En 1984 un grupo de jóvenes emprendedores decidió restaurar la venida a menos y abandonada Biblioteca Florentino Ameghino de Venado Tuerto, fundada en 1920 por obreros ferroviarios, en su gran mayoría socialistas y anarquistas. Entre refacciones, actividades culturales y reuniones regadas con vino, los muchachos tuvieron una idea: armar un equipo de fútbol y afiliarse a la AFA.
A fines de 1985 el equipo logró inscribirse en la Liga Venadense. Y a partir de ahí, se dio rienda suelta a la locura. Para empezar, los jugadores salían a la cancha con una camiseta roja y amarilla (muchas veces camisa, con bolsillo y todo) que se completaba con un pantalón multicolor y….¡medias con ligas y pompones! La casaca suplente era blanca con el dibujo de una paloma y una pluma en el pecho. Como si fuera, poco, el arquero Marcelo Dabove usaba un buzo que simulaba ser un frac. Rima con crack. El público Para estar en sintonía con la elegancia de los jugadores, la hinchada también se destacaba por su caballerosidad. En las tribunas, donde se repartían poemas y se cantaban canciones de Serrat y Silvio Rodríguez, se podía ver pancartas que rezaban «Enamórese» o banderas que decían «Estamos de acuerdo con la vida». Entre los muchos cánticos que los simpatizantes utilizaban para darle aliento al equipo, se destacaban algunos como la siguiente joya:
Dicen que estamos todos de la cabeza, pero a la Ameghino no le interesa. Tomamos vino puro en damajuana y comemos asado de madrugada. Ay, qué ordinarios son los contrarios.
El equipo, sin embargo, no era un chiste ni nada parecido. La Biblio ganó los campeonatos de la Liga Venadense en 1987 y 1988, llegando a participar del viejo Torneo Regional. Obtuvo también la Copa Canal 5 de Rosario y un certamen nacional organizado por el Club Renato Cesarini. Además, cada tanto concretaba amistosos con equipos de Primera División. Así fue como en 1988 jugó ante la Reserva de Bielsa, como preliminar de la semifinal de ida entre Newell’s y San Lorenzo en la Copa Libertadores. Luego disputaron un amistoso en Venado contra ese equipo de Yudica y sólo perdieron 2 a 0. E incluso el técnico, Dionisio Rubio, le recomendó a Jorge Griffa que se llevara para Rosario a un pibe que andaba muy bien con los pompones en las medias: Iván Gabrich.
El DT, un inspector de la Policía amante del fútbol, tampoco se quedaba atrás con las extravagancias. Después de cada encuentro entregaba un informe en máquina de escribir, donde evaluaba a cada jugador, hacía un análisis grupal y cerraba firmando: Dionisio Rubio. Mal llamado D. Técnico«. Un genio. El team de la Biblio, que solía recibir la visita de ilustres personalidades como Osvaldo Soriano, Eduardo Galeano y Mario Benedetti, no se mantuvo mucho tiempo en los torneos locales y provinciales pese a sus buenas performances, pero igualmente dejó su huella. Tal es así que fue fundamental para el nacimiento de la Facultad Libre de Venado Tuerto, una escuela no formal donde dieron clases tipos como el filósofo Tomás Abraham y Daniel Cohn-Bendit, líder del Mayo francés. Y todo gracias a la pelota, sí.






