
Diego Antonio Duarte
Ya dentro de esa dictadura que se dio a conocer como “La Revolución Libertadora” -cuyo objetivo primario fue derrocar al Presidente Constitucional, Juan Domingo Perón- el 22 de noviembre de 1955, un grupo comando encabezado por el Teniente Coronel Carlos de Moori Koenig secuestró el embalsamado cadáver de la segunda esposa del depuesto mandatario -María Eva Duarte- del edificio de la CGT, el cual, se presumía, sería la morada transitoria de los restos de La Líder Espiritual de la Nación hasta la construcción de su mausoleo propio.
Nada de aquello ocurrió, claro. Bajo la supervisión del dictador General Pedro Eugenio Aramburu, el cuerpo de Evita anduvo yirando durante más de un año tanto por Capital Federal como por el Conurbano profundo. En depósitos, en casas, en departamentos. Recorriendo Buenos Aires de día y de noche adentro de una camioneta. El cadáver estuvo hasta detrás de la pantalla de un cine donde la alta sociedad de la época se reunía a ver los éxitos del momento.
Una noche cualquiera, cuando el Mayor Arandía había llevado el cuerpo a su casa ya que le había tocado en suerte la tutela del mismo (?), unos ruidos hicieron montar en paranoia al militar, quien empezó a los tiros suponiendo que lo habían descubierto los peronistas. Pero claro, nadie estaba en el lugar y la única depositaria de sus balazos fue su esposa, quien se encontraba embarazada. Tras aquel hecho y ante la creciente superstición de los lacayos de turno, los altos mandos de facto dispusieron el traslado del cadáver de Evita al extranjero…
El 23 de abril de 1957 y con la cómplice ayuda logística de la alta jerarquía tanto de la iglesia nacional como de El Vaticano (incluyendo al Papa Pío XII), se inició el “Operativo Traslado”, que terminó -barco mediante- con los restos de Eva Duarte enterrados en la tumba 41 del campo 86 del Cementerio General de Milán, Italia, bajo el nombre de “María Maggi de Magistris”. Y allí permaneció durante 14 años, gritando en la consciencia de unos pocos. Ignorado por el resto del mundo.
Casi 40 años después del traslado de Evita, más precisamente el 10 de diciembre de 1995, Diego Antonio Duarte (13/03/1975) hizo su aparición en la primera de Rosario Central en un empate 0 a 0 ante Argentinos Juniors en Arroyito. El Canalla -que ante la inminente final de la Copa Conmebol puso suplentes de suplentes y hasta fue dirigido por Néstor Manfredi y no por El Viejo Zof- aquella tarde formó con: El Pato Abbondancieri; Luis Díaz, Rubén Chávez, Percy Olivares y Mario Gori; Duarte, Diego Oyola, Sergio Fernández y Chistian Colusso; Humberto Biazotti y Marito Pobersnik.
Una semana después, contra San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro por la última fecha de aquel Apertura ´95, Diego Duarte volvió a ser titular y hasta tuvo su momento de fama al marcar el 2 a 2 final a falta de un minuto para el término del encuentro, luego de ir perdiendo por 2 a 0.
Tras un año y medio enterrado en la CGT afuera de todo registro, este volante derecho recién reapareció el 14 de mayo de 1997 –también como titular- en una derrota por 2 a 1 ante Independiente en La Doble Visera y luego, cuatro días después, ingresó a los 73 minutos de un partido que Rosario Central le ganaba por 3 a 0 a Gimnasia de La Plata y que El Chirola Romero igualó en la jugada final.
¿Y después? Nada. Ni un dato en Rosario Central. Ni alguno en el ascenso y tampoco en el exterior. No se encuentra nada en ninguna red social y ningún hincha Canalla parece recordarlo. Desde acá, en este íntimo acto, damos por finalizada la búsqueda de su paradero y archivamos su legajo de manera definitiva, ya que bajar los brazos parece ser mejor alternativa a seguir con un rastreo estéril y frustrante. ¿Quién sabe? Por ahí Diego Duarte fue a probarse al Inter o al AC Milán y está enterrado en el Cementerio General con otro nombre.
El misterio sigue recubriendo al apellido Duarte…