Año nuevo, vida nueva. Y vaya si lo sabrá River Plate, que en el verano de 2008 comenzó un año que sería bisagra para toda su existencia. Ese 11 de enero, en el estadio José María Minella de Mar del Plata, se inauguró el histérico Ciclo Simeone. Si, ese mismo germen que desencadenaría una pandemia que dejaría secuelas imborrables en Núñez, Belgrano y alrededores.
Esa noche el técnico llegó al Mundialista, se puso un slip ajustado y sexi, después un traje Versace al tono, luego unos zapatos Jesús Canovas, un poco de gel, un Rolex de platino y finalizó con un Tramontina entre los dientes para luego balbucear: “(Arriba) Ojeda, Nasuti, Mussachio y Gerlo. (Abajo) El Cebolla Sciorilli, Abelairas, Domingo, Buonanotte, Damián Lizio, Marco Rubén y Villagra”.
Se ve que los jugadores no entendieron mucho sus palabras y, desconcertados, formaron de manera asimétrica en el empate 1 a 1 con Independiente. Poco importó el gol de Abelairas. Aunque suene repetitivo, lo concreto es que esa noche comenzó el Ciclo de Diego Pablo Simeone como técnico de River Plate. Con todo lo que eso implica. Que Dios, la patria y Angelito Labruna se lo demanden (?).







