Moisés González Márquez
Mexicano en cualquier aspecto de la vida en el fútbol argentino = ladrón. Esto fue así desde que se inventó el mundo, no vamos a andar descubriendo nada ahora (?). Pero un mexicano en el ascenso es para sentarse a reflexionar unos segundos y preguntarnos: ¿Qué hicimos mal?
No se sabía demasiado de él cuando arribó a nuestro país. O sí, algo se sabía, pero era mejor ocultarlo que andar diciéndolo. Jugaba de defensor y había nacido en Ocotlán. ¿En dónde? En Ocotlán, un municipio del estado mexicano de Jalisco, considerado como…la capital de los muebles. ¡Listoooooo!
Que el chabón era de madera era más que una obviedad. El tema estaba en hacerlo pasar desapercibido en las formaciones de su club, Atlanta, en la temporada 1996/97 de la B Nacional. Imposible. Su nombre extravagante, su doble apellido, su edad (26 años) y los múltiples apodos que recibía de su compañeros (Chapulín Colorado, Cantinflas, Chavo del 8) hacían imposible la mimetización con un pibe recién subido de las inferiores. González Márquez era mexicano. Y se notaba, no sólo en la tonada.
Su momento de gloria se dio el 17 de mayo de 1997, en la fecha 16 de la rueda permanencia. Ese día, el Bohemio perdía 1 a 0 con Temperley en el Sur, pero a tres minutos del final Moisés puso el empate definitivo y desató el festejo agónico.
Así como llegó, se fue. El tipo decía que le faltaba poco para recibirse de contador público, pero vaya a saber si fue eso lo que lo alejó de la Argentina. Dicen algunos que también lo vieron en All Boys, aunque lo más certero es que entre 1997 y 2000 integró las filas del Cruz Azul de su tierra, donde además le atribuyen pasos por Veracruz y León. Se lo pudo obervar en Huracán Buceo de Uruguay en 2001, agregándole más enigmas a una trayectoria rara y sin demasiado vuelo.
¿Qué le le hicieron una cama? Mmm, poco probable. ¿Que le faltó respaldo? Eso puede ser. ¿Que lo cargaban con Florinda Meza? Capaz. ¿Que no le puso empeño y prefirió la cómoda? Tal vez. ¿Que aún así pudo cumplir el deseo que tenía desde la cuna? Bueno, sí, eso es cierto. ¿Saben cuántos nacidos en Ocotlán tienen el mismo sueño? ¡Puff!








