
Cerro San Cristobal entrando por la parte de Providencia, Santiago, Chile. La acumulación de escenarios exóticos, novedosos y multiflorales (?) hacen olvidar los centímetros cúbicos de smog que azotan a cualquier ser humano que ose posar su humanidad sobre la Capital de la tierra de Condorito. Uno, a primera impresión, ya no se encuentra en ese lugar.
Lo que uno no puede olvidar, bajo ningún punto de vista, es que en alguna zona de este cerro infinito descansan los restos mortales de una estrella representativa y masiva del folclore futbolístico chileno. ¿Elías Figueroa? ¿Iván Zamorano? ¿ Marcelo Salas? ¿Pedro Carcuro? No, en este lugar tiene su morada definitiva Ron, el perro policía del Colo Colo. La némesis histórica del Mono Navarro M*ntoya (?)…

La historia de este simpático can de raza “manto negro”, “pastor alemán” o “de policía” se inmortalizó el 22 de mayo de 1991, cuando El Cacique recibió a Boca Juniors en el Monumental de Pedrero por la semifinal de vuelta de la Copa Libertadores, tras haber caído por 1 a 0 en La Bombonera.
Si bien el partido -que finalizó con victoria por 3 a 1 para los locales- tuvo muchas incidencias o vicisitudes (?), lo único que toda persona de bien debe recordar de aquel encuentro es la terrible tángana que se armó entre el plantel Xeneize, Maestro Tabárez incluido, contra los carabineros y miembros de La Garra Blanca que estaban en la cancha disfrazados de fotógrafos y hostigando a Diego Latorre por las dimensiones de su pollera (?).
Y fue ahí, en el medio de aquella gresca inmortalizada como “La Batalla de Macul”, cuando Ron apareció en escena para deglutir el glúteo derecho del arquero de Boca y para agarrarse la madre de todas las pestes ser canonizado por los hinchas de Colo Colo y por el pueblo chileno en general.
Más aún, después que El Albo ganó la Copa Libertadores tras vencer en la final a Olimpia de Paraguay, siendo, hasta el día de hoy, aún más recordado en aquella gesta histórica que Jaime Pizarro, Marcelo Barticciotto, José Daniel Morón o Javier Margas.

Con el mote de héroe sobre sus cansadas espaldas, el perro de mierda querido Ron siguió en actividad hasta mediados de 1997 cuando, con 17 años, falleció mientras realizaba tareas de entrenamiento. Ni haberle dado la Libertadores a su equipo le aseguró una justa y digna jubilación al pichicho. Casi lo mismo que le pasó en Estudiantes a José Luis Calderón (?).
A la vez, mientras el canino era depositado en una parcela del cementerio de la Escuela de Adiestramiento Canino de Carabineros de Chile, Navarro M*ntoya consumaba, jugando para Extremadura de España, el primero de sus tres descensos consecutivos. Justicia poética, todos los perros van al cielo…
Bonus Track (?): si bien en diversos medios partidarios de Colo Colo y del fútbol chileno en general se menciona que el perro sería visitado anualmente por centenares de hinchas quienes le llevarían ofrendas de diversas índoles, según los propios carabineros que trabajan en la Escuela de Adiestramiento Canino nadie aparece a lustrarle la tumba a Ron, quien pese al olvido sigue siendo la vedette de la necrópolis. La exageración no es exclusiva de los argentinos…