñarol de Montevideo que le dio chapa de buen jugador sin merecerlo.
De marca férrea pero sin condiciones para intentar subidas por su carril, llegó a la Argentina promovido por sus raíces y no por su legajo futbolístico. Es que el presidente del conjunto correntino, Eduardo Seferián, tenía una estrecha relación con la colectividad armenia en Uruguay, integrada en aquel momento por el presidente de los papales, Arsen Avcharian. Fue así como este defensor recaló por estos pagos y disputó 3 encuentros en la elite profesional.
Mientras tanto, del otro lado del charco, Bella Vista se consagraba campeón por primera y única vez en su historia. ¿Casualidad? No, al bueno de Murad también se le adjudica una buena cuota de mala fortuna. Tal es así que luego de su experiencia internacional, regresó a tierras charrúas y se sumó a Progreso, inmerso en un exitoso ciclo que incluía campeonato local y participación en la Copa Libertadores. ¿Resultado? Con Djellatian en cancha terminó peleando el descenso y salvándose en la última fecha del maldito invierno del ’92.
Tras algunos años de incertidumbre, acabó regalando su prestigio en la Segunda División, con los colores de Uruguay Montevideo, institución donde colgaría los botines en 1995.
Abocado a su trabajo en una ferretería, parecía que sus días en el fútbol habían finalizado. Pero no. Desde hace unos años es ayudante técnico de Antonio Alzamendi, laburo que le ha permitido estar en los vestuarios de varios cuadros como Deportivo Maldonado, Fénix, y la selección de la B uruguaya. Algo así como un grupo de egresados que, en lugar de ir a Bariloche, se va cada tanto a Asia para jugar torneos de dudoso nivel.

Juan Pordiosero (Gracias Totouy)

Valenzuela Leonardo

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Leonardo Matías Valenzuela (Porto)
A mediados de 2001 las inferiores de Colón de Santa Fe escupieron 5 baluartes que tuvieron suerte dispar en el mundo del fútbol. Alejandro Capurro y César Carignano sobrevivieron dignamente a las inclemencias de la Primera División e incluso uno de ellos llegó a la Selección argentina. Marcelo Long y Exequiel Marini, en cambio, todavía están armando un rompecabezas con las fotos de sus trayectorias. En esa misma dirección, aunque con mucho menos reconocimiento, anduvo girando Mati Valenzuela, un volante carrilero apodado «Porto» por su similitud física con Pedro Portocarrero, el ex defensor de San Lorenzo de Almagro.
El el Sabalero sólo jugó 34 minutos, seccionados en 3 encuentros del Clausura ’01. Participó de una victoria 1 a 0 ante Gimnasia, volvió a llevarse los 3 puntos con un triunfo por 3 a 1 frente a Newell’s, y cuando ya parecía tener chapa de amuleto indestructible, entró por Cabrol para aguantar los últimos 120 segundos de un partido que la Raza le ganaba a Racing por 1 a 0, pero inmediatamente apareció Diego Milito y selló el empate.
Si bien esa fue su última incursión en terrenos de la máxima categoría, siguió integrando el plantel hasta el inicio de la temporada 2002/03, cuando pasó a El Porvenir, donde no dejó muchos rastros. Lo mejor que hizo fue convertir un gol ante Brown de Adrogué, en un match informal que significó el debut de Walter Perazzo como DT del conjunto de Gerli.
Luego continuó su descenso personal con las camisetas de Talleres de Perico (2004/05), Gimnasia de Ciudadela (2006) y La Perla del Oeste (2007), equipo de la localidad santafesina de Recreo que le abrió las puertas para ir a jugar a un club con historia. Hace unos meses se sumó a prueba a Patronato de Paraná y compartió amistosos con el Loco Marzo y Carucha Müller. Ahí recién comprendió que le quedan muchos años para seguir robando y que, a comparación de otros, no es tan fulero ser parecido a Portocarrero.

Juan Pordiosero

Pihuela Franco

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Franco Pihuela
Que triste suele ser ver a los cordobeses convencidos de que son los más fiesteros del país y qué alejados están de ello, a pesar de que el futbolista en cuestión intentaría defender esa máxima.
Con 1,90 metros de altura y habiendo sido primer marcador central titular de la reserva campeona de San Lorenzo de Almagro, fue promovido por Oscar Ruggeri al equipo profesional junto a Saja, Garré, Santana, R. Verón y Bevacqua.
Comenzó a tener notoriedad en 1998 al jugar un amistoso como titular ante Colo Colo y en 1999 habría participado en Catamarca de un encuentro a beneficio de un hospital.
El tiempo es en potencial porque en dos medios gráficos se anunció la realización de dicho evento, pero al día siguiente no apareció ninguna noticia alusiva. Esa tarde estaba previsto que juegue de entrada junto a Campagnuolo, Cristian Ruggeri, Omar Gallardo, Romagnoli, Borrelli, Yoder y Esquivel, entre otros.
Todo parecía cerrar, su imponente físico, la salida de algunos veteranos y la renovación con buenos juveniles le auguraba un buen futuro. Pero una noche algo pasó, y cambiaría su carrera para siempre.
Pihuela desapareció de la pensión en horas de la madrugada, generando gran preocupación. El joven se había ido de parranda junto a su compañero Martín Gianfelice y por tal motivo, fue separado para siempre del plantel.
Poco tiempo después, el ayudante de Ruggeri, Esteban “Gallego” González, no quiso ser menos y disfrazado de Batman junto a Juan Sebastián Verón, lesionaría a un fotógrafo que lo agarró in fraganti en plena juerga.
Tras años de desconocer su paradero, en 2004 al longilíneo defensor se lo encontró jugando en el ascenso de la apasionante Liga Bellvillense para Defensores de San Antonio Litín, aunque últimamente por problemas físicos (la foto dejan entrever cuáles) quedó fuera del plantel.
Según indica el diccionario, la palabra pihuela significa ‘atadura’ y estamos convencidos de que a esa definición le falta una p.

Cucu

Rando Agustín

Agustín Rando
El último partido del campeonato para un equipo que ya no pelea por nada o para uno que ya consiguió lo que buscaba, es puro compromiso. En ese momento los técnicos le dan cabida a aquellos jugadores que tuvieron pocos minutos a lo largo de la temporada, y a su vez, aprovechan la oportunidad de ver a los pibes de las inferiores.
Algo así pasó por la cabeza de Mario Gómez cuando en la última jornada del Clausura 2003 Gimnasia y Esgrima de La Plata debía enfrentar a Arsenal de Sarandí.
Aquel día en cancha de Lanús, cuando faltaban cinco minutos para el final de un 0 a 0 muy aburrido, el ex DT del Lobo dispuso el ingreso del volante Agustín Rando en lugar de Pablo Verón, dándole así la oportunidad de cumplir el sueño de cualquier mortal, compartir una cancha con Nicolás Furlanetto, otra incipiente promesa de la cantera tripera que quedó en la nada.
Poco pudo hacer el pibe nacido en City Bell en miserables trescientos segundos para inquietar el arco defendido por Limia.
Con la llegada de Carlos Timoteo Griguol se quedó sin lugar y tuvo que emigrar. Lejos de la ciudad de las diagonales encontró su lugar en el mundo en Racing de Olavarría. Allí logró un poco más de continuidad y hasta se sacó las ganas de convertir un par de goles, todo esto antes de perderse para siempre en las inmensidades del fútbol regional.
Nadie sabe dónde está ahora, el Mundo es grande y hay muchos lugares dónde esconderse, excepto Brasilia claro, donde no se admite el uso de gerundios.

KeyserSoze

Meta Gabriel

Gabriel Luciano Meta
Prometedor volante del fútbol cordobés que llamó la atención durante los primeros años de su carrera, apagándose paulatinamente hasta desaparecer por completo.
De las inferiores de Belgrano, aunque también pasó por las de Boca e Independiente, debutó en la Primera del Pirata el 11 de abril de 2001, en una caída por 1 a 0 ante el Racing de Luciano Castillo, Andrés Bressán, Gustavo Arce y Diego Loscri.
Poblando la mitad de la cancha junto a Mario Grana, Teté González y Darío Zárate, entre otros, fue ganando confianza y ese mismo año empezó a sumar puntos para su destino de ilusión trunca.
Primero se hizo dueño, mitad en serio y mitad en broma, de una frase con escasa modestia: «Basta de ponderar a Los Cuatro Fantásticos. De Aimar, de Saviola, ya van a hablar de Meta«. Después, aprovechando la lesión del colombiano Rubiel Quintana, volvió a la titularidad en un partido ante San Lorenzo e hizo el primer gol de su carrera, generando algunas innecesarias ocurrencias de los medios, que se hubiesen repetido de haber mantenido una cierta regularidad en el arco de enfrente.
Sólo volvió a marcar una vez y se despidió del conjunto de Alberdi con 26 encuentros en su haber y un doloroso descenso.
Necesitado de un enganche que no chistara mucho en caso de ir al banco, Brindisi lo llevó a Huracán para el Apertura 2002. Todo se complicó más de la cuenta con la ida de Miguelito, la llegada de Babington y la presencia de 2 competidores en su puesto, Padra y Cochas. Con ese panorama nada alentador (por no decir deprimente), sólo disputó 4 cotejos, siempre ingresando en los segundos tiempos.
Al año siguiente retornó a Belgrano para tratar de devolverlo a la máxima categoría, pero más alla de algún que otro gol demorado (volvió a convertir después de 659 días) y alguna producción fotográfica a 4 manos, se destacó más por un hecho policial que lo tuvo como protagonista. En agosto de 2003, un grupo de 6 delincuentes interceptó a los padres de Meta en la puerta de su local, una agencia de viajes llamada “Delta Turismo” y los amenazaron con matar a sus hijos, Diego, Romina y el mismísimo Gabriel, asegurándoles que los tenían secuestrados. A pesar de que el dato era falso, con esa maniobra los malechores lograron llevarse el auto del matrimonio y una importante cantidad de dinero.
Superado el susto, al iniciarse la temporada 2004/05 realizó la jugada menos pensada. Y no hablamos de una chilena, una tijera o una rabona. El bueno de Gaby, fanático de la B, celeste hasta los huesos, se cruzó de vereda y se puso la camiseta de Talleres, en aquel recordado proyecto que incluía a refuerzos como Silvio Dulcich, Joel Barbosa, Gabriel Oyola, Lucas Rodríguez, Luciano «te la cambio ahora que no pasa nada» Leguizamón, Pablo Cuba y el ecuatoriano Johnny Baldeón, entre otros.
Dándole crédito a quién creía que su carrera ya no levantaría, en 2005 bajó al Argentino A para pelearla con Racing de Nueva Italia. Eso fue lo último que supimos.
Desde entonces su nombre sólo ha aparecido fuera de los límites de la AFA, en un sitio desactualizado de un equipo amateur de Córdoba llamado Los Indios FC, que lo menciona como un gran jugador de su rival, La Negra. Es posible que en la actualidad esté derrochando su talento en esa sintonía de profesionalismo ausente. Y si bien no nos pone felices, porque teníamos la esperanza de encontrarlo en Instituto o General Paz Juniors, preferimos creer en la teoría de una desaparición voluntaria y no provocada por unos facinerosos con propensión al secuestro.
Ya pasaron 2 años de silencio, Gabriel. No nos asustes.

Juan Pordiosero

Inglemona Mariano

Mariano Francisco Inglemona
Rápido y para nada furioso. Así fue el paso de Mariano Francisco Inglemona por la Primera División del fútbol argentino.
Nacido en San Salvador el 7 de junio de 1977, irrumpió con todo (?) en Gimnasia de Jujuy en el Clausura 1999 jugando al lado del Rifle Castellano, José Luis Campi, Marco Sandy, Pedro Aguirrez, José Moreiras, el gran Carmelo Ruscitto, Ring Ring Balvorín y Andrés «le hice un gol a Boca y desaparecí del mapa» Romano.
Ingresando generalmente como suplente, escasas veces como titular y alternando con la Reserva, este volante/delantero/juegodeloquevenga logró disputar 9 encuentros en la categoría grande. Los medios periodísticos destacaban su voluntad y precisión pero, de un día para el otro, no se supo nada más de él.
Recién a comienzos de 2002 lo encontramos en el under italiano defendiendo los colores del Casarano, primero, y luego del Voltana.
Su momento de gloria lo tuvo en 2004, cuando representando al conocidísimo Ligorna 1922 enfrentó en un partido amistoso a la Sampdoria, y aportó su granito de arena para una dolorosa derrota por 14 a 0 (algo así como un 35 a 3, pero con menos glamour).
Jamás volvimos a escuchar su nombre en un estadio de fútbol.

KeyserSoze

Aguirre Mariano

Mariano Aguirre
Apresurado como pocos, quiso meter todas las materias baldoseras en 2 años y se terminó recibiendo sin que nadie lo advirtiera. He aquí el ejemplo de cómo zipear una trayectoria.
Para empezar, se dio el lujo de debutar en la Primera División de Ferro Carril Oeste en una derrota ante Boca, el 3 de abril de 1993. Ese año jugó otros 2 partidos para el Verdolaga, que contaba en su plantel con el Mono Burgos, Roberto Ayala, Alejandro Peralta, Sergio Ottero, Fabio Radaelli, Marcos Samso y Facundo Sava, entre otros.
Cansado de estar tapado por el histórico Mago Garré, se fue de Caballito y cayó en Villa Crespo, donde lograría los consabidos minutos de fama con la camiseta de Atlanta, al integrar el equipo campeón de la Primera B Metropolitana en la temporada 1994/95.
Tanto en el Apertura como en el Clausura, peleó salvajemente por la titularidad en el lateral izquierdo, pero sus reiteradas expulsiones (3 en todo el campeonato) le terminaron jugando en contra y el que estuvo en las finales ante Dock Sud, y por lo tanto el que salió en las fotos, fue su compañero Ariel Pérez.
A los 16 encuentros que había disputado en la 3º division de nuestro país, Aguirre le sumó la alegría de haber conocido a glorias como Luis Bonnet, José Luis Campi, Luis Marabotto, el Cabezón Alcami, Lucho Malvárez y el Pepe Castro.
A modo de premio, jugó 1 partido ante Atlético Rafaela en el octogonal para ascender a la A. Y si bien el Bohemio se quedó sin nafta para completar la hazaña, el principal objetivo ya lo había logrado.
Conciente de que aún le faltaba algo más para lograr su homenaje, un día desapareció misteriosamente y por mucho tiempo no se supo nada de él.
En 2004 reapareció en la fiesta del Centenario de Atlanta (a esta altura, un verdadero imán para jugadores perdidos) y por fin lo pudimos ver en la foto a todo color del campeón. Se hizo justicia.

Juan Pordiosero

Medrano Gabriel

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Cristian Gabriel Medrano

Pegadito a Chiche Sosa, sentado junto a José Luis Díaz, Roberto Cabrera, Roberto Muller y Carlos Casartelli, el muchacho Medrano vio pasar el subte de su vida. Tuvo la gran oportunidad para mostrarse como marcador central en Mandiyú de Corrientes, pero la abundancia de futbolistas experimentados le negó la chance de hacerse conocido. Como pudo, recolectó momentos de 22 partidos de esa temporada 1994/95 y se fue al descenso con el alma llena por haber compartido vestuarios con Marinilli, Umpiérrez, Guendulain y al desbordable Jorge Martínez, entre otros.

Su poceada trayectoria encontró algunos oasis no muy agradables, pero salvadores al fin y al cabo. Se supo que estuvo en Almirante Brown de Isidro Casanova (44 partidos y 2 goles desde 1995 a 1999) y también en el Deportivo Morón (2002 a 2005), donde casi se fue a las manos con el vicepresidente de la institución luego de haberle dicho que no tenía peso en la AFA.

Sin embargo, la cuota de máxima bizarrez la había empezado a pagar en 1997, cuando anduvo por el fútbol malayo (sí, hizo una changa en Malasia) junto al ex Quilmes y Chacarita, Mario Tortuga Gómez. Defendiendo la divisa del club Kelantan, habrá capitulado las más jugosas anécdotas, esas que de escuchan de boca de los jugadores cuando ya están retirados y añoran épocas mejores.

No sabemos a ciencia cierta si este es el caso. Por lo pronto, nos enteramos que en las oficinas de la calle Viamonte este año registraron la inscripción de Medrano en la Liga Departamental de Fútbol de Gualeguay. Intenciones de seguir dándole a la pelotita parece que tiene. Aunque no descartamos que todo forme parte de una excusa para conocer al Bombardero de esa ciudad. ¿Quién no dejaría todo por jugar un picado con el Mencho Medina Bello?

Juan Pordiosero