Especiales: Cecilio Flematti

Cecilio Flematti

Una sola palabra define en su totalidad a Cecilio Flematti. Ladri Polirrubro. Como buen futbolista frustrado, se dedicó al periodismo. Además, Flematti es conductor, productor y empresario. Completito el paquete, eh. Sin embargo, su mayor logro, o el que más nos interesa a nosotros, fue levantarse a Débora Pérez Volpin jugar 3 partidos con la camiseta de Atlas en la Primera D.

Nacido el 9 de octubre de 1973 en Granadero Baigorria, provincia de Santa Fe, Flematti, un enganche o carrilero con mucha ida y vuelta, como se autodefine, ya había coqueteado de chico con las mieles del fútbol profesional cuando formó parte de las divisiones inferiores de Argentino de Rosario y Newell’s Old Boys. Ya más grande, llegó a entrenar con la Primera de Huracán de Parque Patricios.

«Soy uno de los tantos que dicen ‘casi llego’. Me pasó cuando estaba Trossero y me eligió para jugar. Pero luego se fue, vino Fanesi y dejó a los pibes del club. Por eso no pude estar«, comentó hace algún tiempo.

En paralelo con el deporte, comenzó su carrera en los medios como Radio Centenario, Canal 3 y Radio 2 de Rosario. Asentado en Buenos Aires, trabajó en Solo Fútbol, Radio Energy y comenzó a producir un programa en… Utilísima.

A través de su propia productora, Zona Comunicación, llegó al equipo de General Rodríguez. Desde su arribo, el periodista se encargó de aclarar que estaba tudo bom, tudo legal. «Esta posibilidad surgió a través de la producción del programa (Atlas, la otra pasión) que quería agregar el segmento, pero si no pasaba la prueba no se hacía. Fue todo muy transparente.«, comentó el conductor. Y agregó: «El objetivo del grupo es salir campeón y ascender. Tengo el sueño de que el último partido me explote la pelota en el pecho y hacer un gol como el de Maxi Rodríguez. Es imposible no tenerlo después del sacrificio que puse.»

Después de su pasantía por el equipo de Néstor Retamar y el grosso de Wilson Severino, Flematti paseó su fútbol en un nivel mucho más top que las canchas del under nacional. Formó parte del seleccionado argentino que participó, y conquistó el quinto puesto, en el Mundial de Fútbol de Artistas de 2007. Allí, ganó la medalla como mejor jugador del torneo, y compartió plantel con Matías «vivo del aire» Camisani, Gastón Portal, Emmanuel Horvilleur, Nicolás Pauls, Juan de Benedictis, Ramiro Pantorotto y Abel Pintos, entre otros, dirigidos por Fernando Kuyumchoglu, Carlos Olarán y Esteban Pogany.

¿En qué anduvo metido en los últimos tiempos? En 2008 gerenció el fútbol de Central Córdoba de Rosario. Al igual que en Atlas, se creó un reality show llamado «Causa Ciudadana», que se emitió por el Canal 5 de Rosario. En el Charrúa, Flematti también fue anotado como jugador, aunque no llegó a jugar oficialmente. El proyecto, con el Tweety Carrario como DT y Julián Maidana, Luciano Palos y Alejo Noé Gelatini como jugadores, no duró mucho y Flematti se fue solo, antes de que lo sacaran volando.

Este año, lejos del ascenso, Cecilio Flematti fue el productor ejecutivo del Súper 8. Se desconoce cómo se las ingeniará para robar en 2010.

Especiales: el hijo de Suñé

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Diego Suñe (El Chapita)

La revista Goles los juntó, en 1993, como parte de una producción que reunía a los más promisorios hijos de futbolistas reconocidos. Así fue como el Chapa Rubén Suñé, aquel mítico capitán del Boca del Toto Lorenzo, posó junto a su heredero pelilargo y lanzó: «tiene buenas condiciones para jugar en los cuatro puestos del medio. Inclusive, puede ser líbero«.

A Diego le gustaba desempeñarse como volante ofensivo y cumplía esa función en la Cuarta División de Vélez Sársfield, donde sufría los cuestionamientos de ser hijo de: «hay veces que te beneficia y otras que te perjudica; sobre todo, cuando intentan compararte con tu viejo y te dicen ‘si fueras la mitad de lo que fue él…’. Además, tenés que soportar todo el día tener un segundo técnico«.

Mientras tanto, su padre se mostraba algo caliente: «En Boca, a Diego lo rebotaron pero no pienso decir quién fue porque no soy ningún buchón. Esa persona ya no está en el club«. Duro.

En efecto, el pibe hizo las inferiores en el Fortín y por poco no llegó a debutar en Primera. La leyenda cuenta que el Chapita entrenaba un día junto a su amigo Fernando Pandolfi cuando Carlos Bianchi los vio y los probó junto al plantel profesional. La suerte, el tiempo, el lugar y el talento (aunque seguramente no el esfuerzo) pesaron en la balanza para que el Virrey se decidiera por el Rifle, que a partir de ese momento inició su carrera futbolística, luego absorbida por la musical.

Desaparecido del ambiente, algunos dicen fue el mismísimo Suñé chico el que se dedicó a la música y entonó un éxito a comienzos de los 90’s que decía algo así como «Tonta, como quieres que te quiera, que te quiera, si me tienes trabajando; tonta, tonta«. Pero no, no fue él.

En los últimos años lo encontramos abocado a las ligas amateurs. En 2006, por ejemplo, salió en esas notas pagas del Diario La Nación cuando su equipo, Banco Provincia Azul, derrotó 1 a 0 a La Cascada F (?) y se convirtió en uno de los punteros (?) de la categoría Mayores Junior A (?) de la Asociación Intercountry de Fútbol de Zona Norte (?). Suñé, por supuesto, fue figura.

Unos meses más tarde, jugaron la revancha y el team del ex Vélez pecheó de manera gigante, cayó 5 a 2 y perdió la punta a manos de su rival. Ah, a Suñé ese día lo echaron. Pero al menos la nota sobrevive en un grupo de yahoo, y no en un diario.

Especiales: el hermano de Burruchaga

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Julio César, el Burru chico

Si bien todavía faltaban dos años para su coronación en el Mundial de México, Jorge Luis Burruchaga ya era una figura de primer nivel en aquel lejano 1984. No sería raro entonces, que haya rezongado un poco cuando ese año la revista El Gráfico lo convocó para una nota de color que ni siquiera ocuparía media página. El siguiente diálogo es producto de nuestra imaginación, pero podría haber sido real:

¿Y qué tengo que hacer?

– Nada, vos nos acompañás a la cancha, te acercás al alambrado, mirás a la cámara, te sacamos la foto y listo. Ni las manos de los bolsillos tenés que sacar.

– Mmhh, ¿tengo que pagar la entrada?

– No, entrás con un carnet de prensa.

– Y bue, dale.

La idea era que el hombre de Independiente fuese testigo del segundo partido oficial de un pibe de Arsenal de Sarandí que tenía su apellido. Ah, dato casi insignificante: era su propio hermano, de 20 años, también nacido en Gualeguay.

«Anda bien, tiene manejo y es guapo, por lo que cuentan acá en Arsenal. Yo solamente lo había visto jugar en los potreros, pero es distinto«, decía Burru, ya de verdad, casi desligándose del tema y mirando el reloj para rajarse lo antes posible.

Julio César Burruchaga era volante derecho, aunque también jugaba de 4. En su debut, una semana antes frente al Deportivo Morón y sin la mirada de su familiar más famoso, había actuado como centrodelantero. La polifuncionalidad y el parentezco no le sirvieron de mucho, a decir verdad, porque sólo disputó 8 partidos en la segunda división (el más importante, como titular, ante Racing) y desapareció del mapa. «No quiero equivocarme, pero puede ser mejor que el hermano«, decía su técnico, Rodolfo Motta. Y antes de que la tintura le empezara a penetrar el cerebro, lo que es peor.

Especiales: Luis Menú Fuchser

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Luis Ernesto Menú Fuchser

¿Puede ser baldosero un jugador que nunca estuvo en la máxima categoría del fútbol argentino? La pregunta ya está en el aire y la respuesta caerá de maduro a lo largo de la historia de Luis Menú Fuchser.

Nacido el 10 de mayo de 1980, el hijo del cantante del popular grupo folklórico «Los de Salta» dio sus primeros pasos en los clubes de su provincia. Así fue que este volante ofensivo se formó en las canteras de Gimnasia y Tiro y Central Norte.

A los 10 años se mudó a la Capital Federal para cumplir el sueño de ser futbolista. Arrancó en las infantiles de River Plate, luego pasó por Argentinos Juniors y terminó en las inferiores de Racing.

Sus primeros minutos de fama los tuvo en 1994. Mientras defendía los colores del Bicho, Menú Fuchser logró el récord de malabarismo con el balón luego de hacer 180 cabecitas en un minuto. Ya en la Academia, el pibe de 15 años era el encargado de mantener entretenida a la parcialidad de Racing, y a la contraria también, haciendo jueguito en los clásicos. El debut no fue fácil, contra River y ante 50.000 personas.

Al poco tiempo fue contratado por la empresa International Sport de Roma que lo iba a ubicar en las inferiores de la Roma, pero el avión se desvió y aterrizó en el NK Varteks de Croacia. Unos meses después se mudó a Francia, para sumarse nada más y nada menos que al Nantes (1996). El club francés pidió condiciones por el juvenil, pero el empresario Gianfranco Pardo desechó el pedido ya que su intención era ubicarlo en el fútbol italiano.

El periplo europeo continuó y fue comprado por el Servette FC suizo, que por aquel entonces lo mandó al CS Chenois, su equipo filial. De la mano del ex volante de Vélez, Oscar Antonio Gissi, Menú Fuchser ganó sus primeros minutos en el fútbol profesional.

Resulta curioso que a los 19 años, cuando la mayoría de los pibes buscan desesperados el pase a Europa para salvarse económicamente, Menú Fuchser dejó el sueño de ser una estrella mundial de lado y pegó la vuelta a sus pagos para comenzar la carrera de Administración de empresas.

Mientras estudiaba despuntó el vicio jugando para Central Norte (2001) y Gimnasia y Tiro (2001 a 2005). Ya recibido, retornó a Suiza para sumarse al FC Meyrin (2005) y luego al Signal FC (2006/2007). En el medio, jugó en el Pandurii Tg Jiu rumano.

A fines de 2005, demostró sus dotes de cantor ¡en francés! en una fiesta del Chaqueño Palavecino para 300 personas. Entre los invitados se encontraban el mellizo Gustavo Barros Schelotto, Pancho Sá y el Rifle Castellano.

Posteriormente defendió los colores del Deportivo General José de San Martín en el Argentino B y de Contadores Verdes en la Liga de Profesionales Universitarios de Salta.

En la actualidad, participa de la Liga Salteña, una vez más con la divisa de Gimnasia y Tiro.

Especiales: el hijo de Rudy Chernicoff

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A mediados de la década del ochenta, la revista El Gráfico dedicó varios centímetros de espacio para presentar en sociedad al hijo del humorista Rudy Chernicoff. De nombre Javier y acusando 15 años de edad en su DNI.

La nota, con un olor a chivo tremendo por la inminente presentación del espectáculo unipersonal de Rudy llamado “El señor del baño”, se encargó sin embargo de manijear bastante al volante por izquierda que, según decían, se afirmaba cada vez más en la séptima de Argentinos Juniors.

Para los que ya están pensando mal del Semillero del Mundo, vale aclarar que el surgimiento de Javier Chernicoff no puede endosarse de ninguna manera al Bicho, ya que en realidad había arribado dos años antes procedente de Atlanta y por expresa recomendación de Silvano Espíndola.

En el sinuoso camino al fútbol grande, Javier conoció cara a cara a Fernando Batista, hermano menor del Checho, y tras compartir con él algunos entrenamientos, se ve que en algún momento de su adolescencia, tiró todo por la borda y siguiendo el mandato familiar se volcó a la bohemia. Obviamente jamás llegó a asomar la cabeza en el fútbol, pero de todas maneras se las arregló bastante bien para darle sin asco a la batería y por lo menos hacer ruido en serio.

Especiales: Leonel Delménico

El alcanzapelotas de Chilavert

Si para muchos futbolistas y cierto sector del periodismo deportivo, Fabián Cubero es gracioso y pícaro, para una modelo, el jugador de Vélez podría ser candidato a un Premio Nobel.

Su presunto encanto y chispa, pero por sobre todo su pseudo fama, le sirvieron a Poroto para conquistar a Nicole Neumann, una de las más codiciadas de las pasarelas, que vale destacar, no necesitaba la billetera del jugador para vivir como lo hace.

¿Tanto mérito tiene Cubero? ¿O todo fue decisión de la rubia? Su apego por las cámaras debe haber sido un factor decisivo para cumplir el sueño de muchos.

Pero si tanto se destaca a alguien con posibilidades y recursos, qué decir del ignoto Leonel Delménico, que tuvo unos días de fama hace más de diez años y ahora tiene en su cama a una bomba como Claudia Fernández.

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«Mi novio es muy reo, de barrio. Es licenciado en administración de empresas, tiene un sueldo y es propietario del departamento en donde vivimos, ahí, donde nos robaron todo la vez pasada«, contó ella.

Incluso, fue más allá y recordó: «me conquistó cuando se me acercó mientras yo leía un libro en la playa de Mar del Plata. Me dijo que me había visto una vez y que no me iba a escapar. Desde ese momento no nos separamos nunca más, con él tengo mucha piel para el sexo y estoy muy feliz«.

¿Y quién es el gorreado de turno?, se preguntarán algunos. Y la respuesta es simple y precisa: Un hijo de empresario argentino, nacido en Lomas de Zamora, con negocios en Uruguay y un pasado célebre: fue el alcanzapelotas agredido por José Luis Chilavert en un Lanús-Vélez de 1993.

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Muchos se preguntaron qué sería de la vida de Delménico. Y acá lo encontramos. Vivito y culeando (?).

Especiales: árbitros «hijos de»

Aquellos boxeadores consagrados suelen afirmar que no desearían que sus hijos continúen con esa actividad. Justifican esa posición asegurando que se trata de un deporte muy duro, peligroso y de vida corta. Los futbolistas, en tanto, siempre insisten con que sus chicos tendrán la libertad de elegir.

Sin embargo, y como sucede a menudo, muchos niños y no tan niños buscan emular a sus padres, aún sin tomar consciencia de lo desgraciado que puede resultar cierto tipo de oficio.

En esta ocasión, el homenaje es para “los hijos de…”, pero no de futbolistas como Sebastián Fillol, Leonardo Más, el Chavito Anzarda y tanto otros. El capítulo que nos compete tiene que ver con personas a las que sí les importa un pito. No es secreto que los chicos pueden desplazar una parte de sus deseos tiernos y libidinosos del pecho de la madre al pito del padre.

Si ser árbitro puede ser desdichado, mucho peor ser árbitro hijo de árbitro, que aún teniendo buenas actuaciones, recibirá insultos y agravios por lo hecho por su progenitor.

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Nicolás Lamolina

Hijo de Francisco, o el hijo de un Pancho, se desempeña sin mucho éxito en Primera C y también lo ha hecho en partidos de Reserva de Primera División. Previamente, realizó el recorrido habitual con pasos por divisiones juveniles, infantiles, futsal. Con 27 años, es la tercera generación de árbitros de la familia. La actividad la arrancó su abuelo, la continuó su padre y la proyectó él. Los Lamolina esperan que la cadena no se corte y Siga Siga

A la hora de explicar el porqué de su pasión por el arbitraje, Nicolás le contó al Diario Olé que «existe una tendencia familiar, en mi caso doble, por mi abuelo y mi viejo. Me influyó. Yo jugaba al fútbol y llegó un momento en el que tuve que decidir qué hacía con mi vida»

Justamente a la hora de evaluar las ventajas de desventajas de ser hijo de, señaló que «un amigo me dice que yo tengo la suerte y a la vez la desgracia de ser el hijo de Lamolina. Suerte, porque mi viejo me sigue, me da consejos hasta de cómo plantear un partido, se anticipa para que no tenga errores. Y la desventaja de que muchos piensen que soy como él en una cancha. Yo recién estoy aprendiendo y dirijo en las categorías más bajas. La gente pretende que sea un fenómeno, pero la mayoría se acuerda del mejor momento de mi viejo, no de sus primeros pasos«.

Por otra parte, a la hora de los insultos, reconoce que por ser el pibe de Lamolina «quizás la puteada sea más fácil porque el cantito ya lo saben. A mi viejo lo iba a ver siempre en su última etapa. A veces la pasaba bien y otras mal. Yo era muy chiquito y sufría porque no entendía cómo cien mil personas lo puteaban. Lo entendí tiempo después«.

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Hernán Mastrángelo

Hijo de Carlos, ahora actor, consideró que si su padre fue árbitro durante tantos años fue por la felicidad que le producía, y por ese motivo tomó la posta. «Si la carrera de mi viejo fue tan larga, es porque el arbitraje lo hizo feliz. Me inclinó hacia esta carrera y no me quedó otra que aceptar. Además me di cuenta que con los pies me iba a costar un poquito y terminé con el silbato«, dijo en la entrevista al diario Olé.

Consultado sobre las alegrías en el arbitraje, Hernán sostiene que «sólo nosotros entendemos por qué somos felices dentro de una cancha, aunque nos insulte mucha gente. Nos genera adrenalina, una sensación muy fuerte. A veces, no te das cuenta del sentido vocacional sino hasta que dirigís el primer partido. Hay veces que no dirijo algunas semanas y no sé que hacer«.
Por otra parte, asegura que no tiene condicionamientos por el lugar que ocupó su padre, de lo contrario, «no podría salir a la cancha«, asevera.

Y a la hora de las comparaciones, señala que «es difícil marcar la diferencia porque cada uno que te observa en una cancha, piensa inmediatamente en ellos y supone que somos iguales o mejores. Pero nosotros somos nosotros. El era más de la palabra que de la tarjeta, le gustaba ponerse a los jugadores de su lado. Tenía claro quienes eran los verdaderos protagonistas. Se les acercaba al oído y les decía: ‘la concha de tu hermana, quedate tranquilo porque te rajo a la mierda’. Hoy sería muy complicado, hay muchas cámaras«.

Por último, sobre su paso por la escuela, reconoció que «fue terrible, en pleno auge de mi viejo, comencé la secundaria. Y si él se confundía en contra de un equipo, algunos compañeros me venían a apurar a mí con críticas y cargadas. Me agarré a trompadas un millón de veces. No quería que me hicieran cargo de algo que había hecho mi viejo. Me sirvió para formar temple«.

Los Vigliano

Hijos de Jorge, se mataron en la originalidad. Eligieron la misma profesión y compiten entre ellos, al menos para lograr el reconocimiento de su padre, hoy columnista radial.

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Mauro Vigliano

Previo a volcarse por el arbitraje, Mauro (5/08/75, ahora en Primera B) pasó por el fútbol, el rugby y la natación, pero aclara que el ser juez «no vino a reemplazar otra vocación frustrada«.

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Paulo Vigliano

Jugó de volante en la Reserva de un club del Ascenso y al mismo tiempo estudiaba arquitectura pero «llegó un momento en que no hacía una cosa ni la otra. Entonces me metí de lleno en la facu y comencé a dirigir, como un hobbie«.

Ante la pregunta reiterada, sobre beneficios y contras de haber tenido un padre árbitro, para Paulo “es un plus respecto de otros colegas porque desde chicos mamamos cosas propias del ambiente. Y para Mauro, «está claro que nos gustaría llegar a ese lugar, pero si sólo nos fijáramos ese objetivo, perderíamos de vista el partido del próximo sábado. Y si luego no llegáramos a Primera, sentiríamos un vacío enorme«.

Al ser tantos los Vigliano dentro de la actividad, concluye Mauro que las cosas pasan «por triplicado porque me putean por mi hermano, por mi viejo y por mí«.

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Patricio Lousteau

Hijo de Juan Carlos, la tiene más difícil porque fue un groso en serio, aunque viene por el buen camino con reconocimientos en sus pasos por las categorías de ascenso y hoy dirigiendo la B Nacional.

Especiales: un argentino en el Santos

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Antonio Alfredo Lemmi

En febrero de 1988 la revista El Gráfico le dedicó unas líneas a un muchachito de 19 años que era el tercer arquero del Santos de Brasil. Según apuntaba la publicación, el pibe había debutado con Pelé…o mejor dicho, en la Copa Pelé de 1987, siendo titular el equipo junior del Peixe.

Nacido en Buenos Aires y formado en la cantera de Tristán Suárez, donde su padre Alfredo fue Presidente entre 1985 y 1991, logró sorprender a propios y extraños cuando se divulgó que era pretendido por clubes como el Corinthians y el Cruzeiro.

«Existe la posibilidad de que Rodolfo Rodríguez sea negociado al Sevilla, por eso los directivos me informaron que tendré la oportunidad de discutir la titularidad con el segundo arquero del plantel, Nilton«, decía por esos días el Tony.

¿Pero qué pasó con Lemmi?, ¿por qué no se lo volvió a nombrar?, ¿dónde continuó su carrera?, ¿continuó su carrera?, ¿fue un espejismo?, ¿o sólo se trató de un invento periodístico? Demasiadas preguntas para responder un lunes. Si de acá al viernes no obtenemos al menos una respuesta, nos vamos a empezar a preocupar.