
En octubre de 1998 en uno de los tantos «descansos» que Claudio Caniggia se tomó en su carrera como profesional, sonó en Córdoba como posible refuerzo de Talleres. La T buscaba un delantero de primer nivel e inició tratativas con el Valladolid para conseguir a Klimowicz, pero la chance se truncó. A partir de ello y según explicó el entonces presidente del club cordobés, Carlos Dosetti, un intermediario lo ofreció y «no es joda». Fue tan impactante el rumor que hasta se especuló con que podían pagarle unos 100 mil dólares mensuales a partir de la llegada de nuevos sponsors. La novedad también ilusionó al entrenador Ricardo Gareca, que haciéndose el interesante indicó que «si está bien físicamente, lo quiero». Finalmente no se dió, y como lo indica el título, no hizo falta convencer a la Nannis.
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