Listorti Cristian

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Cristian Listorti

Pobre flaco. El apellido lo debe haber condenado, desde niño, a responder si el jugo le había gustado o si tenía encima el celular. Un poco más grande, tal vez, tuvo que sonreir fastidiosamente cada vez que alguien le consultaba si sabía bailar como Chayanne. Y por estos días, se debe tener que contener para no agarrarse a piñas cada vez que alguien que se cree gracioso le pregunta si conoce El Calafate. Uooo.

No sería extraño, entonces, que Cristian Listorti haya abandonado el fútbol tempranamente por sentirse abrumado por las preguntas idiotas y las comparaciones con José María. Aunque no estamos seguro de todo eso, porque rápidamente encontró su lugar en otro deporte. Pero mejor leamos su versión, publicada en el sitio desdeabajorugby.com.ar:

 

Contanos cuál es tu relación con el fútbol…

Empecé jugando en Banfield a los 9 años en las infantiles del club, jugué en todas las categorías hasta 4º división donde quedo libre y me voy a jugar a Arsenal. En Arsenal estuve sin jugar 6 meses hasta que me ponen en el banco contra Argentinos Jrs entro y hago un gol.

En la fecha siguiente voy de titular contra Chacarita ganamos 3 a 2 hice dos goles, en la semana jugamos contra la reserva un partido de practica le ganamos 5 a 0 hice tres goles y me subieron a reserva.

¿Y entonces?

Jugué en reserva contra Boca, Vélez y Lanus, hice pretemporada con reserva y primera, Burruchaga me llevó a jugar tres partidos amistosos con la primera contra Estudiantes, Gimnasia de la Plata y Olimpo.

Llegó el mes de Julio y no firme contrato, tuve un bajón anímico y no quise jugar más al fútbol. Estuve más de 6 meses sin jugar y había empezado a trabajar.

Un sábado me llaman a mi casa y era de un club de Gral. Villegas, Pcia. de Buenos Aires, para saber si quería jugar en la liga de esa ciudad, les expliqué que no jugaba hace unos meses pero como tenían referencias mías quisieron que vaya igual, jugué dos años siendo goleador los dos años.

¿Cómo terminás jugando al rugby y en Glew?

Cuando termina el campeonato le dije Nico Carcano que quería seguir entrenando para no perder estado físico y fui a entrenar con el un martes pero como había llovido demasiado hicimos papi-fútbol en la sede del club.

El jueves los chicos entrenaban para jugar el seven y Miguel, el entrenador en ese momento, me puso a jugar… Cuando termina la práctica nombra a los chicos que iban a DAOM a jugar el seven y me nombra.

¿Y cual fue tu reacción?

De Asombro, porque era el segundo entrenamiento y no tenia idea de como jugar, nunca había tocado una pelota de rugby. Vamos a jugar a DAOM y Miguel me pone de titular para el seven.

Contanos que diferencias encontraste después de tantos años de fútbol entre los dos deportes…

A diferencia del fútbol, en el rugby encontré muchos amigos, el respeto, el compañerismo, la solidaridad con tu amigo que se mata dentro de la cancha con vos, pero sobre todo la amistad que tengo con todos los chicos es lo que más rescato.

¿Cuáles fueron tus sensaciones cuando jugaste tu primer partido de rugby de XV?

Fue muy raro porque no tenia idea de como pararme en la cancha, fue todo muy rápido, no lo llegué a disfrutar porque estaba muy pendiente escuchando a mis compañeros de como pararme en la cancha y lo que tenía que hacer. De ese partido me lleve un par de golpes y por no hacer caso y no agacharme para agarrar al contrario me lleve un labio cortado jajaja.

 

En la actualidad, Listorti es back en Glew, referí oficial y delegado del club en la URBA. Nada mal para alguien que hace unos años jugó algunos amistosos en el Arsenal de Burruchaga. Y sí, es mágico.

(Gracias Cazador)

Especiales: el hijo de Jorge Solari

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Allá por fines de agosto de 1985 y justo antes del cierre del libro de pases, el mercado local se vio sacudido (?) por la noticia: Jorge Indecieto Solari, el hijo de Jorge Raúl Solari pasaba a préstamo y sin opción desde el club donde su papá era uno de los dueños al club donde su papá era el director técnico. Obviamente como todo quedó bien en familia, el acuerdo entre Renato Cesarini y Newell’s fue lo de menos.

Para ser sinceros, la noticia no conmovía tanto por lo futbolístico, pero sí llamaba la atención la continuidad del legado del Indio, que parecía quedar en buenas manos. Pero no, nada que ver. Y el mismo padre fue quien, tal vez inconscientemente, se encargó de hundirlo de movida no presentarlo de la mejor manera: «…es un volante tipo Solari, con gran despliegue físico y llegada al área. Pero no es hábil. Toca bien y es simple…». Avisar, avisó.

Si encima vemos que el pibe, con 20 años, paralelamente empezaba a estudiar la carrera de educación física, tal vez soñando emular a su tío Eduardo, el preparador físico de ese Ñuls, está claro que no había muchas fichas puestas en su futuro. Ni de parte de él ni de su familia. Familia en la cual sí pudieron pegar fama su cuñado y sus primos Santiago, Esteban y David en el mundo del fútbol; y hasta su prima Liz en el mundo del modelaje. Pero de Jorgito, ni noticias.

Especiales: Cristian Riquelme

Cristian Riquelme (Chanchi)

A diferencia de su hermano Juan Román, Cristian Riquelme inició su camino en el fútbol en la vereda de enfrente, más precisamente en las divisiones inferiores de Platense. Y no le iba mal: en 1997, con 13 años, había sido elegido como el mejor jugador de la Nike Internacional Premier Cup Sub 14 que se disputó en Sudáfrica.

Carismático y entrador, todo lo contrario a JR, ante los micrófonos se despachaba con frases como «no me molesta que me comparen con mi hermano. Pero sé que todo me va a costar el doble, porque siempre me van a exigir que juegue como él» y en una declaración de principios dejó en claro que también tenía algunas coincidencias con Román: «no me gusta correr mucho. Cuando no tengo la pelota, no corro».

«Mi hermano tiene muchas condiciones. Ojalá que juegue dos o tres mundiales. Pero es medio vago, no le gusta ir a entrenarse», sentenciaba el 10 de Boca una década atrás. A Cristian, hincha fanático de Tigre, tampoco parecía importarle demasiado el fútbol profesional. «Me gusta más jugar en el barrio que ir a practicar. Lo que más me duele es no poder jugar con mis amigos», dijo en más de una oportunidad.

Sin embargo, a fines de 2001 estuvo a punto de sumarse a Almirante Brown de Arrecifes, pero no pudo fichar por una inhibición del Calamar y regresó a Vicente López. En 2002 se hizo conocido y no por cuestiones futbolísticas. El martes 2 de abril fue secuestrado y lo liberaron 2 días después, tras un pago de 160 mil dólares.

A mediados de ese año se incorporó a Racing, pero duró poco. Apenas estuvo tres meses en la Academia y retornó a Platense, donde permaneció hasta 2004, cuando vistió los colores de Argentino de Merlo y colgó los botines.

En los últimos años apareció poco y nada. Se lo mencionó como nexo entre el barrabrava Mauro Martín y el 10 de Boca y como una de las razones por las que su hermano se peleó con Diego Maradona y abandonó la Selección.

Especiales: Seijo y Bonilla

Juan Manuel Seijo y Cristian Bonilla

En julio de 2000, la octava división de Argentinos Juniors disputó un torneo juvenil en las Islas Canarias. No sólo eso: lo ganó sin perder ningún partido. En ese equipo, que era capitaneado por Julio Barroso (hoy relegado en el Boca de Alves), se destacaron dos jugadores: el enganche Juan Manuel Seijo y el delantero Cristian Bonilla.

Un mes más tarde, a fines de agosto, el Bicho se consagró campeón a nivel nacional de su categoría, pero sin Seijo ni Bonilla. ¿Dónde estaban? Aquí entran en escena dos personajes, por aquel entonces desconocidos, que intermediaron para que los pibes terminaran, no de la mejor manera, en el fútbol portugués: el pseudoempresario -como lo bautizó el ex presidente del Bicho, Oscar Giménez- argentino Hernán Berman (ex representante de Javier Saviola y actual de Rodrigo fasito Archubi y Nicolás Navarro -a quien ya había tentado para llevarlo al Millonario cuando tenía 15 años-) y el lusitano Jorge Mendes (que en la actualidad maneja los hilos del muchacho de la publicidad de shampoo para la caspa).

Ya en el Viejo Continente, ambos recalaron en las inferiores del Porto, donde no pudieron hacer pie, y pasaron al Salgueiros, donde tampoco pudieron levantar vuelo. En 2003 tomaron caminos distintos; Seijo regresó a Argentinos Juniors, y Bonilla pasó a Lanús. Ninguno de los dos logró jugar oficialmente.

Bonilla regresó a Portugal en 2005, para hacerse bien de abajo. Arrancó en el Ermesinde (2005 a 2007), de la tercera división, y luego se sumó al Desportivo Aves (2007), donde las lesiones lo tuvieron a maltraer, y después desapareció del mapa.

Para Seijo, el panorama tampoco fue muy alentador. Si bien estuvo en el Bicho de La Paternal hasta 2006, debió conformarse con algunos partidos en Reserva. Para colmo, luego de quedar libre se rompió los ligamentos y meniscos. Hace algunos años se remataba al mejor postor, pero parece que se dio cuenta que el fútbol no era lo suyo y se dedicó a estudiar Kinesiología.

Así que vos, niño púber de 15 años con incipiente acné juvenil, que tenés las bolas llenas de comer banco en tu categoría y querés tomarte el avión ante el primer ofrecimiento de cualquier chanta, pensalo bien. Tu historia puede terminar como la de Tévez, sí. Pero también puede terminar como la de Seijo y Bonilla.

Especiales: Diego Maradona Jr.

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Diego Armando Sinagra

Si con el apellido Maradona robaron hermanos (1 y 2) y sobrinos (1, 2), no podíamos esperar menos de un hijo. Nacido el 20 de septiembre de 1986 en Nápoles, como fruto de una relación extra matrimonial del Dié con Cristiana Sinagra, comenzó a ser noticia en Argentina cuando apenas era un niño que perseguía su verdadera identidad.

Con Diegote negado a realizarse pruebas de ADN y admitiendo incluso que si algún día lo cruzaba le escupiría la cara, a la familia Sinagra no le quedó otra que esperar el fallo de la justicia, que reconoció a Junior como hijo de Maradona en 1993, a través de la Corte de Apelaciones de los Tribunales de Nápoles.

El pibe, parecido fisicamente, aunque derecho y con una evidente falta de talento para emular mínimamente el camino de su padre, intentó de todas maneras armar una carrera en el fútbol. Hizo inferiores en el Nápoli (1997 a 2004), donde no mostró nada del otro mundo, pero así y todo consiguió que lo convocaran a la Selección Sub 17 de Italia, en 2001. Unos años más tarde, planeó una aventura para conocer a su papá en un campo de golf de la ciudad de Fiuggi y obtuvo algo que hasta el momento era impensado, un abrazo y una charla íntima de 40 minutos.

Ya más grande, aunque siempre en categorías formativas, pasó al Genoa (2004/05), pero allí no pegaría el salto grande. Bah, el salto nunca lo pegó. Finalmente debutó profesionalmente, pero en Cervia Vodafone (2005), un equipo del ascenso protagonista de un reality show llamado Campioni, Il sogno. Sí, al mejor estilo Atlas.

Luego Junior siguió baldoseando en Internapoli (2006), Quarto (2007 y 2009), Venafro (2007/08) y Boys Caivanese (2008). Aunque, claro, lo más jugoso vendría después.

Cuando muchos imaginaban que había encontrado su futuro con el modelaje, en octubre de 2008 viajó a la Argentina…y logró que lo probaran ¡en River! Después de entrenarse con la Reserva, saludar a algunos jugadores y asistir al Monumental para ver el partido ante Defensor Sporting por la Copa Sudamericana, se dio por satisfecho y aprovechó para hablar del equipo de su corazón (?): «De verdad que me gustaría jugar en este club, es un sueño, y no se trata de un desafío a mi padre. Desde chiquito que me encanta el estilo que tienen sus jugadores«. Y agregó: «en lugar de Abreu, tendríamos que haber traído desde Nápoles a Germán Denis«. Ojo, algo sabe (?).

Como si algo le faltase a su particular trayectoria, también incursiono en el fútbol playa, ese deporte donde se practica la confraternidad del Río de La Plata. Maradona Junior fue convocado, a manera de promoción, al seleccionado italiano que participaba de las eliminatorias para el Mundial de Francia 2008. Si bien no se destacó, el equipo clasificó y por eso lo terminaron contratando de Mare di Roma (2008), un conjunto que la sabe lunga (?) en eso de correr en la arena. Ahí Dieguito marcó 6 goles en 3 partidos y se ganó definitivamente un lugar en el plantel de Italia que participó del Mundial de la especialidad. En 2009 se incorporó al Nápoli Beach Soccer y fue determinante para que el equipo obtuviera el primer título de su historia. ¿Vieron? Al final es como el Diego. Cumplió sus sueños de jugar un Mundial y salir campeón. Por eso no es tan ladri que ahora tenga una escuelita, ¿no?

Especiales: Darío Giuliani

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Darío Alfredo Giuliani

En pocas palabras se puede definir al jugador polifuncional como aquel que es capaz de actuar en varias posiciones. Puede hacerlo mejor en un sector del campo que en otro, obviamente. Pero al fin y al cabo se trata más o menos de lo mismo: un puntero que es capaz jugar de enganche, un marcador central que actúa como lateral, o un volante ofensivo jugando como delantero. Pero hay casos que van más allá, porque una cosa es modificar el lugar dentro del campo de juego, y otra cosa es cambiar directamente de deporte. O peor: no terminar de decidirse y hacer dos cosas al mismo tiempo.

Este es el caso de Darío Giuliani, un sanjuanino nacido el 27 de enero de 1966, que desde chico se vio atrapado por el deporte más popular de la provincia: el hockey sobre patines. Con solo 15 años llegó a la primera del Concepción Patín Club, de San Juan. Pero como también le interesaba el fútbol, se fue a probar a Juventud Alianza. Y quedó. En 1985 debutó en el último Torneo Nacional que se disputó, jugando cuatro partidos como puntero izquierdo y convirtiendo un gol, a Temperley. “Tanto el hockey como el fútbol me apasionan. Por ahora estoy más metido en esto porque estamos en el Nacional”, declaró por aquel entonces. Pero una vez terminada la aventura de los sanjuaninos en el campeonato, Giuliani se sacó los botines y el hockey ganó la competencia.

Esta no es una historia única: años más tarde Panchito Velazquez intentó dejar su huella en ambos deportes, aunque con otra repercusión. Este caso fue más humilde. Es tan así que desconocemos como continuó la carrera de Giuliani con los patines. Lo que sí supimos es que en los últimos años fue entrenador del Centro Valenciano de San Juan y de Andes Talleres de Mendoza. Además, fue asistente del DT Daniel Cocinero en la Selección Argentina. Parece que mal no le fue. En el hockey, claro.

Especiales: Airet, el arquero sacerdote

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Sandro Cristian Airet

No debería ser tan extraño pero lo es. El mundo del fútbol a veces pareciera no estar preparado para las historias de vida fuera de lo común. De la casa al entrenamiento, del entrenamiento a la casa, y un partido los fines de semana. Ese es, de alguna manera, el concepto de rutina que uno idealiza sobre los jugadores. Pero hay quienes van un poco más allá, como Sandro Airet, el arquero sacerdote.

Nacido en la localidad de Rojas, se fue de muy pibe a Pergamino para jugar en Douglas Haig y tuvo su debut con tan sólo 17 años, en la temporada 1990/91 del Nacional B. Luego transitó las inferiores de Boca Juniors y hasta volvió a sus pagos para actuar en Argentino. Su conexión con la Primera División de nuestro país se dio en 1996, cuando estuvo probándose en San Lorenzo, por entonces dirigido por el Bambino Veira.

Con sus pasos por Defensores Unidos de Zárate (1996 a 1998) y Lamadrid (1998/99), parecía convertirse en un mortal más del ascenso. Y de hecho lo terminó siendo, pero con una experiencia internacional que le dio cierto handicap a su trayectoria. En 1999 se unió al Fluminense de Brasil, que remaba en la Série C, y a pesar de que no debutó oficialmente se dio el lujo de jugar algunos amistosos como titular. Con el nombre de un club importante en su legajo, uno imaginaba que Airet estaba en condiciones de regresar a la Argentina para subir de categoría. Y se elevó, sí, pero en otro sentido.

Impulsado por una necesidad interior que le había surgido desde muy jóven, ingresó a un seminario eclasiástico y durante 4 años se alejó del fútbol. Luego, con la colaboración de un rector y con los horarios un poco más acomodados, regresó a las canchas. Primero unos años en Huracán de Rojas y luego en Defensores de Salto (2006 a 2009), con el que disputó el Torneo Argentino C y B. «De entrada sólo entrenaba los viernes y jugaba los domingos. Mientras iba haciendo la pastoral en la Parroquia de Salto. Para armonizar ambas actividades, me iba acomodando casi día a día. Gracias a Dios pude hacerlo y en Defensores pasé años fantásticos. Fue un regalo inesperado que me hizo Dios: integrar un plantel sensacional, por calidad de futbolistas y valores humanos, y lograr el ascenso en el club de la ciudad donde estaba haciendo la pastoral e iba a oficiar de cura en los próximos años«, contó.

A fines de septiembre de este año, en una emotiva ceremonia en la Iglesia Parroquial de la Conversión de San Pablo, Sandro Airet recibió la orden del diaconado, el paso previo a la ordenación sacerdotal. El año que viene será cura en Salto y hasta tiene el sueño de jugar en 12 de Octubre de Ferré, club que participa de la liga local. Si Dios quiere, eso sí (?).

Especiales: el hermano de Calderón

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Ismael Santiago Calderón (Calderita)

Hacer una carrera digna siendo el «hermano baldosero de» no es moco é pavo. Ya hemos comprobado largamente con casos como Hugo y Lalo Maradona, Waldo Spontón o Carlos Desio, que muchos mueren en el intento. No es raro, entonces, que al hermano menor de Gabriel Calderón le haya costado bastante ganarse un lugar en el fútbol profesional.

También delantero, vivió futbolísticamente a la sombra de su pariente más famoso. En nuestro país, algunos pocos tuvieron la fortuna de verlo cuando vistió fugazmente la camiseta de Atlético Tucumán (3 partidos y ningún tanto en la temporada 1990/91). Luego partió a Suiza para sumarse al Saviese (1991/92), que inesperadamente accedió a los 16º de final de la Copa de Suiza, donde enfrentó al poderoso Sion de Enzo Trossero, que contaba en sus filas con Gabriel Calderón. El duelo de hermanos, por supuesto, terminó con goleada y clasificación para el equipo del mayor.

Despues de su aventura europea, regresó a la Argentina y disputó 4 partidos para Ituzaingó (1992/93) en el Nacional B, en los que tampoco pudo marcar goles. Triunfar en el fútbol, parecía, iba a estar difícil.

Los años pasaron, hasta que un día, charlando con su mujer, a la que había conocido en Suiza, se encontró con una posibilidad enorme. «Mirá, Ismaelito (?), creo que nunca te lo dije, pero conozco un club donde podés consagrarte«, le habría dicho ella. «¿En serio, mi amor?«, preguntó él. «Sí, es el equipo de mi pueblo, en España. Creo que da con tu perfil«, retrucó la esposa. «Y buee, daaaale«, cerró Calderita.

Así fue como el delantero abrochó, a mediados de 2002, su incorporación al Chantada, del municipio homónimo. Y ahí, en ese paraíso de la mentira, se sintió tan a gusto que en su primera nota al diario local se animó a decir que era ex jugador de River Plate y que había compartido vestuarios con Batistuta y Ruggeri. Y dobló la apuesta: «lo único que quiero es ponerme bien físicamente para poder entrar en el equipo y tratar de marcar goles. Toda mi carrera lo hice y espero que continúe así, aunque nunca se sabe y a lo mejor resulta que no hago ni uno este año«. ¡Ja! Un grande.