Especiales: futbolistas en los avisos del diario

Ver a los futbolistas en las páginas de un diario es lo más común del mundo. Pueden aparecer en la tapa, en la sección Deportes, en Espectáculos o incluso en Policiales. ¿Pero cómo es que llegan los jugadores a formar parte de un aviso clasificado o de una solicitada?

Repasemos los casos más emblemáticos de los baldoseros en los matutinos:

Fernando Ávalos, pagaban para no verlo

Defensor correntino que surgió en las inferiores del Deportivo Español, pasó fugazmente por Boca Juniors y vistió otras camisetas como las de Nueva Chicago y Huracán, además de varias del extranjero, como Corinthians de Brasil y Basel de Suiza.

Su pico de fama, sin lugar a dudas, lo obtuvo en su paso por el Globo de Parque Patricios, donde su mal rendimiento generó que unos hinchas idearan una queja bastante original, aunque también hiriente.

El 19 de noviembre de 1998, en la previa de un clásico ante San Lorenzo, en el Diario Clarín apareció publicada una solicitada que rezaba: “Huracán. At. López-Cavallero. Por favor, no pongan más a Ávalos (ni en el banco)».

Aquel espacio, con un valor de 336 pesos, había sido pagado por dos hinchas quemeros que ya no soportaban ver los pifies del defensor y le pedían a la dupla técnica que lo sacaran del equipo.

Unos años más tarde, Ávalos se refirió al tema: «¿La solicitada de los hinchas de Huracán? Ah, sí, casi me había olvidado. Pero fue una gente mandada a publicar el aviso. En Huracán yo era el criticado, pero no hacía nada malo y siempre me apuntaban. Pero ya pasó. Tenía 19 años».

En la actualidad se desempeña en el ascenso de Portugal. ¿El club? União da Madeira. Ustedes saquen sus propias conclusiones.

Jhonny Miqueiro, delantero se ofrece

Ícono de la promesa desaparecida en Uruguay, quiso comprobar que su fama de ilusión trunca también podía hacer historia en Argentina y lo logró con creces. Lo más increíble aún: sin siquiera pisar una cancha.

Nacido en Montevideo en 1964, Jhonny Miqueiro arrancó en el club Sud América y en 1986 pasó a Progreso, donde sería sensación al consagrarse campeón y convertir 48 goles en poco más de 3 temporadas.

Esos antecedentes lo llevaron la Selección charrúa, donde empezó a demostrar que lo suyo era un bluff. Apenas jugó dos partidos en una Copa disputada en Miami, los suficientes como para armarse un currículum y salir a golpear puertas.

Fue así como, en enero de 1991, en la sección deportiva del diario Clarín apareció un anuncio que decía: “A representante o entidad de fútbol. Delantero hombre gol, integrante selección uruguaya, 25 años, excelente treiling. Pase en su poder. 962-4335 Alberto. (Aviso solventado por amigos)».

Intrigados por la noticia, desde la redacción de la revista El Gráfico llamaron a ese número y dieron con Alberto Haber, un empresario electrónico que gentilmente se ofreció a mostrar un video de 10 minutos con las mejores jugadas de Miqueiro. «El teléfono no deja de sonar; llamaron de Boca, Platense, Huracán, Quilmes y varios empresarios. Creo que la de Platense es la propuesta más firme, pero eso tendrá que arreglarlo él porque yo simplemente como amigo tuve esta idea del aviso para ver si puede, como quiere, venirse a jugar a la Argentina. Creo que con una prima y un sueldo la cosa puede arreglarse… Como también soy amigo de Alberto Bica, si alguien buscan un puntero puedo hacer el contacto«, explicaba Haber, tratando de sumar otro poroto.

Intuimos que los dirigentes de Platense no avazaron en la negociación porque todavía se deben estar preguntando qué es un «excelente treiling«.

La carrera del puntero derecho no fue la misma a partir de aquella frustrada negociación y unos años más tarde terminó jugando en la ¡tercera división de Japón!

Vendo lote de jugadores, tratar aquí

La penosa crisis institucional en la que naufragó Racing durante décadas lo obligó, a fines de los 90’s, a iniciar un largo camino regado de vericuetos legales para tratar de saldar sus deudas poniendo en juego su patrimonio.

Con la quiebra decretada y el peligro de desaparición latente, una de las salidas fue desprenderse de los jugadores que no eran tenidos en cuenta a cambio de unos pocos billetes, práctica que pudo haber funcionado de haber existido un par de interesados, algo que no sucedió.

La situación llegó al límite a mediados de 2000, cuando el club publicó un edicto en el diario con los nombres de 14 jóvenes futbolistas a los cuales prefería sacarse de encima antes que renovarles el contrato.

La lista incluía a Lino Arce, Cristian Centeno, Alexis García, Pilón, José Sequeira, Griffo, Araujo, Fernández, Harguindeguy, González, Jorge Villagarcía, Suárez, Andrés Gaitán y el primo de Batistuta, Pablo Cucit. Algunos suplentes sin remedio y otros simplemente pibes que no tenían la categoría para jugar en Primera División. Todos en la misma bolsa.

Lo curioso fue que una semana más tarde, el día del remate, nadie presentó ofertas por los jugadores, por lo que los 14 quedaron en libertad de acción. El único que al menos intentó algo fue el empresario Hugo Issa (socio de Tinelli en el Proyecto Badajoz), que se acercó con 4000 pesos para adquirir a Cristian Centeno, pero lo hizo 10 minutos más tarde de lo pactado, por lo que perdió la chance de llevarse una ganga. Aunque claro, después tuvo la posibilidad de negociar directamente con el futbolista. Racing, por supuesto, no ganó un peso.

¿Y si probaban con los avisos fúnebres?

Especiales: los otros Maradona

El mundo del fútbol, generoso como pocos, nos ha dado la oportunidad de ver en acción a más de un Maradona. No sólo al Diego y a sus hermanos Lalo y el Turco, sino también a algún que otro derivado, como el sobrino Daniel. Todos ellos, a su manera, escribieron páginas de gloria y se retiraron para dejarles lugar a las nuevas generaciones.

He aquí un repaso de los Maradona que aún sobreviven en el ambiente gracias al apellido que les tocó en suerte…o desgracia.

Diego Hernán Maradona

Hijo de Lalo, número 10 como su tío. Hizo inferiores en Argentinos Juniors y después marchó a Canadá, donde vivió junto a su familia, para sumarse a las filas del North York Astros de Toronto.

Tras desempeñarse durante 3 años en esa liga, en 2010 volvió al país y fichó con Camioneros, el equipo de Moyano en el Torneo Argentino C.

Que su tío haya ido entrenar alguna vez en camión, sin embargo, no le sirvió para asegurarse el éxito. En un torneo con escasa difusión no pudo destacarse, regresó silenciosamente al fútbol canadiense y recién recobró notoriedad cuando, en noviembre de 2011, viajó a España para vestir los colores del Alzira, conjunto de la tercera división.

Luego de firmar el contrato y abrazarse con su padre, el presidente del club declaró: «si viene de la Primera División de Canadá, seguro que tiene calidad suficiente para jugar aquí» (?). Lo que no sabía el Presi era que lo que necesitaba el futbolista era la nacionalidad española, o a la sumo la argentina, porque la canadiense le impedía debutar oficialmente.

Fue así como, después de tanta promoción en vano y algunos pocos entrenamientos, los dirigentes españoles se apoyaron en la burocracia para desistir del fichaje de Maradona.

Jorge Raúl Maradona

El otro hijo de Lalo. Tuvo su momento de fama desde muy niño, cuando exhibió su pito en la revista Caras, junto a su papá, el tío Diego y la tía Claudia. Vivió durante su infancia en Canadá y ya de adolescente volvió al país para sumarse a las inferiores de Argentinos Juniors.

Se formó como volante central en su categoría, la ’92, aunque cansado de ocupar el banco de los suplentes también jugó de mediocampista por derecha y hasta de marcador central. El año pasado llegó a actuar en la 4º división dirigida por Carlos Ereros.

Diego Armando Sinagra

Nació el 20 de septiembre de 1986, en Nápoles, como fruto de una relación extra matrimonial del Diez con Cristiana Sinagra. Negado por su padre, obtuvo el reconocimiento por parte de la justicia recién en 1993.

El pibe, parecido físicamente, aunque derecho y con una evidente falta de talento, intentó de todas maneras armar una carrera en el fútbol. Hizo inferiores en el Nápoli (1997 a 2004) y consiguió que lo convocaran a la selección sub 17 de Italia, en 2001.

Siempre en categorías formativas, pasó al Genoa (2004/05) y finalmente debutó profesionalmente en Cervia Vodafone (2005), un equipo del ascenso protagonista de un reality show llamado Campioni, Il sogno.

Luego Junior siguió baldoseando frenéticamente en Internapoli (2006), Quarto (2007 y 2009), Venafro (2007/08) y Boys Caivanese (2008). Aunque, claro, lo más jugoso vendría después.

En octubre de 2008 viajó a la Argentina y logró que lo probaran ¡en River!. «De verdad que me gustaría jugar en este club, es un sueño, y no se trata de un desafío a mi padre. Desde chiquito que me encanta el estilo que tienen sus jugadores«, dijo.

Además, incursionó en el fútbol playa. Fue convocado, a manera de promoción, al seleccionado italiano que participaba de las eliminatorias para el Mundial de Francia 2008. Si bien no se destacó, el equipo clasificó y por eso lo terminaron contratando de Mare di Roma (2008). Ahí marcó 6 goles en 3 partidos y se ganó definitivamente un lugar en el plantel de Italia que participó del Mundial de la especialidad. En 2009 se incorporó al Nápoli Beach Soccer y fue determinante para que el equipo obtuviera el primer título de su historia. Eso le dio el valor, increíblemente, ¡para poner una escuelita!

En los últimos años se ha sumado a infinidad de equipos no muy prestigiosos del Calcio, como America, Arzanese y Juve Stabia, aunque la maniobra parece ser marketinera, porque el pibe arregla todo de palabra pero después no juega. Sin ir más lejos, a comienzos de este año se anunció su llegada a la Universidad César Vallejo de Perú, pero todavía lo están esperando.

Sergio David Maradona

Desde muy pequeño fue entrevistado por los medios, donde se dedicó a contar el orgullo que sentía al llevar el apellido del Diez. «Todos me dicen que juego parecido a Maradona, pero el Diego es el mejor del mundo», decía a sus tiernos 11 años, mientras la rompía con la camisetita de Newell’s.

En sus comienzos, Serginho (apodo de brasileño) jugaba con la camiseta número 9 pero a medida que fue creciendo su historia tomó mayor reconocimiento y tuvo que empezar a jugar de 10, casi por obligación. Es más, también empezaron a llamarlo Diego.

Tras un paso efímero por las juveniles de River Plate, el Maradona rosarino se incorporó en 2007 a Atlético Tucumán para actuar en el Argentino A. Tras su primer entrenamiento, el técnico Jorge El Indio Solari, que también había dirigido a Diegote, declaró sobre Sergio: «Desde mitad de cancha hasta el área llega en 3 segundos. Además, tiene un gran despliegue: es gambeteador y tiene capacidad para recuperar la pelota». Pese a los elogios, el pibe apenas pudo disputar 2 encuentros en ese nivel del ascenso y terminó jugando con el Decano tucumano en la liga local.

En 2008 viajó a México y firmó con el Orizaba, un equipo de la tercera categoría. Allí lo recibieron como si fuera una estrella y él terminó devolviendo gentilezas…con una expulsión en su debut. Tras una jornada en la que estuvo sancionado, regresó a las canchas y ¡lo volvieron a echar! En total, disputó 15 encuentros y recibió 6 tarjetas amarillas. ¿Goles? Ninguno, claro.

Después de algunos años donde no se supo nada sobre su paradero, en 2012 lo ubicamos en la Liga Casildense de Fútbol (Santa Fe), recolectando amonestaciones con los colores del club América.

Ah, como si fuera poco, no es pariente de Diego.

Especiales: Roberto Rosa, un argentino en el Barça

Roberto Daniel Rosa

Historias de argentinos que sin debutar en la máxima división lograron una transferencia al fútbol europeo hay muchas. Pero son pocos los que, siendo verdaderos desconocidos en nuestro país, lograron vestir los colores de un club enorme como el Barcelona, aunque fuera nomás por pocos días.

En agosto de 1998, los medios españoles fueron a cubrir el arribo de dos futbolistas extranjeros que reforzarían las filas del Barça. Uno llegaba a préstamo desde Vélez Sársfield, era marcador central y se llamaba Mauricio Pellegrino. El otro también era zaguero, zurdo, de 21 años, aunque un tanto ignoto. Acreditaba un pasado en Chacarita Juniors, pero acá no se tenían muchas referencias.

Obviamente que no tardaron mucho en mandarlo a la filial, el Barcelona B…donde se cayeron varias caretas, como describió en su momento el diario Mundo Deportivo:

Nadie se percató de su presencia hasta que pasó la pertinente revisión médica. De la misma manera fugaz que apareció, desapareció. Ya no formó parte de la primera convocatoria de Josep María Gonzalvo. El técnico explicó que era «por molestia en un gemelo». Desconocía la verdad. Sabía que estaba renqueante por una antigua lesión, aunque no conocía el alcance exacto de la misma. A principio de septiembre se enteró.

EL ORIGEN

El problema de Rosa arranca en el Chacarita, equipo de un barrio muy conocido de Buenos Aires por su cementerio. Entonces, a mediados de julio cayó lesionado y los médicos de su club le diagnosticaron una rotura fibrilar, aplicándole el tratamiento específico para recuperarle de esa lesión. Un mes más tarde aterrizaba en la Ciudad Condal para fichar y jugar en el Barça B.

Dos días después de llegar (y de pasar la revisión médica), intentó correr y no pudo. No sólo estaba sin fondo físico (no pasaría una posterior prueba de esfuerzos), sino que la pierna no le funcionaba. Entonces los servicios médicos del FC Barcelona se pusieron manos a la obra.

La primera prueba no detectó ninguna rotura fibrilar ni una fibrosis producto de una lesión de este tipo, tal como quedaba reflejado en el informe que trajo desde Argentina. La luz de alarma se encendió en Can Barça.

El segundo examen fue ya bastante esclarecedor, pues reflejó la existencia de una mancha de sangre interna. El resultado de la siguiente prueba fue definitivo: Rosa sufría una fractura de peroné . La verdadera lesión había sido detectada…al cabo de mes y medio.

La recuperación no fue sencilla. En vez de dos meses, tardó cuatro. Cuando se puso a tono, el equipo ya estaba armado y la temporada encarando el tramo final. Apenas si pudo disputar 4 partidos, en los que ligó una tarjeta roja. Muy poco.

Su carrera, por supuesto, no pudo tomar vuelo con semejante antecedente. Supimos luego que añadió experiencias en el under español, con las camisetas del Masnou y el Vista Alegre (2009/2010). Paradojas de la vida, porque alguien tuvo que hacer la vista gorda para que se fuera a curar al Barcelona. Curar, sí, con una sola R.

Especiales: Carlos Henrique Kaiser

Carlos Henrique Raposo (Carlos Henrique Kaiser)

Fantasma. No, no nos referimos a la banda de electrocumbia. Tampoco hablamos de ese nene con una B en el pecho que acecha a un equipo de Núñez. Para En Una Baldosa remitirse a fantasma es traer a la memoria a un delantero brasileño desconocido, incluso para sus propios compatriotas. Un chanta con todas las letras.

Carlos Henrique Raposo, más conocido (aunque no tanto) como Carlos Henrique Kaiser, es un ladrón profesional. Durante casi 20 años formó parte de planteles de fútbol y jugó unos pocos partidos. ¿Cuál era la estrategia del muchacho? Simple, mucho lobby. Siempre fue amigo de los grandes jugadores de Brasil como Carlos Alberto Torres, Renato Gaúcho, Ricardo Rocha (sí, aquel que pasó por Newell’s), Romário, Edmundo, Gaúcho (sí, el que jugó en Boca), Branco, entre otros. Y siempre que alguno de ellos era contratado por un equipo, Kaiser entraba en el combo, una práctica frecuente en el fútbol brasileño (por caso, no hace mucho tiempo, Matías Defederico se sumó al Corinthians y Mariano Torres, ex Boca, firmó contrato con el Timao, aunque poco después pasó a préstamo al Santo André).

Carlos Henrique siempre aprovechó su pinta de jugador para estirar la mentira. Así pasó por Brasil, Francia, Estados Unidos, México y hasta jura y perjura haber tenido un paso por el fútbol argentino. Lo cierto es que el tipo en los entrenamientos físicos se destacaba, pero a la hora de patear la pelota se lesionaba misteriosamente (muchas veces formaba parte de algún arreglo previo con un compañero) y quedaba al margen del equipo por semanas o incluso meses.

«Partidos completos debo tener unos 20 o 30, como mucho. En todos los partidos arrugaba. Siempre salía lastimado. Hasta en los entrenamientos. No me arrepiento de nada. Los clubes ya han engañado tanto a los jugadores, alguien tenía que vengarse por todos ellos», comentó hace algunos días cuando el sitio Globo Esporte le hizo una entrevista.

Su currículum (tan incomprobable como mágico) incluye pasos por Flamengo, Puebla de México, donde dice haber sido campeón y afirma que quisieron naturalizarlo, Fluminense, Vasco da Gama, Botafogo, América de Río de Janeiro, Bangú, Palmeiras y Ajaccio de Francia, donde estuvo varios años jugando «de a 20 minutos por partido».

En Argentina, el ladrón brasileño asegura haber estado en Talleres de Córdoba e Independiente, llevado por un tal Alejandro, amigo de Jorge Burruchaga. Lo más loco: jura haber sido campeón de la Copa Libertadores e Intercontinental de 1984 (ver video a partir de 5:15). Incluso, muestra orgulloso la foto grupal de aquel plantel. Nadie logra ubicarlo. Es simple, no está. El tipo se hace pasar por Carlos Enrique, el hermano del Negro Héctor, ayudante de campo de Diego Armando Maradona en el último mundial.

Cuenta la historia que una vez, defendiendo los colores del Bangú, el técnico mandó a todos los suplentes a hacer el calentamiento precompetitivo y el bueno de Kaiser, para no ser descubierto, no tuvo mejor idea que pelearse con los hinchas que puteaban al equipo. Obviamente fue expulsado. Ya en el vestuario, el gerenciador del Bangú, Castor de Andrade (el rey del juego clandestino en Brasil), lo encaró y Kaiser le dijo «te estaban puteando, decían que sos un ladrón, vos sos un padre para mí y yo no lo iba a permitir». Automáticamente, De Andrade le agradeció y le renovó el contrato por seis meses más. Un genio.

 

Links

La historia de Carlos Henrique Kaiser, el Forrest Gump del fútbol brasileño.
Peleas con hinchas, pelotazos a la tribuna, celular falso… las aventuras de Kaiser.

 

Especiales: el otro Lamela

Marcelo Claudio Lamela

Claro, ahora todos nos llenamos la boca hablando de Lamela, el que asombró con su habilidad desde niño, el pibe que quiso el Barcelona, el que la rompió en las inferiores millonarias, el que debutó en Primera, el putito inocente chico que mostró su pierna lastimada a medio mundo. En fin, todos sabemos de quién hablamos cuando hablamos de Lamela. Pero al hacer referencia al jugador de River también pasamos por alto otra gran historia que lleva el mismo apellido. Con ustedes, el Lamela bueno (?).

Marcelito Lamela fue un estrella fugaz surgida en la cantera del Quilmes Atlético Club que en muy poco tiempo asombró a una muchedumbre y logró una sorpresiva transferencia al fútbol europeo, cuando todavía no era tan común que emigraran las jóvenes promesas.

Irrumpió en 1983 en el contexto del Torneo Proyección ’86, junto a Walter Parodi y otros futuros profesionales. Ese mismo año debutó en el estadio de Guido y Sarmiento, en un partido de la Primera B entre el Cervecero y El Porvenir. Ese día acompañó en la delantera a Víctor Martínez y el Cabezón Lorea. Favorecido por la partida de Jose Tartalo a la Selección de la categoría que hizo gira por Malasia, Lamela agarró la titularidad y respondió con 15 presencias y 5 goles. Quilmes parecía haber encontrado una joyita. Pero le duró poco.

A fines de 1983 Estudiantes de La Plata quiso quedarse con los servicios del juvenil, pero simultáneamente apareció la Unión Deportiva Las Palmas, de la Segunda A de España, y se lo llevó. Lamela fue refuerzo a comienzos de 1984 y ni bien aterrizó en la isla de Gran Canaria su padre José declaró ante los medios: «es mejor que Maradona«. Lo quemó.

Su estreno, con gol incluído, se produjo el 5 de febrero de 1984, en la victoria 3 a 2 frente al Castellón que sacudió las apuestas deportivas. Tenía apenas 19 años, 11 meses y 22 días. Parecía que se llevaba el Mundo por delante. Pero el plan falló. Un par de partidos más no le alcanzaron para estar a la altura de los elogios que había recibido en los primeros días. El público, increíblemente exigente, le empezó a pedir que fuese mejor que Maradona, tal como lo había vaticinado su padre. Y el pibe, sin la experiencia necesaria, se apichonó.

Antes de lo previsto, la melena colorada de Lamela dejó Europa y volvió a Quilmes, donde jugó más retrasado, como un 10 clásico, junto al Ñato Freddiani y Horacio Magalhaes. En ese frustrante 1984 agregó 13 partidos más y 1 gol a su historia con la camiseta blanca.

Para 1985, El Cervecero se armó para ascender (quedaría afuera ante Racing en la semi del Reducido) y la ya por entonces ex promesa tuvo poca participación. Siempre como suplente, apenas si disputó 11 encuentros y marcó 1 tanto. Al año siguiente, el equipo fue un fracaso que acabó en la Tercera División. A Lamela apenas le dieron unos minutos (ingresó por Kergaravat) en la derrota, como local, a manos Villa Dálmine. Triste.

El exitismo, las presiones, la merma en el rendimiento y la indiferencia de los entrenadores acercaron a Lamela a su pronto final, aunque fue una lesión lo que lo alejó temporalmente del fútbol. «Un jugador uruguayo que estaba a prueba en el equipo, cuyo nombre ya no recuerdo, me fracturó el peroné en un entrenamiento«, declaró hace unos años a un diario de Las Palmas. Ahí mismo contó que intentó volver a ser el de antes en Villa Mitre de Bahía Blanca pero una lesión en la rodilla derrumbó su último sueño dentro de las canchas. Tenía 23 años en aquel 1987. Y aunque seguía siendo un pibe, decidió largar.

En los últimos tiempos se dedicó a su otra pasión, la música, específicamente al rock británico. Tiene su propio programa de radio y labura como agente de seguros. Por ahí no triunfó, es cierto. Pero tampoco anda por ahí mostrando la piernita con nana (?).

Especiales: El Barros Schelotto arquero

barrosschelottopablo

Pablo Barros Schelotto

Tiene la cara de Guillermo, pero no es Guillermo. Se dedicó al fútbol como Guillermo, pero no es Guillemo. Tiene el mismo apellido que Guillermo, pero no es Guillermo. ¡Entonces es Gustavo! No, no es Gustavo. Con ustedes, el menos conocido de los Barros Schelotto.

barrosschelottohermanos

Hermano mayor de los mellizos platenses, fue el que inició el camino de la dinastía. Mientras Guille y Gusti (?) asomaban en For Ever, Pablo atajaba en las inferiores de Gimnasia. Arquero titular en la camada que tenía como figura al Moncho Fernández, fue subiendo escalones hasta que pasó a defender la valla de Everton, donde dio sus últimos pasos hasta que el estudio terminó consumiendo al proyecto de futbolista.

Tal como lo hiciese su padre Hugo, se recibió en la Facultad de Medicina y se especializó en los transplantes, materia en la que se destacó ampliamente. Actualmente integra el cuerpo médico de la Fundación Favaloro y pese a ello, para mucha gente (incluso para nosotros) siempre será «el Hermano de…«. De Carolina, claro (?).

Especiales: Pablo Gómez

gomezpablo

Pablo Hernán Gómez

Aunque su paso por Argentinos Juniors no fue de lo más destacado, Pablo Hernán Gómez es recordado y mucho por la gente del club. Quizás su trágica muerte colabore para que no se borre fácilmente su efímera estadía en el equipo de La Paternal, porque tan sólo jugó 12 partidos en los seis meses en que permaneció en Argentinos.

Llegó para pelear un puesto en el equipo que recién ascendía a Primera. Venía de una muy buena temporada en Godoy Cruz de Mendoza, de su provincia natal, equipo con el que le había peleado el campeonato al Bicho y a Talleres de Córdoba. Sus comienzos fueron en Huracán Las Heras por la Liga Mendocina, en 1995.

En el Apertura ’97, Chiche Sosa le confió la titularidad en el debut, nada menos que en la cancha de Boca. Y aunque Argentinos arrancó perdiendo -finalmente sería derrota 4 a 2- él marcó el primer tanto del equipo a los 10 minutos del primer tiempo.

Con el correr de los partidos perdió su puesto con Roberto Saavedra y Federico Arcamone, aunque volvió a ser convocado entre los once iniciales y en el banco de los suplentes. Su segundo y último gol se lo marcó a Colón de Santa Fe en un partido que Argentinos ganó 2 a 1. Una lesión y una expulsión en el partido de su vuelta le restaron chances de afirmarse en el primer equipo.

Terminado el Apertura, le surgió una chance de ir a jugar al fútbol mexicano. Llegó a Morelia pero no fue tenido en cuenta por el Director Técnico Tomás Boy, entonces fue cedido al Veracruz, de la Primera División de Ascenso. En 1999 llegó a Pachuca y su vida cambió. Se fue ganando a los aficionados a base de sacrificio y goles, colaborando para que el equipo obtuviese su primer título en ese mismo año.

Se convirtió en ídolo indiscutido, pero su vida -junto a la de su esposa- se iba a apagar trágicamente en el anochecer del 29 de enero de 2001, al sufrir un accidente de tránsito cuando retornaba de visitar a un familiar en San Luis Potosí.

Sus hijos salvaron su vida en el accidente. El club garantizaría una ayuda para facilitarles sus estudios en agradecimiento a la tarea desarrollada por su padre. La camiseta Nº 20, utilizada por Pablo Gómez, fue retirada de manera definitiva por el Pachuca tras el triste suceso.

Recordamos así a un jugador que no tuvo destacada trayectoria en nuestra Primera División, más que nada por falta de tiempo para desarrollarse futbolísticamente. Demostró ampliamente en México que tenía condiciones futbolísticas de sobra. Pero la vida le jugó una mala pasada y se apagó demasiado temprano, cuando aún tenía mucho para dar. Son los hechos tristes que no tienen explicación…

(Publicado originalmente en «¿Te Acordás Bicho?«)

Listorti Cristian

listorticristian

Cristian Listorti

Pobre flaco. El apellido lo debe haber condenado, desde niño, a responder si el jugo le había gustado o si tenía encima el celular. Un poco más grande, tal vez, tuvo que sonreir fastidiosamente cada vez que alguien le consultaba si sabía bailar como Chayanne. Y por estos días, se debe tener que contener para no agarrarse a piñas cada vez que alguien que se cree gracioso le pregunta si conoce El Calafate. Uooo.

No sería extraño, entonces, que Cristian Listorti haya abandonado el fútbol tempranamente por sentirse abrumado por las preguntas idiotas y las comparaciones con José María. Aunque no estamos seguro de todo eso, porque rápidamente encontró su lugar en otro deporte. Pero mejor leamos su versión, publicada en el sitio desdeabajorugby.com.ar:

 

Contanos cuál es tu relación con el fútbol…

Empecé jugando en Banfield a los 9 años en las infantiles del club, jugué en todas las categorías hasta 4º división donde quedo libre y me voy a jugar a Arsenal. En Arsenal estuve sin jugar 6 meses hasta que me ponen en el banco contra Argentinos Jrs entro y hago un gol.

En la fecha siguiente voy de titular contra Chacarita ganamos 3 a 2 hice dos goles, en la semana jugamos contra la reserva un partido de practica le ganamos 5 a 0 hice tres goles y me subieron a reserva.

¿Y entonces?

Jugué en reserva contra Boca, Vélez y Lanus, hice pretemporada con reserva y primera, Burruchaga me llevó a jugar tres partidos amistosos con la primera contra Estudiantes, Gimnasia de la Plata y Olimpo.

Llegó el mes de Julio y no firme contrato, tuve un bajón anímico y no quise jugar más al fútbol. Estuve más de 6 meses sin jugar y había empezado a trabajar.

Un sábado me llaman a mi casa y era de un club de Gral. Villegas, Pcia. de Buenos Aires, para saber si quería jugar en la liga de esa ciudad, les expliqué que no jugaba hace unos meses pero como tenían referencias mías quisieron que vaya igual, jugué dos años siendo goleador los dos años.

¿Cómo terminás jugando al rugby y en Glew?

Cuando termina el campeonato le dije Nico Carcano que quería seguir entrenando para no perder estado físico y fui a entrenar con el un martes pero como había llovido demasiado hicimos papi-fútbol en la sede del club.

El jueves los chicos entrenaban para jugar el seven y Miguel, el entrenador en ese momento, me puso a jugar… Cuando termina la práctica nombra a los chicos que iban a DAOM a jugar el seven y me nombra.

¿Y cual fue tu reacción?

De Asombro, porque era el segundo entrenamiento y no tenia idea de como jugar, nunca había tocado una pelota de rugby. Vamos a jugar a DAOM y Miguel me pone de titular para el seven.

Contanos que diferencias encontraste después de tantos años de fútbol entre los dos deportes…

A diferencia del fútbol, en el rugby encontré muchos amigos, el respeto, el compañerismo, la solidaridad con tu amigo que se mata dentro de la cancha con vos, pero sobre todo la amistad que tengo con todos los chicos es lo que más rescato.

¿Cuáles fueron tus sensaciones cuando jugaste tu primer partido de rugby de XV?

Fue muy raro porque no tenia idea de como pararme en la cancha, fue todo muy rápido, no lo llegué a disfrutar porque estaba muy pendiente escuchando a mis compañeros de como pararme en la cancha y lo que tenía que hacer. De ese partido me lleve un par de golpes y por no hacer caso y no agacharme para agarrar al contrario me lleve un labio cortado jajaja.

 

En la actualidad, Listorti es back en Glew, referí oficial y delegado del club en la URBA. Nada mal para alguien que hace unos años jugó algunos amistosos en el Arsenal de Burruchaga. Y sí, es mágico.

(Gracias Cazador)