Em Uma Lajota: Adrián González


Hernán Adrián González

Adrián González, la puta te parió. Esa melodía, casi como un mantra, sonó una y mil veces en las tribunas del fútbol argentino. Es cierto, al menos en el ámbito nacional, Adrián González construyó una carrera digna. Muchos años en la Primera de San Lorenzo y se fue de la A nada menos que saliendo campeón con ¡Arsenal de Sarandí!

Entonces, más de un desprevenido se preguntará ¿qué hace acá? Sobre el final de su trayectoria, al lateral por derecha lo tentó una jugosa oferta del São Paulo brasileño, uno de los más grandes de ese país, acostumbrado a pelear arriba en todo lo que disputa. Además de hacerse de una buena diferencia económica, un hecho no menor, no había muchos jugadores en su puesto. Todo pintaba bien.

Su currículum casi no hace falta contarlo: arrancó en El Porvenir, donde debutó en 1995, y luego se sumó a San Lorenzo de Almagro en el invierno de 1998. En su primer paso por el Ciclón no jugó demasiado y tuvo que marcharse a Unión de Santa Fe para tener algo más de continuidad. Un añito en buen nivel en Banfield (2003/04) le bastó para regresar al conjunto de Boedo, donde se mantuvo hasta 2009, cuando emigró a Brasil.

«São Paulo cumple otro momento feliz con la presentación de este joven jugador, con historia en su ex equipo como capitán, y viene a suplir la carencia en el lateral derecho. Por sus características hasta nos hace recordar a un jugador que se destacó aquí, que es Cicinho», tiró el vicepresidente del equipo paulista cuando le tocó presentarlo. González, que a esa altura no era muy pendejo que digamos, llegaba con cierta chapa para ser titular y un contrato por dos años.

Por las dudas, y cual estrella de rock, el defensor trató de meterse al público en el bolsillo de entrada: «el fútbol brasileño es el mejor del mundo, cinco veces campeón mundial, entonces se hace difícil llegar a Brasil. Pero creo que la actitud del futbolista argentino hace que consiga andar bien aquí».

El chamuyo barato se hizo trizas cuando le tocó entrar al campo de juego del Morumbí. En un año plagado de competiciones, González apenas disputó 9 partidos con la camiseta tricolor y no convenció a nadie. A comienzos de 2010, para colmo, lo dejaron afuera de la lista de la Copa Libertadores y le trajeron de vuelta a Cicinho (que mostró un nivel bajísimo y lo devolvieron a la Roma). Es más, Ricardo Gomes, el DT de aquel entonces, prefería improvisar con otros jugadores en su posición con tal de no ponerlo. Todo mal.

En julio de 2010 le rescindieron el contrato. En el medio dejó un par de perlitas, como la vez que se desmayó después de una conferencia de prensa. Ojo, mal no le fue, fichó con Arsenal de Sarandí, donde dos años más tarde se despediría de la máxima categoría con un título bajo el brazo.

Actualmente quema sus últimos cartuchos con la camiseta de Platense en la Primera B Metropolitana, al mismo tiempo que escucha ese mantra, que no será la marcha peronista, pero que es un grito que sale del corazón y explota en las gargantas de los hinchas rivales (y sí, algunos propios también): Aaaadriaaán Gon-zá-lez, la puta que te parió.

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Un Mundial para Carlos Netto

Todos tenemos bien presente a Carlos Javier Netto (?), aquel discreto volante que le pagaba con un caño y que surgió de Argentinos Juniors para luego pasar por Racing, Cruz Azul, River, Los Andes, Emelec, Mineros de Guayana, El Porvenir, Sportivo Barracas y Gimnasia de Concepción del Uruguay.

Sin embargo, su figura siempre va a estar ligada a San Lorenzo, donde se dio el lujo de mandar un penal a la estratosfera ante Rosario Central en el partido definitorio del Clausura de 1995. Aunque igual gritó campeón (?).

Y fue así que el primo de Perico Pérez finalizó ese, su mejor año, como hombre de la Selección Argentina de Daniel Passarella junto a otros jugadores nunca antes convocados durante ese “proceso” como Pelusa Cardozo, Hernán Díaz, Oscar Passet, Claudio Biaggio, Juan Esnaider, Roberto Sensini, El Avión Ramírez y Mauricio Pineda.

El partido, jugado en Mendoza la noche del solsticio de 1995, fue una cómoda victoria de Argentina sobre Venezuela por 6 a 0 y Netto marcó el último gol venciendo a su por entonces compañero, Gilberto Angelucci. Nunca más volvió a ser convocado… Y entonces ¿Cómo vinculamos su nombre a una Copa del Mundo?

El tema se inició a mediados de 2008 cuando el jugador -que se encontraba sin equipo- recibió la invitación del técnico, Héctor Petrasso, para participar en la Selección Argentina… de Fútbol Playa que se había clasificado al Mundial de Marsella a disputarse ese año.

Netto se sumó a los entrenamientos de Los Escorpiones y se mostró feliz por esta oportunidad impensada en su carrera: “Cuando te toca hacer cosas nuevas, lo tomás con muchas ganas. Si bien mi intención es retirarme jugando como lo hice siempre, esta experiencia la tomo con mucho compromiso. Mi presente es el Fútbol Playa y voy a jugar un Mundial, con todo lo que eso implica”.

A primera impresión todos ganaban. El bueno de Charly seguía motivado y en forma, y el combinado nacional sumaba a un jugador con una pegada temible para una disciplina en donde se patean tiros libres sin barrera. Pero…

A pocos días del Mundial salió la lista definitiva ¡Y Carlos Netto estaba adentro! Sin embargo, el volante nunca pisó Francia ¿Qué pasó? Cuando la delegación estaba en la puerta de embarque del aeropuerto de Ezeiza, le llegó una llamada a su celular avisando que el Santiago Morning de Chile solicitaba sus servicios.

Entonces el ex San Lorenzo agradeció las tardes de entrenamiento, la ropa, los viáticos, la revisación médica y se mandó a mudar, dejando al plantel con un jugador menos y ganándose la eterna simpatía del equipo y, sobre todo, la de Rodrigo Rohr, quién quedó afuera de la lista para que Netto pueda viajar.

Ya en el Mundial, Argentina derrotó a Rusia (5 a 3), Emiratos Árabes (5 a 2) y Camerún (3 a 0) en primera ronda, para luego caer ante España (2 a 0) en cuartos de final y los flashes se los llevaron: Diego Maradona Sinagra como jugador de Italia y Éric Cantona, en su rol de técnico de Francia. Para variar, el campeón fue Brasil.

¿Y Netto? Bien, gracias. Consiguió un préstamo de seis meses con el club chileno, sumó algunos mangos más y se retiró adentro de una cancha. Además, por estar incluido en una lista mundialista se ganó el status de jugador FIFA, con lo cual está en derecho de reclamar una jubilación y de recibir promociones, ofertas y actualizaciones, que no le deben ni interesar (?).

Encima, si todo sigue como hasta ahora, Hernán Barcos va a llevar su caripela a Brasil 2014. Negoción (?).

Mal Pase: Chilavert a la NFL

La gran pegada que tenía Chila permitió que, en más de una oportunidad, lo tentaran para practicar otro deporte: el fútbol americano. Aquí el detalle de aquella curiosa posibilidad que quedó en la nada.

Corría 1997 cuando José Luis Chilavert ya era el enemigo número 1 del pueblo futbolero argentino. Salvo los de Vélez, su equipo, los demás hinchas lo odiaban. Por su personalidad, por su temperamento, por sus declaraciones y principalmente por sus características de juego, esas que le permitían ser la figura descollante ante River, Boca o la selección argentina.

En junio de ese mismo año Paraguay viajó a Cochabamba para participar de la Copa América de Bolivia, donde le tocó compartir el Grupo A con Argentina, Chile y Ecuador. Y ahí, ante la prensa de todo el mundo, Chila comenzó a dar señales de que, lo que se rumoreaba hasta el momento, podía ser verdad: un equipo de la NFL lo quería como pateador.

Tras la victoria de Paraguay, 1 a 0 frente a Ecuador, el polémico arquero se tomó un tiempo, en los entrenamientos, para practicar con el típico balón ovalado del football.

Primero, para tratar de agarrarle la mano, remató un par de veces por encima del arco y festejó como si hubiesen sido conversiones. Más tarde, se focalizó en un punto fijo y estrelló 5 disparos de forma consecutiva en el travesaño. Una bestia que sólo calzaba 39.

Después de mostrarse ante los periodistas con esa pelota, llegaron las preguntas obvias. Y ahí en su salsa, Chilavert se despachó: «Me hicieron una oferta para jugar allí porque les llamó la atención la potencia con que le pego a la pelota, pero no puedo decir cuanto dinero me ofrecieron porque los americanos son muy especiales con ese tema» (?).

Y agregó: «les pedí si puedo ir a hacer la prueba cuando me tome unos días de vacaciones y vamos a ver qué pasa, pero no voy a decir el nombre del club». Cauteloso.

La posibilidad, sin embargo, no era descabellada. La función del pateador en el fútbol americano no requiere de demasiada participación en el juego. Sólo entrar y patear. Y eso a Chila lo entusiasmaba. Además del dinero, claro.

Lo cierto es que los días pasaron y el arquero paraguayo siguió jugando por mucho tiempo más en el Fortín y en su selección, pero nunca en la NFL. Incluso en 1999, mientras pasaba unos días en Miami, otros dos equipos le volvieron a ofrecer un contrato para que se fuera los Estados Unidos. «Si la oferta es buena, me voy», llegó a decir Chilavert por entonces. Pero se quedó.

En el fútbol americano, tú no has ganado nothing.

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Em Uma Lajota: Adriano Gabiru


Adriano Gabiru

«Todo pueblo tiene su Claudio Benetti, su Matías Arce, héroes efímeros con quince minutos de fama que con el paso del tiempo se hundieron en el mar de las intrascendecia». No, no lo dijo el general Perón cuando bajó del avión en Ezeiza Morón en 1973 después de los tiros. Adriano Gabiru, alguna vez bastardeado y puteado por la hinchada de su propio equipo, fue el tipo más querido de Río Grande do Sul (o al menos de la mitad) por una noche.

Surgido de las inferiores del CSA de Alagoas -aquel que alguna vez definió (y perdió) la importantísima Copa Conmebol ante Talleres de Córdoba-, este enganche se hizo conocido con los colores de Atlético Paranaense, donde jugó de manera intermitente entre 1998 y 2005 y ganó cuatro campeonatos estaduales y el Brasileirão de 2001. En el medio, tuvo pasos por el Olympique de Marsella francés (firmó un contrato por cuatro años, pero apenas estuvo seis meses en 2000) y el Cruzeiro (2004/05).

Su buen desempeño en el rojinegro le valió la convocatoria a la selección Sub 23 de Brasil que disputó el Preolímpico de Londrina a comienzos de 2000. También tuvo un breve paso por la mayor que fue un fiasco en la Copa de las Confederaciones en 2003. En ese torneo, en el que Carlos Alberto Parreira improvisó un mix entre titulares e inventos como Maurinho, Fábio Luciano, Gil e Illan, jugó un rato ante Camerún y, claro está, jamás volvería a vestir la camiseta de la Canarinha.

En 2006, Internacional de Porto Alegre tenía una agenda plagada de competiciones y necesitaba un plantel amplio para enfrentar tantos torneos: el estadual gaúcho y la Libertadores en el primer semestre y las 38 fechas del Brasileirão en la segunda parte del año. Adriano Gabiru se sumó al Colorado con la esperanza de sumar minutos en campo y con cierta chapa de jugador rendidor.

Pero las cosas no salieron bien de arranque y más de una vez la torcida le solicitó al técnico de aquel entonces, Abel Braga -que lo había pedido y lo había llevado al fútbol francés porque lo conocía del Paranaense-, que no lo pusiera ni en el banco. Se sabe que en Porto Alegre se vive el fútbol casi como en Argentina, pero pocos creían que podían copiar el pedido de los hinchas de Huracán con Fernando Ávalos.

Ese año, Inter se quedó con la Libertadores por primera vez en su historia y debió enfrentar nada más y nada menos que al Barcelona en la final del Mundial de Clubes. Por esas vueltas que tiene el fútbol, Gabiru, puteado hasta el hartazgo durante toda la temporada, reemplazó a Fernardão, ídolo eterno del Colorado y actual entrenador del equipo, a los 31 minutos del segundo tiempo del partido definitorio.

Apenas cinco minutos después, y mientras millones de brasileños seguramente puteaban por lo bajo, Gabiru recibió un pase de Pedro Iarley y marcó el único gol del encuentro. Inter fue campeón del mundo y Adriano, en un abrir y cerrar de ojos, pasó a la inmortalidad. Se consagró ídolo de la gente y metió un LTA más grande que el propio territorio brasileño.

Después de un primer semestre de 2007 flojo en la deportivo (aunque ya nadie se animaba a putearlo) y tras la salida de Abel Braga, pasó a préstamo a Figueirense, pero no estuvo mucho tiempo. Meses después se sumó a Sport Recife, aunque corrió la misma (mala) suerte.

Volvió a Internacional en 2008 pero pasó dos meses entrenando separado del grupo principal por decisión de Abel Braga (que había vuelto al equipo del que lo habían echado cuatro meses atrás) y ahí se dio cuenta de que tendría que salir a buscar oportunidades en otro lado, lejos de Porto Alegre. Apareció en Goiás, donde jugó durante buena parte de 2008.

Desde entonces se convirtió en una hormiga viajera, deambulando por clubes de escasa reputación del interior de Brasil: pasó por Guaraní (2009, donde consiguió el ascenso), Mixto de Mato Grosso (2010), Corinthians Paranaense (2011), CSA (2012) y desde junio hasta octubre de este año en Guarany de Bagé, de la tercera división de Río Grande do Sul, donde quedó libre tras disputar 9 partidos en los que no convirtió ningún gol.

Mientras las lesiones se lo permitan, tiene pensado seguir baldoseando en 2013.

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Em Uma Lajota: Creedence Clearwater Couto


Creedence Clearwater Couto

Uno de los momentos más complicados en la vida de los futbolistas brasileños es la elección del apodo por el que serán conocidos (o no) el resto de su carrera deportiva.

La costumbre en el país vecino es que los hijos lleven el apellido tanto del padre como de la madre. Sumado eso a los nombres de pila -muchas veces estrafalarios-, sería imposible incluir todo en un pedazo de tela.

Desconocemos en verdad cuántas veces Creedence Clearwater Couto (sí, así reza su documento) tuvo que explicar que ese era su nombre real y no un invento del marketing o algún representante chanta. Sus padres, fanáticos de John Fogerty, ni lo dudaron y bautizaron a su tercer bastardo hijo, nacido en 1979, con el nombre de la banda estadounidense. Sí. Creedence. Sí. Clearwater.

Creedence Clearwater Revival debutó en 2000 en el modesto Iraty de Paraná. Ese año, su representante de aquella época, el polémico Juan Figer (investigado en la actualidad por el tema de las triangulaciones en los pases de los futbolistas, práctica que realiza desde tiempos ancestrales) lo llevó a prueba al Arsenal de Inglaterra. Cuenta la leyenda que cuando el histórico DT Arsene Wenger le preguntó sus cualidades, el pibe dijo: «Soy un buen cabeceador, le pegó con las dos piernas», a lo que Wenger contestó: «Si eso es verdad, sos un crack». Si bien nunca llegó a jugar en los Gunners, Creedence participó de algunos entrenamientos al lado de Thierry Henry y el nigeriano Kanu. Desconocemos también cuántas veces algún pelotudo compañero le preguntó si alguna vez había visto la lluvia.

De nuevo en Brasil, regresó al Iraty, donde se consagró campeón estadual. Al año siguiente pasó al Guaraní paulista (2003) y se hizo más conocido a nivel nacional. En ese entonces, cuando uno veía los resúmenes del fútbol brasileño en los canales de cable era común toparse con dos nombres asombrosos y que marcaban goles bastante seguido: el propio Creedence y otro delantero llamado Allan Dellon. En 2004 firmó con Fortaleza, pero ¡a los diez días! recibió una oferta del Brasiliense. Se ve que le chupaba un huevo eso de la fidelidad al equipo que acababa de contratarlo y partió hacia el Distrito Federal. En el club de la capital fue campeón estadual y logró el ascenso a Primera División.

Durante el primer semestre de 2005 vistió los colores de Figueirense. Ahí se destacó cuando convirtió un gol desde la mitad de la cancha en tiempo de descuento ante el poderoso (?) Remo que le dio la clasificación a su equipo a la próxima instancia de la Copa do Brasil. Tras el final del campeonato catarinense, tuvo la posibilidad de jugar en Flamengo, pero Figer pidió mucho dinero y la transferencia, lógicamente, se cayó.

Creedence rompió relaciones con su representante, lo llevó a juicio y se quedó con su pase. Arregló contrato en América de Río de Janeiro, pero no estuvo mucho tiempo. El empresario Eduardo Uram compró su ficha y lo vinculó a Tombense (2005), club de su propiedad, pero poco después pasó a préstamo al Lierse de Bélgica (2005), donde tampoco jugó demasiado.

Más tarde empezó un derrotero interminable por su país: deambuló por Marília (2005), Volta Redonda (2006), Santa Cruz (2007), Madureira (2007) y Comercial (2008). Así, sumó tantas millas que se convirtió en el enemigo público número uno de las aerolíneas.

En 2009 se incorporó a Sertãozinho de Sao Paulo, pero se rompió el ligamento cruzado de la rodilla izquierda y estuvo alejado de las canchas durante un año y medio. Reapareció en 2011 en el Yenicami de Chipre. Después de tres meses, le quisieron bajar el sueldo y volvió a Brasil para sumarse al Taubaté (2011). Desde entonces pasó también por Sampaio Correa (2011) y desde este año juega -siempre y cuando sus articulaciones lo permiten- en Santa Cruz de Río Grande do Sul.

Se espera que cambie de equipo mientras publicamos este post.

Placard: las medias de antes del Mundial ’94

Aunque ahora sea bastante común ver cómo los equipos y los seleccionados presentan nueva indumentaria una vez al año, allá por principios de los 90’s, cuando el marketing deportivo no estaba tan desarrollado, la gran oportunidad para conocer los nuevos templates de las marcas eran los mundiales del fútbol.

Uno se fijaba como era la camiseta adidas de Rumania, por ejemplo, y ya empezaba a imaginar cómo quedaría ese mismo diseño a Atlanta o a Argentinos Juniors. Es más, uno podía apostar que la casaca de España sería exáctamente igual a la del Deportivo Español un año más tarde. También podía apostar entrando a bet on nfl football, pero ese es otro tema (?).

Extraño fue ver, entonces, a la selección argentina estrenando las medias que utilizaría en el Mundial de USA ’94, pero varios meses antes de la competencia.

El curioso adelanto tuvo lugar en el partido de vuelta del Repechaje ante Australia que nos depositó angustiosamente en la Copa del Mundo. Esa noche, en el Monumental, el conjunto dirigido por Alfio Basile sacó a relucir las nuevas medias, blancas con anchas tiras celestes, pero manteniendo el pantalón y la camiseta que venía utilizando en las Eliminatorias.

Con esa combinación Argentina derrotó 1 a 0 a los oceánicos y clasificó al Mundial, pero no sería la última vez que la utilizaría.

A fines de 1993, empilchado de la misma manera, el team del Coco jugó un amistoso ante Alemania Federal, en Miami, donde obtuvo la clásica victoria que siempre nos sirvió para creernos campeones del Mundo antes de tiempo.

Y en marzo de 1994, en un increíble amistoso con Maradona y Ronaldo en los bancos de suplentes, Argentina volvió a utilizar las medias modernas con el conjunto antiguo. Sería la última vez.

Después llegaría la presentación oficial del nuevo uniforme con un amistoso ante Marruecos, el Mundial, la efedrina, la camiseta de Rumania y el avión de vuelta (?).