González David

David González Giraldo (El Rockerito)

Existen los baldoseros dudosos, esos que dejan lugar para la interpretación, generan discusión y hasta logran, con el tiempo, el merecido indulto. Pero están también los baldoseros de pies a cabeza, esos que nacen con esa característica y no la abandonan nunca. Es más, la refuerzan con los años. A esta última raza pertenece David González, un arquero colombiano que se tomó muy en serio la baldoseridad. A las pruebas nos remitimos.

Surgido en las inferiores de Independiente Medellín, en 2002 pudo ser campeón de Primera División con apenas 20 años y repitió la conquista en 2004. Fue justo en ese momento que eligió festejar sus dos estrellas con unas vacaciones en el Caribe, donde conocería a Cara, una joven inglesa que se terminaría convirtiendo en su esposa. Derechito a Área Chicas.

Bien considerado en el ámbito local, pegó un pase al Deportivo Cali en 2006, donde siguió prometiendo, hasta que le tocó la chance de pasar al fútbol europeo y, de paso, reencontrarse con su novia, con la que sólo mantenía una relación virtual. Digan que, siendo arquero, sabía jugar con las manos. Al estilo Voy Al Arco.

Pese a que no jugó mucho, un año en el Rizespor de Turquía (2007/08) le sirvió para ganar experiencia y regresar a Sudamérica para demostrar todo lo que había aprendido. ¿Su destino? Rosario, más específicamente Newell’s Old Boys. Sin embargo, el técnico que había aprobado su contratación, Ricardo Caruso Lombardi, se peleó con los referentes y se tuvo que ir. Una mala noticia para el arquero colombiano, que se quedó sin club, pero también una buena, porque no le comieron el 15 % (?). Ni más ni menos que un Mal Pase.

Fue entonces que apareció en su vida Huracán de Parque Patricios (2008/09). Con Úbeda como DT, apenas fue al banco en un partido del torneo Apertura (victoria 3 a 0 ante Vélez). Pero en el segundo semestre surgieron Los Ángeles de Cappa y entonces sus chances crecieron: fue suplente en 11 encuentros de aquel Clausura donde el Globo fue campeón moral. ¿Jugar? Oficialmente, nunca. Pero sí lo pudo hacer en un amistoso ante el Deportivo Italia de Venezuela. Re Partidos, claro está.

Con el objetivo de estirar un poco las piernas después de un año de estar sentado, se casó y se fue de luna de miel, pero en el medio recibió el llamado del suegro, para decirle que se dejara de atornillar a la hija tenía un contacto para probarse en un equipo inglés. Lo que menos imaginó González es que el club era de la Premier League. Y mucho menos de un poderoso como el Manchester City (2010 a 2012).

Después de pasar la avaluación y firmar el contrato, al colombiano no le dieron oportunidades de jugar en el primer equipo y apenas si le quedaron algunos recuerdos de su paso por el Etihad Stadium de Manchester: «Lo mejor son los palcos en los que están los jugadores que no juegan pero que están convocados al partido. Son palcos que tienen todas las instalaciones de un hotel y hasta comida increíble. Lo único malo que se me ocurre en este momento sería el tráfico terrible a la salida de los partidos. Te toca salir 10 minutos antes de que acabe el partido porque si no te quedas por lo menos 1 hora atrancado en el carro».

Para no tenerlo todo el tiempo morfando en el palco, lo cedieron sucesivamente a Leeds United (apenas 2 partidos en el primer semestre de 2011, estando detrás del hijo de Peter Schmeichel), y al Aberdeen de Escocia (14 encuentros en la segunda mitad del año), donde alcanzó la cifra mágica de 7 clubes en su carrera. Los necesarios para ingresar al universo de Amor a la Guita.

De nuevo en Inglaterra, en 2012 pasó por el Brighton and Hove Albion y el Barnsley (ambos del ascenso), donde prácticamente no jugó y entonces entendió que ya era hora de pegar la vuelta a su tierra.

A comienzos de 2013 regresó a Colombia para ocupar el arco del Deportivo Pasto, pero con tanta mala leche que se fracturó un tobillo en un partido amistoso disputado en Perú. Tras varios meses de recuperación, pudo volver a las canchas, pero apenas se puso el buzo en 4 oportunidades. Al menos tuvo tiempo de entrar a la galería de Fútbol con bigote.

En 2014, David González firmó con el Itagüí, institución donde planeaba asentarse y dejar de ser el Rockerito (le pusieron así poque tocaba la guitarra), ya pisando los 32 años. Lo que menos se esperaba era que el Presidente del club se peleara con el Alcalde de la ciudad. ¿Resultado? El equipo pasó a llamarse Águilas Doradas y se tuvo que mudar a Pereira. Otra vez a armar el bolso.

Desde acá, celebramos la existencia de un jugador de estas características y esperamos que su carrera se extienda por muchos años. No por él, sino por nosotros. Todavía le quedan pendientes algunas secciones del sitio (?).

Israel 1 – Atlanta 0 (1963)

Relacionado históricamente a la comunidad judía, el Club Atlético Atlanta puedo reforzar aún más el vínculo cuando se convirtió, en abril de 1963, en el primer equipo argentino en pisar Israel. En aquella mini gira, el Bohemio disputó dos partidos, destacándose la sorpresiva derrota ante la Selección local.

Invitada por el gobierno israelí, que se hacía cargo de todos los gastos, la delegación de Atlanta encabezada por el Presidente León Kolbowsky y el técnico Osvaldo Zubeldía, se tomó el vuelo hacia Tel Aviv, dejando algo pendiente. Sí, por aquellos días, los de Villa Crespo estaban participando de un hexagonal amistoso que ellos mismos organizaban. Poco les importó. Pusieron a la Reserva en el último partido y así fue como perdieron el título a manos de Argentinos Juniors. Lo paradójico es que el slogan del hexagonal era «un torneo serio». Lluvia de (?).

Ya en la Tierra Santa, Atlanta se enfrentó al seleccionado de Israel, que venía de perder varios amistosos y no estaba considerado como un rival a temer. Sin embargo, el Bohemio se vio sorprendido y cayó 1 a 0, con gol de Shimon Cohen, en el Estadio Nacional de Ramat Gan. Pese a que contaba con jugadores de renombre, como Carlos Timoteo Griguol o el centrodelantero Jorge Fernández, la figura de los argentinos fue el arquero Hugo Gatti, de tan solo 18 años, quien ya llamaba la atención de la prensa por su particular estilo.

La gira continuaría con otro amistoso ante el Macabi Tel Aviv. Y eso no es todo, porque algunas semanas más tarde, un combinado de Israel viajaría a la Argentina para a enfrentar a Atlanta y a otros equipos locales.

Gracias por el material a Sentimiento Bohemio.

Especiales: Hugo Moyano futbolista

moyanofutbolista

No se vayan a creer que todo lo hace por la guita o por el poder político. Mucho antes de convertirse en el mandamás de Alvarado, Comunicaciones, Barracas Central, Camioneros Independiente de Avellaneda, el sindicalista Hugo Moyano tuvo una estrecha relación con el fútbol. Y no como dirigente, sino como jugador amateur. Desarrollemos su breve y desconocida historia dentro de un campo de juego.

Nacido en La Plata en 1944, pero radicado en Mar del Plata, Hugo Antonio Moyano se empezó a interesar por los deportes desde muy chico. Mientras sus amiguitos jugaban a los autitos, él jugaba a los camioncitos (?) soñaba con presentarse en estadios repletos de gente. Y quieran o no, lo logró.

Primero, claro, corrió las despobladas canchas marplatenses, jugando en las inferiores de Unión de Mar del Plata, donde compartiría jornadas con Julio Santella, un buen lateral izquierdo que luego de pasar por Estudiantes y el Deportivo Español, se rompió los ligamentos y entonces se dedicó a la preparación física, función en la que consiguiría un singular éxito acompañando a Carlos Bianchi.

¿Y Moyano? A comienzos de los años 60 llegó a ser suplente en la Primera División del Celeste, cuando ya era delegado gremial en una empresa de transportes. Cuentan que era un wing flaquito que jugaba por derecha. Y a diferencia de lo que sucedería una década más tarde, no marcaba a nadie.

También en su juventud, el líder camionero se dedicó al boxeo, pero recién empezó a pegar fuerte en los 70, cuando se hizo cargo de la Juventud Sindical Peronista en la Regional de Mar del Plata. Algunas publicaciones de la época dan cuenta de que la LJP se dedicaba a identificar y a capturar a los subversivos. Más específicamente a los integrantes de la agrupación Montoneros.

Con los años, Moyano fue acomodándose a la coyuntura de los gobiernos de turno. A veces en la misma vereda, a veces en la de enfrente. Política, ni más ni menos que eso. Lo mismo que, luego de haber intentado en varios clubes del ascenso, tratará de hacer en Independiente. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlo? Si comete algún error, ya sabemos lo que tenemos que hacer.

Atlético Tucumán naranja (1993)

La historia, rescatada hace unos meses por el diario La Gaceta, da cuenta de un hecho bastante particular que pone de manifiesto algo que desconocíamos: los tucumanos son daltónicos (?).

En 1993, Atlético Tucumán recibía a Talleres de Córdoba en el estadio Monumental José Fierro. Un equipo a bastones celestes y blancos, otro a bastones azules y blancos. ¿Podían confundirse? Sí, pero nada fuera de lo común para lo que sucedía en el Nacional B de aquel entonces, más precario y sin tanta indumentaria como ahora.

Sin embargo, el local disponía de dos juegos alternativos. Uno blanco con vivos celestes y otro naranja con vivos blancos. Toda una rareza este último, pero funcional para la situación que se presentaba ante La T. Fue así que, según cuenta la leyenda, el técnico Hugo Zerr eligió de movida la pilcha anaranjada para salir del paso. Claro que no esperaba la negativa del utilero, Néstor Usandivares, quien le explicó que usar esa casaca podría generar el rechazo de la gente, al confundir esos colores con los de San Martín, el clásico rival. El detalle es que el Ciruja está identificado con el rojo, no con el naranja. Pero bue.

Atlético salió a jugar con la camiseta blanca, pero en el entretiempo el árbitro insistió en cambiar de indumentaria. Según la autoridad, no había el contraste necesario para diferenciar a los jugadores. Hinchado las bolas, Zerr ordenó a sus hombres que se pusieran las camisetas naranjas, contradiciendo al utilero y haciéndose cargo de las consecuencias. ¿Y qué fue lo que pasó? Llovieron las puteadas.

Ni bien aparecieron los futbolistas decanos en el campo de juego, la hinchada empezó a silbar. «Si no cambian los colores, que quilombo se va armar», dicen que cantaron. ¿Resultado? Tuvieron que volver al vestuario para ponerse las camisetas del primer tiempo, mientras el utilero sonreía de satisfacción por haberle ganado la discusión al DT.

Después de tanto quilombo, el partido terminó 0 a 0. Y eso no es todo, porque hace poco San Martín de Tucumán presentó una casaca naranja.

Utilero, el tiempo te dio la razón (?).