Quilmes con camisa rayada (1961)

En 1961, el Quilmes Atlético Club fue campeón en los escritorios de la Primera B (había terminado detrás de Newell’s, sancionado por un caso de incentivación) y logró así su segundo ascenso a la máxima categoría. Sin embargo, ese fue sólo uno de los hechos llamativos de aquella campaña.

En la segunda de aquel campeonato, el Cervecero presentó una camisa manga larga de colores muy extraños para la historia de la institución. A lo lejos, la casaca se veía bordó. De cerca, la prenda era rayada, aunque existen varias versiones acerca de la combinación. Para algunos, era roja, negra y blanca. Para otros, gris y fucsia. Incluso hay gente que dice que la pilcha tenía distintos tonos marrones.

Lo cierto es que aquella casaca, hoy mítica para muchos hinchas de Quilmes, fue la cábala del equipo durante varios partidos de 1961 y se llegó a usar, incluso, frente a rivales con los que no hacía falta cambiar de indumentaria para diferenciarse.

Gracias a @ManeKlasesmeier y Deportes en Quilmes.

Zárate Cristian

Cristian José Zárate (El Mago)

Se la hicieron difícil. Y no es que él no le haya puesto voluntad o ganas. Para nada. A mediados de 2000, el querido y querible Daniel Garnero iniciaba su tercera etapa en Independiente, trayendo consigo su talento, mucho amor por la camiseta y también un inmaculado y envidiado récord personal: “Por partidos oficiales nunca perdí contra Racing”.

¿Y El Rojo que le ofreció a uno de sus hijos dilectos? La desconfianza de Osvaldo Piazza, quien no lo había pedido, la indiferencia de los hinchas y la desagradable sorpresa que su histórica camiseta número 10 se la habían dado a Sebastián Rozental, quién llegó a Villa Domínico dos semanas después que El Dany. Además, el pobre Garnero tuvo que entrenar con baldoseros quienes, cual zombies, intentaban tocarlo para contagiarlo y así transformarlo en uno de ellos. Esa era la única meta que tenían gente como Walter León Bustos, Leandro Ávila y el protagonista de este post: Cristian José Zárate, quien hasta se animó a competirle por el puesto en la cancha a Garnero.

Nacido el 29 de septiembre de 1979 en la localidad cordobesa de Isla Verde, este (en teoría) talentoso volante, enganche o mediapunta, sufrió un síntoma que puede ser -como el colesterol- o demasiado bueno o excesivamente malo: el representante prematuro. Y así, tras formarse en Renato Cesarini, a mediados de 1997 apareció en el Sion de Suiza, donde llegó a entrenarse un tiempo con el primer equipo. Sin embargo, su apoderado, La Tota Rodríguez, no pudo arreglar la compra de su pase y así Zárate le dijo adiós a la tierra de Joseph Blatter.

Tras frustrársele -según sus palabras- una prueba en Boca y otra en un equipo italiano, El Mago estuvo un año entrenándose sólo en su pueblo y conoció las mieles del trabajo posta laburando en una metalúrgica hasta que, en junio de 1999, Rodríguez lo acercó a Defensa y Justicia, donde en una temporada del Nacional B metió 16 partidos con un gol y se convirtió en una codiciada promesa. Esto le allanó el camino a su representante, quien se lo enchufó a Independiente como parte de la letra chica del último préstamo de Cristian Domizi.

En El Rojo, Zárate debutó el 6 de agosto de 2000 en el empate 1 a 1 con Almagro por la segunda fecha del Apertura (aunque posteriormente jugaría por la primera jornada ante Belgrano y de ahí la confusión de algunas bases de datos) cuando ingresó a los 72 minutos por Fram Pacheco. Por la acumulación de figuras venidas a menos en su puesto y por la pésima campaña del equipo, El Mago sólo jugó 6 partidos por campeonato siendo titular en apenas uno de ellos. Aunque pudo mostrar su mejor versión, al igual que Piazza como técnico de Independiente, en 5 partidos de la Copa Mercosur de aquel año.

En enero de 2001, los dirigentes le solicitaron a su representante que baje la opción de compra –fijada en dos palos y medio dólar– y, tras la negativa, así finalizaron los días de Cristian Zárate en Primera División. Luego de entrenarse seis meses en El Rojo sin ser tenido en cuenta, a mediados de ese año se unió al Alverca de Portugal, donde pasó sin pena ni gloria. En junio de 2002 firmó con San Martín de Mendoza, donde fue uno de los puntos altos del equipo que llegó a jugar la Promoción contra Talleres de Córdoba. Esa aceptable campaña lo depositó en el Algeciras de la Segunda División Española, donde jugó 23 partidos con 2 goles y compartió asados con Mariano Armentano y Juan Pablo Vojvoda.

Tras la desabrida experiencia ibérica, volvió a San Martín de Mendoza (2004/05), donde se evaporó el buen recuerdo que había dejado en su primera etapa. Sindicado como una promesa que jamás iba a explotar y ya sin un representante que le dicte sus errantes pasos, Zárate se convirtió en un trotacategorías (?) que enamoraba y decepcionaba jornada tras jornada. En el Nacional B también pasó por: Juventud Antoniana (2005), San Martín de Tucumán (2006/07), Atlético de Rafaela (2007/08) y San Martín de San Juan (2008/09).

El Argentino A lo tuvo usando los colores de: San Martín de Tucumán (2006), Unión de Sunchales (2009/10), Talleres de Córdoba (2011), Santamarina de Tandil (2011/12) y Unión de Mar del Plata (2013). Además, en 2012 tuvo un paso fugaz por Jorge Wilstermann de Bolivia. Casi todas esas inestables experiencias tuvieron como hilo conductor la rescisión de contrato de manera anticipada. Una lástima.

Durante el último semestre de 2013, se despidió del fútbol con un paso simbólico por, cuando no, San Martín de Mendoza, su lugar en el mundo que ya se encontraba en el Argentino B. Desde comienzos de 2014, Cristian Zárate forma parte del cuerpo técnico del Yagui Forestello, encontrando algo de estabilidad pero ya muy lejos de aquel pibe que entrenó una temporada con Daniel Garnero, quien lejos de guardar un grato recuerdo aquella caterva de baldoseros, terminó retirándose del fútbol perdiendo 1 a 0 contra Racing en la Doble Visera con un gol de penal del Chanchi Estévez. Y bueno, los récords están para romperlos (?)…

Talleres homenaje a «Daniel» Ludueña (2012)

Talleres, siempre Talleres. El inefable e histórico protagonista de esta sección nunca nos deja a gamba. Y no hay que irse a los archivos más lejanos para encontrar perlas escondidas. Apenas extendiendo un poco la mano se pueden hallar rarezas contemporáneas.

En agosto de 2012, La T debió arrancar una nueva temporada en el Argentino A con una baja importante, y no hablamos de un jugador. Uno de los sponsors más fuertes, Mondial, se tomó el palo y dejó un problema para la utilería, ya que había que renovar todos los juegos de camisetas. La solución más prolija, aunque también la más costosa, era contactarse con Penalty y mandar a hacer casacas nuevas. Pero Talleres es Talleres. Y las cosas siempre pueden ser peor.

La solución que aportó la dirigencia fue rápida y bastante digna: tapar el chivo de la empresa de motos con un parche institucional que cambiaría fecha tras fecha, homenajeando a los ídolos del club. Buena idea, pero había que ponerla en práctica.

En el debut, ante Sportivo Belgrano, la imagen y el nombre de Miguel La Wanora Romero aparecieron en el pecho de los jugadores. Luego, en el resto del torneo siguieron los homenajes para Daniel Willington, Luis Galván, Miguel Oviedo, Victorio Ocaño, Mario Bevilacqua y el Lute Oste, entre otros. Sin embargo, ninguno de ellos tuvo tanta repercusión como Luis Ludueña.

En la quinta fecha, frente a San Martín de Tucumán, Talleres demoró en salir al campo de juego del Kempes y el partido comenzó 20 minutos tarde. Con el correr de los minutos, se empezó a conocer la verdad. Ese día, la dirigencia albiazul había decidido homenajear al Hacha Ludueña llevando su imagen en la camiseta. El tema es que, un rato antes de comenzar el partido, se percataron de que el parche decía Daniel en lugar de Luis. Sí, en vez de homenajear a una gloria, estaban homenajeando accidentalmente a su hijo, El Hachita, que ni siquiera había sido tallarín.

Desesperados, apelaron a otro juego de camisetas, pero la similitud con la pilcha blanca de la visita provocó que el árbitro ordenara otro cambio de vestuario. ¿Resultado? El Matador se tuvo que poner la pilcha gris de la temporada anterior, con el chivo de Mondial incluido.

Todo muy Talleres.

Fuera de stock: Pepsi Fútbol

Allá por 1997, los niños y no tan niños de nuestro país se vieron tentados e invadidos por Pepsi Fútbol, una apuesta masiva y marketinera de la empresa de gaseosas experta en segundos puestos, que contrató a las más grandes figuras del ámbito local para explotar la imagen comercial. Recordemos aquella movida.

Bajo el nombre de «Promo Locura«, la división Fútbol de Pepsi intentó, promediando los años 90, adueñarse de un mercado que prometía, pero que aún no había sido debidamente aprovechado. Los pibes de aquel entonces estaban acostumbrados a juntar figuritas, pero no existía una enfermedad por las licencias oficiales, como existe actualmente con los productos de Panini. Es más, en nuestro país ni siquiera había echado raíces el concepto de las trading card, ni más ni menos que tarjetas coleccionables, parecidas a las figuritas, pero con más información de los protagonistas en el dorso.

Para su desembarco en el fútbol argentino, Pepsi armó un equipo con las figuras más importantes de cada equipo, exceptuando a algunas estrellas demasiado caras, como Maradona y Caniggia, que además preferían la coca.

¿Quiénes integraban el plantel de Pepsi Fútbol? Jugadores de la talla de Francéscoli, Chilavert, Ruggeri, Gorosito, Palermo, Capria, Bonano y Mancuso, entre otros. Además, se reforzaba con algunos players de la Selección que actuaban en el exterior, como Almeyda, Ortega y Simeone.

El álbum (que venía con el diario Olé) se completaba con otros futbolistas, sin tanto renombre, que rellenaban las canchas de Argentina. Así es como nos podíamos encontrar con un Pacha Cardozo, un Colorado Mac Allister o un Morrón Rotchen.

Las figuritas (o tarjetas) se conseguían en los kioscos a cambio de tapitas, que en la parte superior tenían la imagen de algún jugador. Debajo de las tapas, además, podían tocar fabulosos premios, aunque generalmente tocaba un póster. Como mucho, una remera. Lo de fabuloso quedaba para otra oportunidad.

Otro pilar fundamental de la Promo Locura fueron los vasos de plástico con fotos de los jugadores. Es más de una casa, hoy por hoy, debe haber un ejemplar de 1997. Pasaron 17 años y Riquelme sigue trotando jugando.

La campaña inicialmente fue exitosa y en 1998 tuvo una segunda edición, con algunos cambios. La camiseta del equipo de Pepsi no alteró sus colores (azul y celeste), pero sí el formato: dejó la banda de lado y pasó a tener bastones. Los pósters ya no sólo mostraban a los jugadores pateando una pelota, sino que se le agregaban guerreros, animales y efectos especiales, dándole tintes épicos a la escena.

Además, se sumaron más figuras del extranjero. Como si fuera poco, se modernizó el contenido de los sobres, con la inclusión de tazos y tarjetas 3D. Sí, hologramas que representaban alguna jugada importante, como el gol de Palermo a River del Apertura ’97.

Después de un paréntesis (a mediados del 98 el que pisó fuerte fue Coca Cola), a comienzos de la década del 2000 Pepsi volvió a la carga (no solamente en Argentina), con más promociones y más articulos de merchandising. No tuvo el mismo éxito.

Sin el Pacha Cardozo como figura, ya nada fue igual.

Pablo Aimar al Al-Ahli (2013)

 

Vuelvo siempre a buscar, si el Payaso anda en algo.

Debí soñar, o imaginar, que en Emiratos está, robando jugando

Y no es verdad, que perdió su amor

Solo tardo en volver y nada más

El pase emiratí no fue realidad

¡Dame pronto una señal!

El génesis del 2013 estuvo marcado para Pablo César Aimar como el momento de su alejamiento del Benfica portugués tras formar parte de aquel conjunto desde el año 2008. En los primeros días del año, y ya sin equipo, El Payaso se vio tentado por una oferta proveniente desde el continente asiático: La del Al-Ahli de los Emiratos Árabes Unidos, donde tendría como entrenador a Quique Sánchez Flores, español que conocía al volante ofensivo tras dirigirlo en el Benfica años atrás.

A la par que en medio oriente llamarse Al-Ahli es como llamarse Pérez en Argentina, la transferencia entro en un punto muerto cuando Aimar quedo disconforme con algunos puntos del contrato donde no se respetó lo que había pactado con los encargados del equipo emiratí anteriormente. Los capos del Al-Ahli no tuvieron paciencia ante las dudas de Aimar y, en un pase relámpago, se inclinaron por contratar al brasileño Bruno César, compañero del argentino en el Benfica.

Finalmente, El Payaso continuaría un tiempo más en el Benfica para, a mitad del 2013, pasar a militar en el fútbol de Malasia. Quien te dice que si Pablito recalaba más en el noreste del sur asiático se hubiera estado preguntando un buen rato ¿Qué hago en Manila?.