Huracán con publicidades mexicanas (2007)
De gira por México, en el año 2007, el ascendido Huracán del Turco Mohamed jugó varios partidos amistosos en los que utilizó una camiseta bastante extraña, no por su diseño, sino por sus publicidades, que por unos días reemplazaron a La Nueva Seguros, el principal sponsor del Globo por aquel entonces.
La imagen del partido ante Puebla nos muestra a Federico Nieto luciendo el chivo de Beach Property Holbox, una empresa de la que no hay demasiada información en internet, pero que seguramente tendrá que ver con las drogas casas en la playa, como su nombre lo indica. Sobre todo, teniendo en cuenta que Holbox es una paradisíaca isla de la península de Yucatán.
Además, tanto en el frente como en el dorso de la camiseta, aparecía el logo de Waldo’s Dolar Mart, una tienda con sede en Tijuana que se destaca por las ofertas irresistibles. Y sí, Huracán estaba regalado.
Ibáñez a Atlético Tucumán (2012)
Ser ídolo de un equipo y pasar al clásico rival, esa acción denominada vulgarmente «la gran Cabrol», es lo que estuvo a punto de hacer Gustavo Ibáñez a fines de 2012, cuando anunció que no tenía problemas en pasar de San Martín a Atlético Tucumán.
“Seguro que a algunos les molestará lo que pueda suceder conmigo, pero la realidad es que deben saber que yo por San Martín dejé todo cada vez que jugué. De eso no queda ninguna duda. Por otro lado, en este caso también tiene que ver la parte personal y esto me convendría mucho en mi carrera, no lo voy a negar», decía por entonces el delantero, bastante molesto con la dirigencia del Santo.
Su pase al Decano no sólo fue un deseo del jugador, ya que en una reunión de la comisión directiva de Atlético, se llegó a tratar el tema. Ibáñez, mientras tanto, seguía metiendo fichas, imaginándose a sus futuros compañeros: «La camiseta número 7 es del Pulga (Rodríguez), yo me quedo con cualquier otra, no tengo ningún problema». Buen profesional (?).
Finalmente, el Súper Ratón se retractó y siguió jugando con la camiseta de San Martín hasta mediados de 2014, cuando pasó a Juventud Antoniana de Salta.
Bottinelli: los Puma King blancos de Tchami

Alphonse Tchami no fue el precursor de los botines blancos en la Argentina, ni muchos menos, ya que el Indio Gómez los había usado bastante en la década del 70, jugando para Quilmes. Sin embargo, el camerunés llamó la atención de todos en los 90, cuando nadie se atrevía a utilizar un calzado que saliera de lo tradicional. Rareza y sensación por ser un jugador de raza negra, el delantero fue modelo de la empresa Puma, que aprovechó el contexto y lo mandó a la cancha con los Puma King blancos. La historia del contraste.

Era otra Argentina, por supuesto. En 1995, se ignoraba la pobreza y la desocupación, pero se valoraba lo exótico, lo despampanante. Dinero había, gracias al 1 a 1. Por eso daba lo mismo comprar una camisa de Versace o un futbolista africano. Fue así como, ese año, llegaron al país algunos valores como el Doctor Khumalo, Memory Mucherahowa y Ernest Mtawalli, entre otros. Todos al mismo tiempo. Y también Tchami.
A Alphonse, que venía de jugar en Dinamarca, enseguida lo señalaron por ser negro. Y ser negro, en esa época, era un arma de doble filo. Como también lo es ahora. Los aplausos, en los primeros partidos, están asegurados. Un negro que encara, levanta una platea. Un negro que hace un gol de entrada, comienza a ser ídolo. Ahora bien, si el negro demuestra no tener nivel o (peor) si al equipo le va mal con él dentro de la cancha, enseguida pasará a ser un muerto de hambre, un vendedor de oro al que rescataron de Pompeya. Sólo por ser de una raza que en nuestro país fue aniquilada.
Tchami tuvo la suerte de entrar con el pie derecho. Debutó bien en un partido ante Banfield y en su segundo partido, ante Newell’s, hizo un gol en La Bombonera. Ovación, «olé, olé, olé, negró, negró», y futuro prometedor. Después las cosas no le salieron del todo bien, porque aquella política de comprar jugadores como si fueran camisas, lo terminaría perjudicando. La llegada de un plantel casi nuevo, con Carlos Bilardo, lo fue relegando, sobre todo por la presencia de Maradona, que prefería a otros compañeros de ataque.

Sin embargo, el camerunés no se privó de disfrutar de su momento de fama. Salió en la tapa de varias revistas deportivas, fue de invitado a algunos programas por fuera del ámbito futbolístico y trajo a su hermano a probarse a la Argentina. ¿Algo más? Sí, tuvo unos botines que despertaron asombro por aquel entonces, porque eran bien diferentes a todos.
No eran ni más ni menos que los clásicos Puma King, pero en su versión white. Totalmente blancos (hasta los tapones), con su clásica curva negra. ¿Y cómo le fue a Alphonse con esos botines? Para nada bien, a tal punto que los abandonó enseguida y volvió a ponerse los oscuros, con los que hizo todos sus goles en Boca.
El marketing no siempre funciona. A veces, termina jugando en contra.
Livia (de Malagueño)
Miranda Diego

Diego Armando Miranda
¿Cuántos pibes se habrán llamado Diego Armando por culpa de Maradona? Miles, seguramente. Y mucho más a partir de 1986, cuando la consagración argentina en el Mundial de México convirtió esa combinación de nombres en una virtual contraseña del éxito. O al menos eso habrán pensado varios de los padres que bautizaron así a sus hijos para que les salieran futbolistas. Y de los buenos.
Algunos, como Diego Armando Herner o Diego Armando Barrado, no estuvieron a la altura de semejante responsabilidad, pero al menos pudieron sobrevivir en el fútbol de nuestro país. Claro que, por debajo de la línea de la dignidad, también existen otros especímenes que intentaron (y siguen intentando) jugar al fútbol sólo por llevar esos dos mágicos nombres.
Diego Armando Miranda es la prueba de que al Pelusa lo idolatran en todos lados. Nacido el 20 de enero de 1986, en la localidad paraguaya de Itaguá, Miranda recibió el nombre del ídolo y a los pocos meses de vida pudo ver por qué, aunque recién lo entendió años más tarde. Su padre, fanático del 10, quiso que él también fuera futbolista.
La primera gran distancia con Maradona, además del talento, fue la altura. Miranda se destacó siempre por su tamaño, llegando a superar los 190 centímetros. En consecuencia, la otra diferencia fue la posición dentro de la cancha. Miranda siempre actuó como delantero. Diríamos 9 de área, pero ese dato es bastante discutible.
Después de haberse iniciado en el club 12 de Octubre (2004 a 2007), a comienzos de 2008 llegó a Gimnasia de Jujuy para reemplazar, casualmente, a otro Miranda lungo: Osvaldo Noé, que había partido al fútbol rumano. «Llego con las mejores expectativas de hacer las cosas bien. Todo se dio muy rápido y no dudé en aceptar el desafío», dijo Dieguito, por entonces. Se tenía fe.
Su labor en el Lobo jujeño, de todos modos, fue bastante pobre, aunque le faltó suerte. En su primer torneo, el Clausura 2008, arrancó siendo suplente de Mario Turdó (Pochola Silva estaba lesionado) y apenas si pudo jugar 6 partidos, en los que convirtió 1 tanto (a Arsenal, en Sarandí). El 2 de abril de ese año, chocó con un compañero y sufrió la rotura de los ligamentos cruzados de la rodilla derecha. Operación y todo a fojas cero.
Tras 6 meses de recuperación, regresó a las prácticas, pero recién pudo jugar nuevamente de forma oficial en el Clausura 2009, donde sumó otros 9 partidos en los que no la metió. Como si fuera poco, Gimnasia de Jujuy descendió.
Ya en la B Nacional, el atacante guaraní agregó otras 11 presencias innecesarias en las que tampoco convirtió, haciendo recordar a Chiquito Bullentini, aquel delantero gigante del Lobo jujeño que no le hacía un gol a nadie.
A mediados de 2010, Miranda volvió a Paraguay y comenzó a jugar en Sportivo Trinidense, donde viviría buenas y malas. ¿Buenas? Le hizo un gol de taco a Olimpia. ¿Malas? Sufrió una doble fractura de tibia y peroné tras chocar con el arquero de Libertad. Lo curioso del caso es que al 9 le sacaron amarilla por poner en peligro la integridad del rival (?). ¿Qué dijo del árbitro el Presidente de Trinidense? «Lo voy a reventar, lo voy a reventar… Se va cruzar en mi camino, le va a costar muy caro, esto le va a costar muy caro».
Después de estar un tiempo desaparecido, lo ubicamos cerca de sus pagos, en Sportivo Iteño, conjunto con el que ascendió a la División Intermedia (2º categoría paraguaya), a pesar de haber errado su penal en la definición.

Después de tantas frustraciones y mala fortuna, nuestro homenajeado parece haber encontrado su lugar en el mundo. Googleamos para saber un poco más sobre el Estadio Enrique Soler de Itá y nos encontramos con un Fantasma de la B paraguayo y una belleza autóctona, seguramente fan de Miranda. ¿Que no es una modelo? Y qué importa, si él se llama Diego Armando.
Chevantón Javier
Duda existencial Nº 204

¿Cómo te das cuenta de que sos el hermano malo?






