Fuera de stock: Figuritas «Gran Match» y «Canchita»

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¿Los pibes de ahora se imaginarán al Gordo de Lost jugando para Olimpo? ¿Y a Ben 10 con la camiseta de Banfield? ¿Y a Batman con la de San Lorenzo? ¿Y a Micky Vainilla con la de Gimnasia de Jujuy? Probablemente no, porque están entretenidos viendo si entrega o no la de Sueña Conmigo (?), pero en los 80’s algo así era posible gracias a una serie de figuritas que combinaba dos pasiones (?): los personajes de la TV y el fútbol.

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Gran Match

Transcurría 1981 cuando los niños descubrieron que en los kioscos vendían unas figuritas que se destacaban por ser, como mínimo, diferentes al resto. El álbum de «Gran Match de los súper famosos» era un rectángulo de papel con forma de cancha de fútbol y encima de ella había que armar un partido pegando los jugadores de dos equipos, previo recortado y engomado (?).

Lo curioso del caso era que se podía elegir entre varios clubes que participaban del torneo Nacional (y algunos infiltrados), de manera que cualquier pibe del interior se podía sentir más cerca de eso que muchas veces no veía ni en figuritas. Eso sí, nada de jugadores reales. Los protagonistas eran personajes de series, películas, historietas y dibujos animados, realizados por el reconocido ilustrador argentino Félix Saborido, que incluso tenía a su cargo la comprometida tarea (?) de seleccionarlos y repartirlos. De esa manera pudimos ver a Kirchner Lupín, Isidoro Cañones y Obelix con la pilcha de Independiente; Ironman, Ñancul y el Correcaminos con la de Vélez; Popeye, el Gallo Claudio y el increíble Hulk con la de River; y el Sargento García en San Lorenzo de Mar del Plata (?), entre otros.

La elección de los equipos para completar el álbum era totalmente libre, pero había una clara tendencia de los niños a escoger a Boca y al Deportivo Roca como rivales, ya que ambos aparecían en el reverso, en una especie de fixture orientativo. Además de los tradicionales conjuntos de Primera División, estaban Chaco For Ever, Cipolletti de Río Negro, Loma Negra de Olavarría, San Martín de Mendoza, Estudiantes de Santiago del Estero, Sportivo Desamparados de San Juan, Guaraní Antonio Franco de Misiones y muchos más. Clubes y jugadores había a patadas, si incluso estaba All Boys de La Pampa (que nunca jugó el Nacional) con su gran estrella, Kung Fu.

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Canchita

La secuencia se repetía año tras año, empezaban las clases en marzo y aparecía un tipo en la puerta del colegio a regalar figuritas «Gran Match» (el mismo tipo que según las madres regalaba droga). Hasta que a mediados de los 80’s el álbum se modernizó, pasó a llamarse «Canchita» (Conchita no daba), cambió el formato, las figuritas dejaron de pegarse paradas y ya no había necesidad de recortarlas.

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Algunos jugadores, además, cambiaron de equipo y hasta de posición dentro del campo de juego. El inolvidable Minguito, por ejemplo, había sido delantero de Boca en «Gran Match» pero luego se convirtió en arquero de Gimnasia…y seguro termeaba menos que el Gato Sessa (?).

La figurita más difícil, increíblemente, era la del referí, Frankestein, por el que cualquier niño podía dar la vida…o 200 figuritas, que es más o menos lo que cuesta la vida de un pendejo (?). Luego, en otras reediciones de esta maravilla, la más complicada de conseguir pasó a ser la de Diego Maradona, que hacia fines de los 80’s, cuando las fotocopiadoras color ya eran una realidad, se convirtió en un artículo de primera necesidad en la canasta básica de la falsificación escolar (?).

Y después de llenarlo, ¿qué? ¿la gloria? Algo así, pero el premio no era acorde a la satisfacción de haber conseguido todas. Por haber completado el álbum de «Gran Match» daban un estadio o una pista (!) para jugar con las figuritas. Con «Canchita» apenas una pelota número 5, aunque también durante el largo proceso de juntar las figus podían tocar premios importantísimos dentro del paquete, como un vale por una pistolita de agua (?). Ahora no conformás a un pibe ni con un 22 corto (?). En fin.

Juntar figuritas fue también, en los 80’s, una manera de despertar el espíritu futbolero, conociendo equipos del Torneo Nacional, identificándolos con sus colores y sus respectivas provincias. Y a lo mejor creer que Snoopy la rompía atajando en San Martín de Mendoza era más sano que saber cuánto pesa Cristiano Ronaldo.

Fuera de stock: pantalones arriba del ombligo

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Las modas, se sabe, son cíclicas. Lo que hoy nos parece copado, dentro de 10 años nos parecerá ridículo y dentro de 20 volveremos a mirarlo con cariño. Eso es así desde que Antonio Carrizo era joven el mundo es mundo. Sin embargo, algunos personajes parecen impermeables al paso del tiempo y mantienen determinadas formas de vestir pase lo que pase. He aquí un homenaje a los futbolistas que fueron próceres en un hábito desagradable: usar los pantalones por encima del ombligo.

Podríamos marcar tres o cuatro claros referentes, casi uno por década. En los 80’s, cuando todavía se usaban los shorts bien diminutos, el que quedó aturdido con tanto grito de «¡bajalos a tomar agua!» fue Daniel Topolino Riquelme, aquel marcador de punta de San Lorenzo. A su favor, podríamos decir que todavía se vivía bajo la pesada herencia de los pantalones del Mundial ’78 y que casi todos los jugadores parecían tener los huevos acogotados, pero lo de Riquelme era sencillamente exagerado, y por suerte (o desgracia) pisó la década siguiente para quedar aún más en evidencia.

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¿Dónde corno tenés la cintura?

El otro ochentoso que dio vergüenza ajena (?) fue Eduardo Basigalup, arquero de Ferro en sus años dorados. Con o sin bigote, el hombre nacido en Mar del Plata hizo que una generación entera de jóvenes se replanteara la idea de ocupar el arco (?).

En los 90’s, indiscutiblemente Julio César Toresani se llevó el primer puesto en el rubro, aunque hubo muchos otros como Astrada y Gallardo que le comieron los talones. Lo que nunca le pudieron copiar al Huevo fue esa manera tan desprejuiciada de mantener la costumbre aún fuera de la cancha y con un jean. Como para ir a Segurola y Habana y aguantar 30 segundos.

En los 2000, cuando ya pensábamos que esa absurda práctica había quedado en desuso, el Gringo Heinze revivió el rito de subirse el pantalón unos 6 ó 7 centímetros más arriba de lo normal. ¿Con qué necesidad?

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Lo que nunca pudimos entender es por qué Claudio Caniggia y Eduardo Bustos Montoya, uno en los 90’s y el otro en los 2000, además de subirse el lompa se arremangaban para dejarse el look pañal (?). Vaya uno a saber. Mientras tanto, seguimos esperando que pasen los años para reirnos de las remeras térmicas debajo de las camisetas mangas cortas.

Fuera de stock: El Gráfico – Diario del lunes

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La aparición del diario deportivo Olé, allá por 1996, obligó a los directivos de la ya por entonces venida a menos revista El Gráfico a modernizarse para pegar un golpe de efecto y recuperar los lectores perdidos. El primer intento fue un cambio general de formato y diseño que no dio resultados y que encima frustró a los coleccionistas. El segundo manotazo de ahogado, tan efímero como olvidado, fue un periódico que cubría la fecha del fin de semana. Aquí el recuerdo:

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Diario durante el Mundial

Todavía en manos de la Editorial Atlántida y conciente de su histórica relación con los mundiales de fútbol, la revista trató de no perder terreno en su especialidad y preparó para Francia ’98 una novedad en cuando a publicaciones: un diario a todo color, con papel de revista y al módico precio de $1. Así fue como el martes 2 de junio de 1998 salió a la luz El Gráfico – Diario del Mundial, con una gran promoción en la que uno podía juntar cupones y canjearlos por un gorro arlequín. Para pegarse un tiro en las bolas.

Con un estilo mucho más desenfadado que lo habitual (Olé le había sacado varias cabezas en ese aspecto) y sacando provecho de su inmenso archivo de imágenes, El Gráfico en su versión diaria cumplió con el objetivo de cubrir el Mundial hasta el último día. Pero habría más.

Sólo los lunes

La vieja costumbre de comprar la revista los martes estaba en desuso. ¿Para qué esperar tanto tiempo si el lunes se podía tener un diario deportivo mucho más económico y completo? Fue así como los popes de El Gráfico (ya perteneciendo a Torneos y Competencias) vieron viable la posibilidad de continuar con el mismo formato del Diario del Mundial, aunque sólo para los lunes. La idea era clara: competir con Olé.

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Durante el último semestre de ese año y los primeros meses de 1999, los futboleros que no le hacen asco a nada (?) tuvieron la oportunidad de leer una copia del Olé bajo el nombre de El Gráfico. Entre sus secciones más afanadas afamadas, estaban El Picadito, El Gaste y la revolucionaria (?) Un día como hoy. Las tapas, como siempre, estaban dedicadas en su gran mayoría a Boca y River, aunque en las páginas interiores también le daban cabida al resto de los equipos de Primera División e incluso a otros deportes como el rugby, el tenis y el boxeo.

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Para las últimas semanas de vida, quizás presagiando el final, la publicación bajó considerablemente la calidad del papel, resignando el único punto a favor que tenía. Si hasta el nombre perdió y terminó llamándose El Equipo de El Gráfico. Eso sí, a sólo $1, porque si algo protegieron siempre los de Torneos fue el bolsillo de su público (?).

Fuera de stock: las bolsitas de agua

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Mucho antes de comernos todo el chamuyo de las propiedades del Gatorei y el Powerade, los futboleros fuimos testigos de una era donde la salvación para los jugadores sedientos y deshidratados era una simple bolsita rellena con…agua. Y aunque en su momento formó parte de la escenografía cotidiana en las canchas, un buen día desapareció sin dejar rastros.

No se sabe a ciencia cierta dónde ni cuándo el método de las bolsitas comenzó a tomar fuerza, pero sí es comprobable que hacia fines de los 80’s estaba totalmente instalado en el ámbito nacional. Por entonces, el aguatero seguía atado a la vieja práctica del bidón, que se extendió incluso hasta el Mundial ’90, cuando el mítico Galíndez le ganó 1 a 0 a Brasil (?).

Bidones y vivezas mundialistas al margen, las bolsitas también tuvieron su momento de gloria, como recuerda el historiador Javier Roimiser: «el furor fue en la temporada 1989/90. En la victoria 4 a 2 de Argentinos sobre Chaco For Ever, por la última fecha de la primera rueda (diciembre del ’89), el Bicho ganaba 3 a 1, cuando en una jugada del segundo tiempo Sallaberry eludió a Mac Allister y encaró por la punta derecha… El colorado, que había recibido una de estas bolsitas para hidratarse un rato antes, le tiró con la bolsita y le pegó en la espalda, por lo que Sallaberry cayó. El juez Mastrángelo amonestó a Mac Allister. Y a partir de 1990 se prohibió que siga el juego con las bolsitas en el campo. Más de una vez algún jugador pisó bolsitas vacías tiradas en la cancha y se cayó«. Glorioso.

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Principales bolseros y extinción del fenómeno

No hubo, a decir verdad, próceres de la bolsita, aunque la foto indique lo contrario. Todos los jugadores, en mayor o menor medida, recurrían al salvataje desde el banco de suplentes para evitar la asfixia. Por lo general, los futbolistas que ingresaban en el segundo tiempo repartían 2 ó 3 entre sus compañeros, que desesperadamente iban como asiáticos perros en busca de agua a hincarle el diente.

A medida que fue avanzando la década del ’90, otros métodos supuestamente más prácticos y estéticos como la mal llamada caramañola dejaron la bolsita de lado y casi que nadie se dio cuenta. Desde acá, el recuerdo para un elemento que marcó una época pasada por agua.

Fuera de stock: los partidos en Ritmo de la Noche

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Allá por comienzos de los 90’s, cuando #elprogramadefantino no cabía ni siquiera en la imaginación del siempre buen intencionado (?) empresario Daniel Vila, la depresión dominguera se rebajaba con Ritmo de la Noche, espacio televisivo por el que desfilaron, además de artistas como Pappo, Charly García, Gustavo Cerati, Kiss, Scorpions, Bon Jovi, Brian May y Daniela Romo (?); figuras del fútbol nacional y mundial que hacían las delicias de los espectadores sobre la alfombra de TELEFE en inolvidabes duelos de 4 vs 4. Y todo relatado por Jorge Troiani en su versión José María Muñoz.

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Cuando al conductor y productor Marcelo Tinelli se le ocurrió organizar partidos y mini torneos televisados, seguramente no tuvo en cuenta las dimensiones del estudio, que a pesar de ser bastante grande para las acrobacias de Bobby Goma, no contaba con las medidas necesarias para un 5 contra 5. La solución, entonces, fue sacarle un hombre a cada equipo. Así y todo, en la cancha parecían sobrar los jugadores, las líneas estaban pegadas a los carteles publicitarios y en la mayoría de los casos las porristas terminaban dentro del campo, entorpeciendo el desarrollo del juego.

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Fuera de stock: los accesorios noventosos

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Fernando Gamboa, Antonio Mohamed, Gabriel Amato y Ariel Boldrini fueron, allá por comienzos de los 90’s, las caras visibles de una revolución estética que a fuerza de fluo y desparpajo (?) impuso un modelo de vida que tuvo su climax con la Banda del gol y el toque, aquel equipo argentino que hizo sapo en el Preolímpico de Asunción. Eso sí, los jugadores tardaban media hora en arreglarse para salir a la cancha.

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Si bien varios años antes el Loco Gatti e incluso el siempre sobrio Pato Fillol se habían mostrado con vinchas en partidos y entrenamientos, el uso de esta clase de accesorios no había calado hondo hasta la aparición de los cuatro jinetes del apocalipsis noventoso. Primero surgieron tímidamente las calzas (materia de un futuro post) y luego fueron floreciendo, así como quien no quiere la cosa, otros complementos como pulseras, pañuelos, colitas y vinchas. Y para evitar la discreción, en su gran mayoría de colores fosforescentes. La masculinidad, al palo en duda.

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La excusa de la vincha, en un principio, fue la de «la uso para que el pelo no me moleste mientras juego«. La de la colita, muy similar, aunque nunca se entendió por qué carajo Diego Latorre se subió a esa movida cuando claramente tenía el cabello corto.

Lo de los pañuelos en las muñecas no prendió tanto, aunque tuvo como un fiel exponente al Manteca Martínez, que inclusive se aferró a esa tendencia cuando todas las demás estaban muriendo. Y tampoco podemos obviar el recuerdo de los dos relojes en la misma muñeca, para utilización pura y exclusivamente fuera del campo de juego.

Es difícil marcar la fecha exacta de la desaparición de aquella moda de los jóvenes 90’s, sobre todo porque fue desinflándose de manera gradual, pero está claro que la llegada del régimen de Daniel Passarella a la Selección luego del Mundial ’94, le puso la tapa al cajón y no hubo ni siquiera tiempo de despedirse.

Hace poco la ola de los accesorios pareció revivir con las vinchas sponsoreadas y los rodetes, pero ya sabemos que es sólo un espejismo. Gamboa y Mohamed ahora son entrenadores, Amato se dedica al showbol y Boldrini….¿alguien sabe qué fue de la vida de Boldrini?

Fuera de stock: «La jornada está aquí»

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Durante varias décadas hubo dos formas de dar por terminada cada fecha de campeonato. Una, con el pitazo del árbitro. Y otra, los martes a la mañana en los kioscos de diarios luego de leer La jornada está aquí, la síntesis de cada fecha que religiosamente hacía la revista El Gráfico. Y bajo ese nombre cero marketinero, se daba una chance concreta de estar bien enterado de todo lo ocurrido en cada uno de los partidos. Obviamente, eran épocas de nula, escasa, poca y/o compactada televisación de los encuentros. O sea, no era un fútbol para todos (?).

Los enfermitos (?) de las estadísticas de parabienes, como así también los que no sabían una goma y pretendían chapear en el colegio recitando de memoria el once inicial de un Andino de La Rioja en el Nacional ’83, por ejemplo. Sólo era cuestión de estudiarlo y listo.

La jornada está aquí, incluía por el mismo precio, de todo: resultado, goleadores, estadio, formaciones, puntajes para el desempeño de cada jugador, foto de la figura, cambios, actuación del árbitro y hasta si se lesionaba, tarjetas, recaudaciones siempre y cuando fueran suministradas, el estado del campo de juego, incidencias de todo tipo y la vedette (?): un resumen escrito sobre el partido, precedido siempre por una valoración acerca del trámite del mismo. El texto ocupaba lo justo y necesario. Salvo cuando aparecían por ejemplo las definiciones por penales y el enviado tenía que hacer magia y demostrar un poder de síntesis admirable. O incluso no poder meter ni dos palabras. Hay que decir que por lo general eran de un tono serio salvo cuando se imponía delirar a algún equipo.

Así las cosas, un partido podía ser catalogado generalmente como Muy Bueno, Bueno, Intenso, Aceptable, Discreto, Mediocre, Malo y hasta Muy Malo. Eran contadas las veces que se podía ver un Excelente o un Pésimo. Pero ojo que cada tanto aparecían.

Con la elección de la figura uno debía estar preparado para casi todo. Desde ver amigos de la casa hasta ver a los mejores hasta ver jugadores de moda, tapados, NN’s con una tarde de gloria, rústicos, héroes, pibitos que debutaban, goleadores, pichones de crackpeseteros, locos, paquetes, arqueritos, arqueros y arquerazos. La realidad nos mostró que todos tuvieron la oportunidad de ocupar ese preciado lugar. Desde los monstruos hasta el resto de los mortales. O sea, cualquiera. Obviamente se podía ser figura sacando un 10, pero también con un 9, con 8, con un 7, zafando con 6 y hasta con un rasposo 5.

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Las incidencias eran contadas al final del resumen y casi siempre luego de la aparición de la palabra “Detalle:”. Así que a veces, el detalle era nada más y nada menos un arquero atajándole dos penales a un mismo jugador, un goleador que había errado un penal pero había metido el rebote, una suspensión momentánea por corte de luz o por invasión de cancha o incluso la suspensión definitiva del encuentro por incidentes. Este tema de los partidos suspendidos abría un abanico (?) de posibilidades:  a veces se le ponía puntaje a los jugadores y se elegía una figura como si nada, otras veces se ponían puntos pero no se elegía figura y también hubo casos donde no había puntajes ni figura.

La actuación del árbitro era juzgada muy escuetamente, cosa que a veces alcanzaba. Pero a veces no. Así que hubo más de un caso en que se los mandaba en cana atado de pies y manos apareció aclarado los por qué de la calificación. Y hasta algún que otro detalle de color más.

Si bien la sección fue históricamente impresa en blanco y negro, entrados los 80’s se siguió con esa costumbre a excepción de las fechas jugadas entresemana. Recién en los 90’s hubo color sí o sí en todas sus ediciones. Cosa que estuvo bueno porque permitió ver en detalle los últimos gritos de la moda.

Generalmente ocupó dos páginas (salvo en los Nacionales, donde eran tres; y en las Liguillas, donde gracias si arañaba una)  y siempre aparecieron todos los partidos de la fecha en cuestión. Y esto, que parece una obviedad, ya no lo fue tanto promediando los noventa. Con el desembarco de los codificados, el partido de los lunes cambió las reglas de juego. Ahí fue cuando empezó a salir el partido del lunes de la fecha pasada y no el de la actual. La hora de finalización evidentemente se cruzaba con los tiempos de impresión. Pero más allá de lo insalvable de la cuestión, a partir de ahí ya nada fue igual. La coincidencia con la agonía de la revista terminó de quedar demostrada con un cambio de diseño total allá por 1998. Ya no fue lo mismo.

Su desaparición no generó suicidios en masa ni airados reclamos, pero sí la convirtió en pieza coleccionable por su valor a la hora de documentar terribles batacazos que fueron quedando en el pasado y hechos casi de ciencia ficción.

Su desaparición no generó suicidios en masa ni airados reclamos, pero sí la convirtió en pieza coleccionable por su valor a la hora de documentar terribles batacazos que fueron quedando en el pasado y hechos casi de ciencia ficción.

Fuera de stock: camisetas duraderas

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Cambiar de camiseta al menos una vez por temporada. Lo que en un principio parecía exclusividad de los equipos híper marketineros o bien de los clubes con problemas para mantener un sponsor, se convirtió de la noche a la mañana en algo habitual para cualquier institución. La proliferación de sitios dedicados a la indumentaria deportiva nos hace ver, día tras día, que las marcas presentan diseños nuevos todo el tiempo, a cada rato. Y ya no sólo sucede con el Real Madrid y el Inter. Pasa hasta con el cuadro más chico de la Primera D. Pero, ¿desde cuándo ocurre ésto?

Si bien en los 80’s la industria del fútbol hizo foco en las camisetas, fue recién en los 90’s cuando se le empezó a prestar verdadera atención. Los Mundiales y las Eurocopas se transformaron en pasarelas de lo que vendría. Así fue como, después de USA ’94, vimos a la mayoría de los clubes patrocinados por adidas luciendo los mismos templates que habían usado las selecciones. Lo mismo sucedió desde Inglaterra ’96 hasta Francia ’98. Y así sucesivamente, en ciclos de dos años.

Hoy las marcas parecieran respetar esa vida útil de un par de años para las camisetas de los combinados nacionales, aunque en los últimos tiempos el margen se ha achicado para el caso de los clubes: se cambia religiosamente de diseño al menos una vez al año. Y lo que es peor, a veces una vez por semestre.

Sin hacer de esto un juicio de valor sobre cómo debería moverse el mercado de la indumentaria, repasamos con algunos ejemplos los aislados casos de casacas que, durante la la década del ’90, resistieron estoicamente durante más de dos años, al punto de generar entre algunos hinchas la pregunta más impensada: «¿Cuándo mierda vamos a cambiar de camiseta?«.

 

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Tigre Le Coq Sportif (1997 a 2002)

Para El Matador, el subcampeonato en Primera División ni siquiera era un sueño. Estrenó esa casaca en 1997 y la mantuvo, con distintos anunciantes como Banco Provincia, Bianchi Deportes, Cebra y Aberturas Miguel Molina, hasta 2002, cuando dejó de usar Le Coq Sportif, que por lo visto jamás se vio interesado en entregar una pilcha nueva.

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Rosario Central Le Coq Sportif (1995 a 1998)

Evidentemente, a la marca del gallito no le gustaba mucho eso de variar en los diseños. Se estrenó bien ganador en 1995, con la obtención de la Conmebol, y permaneció hasta 1998, con cambio de escudo y hasta con un parche muy feo de Cable Hogar. En el medio, el Canalla tuvo otro modelo que no debutó oficialmente.

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Estudiantes Olan (1994 a 1998)

Nació con el Pincha en el Nacional B, ascendió a la máxima categoría y allí se mantuvo hasta mediados de 1998, cuando Olan se dignó a cambiar el modelo a través de una encuesta entre los jugadores, que terminó con aquel diseño de bastones irregulares que de lejos era muy parecido al anterior. Por momentos, aburría ver a Estudiantes siempre con la misma casaca. Los tradicionalistas, contentos, ya que era simple y respetaba la historia.

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River Plate adidas (1996 a 1998)

Fue puesta a la venta antes del día de su estreno, el 16 de noviembre de 1996, cuando River enfrentó a la Juventus de Italia, en Tokio, por la Copa Intercontinental. Estuvo vigencia hasta el último partido de 1998, incluso cuando ese logo de adidas había quedado en desuso. Todo un mérito tratándose de un equipo ganador que pudo haber sido aprovechado por la marca para sacar más modelos al mercado.

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Quilmes adidas (1997 a 1999)

El Cervecero se rehusa bastante al paso del tiempo. En el caso de la casaca del bolsillito, la bancó lo más que pudo. Ya en los últimos años de contrato, incluso, llegó a usar con el logo nuevo de adidas pero debió abandonarla en 1999, con el arribo de su reemplazante, envión.

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Boca Juniors Olan (1993 a 1996)

El primer modelo de Olan para Boca duró desde mediados de 1993 hasta septiembre de 1995, cuando el Diego volvió oficialmente a vestir la azul y oro, en un partido ante Colón. Después tuvo un regreso, aunque con otra publicidad, en el verano de 1996.

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Huracán adidas (1996 a 1998)

Si bien tuvo distintas publicidades (o no tuvo) e incluso llegó a lucir la leyenda «Huracán es de Primera», la camiseta que adidas presentó para el Globito en 1996 se mantuvo hasta finales de 1998, justo cuando fue reemplazada por Envión y se fue al Nacional B.