La vuelta del Pájaro Caniggia al fútbol luego de la suspensión por doping positivo, fue la excusa perfecta para invitar a la Roma a un torneo de carácter amistoso: la Copa Carlos M*n*m. En el primer partido de esta olvidada competencia, el equipo italiano se enfrentó a River Plate, en el estadio José Amalfitani.
El 9 de mayo de 1994, los de Passarella salieron a la cancha con Sodero; Altamirano, Rivarola, Corti, Lavallen; Lombardi, Almeyda, Claudio Rojas, Villalba (Cocca); Amato y Crespo (Alejandro Ojeda). Los visitantes formaron con Cervone; Festa, Aldair, Lanna, Carboni; Piacentini (Berretta), Cappioli, Mihajlovic (Bonacina), Giannini; Rizzitelli y Caniggia (Scarchilli).
La victoria correspondió a la Roma por 3 a 1 a pesar de que River se puso en ventaja por un gol en contra de Gianluca Festa. En el segundo tiempo, llegaron los tantos de Massimiliano Cappioli, Claudio Caniggia y Alessio Scarchilli. ¿La figura? El árbitro, Javier Castrilli: aunque se trataba de un amistoso, no estuvo menos rigoroso y expulsó a ¡5 jugadores!: Altamirano, Almeyda y Amato en el Millonario; Bonacina y Carboni en el Giallorossi.
La Copa América recién había terminado, pero las atajadas de Goycochea todavía estaban frescas. El arquero argentino había sido vital para la obtención del título de la Selección. Tanto, que causaba furor entre las mujeres sus colegas, incluidos aquellos que se raspaban las rodillas en el fútbol de ascenso. Caso Mario Stumbo, por ejemplo.
El 1 del Sportivo Italiano decidió jugar con el buzo que el 1 de Argentina había utilizado en Ecuador. La imagen corresponde al partido jugado el 9 de octubre de 1993, cuando el Azzurro recibió en la cancha de Atlanta a San Martín de Tucumán. El bueno de Stumbo hasta tuvo la oportunidad de imitar al Goyco cuando Ricardo Solbes ejecutó un penal, pero eligió su poste izquierdo, mientras que la pelota se coló en la otra punta.
Ser el hermano de, ese viejo y pesado estigma del que no han podido escapar grandes como el Turco Maradona, Nicolás Higuaín o Marcelo Süller, también condicionó la carrera de Gustavo Reinoso, ni más ni menos que el hermano de la Vieja, aquel futbolista que reforzó a Boca para las finales de la temporada 1990/91, junto al brasileño Gaúcho.
A diferencia de Gerardo, que fue un talentoso volante ofensivo, Gustavito se dedicó a defender. Debutó en la Primera División de Independiente de Avellaneda en 1988, con apenas 20 años, justo cuando su hermano ya se habían ido al River de Menotti. Y jugó su segundo (y último) partido en 1989, año en el que el Rojo se adjudicó aquel campeonato de los penales.
Fue así como el Reinoso chico anotó su nombre en el último título de Bochini, junto a otros que también arrancaban, como Martín Ubaldi, Claudio Osterrieth, Mario Lobo o el Pirata Czornomaz.
La estrella en su currículum, sin embargo, no le sirvió para tener una gran carrera. Enseguida pasó al Cobreola de Chile, donde funcionó como volante de contención e incluso marcó 2 goles en el Torneo Nacional de 1990, suficientes para acomodarse en la tabla de goleadores, apenas detrás (?) de su hermano (17), que por entonces actuaba en la Universidad Católica; y de su compañero Czornormaz (14).
En toda su estadía en Chile, Gustavo Reinoso disputó 45 partidos con la camiseta naranja. Bah, a veces usaba la suplente (?). Después, desapareció misteriosamente por muchos años y recién supimos de él cuando apareció jugando para las glorias (?) de Independiente en los torneos de veteranos.
Rastreando un poco su pasado, descubrimos que en 2001, por ejemplo, estuvo junto a su hermano (que seguía siendo futbolista) en Patronato de Paraná. También fue ayudante de Gerardo en Andino de La Rioja y el año pasado, ya como solista (?), se hizo cargo del plantel del Independiente riojano en el Argentino B. Todo eso hasta comienzos de 2014, cuando se tuvo que ir por dejar al equipo al borde del descenso.
Lo curioso es que este mismo año su hermano agarró nuevamente a Andino de La Rioja para disputar el Torneo Federal A, pero tardó unos días en llegar, así que Gustavito se sintió el DT, al menos por un rato.
El tema es que el Torito de Gerardo Reinoso no ganó en toda una rueda, por lo que los dirigentes pusieron la excusa de los problemas económicos y decidieron cortar la cabeza del ayudante. ¡Y el hermano no hizo nada para impedirlo!
Moraleja: siempre hay que desconfiar de la familia. Sobre todo del abuelo, para aquel que es hermano de la vieja.
La gira baldosera continúa. Este domingo 12 de octubre, a las 19 h, estaremos presentando El Veraz del Fútbol en LibrArte, la 9º Feria del Libro de Berazategui.
La idea, como siempre, será hablar sobre la creación de esta obra, recordando algunos casos curiosos que están reflejados en las páginas y destacando algunas otras perlas que quedaron afuera, porque siempre hay material para currar con otro libro más adelante (?).
Para el final, quedará la parte donde ustedes compran un ejemplar (si tienen ganas) y nosotros lo firmamos (si tenemos ganas, claro).
Los esperamos, entonces, en el Centro de Actividades «Roberto De Vicenzo», calle 18 y 148, Berazategui. La entrada es libre y gratuita.
Por lo menos trataron de disimularlo bien y se acomodaron uno en cada punta. Igualmente, se nota la diferencia: Raúl Aredes (abajo a la izquierda) y Patricio Mac Allister (en el otro extremo) lucen una camiseta similar, con escote en V y cuello blanco; mientras que el resto de sus compañeros tienen esa parte de la casacaen color rojo.
La imagen corresponde al partido de vuelta de la semifinal de la Supercopa 1990, cuando Estudiantes cayó por penales frente a Nacional, en Montevideo. Completan la formación: Peinado, Craviotto, Iribarren, Prátola, Merlo, Erbín (arriba); Commisso, Centurión y Trotta (abajo, entre los mencionados Aredes y Mac Allister).